/ domingo 26 de julio de 2020

Arte y restauración en la pandemia

Al igual que otros creadores, el artista queretano se dedica a esta labor, para sostener sus propios proyectos en medio de la crisis sanitaria

En medio de la pandemia, Hiram García Nevares se dedica a restaurar cuatro siglos de historia sobre los muros de una antigua casona del Centro Histórico. Aunque esta no es su profesión, confiesa que es una labor que le ha permitido ampliar su conocimiento sobre las artes, y al mismo tiempo, sufragar los gastos de sus propios proyectos.

En entrevista, el pintor queretano habla sobre este oficio, que a puerta cerrada y en silencio, busca conservar la huella de otros tiempos.

Sobre 16 de Septiembre, a unos cuantos pasos de la Facultad de Filosofía de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), se encuentra el edificio. Desde uno de sus ventanales el artista platica con otro trabajador. Y luego de darle las últimas caladas a su cigarrillo, abre las puertas del recinto para recibir a DIARIO DE QUERÉTARO.

El artista cruza el pasillo principal y conduce a la visitante a una de las salas. “Ya está casi terminada, solo faltan algunos detalles en el techo”, dice con vestigios de pintura sobre rostro y overol, mientras señala el espacio.

Como parte de un equipo de restauradores, Hiram ha trabajado durante dos años en la conservación del inmueble. Su participación ha sido variada, y es que cuando se integró al proyecto, la jefa no sabía que él era artista.

Recuerda que en aquél año, se encontraba sin empleo y la venta de su obra no era lo suficiente como para sacar los gastos de cada mes. Así que en cuanto supo de este proyecto tocó la puerta y se integró al equipo para trabajar “en lo que me pusieran”.

“Fue justo aquí donde comencé mi camino en la restauración, aunque en un inicio no empecé como tal. En ese momento estaba buscando trabajo porque necesitaba dinero, y me dije: ¡lo que sea es bueno! Y una amiga me contactó con la jefa del proyecto, quien es restauradora. Ella me ofreció trabajo como chalán, entonces comencé trabajando en cubiertas con los albañiles: desde poner impermeabilizante, levantar aplanados para poder arreglar los muros y restaurarlos utilizando cal y arena de río, entre otros materiales originales”, cuenta.

Al poco tiempo, la coordinadora del proyecto se percató de su habilidad con los materiales y lo trasladó al equipo encargado de la restauración del antiguo edificio.

“Ella no sabía que era artista. Por suerte es una persona muy intuitiva, porque luego luego me bajó y me puso a desencalar un cielo raso”.

Como si se tratara de un trabajo arqueológico, Hiram describe con detalle la experiencia de extraer capa por capa la pintura de los muros hasta llegar a la obra original. Preguntas como: ¿quién lo hizo?, ¿quién lo cubrió?, ¿cuánto tiempo lleva así y por qué razón?, iban dirigiendo sus faenas.

Además de restaurar tapices y una pintura con ángeles y querubines en el cielo raso, junto al equipo de reintegradores, el artista se dedicó a igualar el color. Su parte favorita de todo el proceso, asegura.

“Hacerlo es como dialogar con los artistas que me precedieron. Esta sensación la experimenté sobre todo cuando me tocó restaurar la parte de la capilla. Me imaginaba al artista pintando los detalles en aquella época. Y nos veía a los dos, yuxtaponiendo nuestras pinceladas como en un diálogo entre él y yo”, describe.

Arte y restauración

Hiram asevera que la restauración no solo le ha posibilitado conocer más sobre materiales, sino también le ha permitido nutrir su técnica y visión como artista.

De hecho, esta experiencia la ha trasladado a sus lienzos, y asegura que está trabajando en una nueva serie, en la que reflexiona sobre el proceso de sanación y restauración personal.

Desde siempre, el artista ha combinado su pasión con otros trabajos, pues nunca ha sido fácil para los creadores, que apenas comienzan a abrirse paso en el mercado del arte, vivir de su labor.

Sin embargo, la pandemia ha hecho más difícil esta situación, aunque asegura que no todo ha sido malo en esta crisis sanitaria.

“Si de por sí siempre ha sido difícil, ahora está peor. Aunque debo admitir que he pintado más en esta pandemia y se me han ocurrido más cosas, pero sí bajó mucho la vendimia. Si de por sí vendía dos cuadros al mes, en los últimos tres meses solo vendí dos. Bajó mucho. Sin embargo, me siento más motivado para pintar. Esta pandemia causó algo en mi mente energéticamente”.

Egresado de la carrera en Artes Visuales con especialidad en Artes Plásticas de la UAQ, Hiram ha participado en 22 exposiciones colectivas en Querétaro, Ciudad de México y Guadalajara, y cuenta con cinco muestras individuales en el estado, incluyendo el Museo Histórico de la Sierra Gorda.

El autor define su arte como una fusión entre el impresionismo, fovismo, surrealismo y el arte figurativo, y manifiesta que sus temas se encuentran relacionados con el fenómeno físico de la luz y la psicología del color.

En medio de la pandemia, Hiram García Nevares se dedica a restaurar cuatro siglos de historia sobre los muros de una antigua casona del Centro Histórico. Aunque esta no es su profesión, confiesa que es una labor que le ha permitido ampliar su conocimiento sobre las artes, y al mismo tiempo, sufragar los gastos de sus propios proyectos.

En entrevista, el pintor queretano habla sobre este oficio, que a puerta cerrada y en silencio, busca conservar la huella de otros tiempos.

Sobre 16 de Septiembre, a unos cuantos pasos de la Facultad de Filosofía de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), se encuentra el edificio. Desde uno de sus ventanales el artista platica con otro trabajador. Y luego de darle las últimas caladas a su cigarrillo, abre las puertas del recinto para recibir a DIARIO DE QUERÉTARO.

El artista cruza el pasillo principal y conduce a la visitante a una de las salas. “Ya está casi terminada, solo faltan algunos detalles en el techo”, dice con vestigios de pintura sobre rostro y overol, mientras señala el espacio.

Como parte de un equipo de restauradores, Hiram ha trabajado durante dos años en la conservación del inmueble. Su participación ha sido variada, y es que cuando se integró al proyecto, la jefa no sabía que él era artista.

Recuerda que en aquél año, se encontraba sin empleo y la venta de su obra no era lo suficiente como para sacar los gastos de cada mes. Así que en cuanto supo de este proyecto tocó la puerta y se integró al equipo para trabajar “en lo que me pusieran”.

“Fue justo aquí donde comencé mi camino en la restauración, aunque en un inicio no empecé como tal. En ese momento estaba buscando trabajo porque necesitaba dinero, y me dije: ¡lo que sea es bueno! Y una amiga me contactó con la jefa del proyecto, quien es restauradora. Ella me ofreció trabajo como chalán, entonces comencé trabajando en cubiertas con los albañiles: desde poner impermeabilizante, levantar aplanados para poder arreglar los muros y restaurarlos utilizando cal y arena de río, entre otros materiales originales”, cuenta.

Al poco tiempo, la coordinadora del proyecto se percató de su habilidad con los materiales y lo trasladó al equipo encargado de la restauración del antiguo edificio.

“Ella no sabía que era artista. Por suerte es una persona muy intuitiva, porque luego luego me bajó y me puso a desencalar un cielo raso”.

Como si se tratara de un trabajo arqueológico, Hiram describe con detalle la experiencia de extraer capa por capa la pintura de los muros hasta llegar a la obra original. Preguntas como: ¿quién lo hizo?, ¿quién lo cubrió?, ¿cuánto tiempo lleva así y por qué razón?, iban dirigiendo sus faenas.

Además de restaurar tapices y una pintura con ángeles y querubines en el cielo raso, junto al equipo de reintegradores, el artista se dedicó a igualar el color. Su parte favorita de todo el proceso, asegura.

“Hacerlo es como dialogar con los artistas que me precedieron. Esta sensación la experimenté sobre todo cuando me tocó restaurar la parte de la capilla. Me imaginaba al artista pintando los detalles en aquella época. Y nos veía a los dos, yuxtaponiendo nuestras pinceladas como en un diálogo entre él y yo”, describe.

Arte y restauración

Hiram asevera que la restauración no solo le ha posibilitado conocer más sobre materiales, sino también le ha permitido nutrir su técnica y visión como artista.

De hecho, esta experiencia la ha trasladado a sus lienzos, y asegura que está trabajando en una nueva serie, en la que reflexiona sobre el proceso de sanación y restauración personal.

Desde siempre, el artista ha combinado su pasión con otros trabajos, pues nunca ha sido fácil para los creadores, que apenas comienzan a abrirse paso en el mercado del arte, vivir de su labor.

Sin embargo, la pandemia ha hecho más difícil esta situación, aunque asegura que no todo ha sido malo en esta crisis sanitaria.

“Si de por sí siempre ha sido difícil, ahora está peor. Aunque debo admitir que he pintado más en esta pandemia y se me han ocurrido más cosas, pero sí bajó mucho la vendimia. Si de por sí vendía dos cuadros al mes, en los últimos tres meses solo vendí dos. Bajó mucho. Sin embargo, me siento más motivado para pintar. Esta pandemia causó algo en mi mente energéticamente”.

Egresado de la carrera en Artes Visuales con especialidad en Artes Plásticas de la UAQ, Hiram ha participado en 22 exposiciones colectivas en Querétaro, Ciudad de México y Guadalajara, y cuenta con cinco muestras individuales en el estado, incluyendo el Museo Histórico de la Sierra Gorda.

El autor define su arte como una fusión entre el impresionismo, fovismo, surrealismo y el arte figurativo, y manifiesta que sus temas se encuentran relacionados con el fenómeno físico de la luz y la psicología del color.

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