/ miércoles 22 de enero de 2020

Contraluz: Los dos papas

La cinta aborda cuestiones que de ordinario no se tratan o desde la perspectiva de repetir o reiterar lo que comentaristas o panelistas discurren insustancialmente

Me gusta la discusión pública, el discurso de las calles y las plazas, las pláticas de café, la comunicación imprevista, el debate emergente, la disquisición popular.

Cuando muchos hablan de lo mismo, algo tiene de centralidad lo que se discute, aunque a veces se prepondere lo tangencial.

Y es que hace días vi la película “Los dos papas”, dirigida por Fernando Meirelles; y después de verla he preguntado a muchos si la han visto y casi todos me han dicho que sí.

Y eso me alegró. Más que por la temática o los contenidos, ciertos o fantasiosos, la cinta aborda cuestiones que de ordinario no se tratan, o que se abordan desde la perspectiva de repetir o reiterar lo que comentaristas o panelistas discurren insustancialmente en sus diversos programas, frecuentemente canteados hacia sus creencias, complejos, egos o fantasías.

De la película de “Los dos Papas” es de rescatar la certeza de la posibilidad permanente del diálogo, del discernimiento, de la esperanza y de la humildad.

Por lo demás es evidente que, aunque se reconozca, hay en la cinta insuficiencias de concepción y de subjetividad.

En lo personal, he de decirlo, me gusta leer a Benedicto XVI: es claro, contundente, sólido y equilibrado en su argumentación filosófica y teológica; políglota que habla seis idiomas y entiende dos más, gran parte de la vida del Papa Emérito está significada por el estudio, la reflexión y la oración.

“Caritas in Veritate”, tercera carta encíclica de Benedicto XVI. / Foto: Cortesía | Carlos Jiménez E.

Es de destacarse, por ejemplo, que aparte de encíclicas y exhortaciones apostólicas haya dejado durante su pontificado dos libros esenciales en los que abordó la vida de “Jesús de Nazaret” como tema central y testimonial en una Iglesia que parecía haber dejado a veces de lado, la sencillez y actualidad del testimonio profundo y vital de Jesús.

También vale recordar que contra lo que señala la cinta en cuestión, Benedicto XVI no aspiraba al papado, tanto que en varias ocasiones pidió dejar la prefectura de la Congregación de la Doctrina de la Fe para retornar a su tierra bávara a escribir y dar clases.

No solo eso, sino que denegó, cuando Juan Pablo II lo invitó a ser Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, la invitación, aceptándola sólo cuando el Papa le insistió, pues dijo, “a un Papa no se le puede decir dos veces que no”.

El Papa Francisco y el cardenal Carlos Aguiar, Arzobispo Primado de México. / Foto: Cortesía | Carlos Jiménez E.

En ese cargo ahondó y evidenció las crisis que abrumaban a la Iglesia, los años sesenta y sus secuelas de confusión y liberación; y los abusos sexuales y la pedofilia, denunciándolos con claridad, y ejerciendo su poder, ya como Papa. En el caso especial de Marcial Maciel lo retiró del ejercicio ministerial ordenándole reclusión conventual en ejercicio de expiación y oración.

Era, me dijo una monja que lo conoció como cardenal, tímido y sencillo. Discreto y afable. Llegaba al Vaticano en su Golf; cargaba su maletín negro y entraba a laborar a sus oficinas con apenas un discreto “buona sera”.

Tras haber sido electo Papa el 15 de abril de 2005 –“no es posible; es muy tímido” habría dicho en entrevista su hermano mayor, también sacerdote, Georg Ratzinger-, el 11 de febrero de 2013 sorprendió al mundo leyendo en latín su mensaje de renuncia al papado, hecho insólito pues hacía 400 años que no ocurría algo similar, declarando humildemente que requería más fuerzas físicas para afrontar el liderazgo asignado.

Del Papa Francisco se conoce mucho más: sus pasos juveniles, su días de juventud, sus estudios y trabajos; su decisión firme de entrar al sacerdocio; su juvenil responsabilidad como provincial de jesuitas; sus confusiones ante el avance de la nueva teología y la dictadura en su país tras el derrocamiento de Isabel Perón; sus días de ostracismo y su retorno como Arzobispo de Buenos Aires; sus disensos con el kirchnerismo y su asunción al Papado luego de asistir a dos cónclaves en los que su figura franciscana y renovadora impactó al cónclave cardenalicio.

Habrá que decir también que contra lo que aparece en la cinta, acodada en la simpleza del enfrentamiento entre conservadores y progresistas, los dos papas no estaban enfrentados ni disentían entre sí, como se presenta.

De hecho el Papa Francisco ha seguido en esencia mucho de lo que Benedicto XVI planteó en escritos y en homilías, si bien sus formas son distintas, como se aprecia en el ámbito mediático.

El Papa Francisco y Benedicto XVI, Papa Emérito en uno de sus encuentros. / Foto: Cortesía | Carlos Jiménez E.

De cualquier forma la película, a mi parecer, es buena desde que hace pensar y parte de un ejercicio del que hoy estamos casi huérfanos: la disposición al diálogo, al discernimiento, a la comunicación, al perdón y a la misericordia.

Y entre bambalinas, aparecen luces que no pueden ser desperdiciadas: la importancia instrumental y motivadora de la música, la cultura, el deporte… y el cine.

Como se sabe el Papa Francisco quien asumió el papado el 13 de marzo de 2013, fue un gran aficionado al cine en los años del neorrealismo italiano, en los tiempos del polaco Wajda, del japonés Kurosawa y los grandes directores franceses.

Con guión de Anthony McCarten la cinta entreteje un diálogo imaginario entre Benedicto XVI y el entonces cardenal Jorge Mario Borgoglio, protagonizados con gran suficiencia por Anthony Hopkins y Jonathan Pryce.

“Se trata de dos viejos que resultan ser un Papa y un cardenal en ese momento, confesándose y pidiendo perdón”, resumió Pryce en entrevista a la BBC.

Me gusta la discusión pública, el discurso de las calles y las plazas, las pláticas de café, la comunicación imprevista, el debate emergente, la disquisición popular.

Cuando muchos hablan de lo mismo, algo tiene de centralidad lo que se discute, aunque a veces se prepondere lo tangencial.

Y es que hace días vi la película “Los dos papas”, dirigida por Fernando Meirelles; y después de verla he preguntado a muchos si la han visto y casi todos me han dicho que sí.

Y eso me alegró. Más que por la temática o los contenidos, ciertos o fantasiosos, la cinta aborda cuestiones que de ordinario no se tratan, o que se abordan desde la perspectiva de repetir o reiterar lo que comentaristas o panelistas discurren insustancialmente en sus diversos programas, frecuentemente canteados hacia sus creencias, complejos, egos o fantasías.

De la película de “Los dos Papas” es de rescatar la certeza de la posibilidad permanente del diálogo, del discernimiento, de la esperanza y de la humildad.

Por lo demás es evidente que, aunque se reconozca, hay en la cinta insuficiencias de concepción y de subjetividad.

En lo personal, he de decirlo, me gusta leer a Benedicto XVI: es claro, contundente, sólido y equilibrado en su argumentación filosófica y teológica; políglota que habla seis idiomas y entiende dos más, gran parte de la vida del Papa Emérito está significada por el estudio, la reflexión y la oración.

“Caritas in Veritate”, tercera carta encíclica de Benedicto XVI. / Foto: Cortesía | Carlos Jiménez E.

Es de destacarse, por ejemplo, que aparte de encíclicas y exhortaciones apostólicas haya dejado durante su pontificado dos libros esenciales en los que abordó la vida de “Jesús de Nazaret” como tema central y testimonial en una Iglesia que parecía haber dejado a veces de lado, la sencillez y actualidad del testimonio profundo y vital de Jesús.

También vale recordar que contra lo que señala la cinta en cuestión, Benedicto XVI no aspiraba al papado, tanto que en varias ocasiones pidió dejar la prefectura de la Congregación de la Doctrina de la Fe para retornar a su tierra bávara a escribir y dar clases.

No solo eso, sino que denegó, cuando Juan Pablo II lo invitó a ser Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, la invitación, aceptándola sólo cuando el Papa le insistió, pues dijo, “a un Papa no se le puede decir dos veces que no”.

El Papa Francisco y el cardenal Carlos Aguiar, Arzobispo Primado de México. / Foto: Cortesía | Carlos Jiménez E.

En ese cargo ahondó y evidenció las crisis que abrumaban a la Iglesia, los años sesenta y sus secuelas de confusión y liberación; y los abusos sexuales y la pedofilia, denunciándolos con claridad, y ejerciendo su poder, ya como Papa. En el caso especial de Marcial Maciel lo retiró del ejercicio ministerial ordenándole reclusión conventual en ejercicio de expiación y oración.

Era, me dijo una monja que lo conoció como cardenal, tímido y sencillo. Discreto y afable. Llegaba al Vaticano en su Golf; cargaba su maletín negro y entraba a laborar a sus oficinas con apenas un discreto “buona sera”.

Tras haber sido electo Papa el 15 de abril de 2005 –“no es posible; es muy tímido” habría dicho en entrevista su hermano mayor, también sacerdote, Georg Ratzinger-, el 11 de febrero de 2013 sorprendió al mundo leyendo en latín su mensaje de renuncia al papado, hecho insólito pues hacía 400 años que no ocurría algo similar, declarando humildemente que requería más fuerzas físicas para afrontar el liderazgo asignado.

Del Papa Francisco se conoce mucho más: sus pasos juveniles, su días de juventud, sus estudios y trabajos; su decisión firme de entrar al sacerdocio; su juvenil responsabilidad como provincial de jesuitas; sus confusiones ante el avance de la nueva teología y la dictadura en su país tras el derrocamiento de Isabel Perón; sus días de ostracismo y su retorno como Arzobispo de Buenos Aires; sus disensos con el kirchnerismo y su asunción al Papado luego de asistir a dos cónclaves en los que su figura franciscana y renovadora impactó al cónclave cardenalicio.

Habrá que decir también que contra lo que aparece en la cinta, acodada en la simpleza del enfrentamiento entre conservadores y progresistas, los dos papas no estaban enfrentados ni disentían entre sí, como se presenta.

De hecho el Papa Francisco ha seguido en esencia mucho de lo que Benedicto XVI planteó en escritos y en homilías, si bien sus formas son distintas, como se aprecia en el ámbito mediático.

El Papa Francisco y Benedicto XVI, Papa Emérito en uno de sus encuentros. / Foto: Cortesía | Carlos Jiménez E.

De cualquier forma la película, a mi parecer, es buena desde que hace pensar y parte de un ejercicio del que hoy estamos casi huérfanos: la disposición al diálogo, al discernimiento, a la comunicación, al perdón y a la misericordia.

Y entre bambalinas, aparecen luces que no pueden ser desperdiciadas: la importancia instrumental y motivadora de la música, la cultura, el deporte… y el cine.

Como se sabe el Papa Francisco quien asumió el papado el 13 de marzo de 2013, fue un gran aficionado al cine en los años del neorrealismo italiano, en los tiempos del polaco Wajda, del japonés Kurosawa y los grandes directores franceses.

Con guión de Anthony McCarten la cinta entreteje un diálogo imaginario entre Benedicto XVI y el entonces cardenal Jorge Mario Borgoglio, protagonizados con gran suficiencia por Anthony Hopkins y Jonathan Pryce.

“Se trata de dos viejos que resultan ser un Papa y un cardenal en ese momento, confesándose y pidiendo perdón”, resumió Pryce en entrevista a la BBC.

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