/ viernes 11 de febrero de 2022

El amor llega, y tú no estás

El libro de cabecera

Durante años, en el imaginario del campo literario queretano pervivió la idea de que la nuestra era tierra de poetas. Así lo confirma, por ejemplo, Juan Antonio Isla, uno de nuestros más emblemáticos prosistas, quien tuvo a bien abrirse paso con la fuerza de su veta narrativa para seguir escribiendo novela hasta el presente, en la que quizás es su etapa más prolífica.

Recibo con beneplácito que en la esfera narrativa emerjan voces con propuestas diversas, atrevidas, con ganas de abrirse paso en el campo narrativo con una apuesta simbólica distinta. Este es el caso de El amor llega, y tú no estás (2021) de Pat Muñoz, publicada y editada de manera independiente por la propia autora.

Pat Muñoz, comunicóloga, creativa, escritora y cuentacuentos, nos presenta un melodrama en donde se exaltan las emociones, las patologías y los sentimientos de los personajes. Sonia Bravo, el personaje principal que a lo largo de la novela identificaremos como Sony, es una mujer de mediana edad, atractiva, perspicaz, que goza de una vida favorecida por su situación socioeconómica, por su desarrollo profesional, por la armonía familia y por el profundo amor que siente hacia Gilberto, su esposo. El estado de las cosas en torno a Sony lo deberá ir construyendo el lector, ya que desde el primer capítulo dicho estado comienza a modificarse con un ritmo vertiginoso e intenso, capaz de mantener al lector expectante al final de cada uno de los capítulos.

En la historia predominan los hilos de tensión, tanto los que le corresponden con la trama como los que dan vida y voz a los personajes. En este entramado, encontramos a Marco, un hombre un poco mayor que Sony, arquetípicamente atractivo y la representación del objeto del deseo de la protagonista, que irrumpe en la vida de ésta con una propuesta inusual que dará vida al relato: “Vengo a preguntarte si quieres tener una aventura conmigo”. Gilberto, aunque buen esposo y padre, en los primeros capítulos de la novela revelará su infidelidad, proceso que lo arrastrará a él y a Sony a una serie de situaciones desafortunadas a través de las cuales el personaje se transformará determinando el rumbo de la historia.

En este triangulo amoroso que Pat Muñoz ha establecido con dramática sagacidad, sobrevuela el nombre de Angélica que, si bien es la antagonista, comparte con Sony el mismo objeto del deseo, aunque Angélica tenga una ruta y procedimientos distintos para conseguirlo, lo cual dota al personaje de una irrefrenable fuerza para impulsar el conflicto dentro de la historia.

A lo largo de la trama desfila una serie de personajes secundarios, situaciones y revelaciones que permiten al lector ir construyendo, mediante la identificación o la aversión, a cada uno de los personajes. El marco espaciotemporal de la historia, si bien es lineal, se rompe para echar luz sobre el pasado de Marco, Gilberto y Angélica, no para justificar sus acciones sino para atisbar sus pasiones, algo que en la novela funciona muy bien para mantener la atención sobre cada personaje, lo que constituye uno de los aspectos más destacables y mejor logrados de la novela.

Pero es precisamente en la construcción de los personajes en donde advertimos que por momentos sus voces se confunden, se difuminan. A veces Gilberto habla como Marco y viceversa; por momentos Sony se expresa de manera muy similar a Angélica y a la inversa. Aunque hay etiquetas y expresiones que ayudan al lector a diferenciarlos, por la marcada personalidad de cada figura sería preferible que cada personaje fuese definido por lo que las propias vidas de Sony, Marco, Gilberto y Angélica le demandan a la trama. Es decir, en la novela, los personajes cobran vida y se apoderan de la trama, lo cual no necesariamente es una buena señal.

Antiguamente, tanto en el teatro griego como en el romano, se recurría a una grúa o instrumento mecánico para introducir desde fuera a un actor que representaba a una deidad que era metida a la fuerza en la historia, desde fuera del escenario, para resolver una situación o darle un giro a la trama. A este recurso se le conoce como Deus ex machina (literalmente, el dios que baja de la máquina) y se utiliza para resolver la historia con un elemento externo que no sigue la ruta lógica de la trama, que puede ser un accidente, la aparición inminente de una enfermedad incurable, la caída de una bomba atómica que acaba con todo, por citar algunos ejemplos. Esto ocurre cuando, ante la ausencia de un proyecto de novela, los personajes se apropian de la trama, lo que provoca que la causalidad que se impone en la narración esté por encima de la trama, en el caso de la novela, o del guion, en el caso del cine.

Dos momentos decisivos en El amor llega, y tú no estás se resuelven mediante el recurso Deus ex machina, a pesar de que tanto en la trama como en los personajes encontramos varios elementos iniciales (planting) susceptibles de desenlazarse con los elementos hacia el final del relato, como la infelicidad de Gilberto, la desdicha implacable de Angélica o el conflicto entre la fidelidad, la tentación, la infelicidad y el deseo de Sony (payoff).

El permitirme acudir a recursos cinematográficos no es arbitrario ni mucho menos una licencia del séptimo arte, dado que El amor llega, y tú no estás presenta una clara estructura cinematográfica que pide a gritos ser adaptado al cine o a la televisión. De ahí que su lectura sea placentera, por la intensidad y lo fugaz que resulta la experiencia de leerla (lo terminé en una tarde).

El amor llega, y tú no estás, un melodrama intenso para el lector que llega en el momento justo al campo literario queretano, instancia dinámica que encuentra en Pat Muñoz una voz impetuosa y en progreso que seguramente nos conmoverá con nuevas posibilidades narrativas, para provocar nuestras emociones, sentimientos y tentaciones.

Durante años, en el imaginario del campo literario queretano pervivió la idea de que la nuestra era tierra de poetas. Así lo confirma, por ejemplo, Juan Antonio Isla, uno de nuestros más emblemáticos prosistas, quien tuvo a bien abrirse paso con la fuerza de su veta narrativa para seguir escribiendo novela hasta el presente, en la que quizás es su etapa más prolífica.

Recibo con beneplácito que en la esfera narrativa emerjan voces con propuestas diversas, atrevidas, con ganas de abrirse paso en el campo narrativo con una apuesta simbólica distinta. Este es el caso de El amor llega, y tú no estás (2021) de Pat Muñoz, publicada y editada de manera independiente por la propia autora.

Pat Muñoz, comunicóloga, creativa, escritora y cuentacuentos, nos presenta un melodrama en donde se exaltan las emociones, las patologías y los sentimientos de los personajes. Sonia Bravo, el personaje principal que a lo largo de la novela identificaremos como Sony, es una mujer de mediana edad, atractiva, perspicaz, que goza de una vida favorecida por su situación socioeconómica, por su desarrollo profesional, por la armonía familia y por el profundo amor que siente hacia Gilberto, su esposo. El estado de las cosas en torno a Sony lo deberá ir construyendo el lector, ya que desde el primer capítulo dicho estado comienza a modificarse con un ritmo vertiginoso e intenso, capaz de mantener al lector expectante al final de cada uno de los capítulos.

En la historia predominan los hilos de tensión, tanto los que le corresponden con la trama como los que dan vida y voz a los personajes. En este entramado, encontramos a Marco, un hombre un poco mayor que Sony, arquetípicamente atractivo y la representación del objeto del deseo de la protagonista, que irrumpe en la vida de ésta con una propuesta inusual que dará vida al relato: “Vengo a preguntarte si quieres tener una aventura conmigo”. Gilberto, aunque buen esposo y padre, en los primeros capítulos de la novela revelará su infidelidad, proceso que lo arrastrará a él y a Sony a una serie de situaciones desafortunadas a través de las cuales el personaje se transformará determinando el rumbo de la historia.

En este triangulo amoroso que Pat Muñoz ha establecido con dramática sagacidad, sobrevuela el nombre de Angélica que, si bien es la antagonista, comparte con Sony el mismo objeto del deseo, aunque Angélica tenga una ruta y procedimientos distintos para conseguirlo, lo cual dota al personaje de una irrefrenable fuerza para impulsar el conflicto dentro de la historia.

A lo largo de la trama desfila una serie de personajes secundarios, situaciones y revelaciones que permiten al lector ir construyendo, mediante la identificación o la aversión, a cada uno de los personajes. El marco espaciotemporal de la historia, si bien es lineal, se rompe para echar luz sobre el pasado de Marco, Gilberto y Angélica, no para justificar sus acciones sino para atisbar sus pasiones, algo que en la novela funciona muy bien para mantener la atención sobre cada personaje, lo que constituye uno de los aspectos más destacables y mejor logrados de la novela.

Pero es precisamente en la construcción de los personajes en donde advertimos que por momentos sus voces se confunden, se difuminan. A veces Gilberto habla como Marco y viceversa; por momentos Sony se expresa de manera muy similar a Angélica y a la inversa. Aunque hay etiquetas y expresiones que ayudan al lector a diferenciarlos, por la marcada personalidad de cada figura sería preferible que cada personaje fuese definido por lo que las propias vidas de Sony, Marco, Gilberto y Angélica le demandan a la trama. Es decir, en la novela, los personajes cobran vida y se apoderan de la trama, lo cual no necesariamente es una buena señal.

Antiguamente, tanto en el teatro griego como en el romano, se recurría a una grúa o instrumento mecánico para introducir desde fuera a un actor que representaba a una deidad que era metida a la fuerza en la historia, desde fuera del escenario, para resolver una situación o darle un giro a la trama. A este recurso se le conoce como Deus ex machina (literalmente, el dios que baja de la máquina) y se utiliza para resolver la historia con un elemento externo que no sigue la ruta lógica de la trama, que puede ser un accidente, la aparición inminente de una enfermedad incurable, la caída de una bomba atómica que acaba con todo, por citar algunos ejemplos. Esto ocurre cuando, ante la ausencia de un proyecto de novela, los personajes se apropian de la trama, lo que provoca que la causalidad que se impone en la narración esté por encima de la trama, en el caso de la novela, o del guion, en el caso del cine.

Dos momentos decisivos en El amor llega, y tú no estás se resuelven mediante el recurso Deus ex machina, a pesar de que tanto en la trama como en los personajes encontramos varios elementos iniciales (planting) susceptibles de desenlazarse con los elementos hacia el final del relato, como la infelicidad de Gilberto, la desdicha implacable de Angélica o el conflicto entre la fidelidad, la tentación, la infelicidad y el deseo de Sony (payoff).

El permitirme acudir a recursos cinematográficos no es arbitrario ni mucho menos una licencia del séptimo arte, dado que El amor llega, y tú no estás presenta una clara estructura cinematográfica que pide a gritos ser adaptado al cine o a la televisión. De ahí que su lectura sea placentera, por la intensidad y lo fugaz que resulta la experiencia de leerla (lo terminé en una tarde).

El amor llega, y tú no estás, un melodrama intenso para el lector que llega en el momento justo al campo literario queretano, instancia dinámica que encuentra en Pat Muñoz una voz impetuosa y en progreso que seguramente nos conmoverá con nuevas posibilidades narrativas, para provocar nuestras emociones, sentimientos y tentaciones.

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