/ miércoles 30 de mayo de 2018

El rap para reivindicar la lengua de origen

“Mente Negra” es de padres indígenas, su madre es de Oaxaca y su padre de Hidalgo; sin embargo, las lenguas originarias de sus respectivos progenitores, mixteco y náhuatl, ya no le fueron heredadas.

Un contexto de discriminación y falta de oportunidades para los indígenas en México orilló a los papás de Nicolás Hernández a sólo enseñarle español a su hijo.

“Mis padres ya no me heredaron el lenguaje por los problemas sociales que ya compartieron mis compañeros y a partir de conocer esa historia, tanto en la música como en la parte académica, porque soy antropólogo social, hice investigación al respecto y ahora estoy trabajando con raperos indígenas”, comparte.

Hernández, conocido en el mundo de la música alternativa como “Mente Negra”, comenzó un proyecto que bautizó con el mismo nombre que él adquirió para promover la música en lengua de origen en México.

Jóvenes que hablan cuicateco y mazateco se cuentan entre sus primeros reclutas para promover el movimiento de rap indígena.

“Hasta el momento, todos con los que he conversado empiezan con el español; sin embargo, hay un proceso muy interesante, escriben una versión en su lengua materna para empezar explorar este universo”, explica el promotor.

Entre quienes se han sumado a su proyecto se encuentra Alfredo Díaz Nabor, conocido en estos mundos de la música alternativa por su nombre de MC: Yune Va’a. Este joven, de 22 años de edad, es originario de la comunidad de Santa María Pápalo, en Cuicatlán, Oaxaca.

En sus inicios, como él mismo cuenta en entrevista, hacía rap en español. Su incursión en este género musical comenzó a los 15 años, pero es desde hace un año, que toma con formalidad la música y comenzó a explorar el cuicateco para expresar su propuesta.

“El cambio es porque quería destacar en la música, porque el rap en español como que no me gustaba lo que estaba haciendo, entonces, al ver otros chicos que hacían rap en sus lenguas, decía: ¿Y yo por qué no lo hago? En un principio fue hacer una prueba y ver qué realmente quería hacer y ver mi situación de la lengua, que el cuicateco es un lengua que esta en peligro de desparecer”, sostiene.

El joven rapero toma como inspiración su entorno social. A diferencia del rap extranjero o las versiones comerciales del hip hop en el norte de México, que tienen como temas principales la violencia física y de género e incluso el consumo de drogas, en la propuesta de Yune Va’a no hay cabida para la agresión.

“Estamos en una fase de querer describir todo lo que acontece sobre un pueblo originario, sobre las comunidades, cómo se vive, la interacción que tiene la comunidad con la naturaleza, porque los pueblos son dueños de gran riqueza natural”, detalla.

En una presentación que el oaxaqueño realizó en Querétaro, en el marco del Primer Encuentro de Música de Rap Indígena, se dejó escuchar parte de su música.

Que la gente nos escuche

No nos dejen solos

Por favor, realidad,

que a mi lengua le hace mal


Busco gente solidaria,

gente que se apoye

Que no se abandonen,

porque con su ayuda

viven las culturas


Por eso agradezco

que presten sus oídos

y que no abandonen esto

Temas similares también son parte de la preocupación y la inspiración de José Andrés, que se hace Kipper, joven originario de San Felipe Jalapa de Díaz, Oaxaca.

El rapero señala que pese a que sus inquietudes responden a una localidad muy focalizada y que la lengua en la que se expresa, el mazateco, tiene pocos hablantes, el público capta lo expresado por sus letras.

“Es algo emocionante para ellos, porque cuando trato de transmitir lo que yo siento, la gente lo ve como algo muy diferente, porque siempre trato de tirar algo típico a lo mío, a lo que hacen los otros raperos.

“Cuando yo estoy cantando, la gente lo ve muy diferente y se conecta, yo lo veo en su emoción en su alegría”, señala el joven.

Los entrevistados aseguran que el rap ayuda a reivindicar su lengua y su condición indígena, aunque fuera del escenario y del contexto musical, aún hay expresiones discriminatorias que viven todos comúnmente.

“Eso suele pasar mucho (…) Yo ahorita estoy viviendo en la Ciudad de México y cuando me visto así, con mi ropa de manta, me hacen de menos, porque he llegado a lugares como de dinero, y me miran poquito raro, por mi vestimenta o cuando estas platicando en tu lengua con otra persona, como que se te quedan viendo diciendo: ¿Y ese indígena de dónde salió?”.

Pese a estas expresiones, los jóvenes oaxaqueños siguen trabajando por llevar su música a más personas y abrir el espectro a otras realidades con el fin de generar más inclusión y no sólo tolerancia.

“Mente Negra” señala, desde su experiencia, que en México hay más interés por su pasado indígena que el que se cree; sin embargo, la ignorancia respecto a sus raíces y a la riqueza cultural genera un rechazo que señala de incomprensible.

El propio Nicolás Hernández comparte que hay anécdotas que reflejan esa contradicción, pues mucha gente dice apreciar los cantos de los raperos, porque han confundido la lengua nativa con extranjera.

“Hay quienes han llegado a ver la expresión del rap en lenguas y su primera reacción es relacionarlo con idiomas extranjeros, como el ruso o el francés, antes que pensar que es una lengua indígena”, señala.

Todas las presentaciones que impulsa “Mente Negra” tienen traducción al español, los MC primero ofrecen su composición en lengua aborigen y luego en español, aunque el promotor confiesa que se pierden muchas cosas en la traducción.

“Todo el tiempo me cuenta, que como ellos piensan y como ellos escriben en su lengua, difícilmente se puede expresar lo mismo con las palabras en español, pero lo intentan para llevar su música a un acercamiento mayor”.

Mujeres

Ailicec Rivera es originaria de Huautla de Jiménez, Oaxaca. Ella, a diferencia del resto de sus compañeros, no ha incursionado en el rap. Su iniciación en el mundo de la música, al igual que el resto, lo hizo en español, pero su orientación artística se desarrolla en la balada romántica.

Su objetivo es llevar sus composiciones a su lengua de origen, el mazateco. Esto responde a una necesidad por reivindicar su contexto indígena, el cual, a su juicio, pierde cada día terreno ante la emigración de sus paisanos hacia ciudades más grandes y la consecuente discriminación a la que se enfrentan en estas urbes.

Sin embargo, adentrarse en el mundo de la música indígena no ha sido fácil, si bien no ha encontrado discriminación por su condición de mujer o por interpretar un género distinto al de sus compañeros, sí se ha topado con que su idioma de origen tiene condiciones muy distintas al del español.

“El mazateco, por más que uno lo hable, es complicado (…) A lo mejor yo ya forme una frase (en español), pero al hacer la traducción, lo tengo que mover y hasta le tengo que cambiar palabras, porque el mazateco contiene muchas palabras homófonas, entonces sí cambia algo el ritmo, pero uno trata que suene igual, como suena en español”, comparte.

Al respecto, Nicolás Hernández confiesa que en el mundo de la música indígena en que él se desarrolla hay pocas mujeres. Estos géneros urbanos, “como en cualquier otro contexto”, acota, están muy ligados al mundo masculino.

Sin embargo, conoce de una artista de Sonora que genera rap en lengua seri, “es cuestión de quitar estereotipos e impulsar el talento”, refiere al cuestionarlo sobre esta disparidad de género.

Las lenguas que nos unen

Bravo Corco “Amambay 100 mil” es originario de Argentina, ha visitado diversos sitios en América Latina para impulsar la música y los cantos prehispánicos de los pueblos originarios que aún siguen vivos en esta región.

Actualmente se encuentra en México, donde explora la riqueza cultural que le ofrecen las etnias mexicanas, principalmente las ubicadas en el sur del país.

Su objetivo es fusionar la música actual, como el rap, el hip hop y la electrónica, con expresiones indígenas. Durante su estancia en México ha trabajado junto a jóvenes mayas, mazatecos y cuicatecos.

Recientemente visitó pueblos aborígenes en Colombia, de donde encuentra similitudes fuertes con el contexto mexicano, según comparte en entrevista.

“Vengo ahora de Monterrey y me sorprendo que se escuche mucho vallenato allá, o que los chicos anden con la remera colombiana. Se comparten muchas cosas, en la juventudes del hip hop, hay muchas similitudes (entre México y Colombia)”, señala el productor argentino.

De acuerdo a su experiencia, “Amambay 100 mil” advierte que en México, a diferencia de Colombia, las culturas indígenas son más cercanas, geográficamente, a los núcleos urbanos, aunque esta condición no ha mermado su riqueza cultural.

Sin embargo, coincide en advertir que la discriminación es uno de los principales factores por los que los aborígenes de todas las regiones que conoce dejan su lengua y costumbres, otra de ellas es por lo poco practico que resulta hablar un idioma que la mayoría de las personas, que viven en los centros urbanos donde se genera la riqueza, desconocen.

Es por eso que la música, el denominado lenguaje universal, es vital para reivindicar a estos pueblos y su cultura, añade. De igual forma, ve en la música alternativa, nacida en las calles, el género perfecto para esta labor.

“Los chicos de Oaxaca tienen un sonido con la marimba que es más pacifico, muy similar a lo que sucede en Colombia y en donde hay una instrumentación, también de la música prehispánica, con instrumentos de viento, percusión, son más allegados a esa instrumentación, que es más amplia en el folclor y es lo que integro en lo que hacemos”, señala.

Bravo Corco considera que en México, la región maya es la que mejor se ha adaptado a esta propuesta de fusión musical, “más que nada es el pueblo maya el que consume más música, de debe a (la penetración de) las redes sociales, advierte.

El democrático Rap

Nicolás Hernández coincide con su homologo argentino; señala que el mundo del hip hop, en especifico el del rap, otorga las condiciones necesarias para que alguien con inquietudes musicales pueda expresarse.

“La relación tiene que ver con la oralidad y la palabra, tradicionalmente, los pueblos nativos son orales, en todo el tiempo es la palabra hablada y el rap proviene de esas raíces”, expresa Hernández al recordar los orígenes del rap.

De acuerdo a un artículo de Feli Davalos, publicado en el sitio Noisey, perteneciente a la empresa Vice, se considera a Coke La Rock, como el primer MC de la historia y su compañero de fórmula era Kool Dj Herc.

“Recordemos que Kool Herc vivió su infancia en Trenchtown, Jamaica y cuando comenzó a hacer fiestas en el Bronx, su modelo a seguir fue el de los sonideros en la isla de sus recuerdos de infancia (Davalos, 2014)”.

Estas raíces afroantillanas, se comparten con el contexto de algunas etnias en México, añade “Mente Negra”

“Se retoma por ese asunto de la oralidad y la practicidad y la factibilidad, en cuanto a la ejecución del rap, es decir, en una banda de rock necesitas de instrumentos, de una consola de audio muy grande para conectarlos y conocimiento musical. En el caso del rap, todo es autodidacta, en cuanto sales a la calle y empezamos a improvisar”, sostiene el productor.

La música generada por este naciente colectivo de MC indígenas se puede escuchar en mentenegra.com

“Mente Negra” es de padres indígenas, su madre es de Oaxaca y su padre de Hidalgo; sin embargo, las lenguas originarias de sus respectivos progenitores, mixteco y náhuatl, ya no le fueron heredadas.

Un contexto de discriminación y falta de oportunidades para los indígenas en México orilló a los papás de Nicolás Hernández a sólo enseñarle español a su hijo.

“Mis padres ya no me heredaron el lenguaje por los problemas sociales que ya compartieron mis compañeros y a partir de conocer esa historia, tanto en la música como en la parte académica, porque soy antropólogo social, hice investigación al respecto y ahora estoy trabajando con raperos indígenas”, comparte.

Hernández, conocido en el mundo de la música alternativa como “Mente Negra”, comenzó un proyecto que bautizó con el mismo nombre que él adquirió para promover la música en lengua de origen en México.

Jóvenes que hablan cuicateco y mazateco se cuentan entre sus primeros reclutas para promover el movimiento de rap indígena.

“Hasta el momento, todos con los que he conversado empiezan con el español; sin embargo, hay un proceso muy interesante, escriben una versión en su lengua materna para empezar explorar este universo”, explica el promotor.

Entre quienes se han sumado a su proyecto se encuentra Alfredo Díaz Nabor, conocido en estos mundos de la música alternativa por su nombre de MC: Yune Va’a. Este joven, de 22 años de edad, es originario de la comunidad de Santa María Pápalo, en Cuicatlán, Oaxaca.

En sus inicios, como él mismo cuenta en entrevista, hacía rap en español. Su incursión en este género musical comenzó a los 15 años, pero es desde hace un año, que toma con formalidad la música y comenzó a explorar el cuicateco para expresar su propuesta.

“El cambio es porque quería destacar en la música, porque el rap en español como que no me gustaba lo que estaba haciendo, entonces, al ver otros chicos que hacían rap en sus lenguas, decía: ¿Y yo por qué no lo hago? En un principio fue hacer una prueba y ver qué realmente quería hacer y ver mi situación de la lengua, que el cuicateco es un lengua que esta en peligro de desparecer”, sostiene.

El joven rapero toma como inspiración su entorno social. A diferencia del rap extranjero o las versiones comerciales del hip hop en el norte de México, que tienen como temas principales la violencia física y de género e incluso el consumo de drogas, en la propuesta de Yune Va’a no hay cabida para la agresión.

“Estamos en una fase de querer describir todo lo que acontece sobre un pueblo originario, sobre las comunidades, cómo se vive, la interacción que tiene la comunidad con la naturaleza, porque los pueblos son dueños de gran riqueza natural”, detalla.

En una presentación que el oaxaqueño realizó en Querétaro, en el marco del Primer Encuentro de Música de Rap Indígena, se dejó escuchar parte de su música.

Que la gente nos escuche

No nos dejen solos

Por favor, realidad,

que a mi lengua le hace mal


Busco gente solidaria,

gente que se apoye

Que no se abandonen,

porque con su ayuda

viven las culturas


Por eso agradezco

que presten sus oídos

y que no abandonen esto

Temas similares también son parte de la preocupación y la inspiración de José Andrés, que se hace Kipper, joven originario de San Felipe Jalapa de Díaz, Oaxaca.

El rapero señala que pese a que sus inquietudes responden a una localidad muy focalizada y que la lengua en la que se expresa, el mazateco, tiene pocos hablantes, el público capta lo expresado por sus letras.

“Es algo emocionante para ellos, porque cuando trato de transmitir lo que yo siento, la gente lo ve como algo muy diferente, porque siempre trato de tirar algo típico a lo mío, a lo que hacen los otros raperos.

“Cuando yo estoy cantando, la gente lo ve muy diferente y se conecta, yo lo veo en su emoción en su alegría”, señala el joven.

Los entrevistados aseguran que el rap ayuda a reivindicar su lengua y su condición indígena, aunque fuera del escenario y del contexto musical, aún hay expresiones discriminatorias que viven todos comúnmente.

“Eso suele pasar mucho (…) Yo ahorita estoy viviendo en la Ciudad de México y cuando me visto así, con mi ropa de manta, me hacen de menos, porque he llegado a lugares como de dinero, y me miran poquito raro, por mi vestimenta o cuando estas platicando en tu lengua con otra persona, como que se te quedan viendo diciendo: ¿Y ese indígena de dónde salió?”.

Pese a estas expresiones, los jóvenes oaxaqueños siguen trabajando por llevar su música a más personas y abrir el espectro a otras realidades con el fin de generar más inclusión y no sólo tolerancia.

“Mente Negra” señala, desde su experiencia, que en México hay más interés por su pasado indígena que el que se cree; sin embargo, la ignorancia respecto a sus raíces y a la riqueza cultural genera un rechazo que señala de incomprensible.

El propio Nicolás Hernández comparte que hay anécdotas que reflejan esa contradicción, pues mucha gente dice apreciar los cantos de los raperos, porque han confundido la lengua nativa con extranjera.

“Hay quienes han llegado a ver la expresión del rap en lenguas y su primera reacción es relacionarlo con idiomas extranjeros, como el ruso o el francés, antes que pensar que es una lengua indígena”, señala.

Todas las presentaciones que impulsa “Mente Negra” tienen traducción al español, los MC primero ofrecen su composición en lengua aborigen y luego en español, aunque el promotor confiesa que se pierden muchas cosas en la traducción.

“Todo el tiempo me cuenta, que como ellos piensan y como ellos escriben en su lengua, difícilmente se puede expresar lo mismo con las palabras en español, pero lo intentan para llevar su música a un acercamiento mayor”.

Mujeres

Ailicec Rivera es originaria de Huautla de Jiménez, Oaxaca. Ella, a diferencia del resto de sus compañeros, no ha incursionado en el rap. Su iniciación en el mundo de la música, al igual que el resto, lo hizo en español, pero su orientación artística se desarrolla en la balada romántica.

Su objetivo es llevar sus composiciones a su lengua de origen, el mazateco. Esto responde a una necesidad por reivindicar su contexto indígena, el cual, a su juicio, pierde cada día terreno ante la emigración de sus paisanos hacia ciudades más grandes y la consecuente discriminación a la que se enfrentan en estas urbes.

Sin embargo, adentrarse en el mundo de la música indígena no ha sido fácil, si bien no ha encontrado discriminación por su condición de mujer o por interpretar un género distinto al de sus compañeros, sí se ha topado con que su idioma de origen tiene condiciones muy distintas al del español.

“El mazateco, por más que uno lo hable, es complicado (…) A lo mejor yo ya forme una frase (en español), pero al hacer la traducción, lo tengo que mover y hasta le tengo que cambiar palabras, porque el mazateco contiene muchas palabras homófonas, entonces sí cambia algo el ritmo, pero uno trata que suene igual, como suena en español”, comparte.

Al respecto, Nicolás Hernández confiesa que en el mundo de la música indígena en que él se desarrolla hay pocas mujeres. Estos géneros urbanos, “como en cualquier otro contexto”, acota, están muy ligados al mundo masculino.

Sin embargo, conoce de una artista de Sonora que genera rap en lengua seri, “es cuestión de quitar estereotipos e impulsar el talento”, refiere al cuestionarlo sobre esta disparidad de género.

Las lenguas que nos unen

Bravo Corco “Amambay 100 mil” es originario de Argentina, ha visitado diversos sitios en América Latina para impulsar la música y los cantos prehispánicos de los pueblos originarios que aún siguen vivos en esta región.

Actualmente se encuentra en México, donde explora la riqueza cultural que le ofrecen las etnias mexicanas, principalmente las ubicadas en el sur del país.

Su objetivo es fusionar la música actual, como el rap, el hip hop y la electrónica, con expresiones indígenas. Durante su estancia en México ha trabajado junto a jóvenes mayas, mazatecos y cuicatecos.

Recientemente visitó pueblos aborígenes en Colombia, de donde encuentra similitudes fuertes con el contexto mexicano, según comparte en entrevista.

“Vengo ahora de Monterrey y me sorprendo que se escuche mucho vallenato allá, o que los chicos anden con la remera colombiana. Se comparten muchas cosas, en la juventudes del hip hop, hay muchas similitudes (entre México y Colombia)”, señala el productor argentino.

De acuerdo a su experiencia, “Amambay 100 mil” advierte que en México, a diferencia de Colombia, las culturas indígenas son más cercanas, geográficamente, a los núcleos urbanos, aunque esta condición no ha mermado su riqueza cultural.

Sin embargo, coincide en advertir que la discriminación es uno de los principales factores por los que los aborígenes de todas las regiones que conoce dejan su lengua y costumbres, otra de ellas es por lo poco practico que resulta hablar un idioma que la mayoría de las personas, que viven en los centros urbanos donde se genera la riqueza, desconocen.

Es por eso que la música, el denominado lenguaje universal, es vital para reivindicar a estos pueblos y su cultura, añade. De igual forma, ve en la música alternativa, nacida en las calles, el género perfecto para esta labor.

“Los chicos de Oaxaca tienen un sonido con la marimba que es más pacifico, muy similar a lo que sucede en Colombia y en donde hay una instrumentación, también de la música prehispánica, con instrumentos de viento, percusión, son más allegados a esa instrumentación, que es más amplia en el folclor y es lo que integro en lo que hacemos”, señala.

Bravo Corco considera que en México, la región maya es la que mejor se ha adaptado a esta propuesta de fusión musical, “más que nada es el pueblo maya el que consume más música, de debe a (la penetración de) las redes sociales, advierte.

El democrático Rap

Nicolás Hernández coincide con su homologo argentino; señala que el mundo del hip hop, en especifico el del rap, otorga las condiciones necesarias para que alguien con inquietudes musicales pueda expresarse.

“La relación tiene que ver con la oralidad y la palabra, tradicionalmente, los pueblos nativos son orales, en todo el tiempo es la palabra hablada y el rap proviene de esas raíces”, expresa Hernández al recordar los orígenes del rap.

De acuerdo a un artículo de Feli Davalos, publicado en el sitio Noisey, perteneciente a la empresa Vice, se considera a Coke La Rock, como el primer MC de la historia y su compañero de fórmula era Kool Dj Herc.

“Recordemos que Kool Herc vivió su infancia en Trenchtown, Jamaica y cuando comenzó a hacer fiestas en el Bronx, su modelo a seguir fue el de los sonideros en la isla de sus recuerdos de infancia (Davalos, 2014)”.

Estas raíces afroantillanas, se comparten con el contexto de algunas etnias en México, añade “Mente Negra”

“Se retoma por ese asunto de la oralidad y la practicidad y la factibilidad, en cuanto a la ejecución del rap, es decir, en una banda de rock necesitas de instrumentos, de una consola de audio muy grande para conectarlos y conocimiento musical. En el caso del rap, todo es autodidacta, en cuanto sales a la calle y empezamos a improvisar”, sostiene el productor.

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