/ viernes 7 de abril de 2023

El Realismo, acercamiento desde siete pinturas

Literatura y filosofía


El Angelus, 1857, Jean Francois Millet

El cuadro es un claro ejemplo del realismo, pues representa personajes del pueblo en acciones cotidianas: en este caso la interrupción del trabajo para rezar «el ángelus». Es notorio que el artista no pretende hacer resaltar los rostros. Ello implica que pueden ser cualquiera. Lo importante es la cotidianidad, la realidad y, en ese sentido, hacer de ella (la realidad) un tema. Además, el cuadro es yermo: da la sensación de soledad, recogimiento, religiosidad. Características propias —en este caso— de los campesinos de finales del siglo XIX. Millet, además de lograr captar la atención del espectador, le provoca un interés por adentrarse en el cuadro. No quiero dejar pasar por alto que este cuadro se realiza como una forma contestataria al romanticismo y el neoclasicismo.

Foto: Cortesía | @musee-orsay.fr

Frederick Law Olmsted, 1895, John Singer Sargent

Esta pintura, a diferencia de la anterior (la de Millet), es un claro ejemplo del romanticismo. Aquí la figura central es un hombre anciano con aires de intelectual, o de artista; al menos con un tinte de pensador profundo. Esto contradice la idea del realismo, en donde lo que importa es el pueblo en actitudes cotidianas. Aquí —en cambio— lo que resalta es una idea romántica: el culto a la razón, a la soledad, a lo bucólico (nótese el contexto en que se encuentra el personaje).

Foto: Cortesía | @jssgallery.org

Cabeza de mujer llorando con pañuelo, 1937, Picasso

Esta pintura de Picasso representa el expresionismo. Se ve a una mujer llorando amargamente. Sin embargo, lo crudo de su expresión se alterna con los trazos aparentemente descuidados; sin embargo, no hay tal descuido. Lo que sucede es que el artista quiere mostrar es un realismo más allá de los límites de la realidad. Intenta —me parece— impactar en el espectador a partir de una expresión alterada por la figura. Sin embargo, el cuadro mantiene un realismo profundo. Esto debido a que la acción del cuadro es cotidiana y muy común al pueblo, quien llora continuamente sus desgracias. Además —y esto hay que subrayarlo—, el año en que pintó este cuadro, el mundo vivía una serie de convulsiones. En especial España, ya que de 1936 a 1939 padeció una trágica guerra civil. En este sentido, el cuadro muestra lo cruel de la realidad que vivía el pueblo en aquellos años.

Foto: Cortesía | @museoreinasofia.es

Un bar del Folies-Bergère, 1881-1882. Èdouard Manet

Esta pintura es de tipo realista porque muestra una mujer triste que sirve en un bar. Su rostro refleja un cierto tipo de hartazgo, el cual debió de haber sentido una gran cantidad de gente del pueblo que, casi al final del siglo XIX, vivía en una miseria constante. Su monótona actividad consiste en servir a los demás, los cuales aparecen difusos en la pintura, ya que pueden ser cualquiera. Aquí lo que importa es la tristeza de la muchacha, lo que vale la pena destacar es la realidad cotidiana de quienes trabajan. Las risas y el festín que deben sentir los parroquianos contrastan con la melancolía de la joven. La realidad se bifurca: para ellos, la alegría; para ella, la monótona y triste realidad de tener que servir como si de una condena se tratara.

Foto: Cortesía | @arts.recursos.uoc.edu

Las grandes bañistas, 1900-1905, Paúl Cézanne

Cézanne pintó varios cuadros de bañistas. Probablemente le gustaba mucho el cuerpo femenino en esta acción (bañarse). Sin embargo, estos cuadros van mucho más allá del gusto del pintor. Representan una actitud cotidiana, aunque no de trabajo. El baño es una realidad constante; sin embargo, el cuadro no deja de reflejar un cierto romanticismo. Un ejemplo de ello es el tema mismo, como si fuera una idealización el cuerpo de la mujer. Por otro lado, en el tiempo en que se hizo esta pintura, el mundo sufre una serie de cambios radicales que dejarían atrás al siglo XIX.

Foto: Cortesía | @museopalaciodebellasartes.gob.mx

Mujeres en el jardín, 1866, Claude Monet

Esta pintura, a pesar de que representa una actitud cotidiana entre las clases económicamente acomodadas de la época, y tiene un cierto sentido romántico-bucólico, forma parte del realismo, ya que la actividad que realizan las jóvenes es de una cotidianidad clara y sin mayor pretensión: el juego y el esparcimiento formaban parte de la realidad y la cotidianidad de las personas. Monet no buscaba idealizar a las mujeres, tampoco representar alguna divinidad a partir de la simbolización de tal o cual objeto, sino representar simple y llanamente una escena cotidiana de unas jóvenes que, al final, pudieron ser cualquiera.

Foto: Cortesía | @musee-orsay.fr

El grito, 1893, Edvard Munch

Igual que en el caso de Picaso, el cuadro El grito de Edvard Munch es una muestra del realismo que rebasa a la misma realidad. No se trata de copiar a la realidad, sino de mostrar una parte de ella a través de la mirada de artista; incluso si para lograrlo es necesario deformar la realidad hasta volverla expresiva (expresionismo | post expresionismo). En todo caso, el producto no puede quedar constreñido a la forma en que los ojos captan el mundo. El sufrimiento, el dolor y el horror que siente el personaje se muestran en una expresión por demás cotidiana: <el grito>. Aunque —hay que aclararlo– en este caso la realidad (el realismo) no refleja la realidad social (la de los trabajadores) sino la de una persona en particular. En este sentido se parece al cuadro El bar del Folies-Bergère, de Èdouard Manet.

Foto: EFE



***DATO

Realismo es la denominación de un estilo o movimiento pictórico que se desarrolló entre 1840 y 1880


***DATO 2

Denuncia las secuelas de la industrialización y centra la atención en la realidad objetiva y el presente. Las personas aturdidas por su trabajo abrumador es un tema frecuente en las obras.



El Angelus, 1857, Jean Francois Millet

El cuadro es un claro ejemplo del realismo, pues representa personajes del pueblo en acciones cotidianas: en este caso la interrupción del trabajo para rezar «el ángelus». Es notorio que el artista no pretende hacer resaltar los rostros. Ello implica que pueden ser cualquiera. Lo importante es la cotidianidad, la realidad y, en ese sentido, hacer de ella (la realidad) un tema. Además, el cuadro es yermo: da la sensación de soledad, recogimiento, religiosidad. Características propias —en este caso— de los campesinos de finales del siglo XIX. Millet, además de lograr captar la atención del espectador, le provoca un interés por adentrarse en el cuadro. No quiero dejar pasar por alto que este cuadro se realiza como una forma contestataria al romanticismo y el neoclasicismo.

Foto: Cortesía | @musee-orsay.fr

Frederick Law Olmsted, 1895, John Singer Sargent

Esta pintura, a diferencia de la anterior (la de Millet), es un claro ejemplo del romanticismo. Aquí la figura central es un hombre anciano con aires de intelectual, o de artista; al menos con un tinte de pensador profundo. Esto contradice la idea del realismo, en donde lo que importa es el pueblo en actitudes cotidianas. Aquí —en cambio— lo que resalta es una idea romántica: el culto a la razón, a la soledad, a lo bucólico (nótese el contexto en que se encuentra el personaje).

Foto: Cortesía | @jssgallery.org

Cabeza de mujer llorando con pañuelo, 1937, Picasso

Esta pintura de Picasso representa el expresionismo. Se ve a una mujer llorando amargamente. Sin embargo, lo crudo de su expresión se alterna con los trazos aparentemente descuidados; sin embargo, no hay tal descuido. Lo que sucede es que el artista quiere mostrar es un realismo más allá de los límites de la realidad. Intenta —me parece— impactar en el espectador a partir de una expresión alterada por la figura. Sin embargo, el cuadro mantiene un realismo profundo. Esto debido a que la acción del cuadro es cotidiana y muy común al pueblo, quien llora continuamente sus desgracias. Además —y esto hay que subrayarlo—, el año en que pintó este cuadro, el mundo vivía una serie de convulsiones. En especial España, ya que de 1936 a 1939 padeció una trágica guerra civil. En este sentido, el cuadro muestra lo cruel de la realidad que vivía el pueblo en aquellos años.

Foto: Cortesía | @museoreinasofia.es

Un bar del Folies-Bergère, 1881-1882. Èdouard Manet

Esta pintura es de tipo realista porque muestra una mujer triste que sirve en un bar. Su rostro refleja un cierto tipo de hartazgo, el cual debió de haber sentido una gran cantidad de gente del pueblo que, casi al final del siglo XIX, vivía en una miseria constante. Su monótona actividad consiste en servir a los demás, los cuales aparecen difusos en la pintura, ya que pueden ser cualquiera. Aquí lo que importa es la tristeza de la muchacha, lo que vale la pena destacar es la realidad cotidiana de quienes trabajan. Las risas y el festín que deben sentir los parroquianos contrastan con la melancolía de la joven. La realidad se bifurca: para ellos, la alegría; para ella, la monótona y triste realidad de tener que servir como si de una condena se tratara.

Foto: Cortesía | @arts.recursos.uoc.edu

Las grandes bañistas, 1900-1905, Paúl Cézanne

Cézanne pintó varios cuadros de bañistas. Probablemente le gustaba mucho el cuerpo femenino en esta acción (bañarse). Sin embargo, estos cuadros van mucho más allá del gusto del pintor. Representan una actitud cotidiana, aunque no de trabajo. El baño es una realidad constante; sin embargo, el cuadro no deja de reflejar un cierto romanticismo. Un ejemplo de ello es el tema mismo, como si fuera una idealización el cuerpo de la mujer. Por otro lado, en el tiempo en que se hizo esta pintura, el mundo sufre una serie de cambios radicales que dejarían atrás al siglo XIX.

Foto: Cortesía | @museopalaciodebellasartes.gob.mx

Mujeres en el jardín, 1866, Claude Monet

Esta pintura, a pesar de que representa una actitud cotidiana entre las clases económicamente acomodadas de la época, y tiene un cierto sentido romántico-bucólico, forma parte del realismo, ya que la actividad que realizan las jóvenes es de una cotidianidad clara y sin mayor pretensión: el juego y el esparcimiento formaban parte de la realidad y la cotidianidad de las personas. Monet no buscaba idealizar a las mujeres, tampoco representar alguna divinidad a partir de la simbolización de tal o cual objeto, sino representar simple y llanamente una escena cotidiana de unas jóvenes que, al final, pudieron ser cualquiera.

Foto: Cortesía | @musee-orsay.fr

El grito, 1893, Edvard Munch

Igual que en el caso de Picaso, el cuadro El grito de Edvard Munch es una muestra del realismo que rebasa a la misma realidad. No se trata de copiar a la realidad, sino de mostrar una parte de ella a través de la mirada de artista; incluso si para lograrlo es necesario deformar la realidad hasta volverla expresiva (expresionismo | post expresionismo). En todo caso, el producto no puede quedar constreñido a la forma en que los ojos captan el mundo. El sufrimiento, el dolor y el horror que siente el personaje se muestran en una expresión por demás cotidiana: <el grito>. Aunque —hay que aclararlo– en este caso la realidad (el realismo) no refleja la realidad social (la de los trabajadores) sino la de una persona en particular. En este sentido se parece al cuadro El bar del Folies-Bergère, de Èdouard Manet.

Foto: EFE



***DATO

Realismo es la denominación de un estilo o movimiento pictórico que se desarrolló entre 1840 y 1880


***DATO 2

Denuncia las secuelas de la industrialización y centra la atención en la realidad objetiva y el presente. Las personas aturdidas por su trabajo abrumador es un tema frecuente en las obras.


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