/ lunes 20 de septiembre de 2021

Fundación Vuitton presenta prestigiosa colección de los hermanos rusos Morózov

La exposición Morózov cuenta con más de 200 obras, entre esculturas, pinturas y fotografías, de Van Gogh, Gauguin, Renoir, Cézanne o Matisse

La parisina Fundación Vuitton presenta el miércoles una exposición aplazada tres veces a causa del covid-19, la legendaria colección de arte los hermanos rusos Morózov, con lo más granado del arte francés de finales del siglo XIX.

La exposición Morózov cuenta con más de 200 obras, entre esculturas, pinturas y fotografías, de Van Gogh, Gauguin, Renoir, Cézanne o Matisse.

Una nueva oportunidad de admirar el talento coleccionador de la burguesía rusa de principios del siglo XX, antes de que sus propiedades fueran arrebatadas por el régimen soviético.

La Fundación Vuitton había presentado entre 2016 y 2017 otra gran colección rusa, la del industrial Shchukin, con un récord de 1,29 millones de visitantes.

Los hermanos Mijaíl e Iván Morózov nacieron respectivamente en 1870 y 1871, en el seno de una rica familia de industriales del textil de origen serbio.

Su madre les dio una educación artística, con profesores rusos que habían tenido contacto con los impresionistas en París.

Los hermanos Morózov se mantendrán en la actividad industrial pero guardarán a lo largo de su prolífica carrera de aficionados al arte un olfato incuestionable.

Mijaíl, el hermano mayor, empieza a viajar a París a los 20 años y ya compra sus primeros cuadros.

Es un coleccionista "audaz", que compra cuadros de Manet y Degas pero sobre todo Van Gogh y Gauguin, poco conocidos en la época, explica la comisaria de la exposición, Anne Baldassari.

Mijaíl trae por primera vez a Rusia cuadros de esos dos pintores.

Muere joven, a los 33 años, pero en su herencia deja 39 cuadros de Monet, Toulouse-Lautrec, Renoir y Gauguin.

Iván también se ve obligado a abandonar sus sueños de pintor. No es tan desenfrenado como su hermano, pero compra sin pausa, durante años, obras maestras, no solamente impresionistas, sino incluso de tendencias poco conocidas como los artistas Nabis.

Y compra cuadros de Cézanne, una de sus obsesiones, al punto de crear un "gabinete Cézanne" en su mansión, así como de pintores rusos contemporáneos.

Los hermanos Morózov nacieron veinte años después del industrial Serguéi Shchukin, otro apasionado de la la pintura francesa.

Pero los tres hombres empezaron a comprar al mismo tiempo, ya que Shchukin inició su colección a los 40 años.

Todos ellos tenían previsto legar sus magníficas colecciones a la galería Tretiakov tras su muerte, para que pudieran ser admiradas por sus compatriotas. Pero los bolcheviques tenían otros planes.

Tras la revolución de 1917, las obras fueron nacionalizadas. Primero fueron presentadas de forma desordenada en las propias residencias de los industriales.

Luego, con la II Guerra Mundial, los cuadros fueron enviados al interior del país, a los Urales, donde fueron almacenados a temperaturas gélidas.

Solamente a finales de los años 1950 el público soviético podrá admirarlas de nuevo, en los museos Pushkin (Moscú) y Ermitage (en la actual San Petersburgo).

Es la primera vez que esos tres museos prestan una antología tan importante de la colección Morózov en el extranjero.

La parisina Fundación Vuitton presenta el miércoles una exposición aplazada tres veces a causa del covid-19, la legendaria colección de arte los hermanos rusos Morózov, con lo más granado del arte francés de finales del siglo XIX.

La exposición Morózov cuenta con más de 200 obras, entre esculturas, pinturas y fotografías, de Van Gogh, Gauguin, Renoir, Cézanne o Matisse.

Una nueva oportunidad de admirar el talento coleccionador de la burguesía rusa de principios del siglo XX, antes de que sus propiedades fueran arrebatadas por el régimen soviético.

La Fundación Vuitton había presentado entre 2016 y 2017 otra gran colección rusa, la del industrial Shchukin, con un récord de 1,29 millones de visitantes.

Los hermanos Mijaíl e Iván Morózov nacieron respectivamente en 1870 y 1871, en el seno de una rica familia de industriales del textil de origen serbio.

Su madre les dio una educación artística, con profesores rusos que habían tenido contacto con los impresionistas en París.

Los hermanos Morózov se mantendrán en la actividad industrial pero guardarán a lo largo de su prolífica carrera de aficionados al arte un olfato incuestionable.

Mijaíl, el hermano mayor, empieza a viajar a París a los 20 años y ya compra sus primeros cuadros.

Es un coleccionista "audaz", que compra cuadros de Manet y Degas pero sobre todo Van Gogh y Gauguin, poco conocidos en la época, explica la comisaria de la exposición, Anne Baldassari.

Mijaíl trae por primera vez a Rusia cuadros de esos dos pintores.

Muere joven, a los 33 años, pero en su herencia deja 39 cuadros de Monet, Toulouse-Lautrec, Renoir y Gauguin.

Iván también se ve obligado a abandonar sus sueños de pintor. No es tan desenfrenado como su hermano, pero compra sin pausa, durante años, obras maestras, no solamente impresionistas, sino incluso de tendencias poco conocidas como los artistas Nabis.

Y compra cuadros de Cézanne, una de sus obsesiones, al punto de crear un "gabinete Cézanne" en su mansión, así como de pintores rusos contemporáneos.

Los hermanos Morózov nacieron veinte años después del industrial Serguéi Shchukin, otro apasionado de la la pintura francesa.

Pero los tres hombres empezaron a comprar al mismo tiempo, ya que Shchukin inició su colección a los 40 años.

Todos ellos tenían previsto legar sus magníficas colecciones a la galería Tretiakov tras su muerte, para que pudieran ser admiradas por sus compatriotas. Pero los bolcheviques tenían otros planes.

Tras la revolución de 1917, las obras fueron nacionalizadas. Primero fueron presentadas de forma desordenada en las propias residencias de los industriales.

Luego, con la II Guerra Mundial, los cuadros fueron enviados al interior del país, a los Urales, donde fueron almacenados a temperaturas gélidas.

Solamente a finales de los años 1950 el público soviético podrá admirarlas de nuevo, en los museos Pushkin (Moscú) y Ermitage (en la actual San Petersburgo).

Es la primera vez que esos tres museos prestan una antología tan importante de la colección Morózov en el extranjero.

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