/ miércoles 28 de octubre de 2020

Hermano árbol III

Vitral

Los árboles me han dado siempre los sermones más profundos

Hermann Hesse en El caminante.


Toda nuestra sabiduría se encuentra guardada en los árboles”, Santosh Kalwar; “La buena madera no crece fácilmente. Entre más fuerte es el viento, más fuertes son los árboles”, Thomas S. Monson; “Para los habitantes de un bosque, casi todas las especies de árboles tienen una voz y un distintivo”, Thomas Hardy; “Los árboles son magníficos, pero aún más magnífico es el sublime espacio en movimiento entre ellos, como si con su crecimiento este también aumentara”, Rainer Maria Rilke; “Los árboles que te encuentras en una caminata por el campo revelan mucho acerca del alma de ese país. Una cultura no es mejor que sus árboles”, W. H. Auden; “Nada hay más ejemplar y más santo que un árbol hermoso y fuerte”, Hermann Hesse; “Los árboles son santuarios. Aquel que sepa cómo hablar con ellos, aquel que sabe cómo escucharlos, puede conocer la verdad”, Hermann Hesse; “Escucha los árboles mientras se mecen con el viento. Sus hojas susurran secretos. La corteza canta canciones de antaño. Y sus raíces dan nombre a todas las cosas”, Vera Nazarian; podríamos seguir citando más autores, pero sirvan estos como ejemplo y enseñanza de lo que son los árboles para los seres humanos.

Citaremos algunos artistas y filósofos interesados en los árboles, y que han creado obra a propósito del tema, ojalá les interesen y puedan profundizar más. Uno de ellos es el pintor David Hockney, quien ha estado pintando árboles en su computadora. “Continué dibujando estos árboles, de los cuales brotan flores todos los días. Muchos me dicen que estos dibujos les ofrecen un respiro. Dan testimonio del ciclo de la vida que comienza de nuevo aquí con el comienzo de la primavera”. Los árboles incluso de manera digital, incitan a reflexionar acerca de la vida. Hockney es un amante de la naturaleza, vivió bajo el esplendoroso sol de Los Ángeles, California, en los Estados Unidos, a donde llegó a los 24 años, y a los 75 decidió regresar a su natal Inglaterra, frente al Mar del Norte, para disfrutar y pintar los bosques húmedos, las plantas y los árboles. Para Hockney los árboles son “la manifestación más poderosa de la fuerza vital que podamos contemplar. No hay dos iguales, como ocurre con las personas”. Heredero de los impresionistas, principalmente de Monet, busca la luz y sus efectos por todos lados, para él esa manifestación es un espectáculo sublime. Y esa contemplación de la vida para transformarla en arte es una invitación para ti, para mí, y para todos, para que redescubramos el mundo, para que aprendamos a mirarlo de otra manera, en forma estética y ética, para disfrutar su belleza, amarlo y protegerlo. El arte es una posibilidad de transformación de nuestras vidas y de nuestro entorno, el arte no es sólo para los exquisitos, es para todo aquel que tenga una gota de sangre en las venas y para el que quiera despertar de la pesadilla de un mundo vacío y hueco, plagado de consumismo, vulgaridad y banalidad. En ese sentido, Hockney es una inspiración para dejar atrás la insensibilidad y la obnubilación mental, él vuelve una y otra vez a los paisajes naturales, a los árboles. “A los ciegos al arte hay que sacudirlos para despertarlos”, afirma.

Otro autor que ha amado los árboles con furor y pasión, y que ha escrito bellos y profundos textos a propósito es Hermann Hesse. El escritor nació en Alemania y murió en Suiza (1877 – 1962), y producto de su fascinación y de sus paseos por los bosques del sur de Suiza escribió el texto titulado El caminante, en donde celebra y comparte sus pensamientos respecto a los árboles. “Un árbol dice: mi fuerza es la confianza. No sé nada de mis padres, no sé nada de los miles de retoños que todos los años provienen de mí. Vivo hasta el fin, el secreto de mi semilla, no tengo otra preocupación. Confío en que Dios está en mí. Confío en que mi tarea es sagrada. Y vivo de esta confianza”. El caminante es un libro que nutre, emociona, educa. Es digno de leerse al cobijo de la sombra de un buen árbol, y de repasarlo bajo la inspiración de grandes caminatas en zonas arboladas. Fue el silencio de Hesse el que le permitió captar el mensaje de los árboles.

Pero Hesse también supo captar su dolor al ser atacados. “Cuando se tala un árbol y se muestra desnuda al sol su herida mortal, puede leerse toda su historia en el tosco y lapidario disco de su tronco: en sus anillos anuales y en sus cicatrices están descritos con exactitud toda lucha, todo sufrimiento, toda enfermedad, toda fortuna, toda recompensa. Años flacos y años abundantes, agresiones soportadas y tormentas sobrevividas. Y cualquier hijo de campesino sabe que la madera más dura y noble es la que tiene los anillos más estrechos, y que arriba en la montaña, en constante peligro, crecen las ramas más inquebrantables, las más fuertes y ejemplares.”

Desde la poesía y la filosofía también se ha abordado este tema. El filósofo alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900) escribió al respecto en su poema Un árbol: “Un árbol nos recuerda que para crecer hacia lo alto, / hacia lo espiritual, lo abstracto, es necesario estar bien arraigado en la tierra, / en lo concreto, en la materia. / Es al igual que el ser humano, un ser que une cielo y tierra. / Es el portador del fruto acabado, y al mismo tiempo, / está en pleno proceso de desarrollo. / Nosotros, como seres humanos, / somos la máxima expresión de la creación y al mismo tiempo / estamos aún en proceso de crecimiento”. La naturaleza utilizada como referente, como metáfora de la vida humana. Son diversos los autores que han utilizado este recurso. Por eso es que se habla del árbol genealógico, del árbol de la vida, del árbol de la ciencia, del árbol del bien y del mal –del cual tomó la madre Eva la manzana del pecado–. También se dice “no te andes por las ramas”, y cuando alguien quiere ir a fondo o quiere encontrar base sólida se buscan las raíces.


https://escritosdealfonsofrancotiscareno.blogspot.com

Los árboles me han dado siempre los sermones más profundos

Hermann Hesse en El caminante.


Toda nuestra sabiduría se encuentra guardada en los árboles”, Santosh Kalwar; “La buena madera no crece fácilmente. Entre más fuerte es el viento, más fuertes son los árboles”, Thomas S. Monson; “Para los habitantes de un bosque, casi todas las especies de árboles tienen una voz y un distintivo”, Thomas Hardy; “Los árboles son magníficos, pero aún más magnífico es el sublime espacio en movimiento entre ellos, como si con su crecimiento este también aumentara”, Rainer Maria Rilke; “Los árboles que te encuentras en una caminata por el campo revelan mucho acerca del alma de ese país. Una cultura no es mejor que sus árboles”, W. H. Auden; “Nada hay más ejemplar y más santo que un árbol hermoso y fuerte”, Hermann Hesse; “Los árboles son santuarios. Aquel que sepa cómo hablar con ellos, aquel que sabe cómo escucharlos, puede conocer la verdad”, Hermann Hesse; “Escucha los árboles mientras se mecen con el viento. Sus hojas susurran secretos. La corteza canta canciones de antaño. Y sus raíces dan nombre a todas las cosas”, Vera Nazarian; podríamos seguir citando más autores, pero sirvan estos como ejemplo y enseñanza de lo que son los árboles para los seres humanos.

Citaremos algunos artistas y filósofos interesados en los árboles, y que han creado obra a propósito del tema, ojalá les interesen y puedan profundizar más. Uno de ellos es el pintor David Hockney, quien ha estado pintando árboles en su computadora. “Continué dibujando estos árboles, de los cuales brotan flores todos los días. Muchos me dicen que estos dibujos les ofrecen un respiro. Dan testimonio del ciclo de la vida que comienza de nuevo aquí con el comienzo de la primavera”. Los árboles incluso de manera digital, incitan a reflexionar acerca de la vida. Hockney es un amante de la naturaleza, vivió bajo el esplendoroso sol de Los Ángeles, California, en los Estados Unidos, a donde llegó a los 24 años, y a los 75 decidió regresar a su natal Inglaterra, frente al Mar del Norte, para disfrutar y pintar los bosques húmedos, las plantas y los árboles. Para Hockney los árboles son “la manifestación más poderosa de la fuerza vital que podamos contemplar. No hay dos iguales, como ocurre con las personas”. Heredero de los impresionistas, principalmente de Monet, busca la luz y sus efectos por todos lados, para él esa manifestación es un espectáculo sublime. Y esa contemplación de la vida para transformarla en arte es una invitación para ti, para mí, y para todos, para que redescubramos el mundo, para que aprendamos a mirarlo de otra manera, en forma estética y ética, para disfrutar su belleza, amarlo y protegerlo. El arte es una posibilidad de transformación de nuestras vidas y de nuestro entorno, el arte no es sólo para los exquisitos, es para todo aquel que tenga una gota de sangre en las venas y para el que quiera despertar de la pesadilla de un mundo vacío y hueco, plagado de consumismo, vulgaridad y banalidad. En ese sentido, Hockney es una inspiración para dejar atrás la insensibilidad y la obnubilación mental, él vuelve una y otra vez a los paisajes naturales, a los árboles. “A los ciegos al arte hay que sacudirlos para despertarlos”, afirma.

Otro autor que ha amado los árboles con furor y pasión, y que ha escrito bellos y profundos textos a propósito es Hermann Hesse. El escritor nació en Alemania y murió en Suiza (1877 – 1962), y producto de su fascinación y de sus paseos por los bosques del sur de Suiza escribió el texto titulado El caminante, en donde celebra y comparte sus pensamientos respecto a los árboles. “Un árbol dice: mi fuerza es la confianza. No sé nada de mis padres, no sé nada de los miles de retoños que todos los años provienen de mí. Vivo hasta el fin, el secreto de mi semilla, no tengo otra preocupación. Confío en que Dios está en mí. Confío en que mi tarea es sagrada. Y vivo de esta confianza”. El caminante es un libro que nutre, emociona, educa. Es digno de leerse al cobijo de la sombra de un buen árbol, y de repasarlo bajo la inspiración de grandes caminatas en zonas arboladas. Fue el silencio de Hesse el que le permitió captar el mensaje de los árboles.

Pero Hesse también supo captar su dolor al ser atacados. “Cuando se tala un árbol y se muestra desnuda al sol su herida mortal, puede leerse toda su historia en el tosco y lapidario disco de su tronco: en sus anillos anuales y en sus cicatrices están descritos con exactitud toda lucha, todo sufrimiento, toda enfermedad, toda fortuna, toda recompensa. Años flacos y años abundantes, agresiones soportadas y tormentas sobrevividas. Y cualquier hijo de campesino sabe que la madera más dura y noble es la que tiene los anillos más estrechos, y que arriba en la montaña, en constante peligro, crecen las ramas más inquebrantables, las más fuertes y ejemplares.”

Desde la poesía y la filosofía también se ha abordado este tema. El filósofo alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900) escribió al respecto en su poema Un árbol: “Un árbol nos recuerda que para crecer hacia lo alto, / hacia lo espiritual, lo abstracto, es necesario estar bien arraigado en la tierra, / en lo concreto, en la materia. / Es al igual que el ser humano, un ser que une cielo y tierra. / Es el portador del fruto acabado, y al mismo tiempo, / está en pleno proceso de desarrollo. / Nosotros, como seres humanos, / somos la máxima expresión de la creación y al mismo tiempo / estamos aún en proceso de crecimiento”. La naturaleza utilizada como referente, como metáfora de la vida humana. Son diversos los autores que han utilizado este recurso. Por eso es que se habla del árbol genealógico, del árbol de la vida, del árbol de la ciencia, del árbol del bien y del mal –del cual tomó la madre Eva la manzana del pecado–. También se dice “no te andes por las ramas”, y cuando alguien quiere ir a fondo o quiere encontrar base sólida se buscan las raíces.


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