/ viernes 26 de febrero de 2021

La cultura en tiempos de austeridad

El libro de cabecera

Es posible que al leer el título usted, caro lector, podría inferir que esta entrega se trata de los recortes que ha sufrido el sector cultural a nivel federal del presente régimen. Pero en realidad, la figura de austeridad como pretexto para recortar el presupuesto a la cultura se remite hacia la década de los años 80.

Después de la crisis económica de principios de aquella década, conocida como crisis de la deuda, las políticas desarrollistas llegaron a su fin. Se redujo el gasto público en servicios sociales, al igual que los presupuestos para programas culturales y educativos (1). Los objetivos neoconservadores en cultura eran transferir a empresas privadas algunos de los servicios del Estado. Entre 1985 y 1986, los presupuestos públicos se redujeron en cuatro ocasiones, se cerraron instituciones, el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) redujo sus actividades culturales en un 27% (García Canclini, ídem). La asignación del presupuesto nacional para educación y cultura cayó del 5 al 2% del PIB. Las corporaciones privadas comenzaron a ocupar el vacío dejado por el Estado, especialmente en los medios de comunicación, como lo hizo la televisora Televisa y, posteriormente, TV Azteca, anteriormente denominada Imevisión. Entonces, a pesar de sus promesas, Miguel De la Madrid no creó una Secretaría de Cultura, sino al contrario, cerró algunas instituciones y creó otras en el campo de las comunicaciones. La narrativa dominante sobre la acción pública cultural dejó de referirse al nacionalismo y al antiimperialismo, y deseaba retratar a México como un país tan civilizado como su vecino del norte. (2)

Al final de la presidencia de Miguel De la Madrid, la burocracia seguía siendo excesiva. Las funciones se superpusieron entre instituciones, no hubo objetivos principales y prosperaron las prácticas discrecionales en la administración. Como era de esperarse, durante su campaña, el delfín del régimen tecnocrático, Carlos Salinas de Gortari, prometió un cambio importante con respecto a su predecesor.

Como lo había hecho su antecesor antes que él, Salinas de Gortari reunió a más de 100 intelectuales y artistas para debatir sobre “Cultura e Identidad” en el estado de Tabasco. En este encuentro, el poeta Marco Antonio Montes de Oca propuso reconsiderar la sugerencia de Octavio Paz de crear un Fondo Nacional de las Artes independiente para promover la creación artística. El poeta señaló que el Estado mexicano no necesita producir filosofía ni literatura, sino que en realidad sólo necesitaba saber hacer caso a las demandas de sus artistas, gastar menos en administración y difusión, y subsidiar directamente las obras del espíritu. En su intervención, el historiador Enrique Krauze también pidió al candidato que pusiera en marcha el proyecto de Octavio Paz.

Si anteriormente ya se habían organizado reuniones similares con el sector artístico y cultural, y ya se habían planteado las mismas demandas, ¿por qué un presidente neoliberal estaría de acuerdo en crear otra organización burocrática, ésta encargada de la cultura? ¿Por qué razón esas ideas pasaron del foro político a la arena política?

Carlos Salinas de Gortari fue elegido el 6 de julio de 1988 en la elección más polémica de la historia del país. Aunque por primera vez en nuestro país había sido posible la alternancia política, el candidato del PRI fue declarado presidente, abriéndose paso entre importantes acusaciones de fraude electoral. A partir de entonces, la administración de Salinas de Gortari dio prioridad a las decisiones políticas que pudieran elevar su legitimidad.

Después de la elección, se abrió una ventana de oportunidad (de acuerdo con el concepto acuñado por Kingdon), y fue posible observar la combinación de tres corrientes: la corriente de problemas donde los actores buscaban soluciones a los problemas (la política cultural tenía que ser coherente y el marco institucional reorganizado); la corriente política, compuesta por la selección por parte de los actores políticos y administrativos (la política cultural necesita una nueva institución líder) de soluciones aceptables; y la corriente política que surgió de la agenda política, resultados electorales, entre otros.

Cuando esas tres corrientes aparecen simultáneamente, los actores políticos son más receptivos a las demandas de la sociedad y algunos actores pueden aprovecharlo para promover sus soluciones preferidas o crear conciencia sobre sus propios problemas. La apertura de una ventana de oportunidad y la necesidad de legitimidad del nuevo presidente son los principales factores que explican la creación de Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca). De esta manera, Carlos Salinas de Gortari pretendía ganar entre los artistas e intelectuales la legitimidad que no ganó en las boletas. En realidad, la creación tanto del Conaculta como del Fonca fue un acto de herestética, es decir, de controlar las situaciones y la agenda pública para favorecer al presidente. En esta lógica, Salinas de Gortari apresuró la creación de la institución recurriendo al decreto presidencial. Según Gerardo Estrada, funcionario e investigador, "la razón por la que la cultura siempre ha sido importante para los gobiernos mexicanos es su falta de legitimidad electoral". Asimismo, según Jorge Ruiz Dueñas, también funcionario e intelectual: El gran actor fue Carlos Salinas de Gortari, aunque para algunas personas, la idea vino de Octavio Paz. Su injerencia y su participación en algunas decisiones [. . .] lo confirman. Las ideas no son de nadie, mientras que la voluntad política es el monopolio del poder. Salinas necesitaba legitimación electoral. (en entrevista con la investigadora Elodie Marie Bordat, 20 de noviembre de 2009).

Nada proporciona más legitimidad y prestigio en el mundo, especialmente en México, que la cultura. Los líderes de opinión cultural tienen o deberían tener mayor importancia en nuestro país. Las palabras de un poeta tienen importancia, quién mejor que un poeta llamado Octavio Paz.


(1) Canclini Canclini, N. (1992). Políticas culturales y crisis de desarrollo: Un balance latinoamericano. En Políticas culturales en América Latina (2a ed.). Grijalbo.
(2) Yudice, G. (2002). El recurso de la cultura: Los usos de la cultura en la era global. Barcelona: Gedisa.

Es posible que al leer el título usted, caro lector, podría inferir que esta entrega se trata de los recortes que ha sufrido el sector cultural a nivel federal del presente régimen. Pero en realidad, la figura de austeridad como pretexto para recortar el presupuesto a la cultura se remite hacia la década de los años 80.

Después de la crisis económica de principios de aquella década, conocida como crisis de la deuda, las políticas desarrollistas llegaron a su fin. Se redujo el gasto público en servicios sociales, al igual que los presupuestos para programas culturales y educativos (1). Los objetivos neoconservadores en cultura eran transferir a empresas privadas algunos de los servicios del Estado. Entre 1985 y 1986, los presupuestos públicos se redujeron en cuatro ocasiones, se cerraron instituciones, el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) redujo sus actividades culturales en un 27% (García Canclini, ídem). La asignación del presupuesto nacional para educación y cultura cayó del 5 al 2% del PIB. Las corporaciones privadas comenzaron a ocupar el vacío dejado por el Estado, especialmente en los medios de comunicación, como lo hizo la televisora Televisa y, posteriormente, TV Azteca, anteriormente denominada Imevisión. Entonces, a pesar de sus promesas, Miguel De la Madrid no creó una Secretaría de Cultura, sino al contrario, cerró algunas instituciones y creó otras en el campo de las comunicaciones. La narrativa dominante sobre la acción pública cultural dejó de referirse al nacionalismo y al antiimperialismo, y deseaba retratar a México como un país tan civilizado como su vecino del norte. (2)

Al final de la presidencia de Miguel De la Madrid, la burocracia seguía siendo excesiva. Las funciones se superpusieron entre instituciones, no hubo objetivos principales y prosperaron las prácticas discrecionales en la administración. Como era de esperarse, durante su campaña, el delfín del régimen tecnocrático, Carlos Salinas de Gortari, prometió un cambio importante con respecto a su predecesor.

Como lo había hecho su antecesor antes que él, Salinas de Gortari reunió a más de 100 intelectuales y artistas para debatir sobre “Cultura e Identidad” en el estado de Tabasco. En este encuentro, el poeta Marco Antonio Montes de Oca propuso reconsiderar la sugerencia de Octavio Paz de crear un Fondo Nacional de las Artes independiente para promover la creación artística. El poeta señaló que el Estado mexicano no necesita producir filosofía ni literatura, sino que en realidad sólo necesitaba saber hacer caso a las demandas de sus artistas, gastar menos en administración y difusión, y subsidiar directamente las obras del espíritu. En su intervención, el historiador Enrique Krauze también pidió al candidato que pusiera en marcha el proyecto de Octavio Paz.

Si anteriormente ya se habían organizado reuniones similares con el sector artístico y cultural, y ya se habían planteado las mismas demandas, ¿por qué un presidente neoliberal estaría de acuerdo en crear otra organización burocrática, ésta encargada de la cultura? ¿Por qué razón esas ideas pasaron del foro político a la arena política?

Carlos Salinas de Gortari fue elegido el 6 de julio de 1988 en la elección más polémica de la historia del país. Aunque por primera vez en nuestro país había sido posible la alternancia política, el candidato del PRI fue declarado presidente, abriéndose paso entre importantes acusaciones de fraude electoral. A partir de entonces, la administración de Salinas de Gortari dio prioridad a las decisiones políticas que pudieran elevar su legitimidad.

Después de la elección, se abrió una ventana de oportunidad (de acuerdo con el concepto acuñado por Kingdon), y fue posible observar la combinación de tres corrientes: la corriente de problemas donde los actores buscaban soluciones a los problemas (la política cultural tenía que ser coherente y el marco institucional reorganizado); la corriente política, compuesta por la selección por parte de los actores políticos y administrativos (la política cultural necesita una nueva institución líder) de soluciones aceptables; y la corriente política que surgió de la agenda política, resultados electorales, entre otros.

Cuando esas tres corrientes aparecen simultáneamente, los actores políticos son más receptivos a las demandas de la sociedad y algunos actores pueden aprovecharlo para promover sus soluciones preferidas o crear conciencia sobre sus propios problemas. La apertura de una ventana de oportunidad y la necesidad de legitimidad del nuevo presidente son los principales factores que explican la creación de Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca). De esta manera, Carlos Salinas de Gortari pretendía ganar entre los artistas e intelectuales la legitimidad que no ganó en las boletas. En realidad, la creación tanto del Conaculta como del Fonca fue un acto de herestética, es decir, de controlar las situaciones y la agenda pública para favorecer al presidente. En esta lógica, Salinas de Gortari apresuró la creación de la institución recurriendo al decreto presidencial. Según Gerardo Estrada, funcionario e investigador, "la razón por la que la cultura siempre ha sido importante para los gobiernos mexicanos es su falta de legitimidad electoral". Asimismo, según Jorge Ruiz Dueñas, también funcionario e intelectual: El gran actor fue Carlos Salinas de Gortari, aunque para algunas personas, la idea vino de Octavio Paz. Su injerencia y su participación en algunas decisiones [. . .] lo confirman. Las ideas no son de nadie, mientras que la voluntad política es el monopolio del poder. Salinas necesitaba legitimación electoral. (en entrevista con la investigadora Elodie Marie Bordat, 20 de noviembre de 2009).

Nada proporciona más legitimidad y prestigio en el mundo, especialmente en México, que la cultura. Los líderes de opinión cultural tienen o deberían tener mayor importancia en nuestro país. Las palabras de un poeta tienen importancia, quién mejor que un poeta llamado Octavio Paz.


(1) Canclini Canclini, N. (1992). Políticas culturales y crisis de desarrollo: Un balance latinoamericano. En Políticas culturales en América Latina (2a ed.). Grijalbo.
(2) Yudice, G. (2002). El recurso de la cultura: Los usos de la cultura en la era global. Barcelona: Gedisa.

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