Las fórmulas de la política

El libro de Cabecera

Carlos Campos | Colaborador

  · sábado 14 de septiembre de 2019

Kenneth A. Shepsle, profesor de gobierno de la Universidad de Harvard, adopta el enfoque de la Elección Racional, al que también se le nombra Teoría Política Formal / Cortesía

“La política puede llegar a ser bastante compleja. Son muchos los actores que tratan de tener influencia en las decisiones gubernamentales con objetivos muy diversos e incluso contradictorios […] Para complicar las cosas, los actores políticos interactúan entre sí. En efecto, aquellos que ostentan el poder y aquellos que buscan obtenerlo dependen unos de otros y crean constantemente situaciones de conflicto o cooperación”. En el sentido de este fragmento del prólogo titulado “La elección racional para analizar la política en el mundo de habla hispana”, se advierte ya la ruta analítica que se presenta en Analizar la política. Comportamiento, instituciones y racionalidad (CIDE, 2016) de Kenneth A. Shepsle.

En un entorno agudamente polarizado, en donde la figura del analista político se decanta por la militancia sistemática, y en donde la figura de populismo, otrora entidad extinta, ha regresado con toda su fuerza alimentado por la vorágine de la demagogia, es pertinente preguntarse: ¿es posible analizar la política?

La respuesta inmediata es sí. Para ello, Shepsle, profesor de gobierno de la Universidad de Harvard, adopta lo que se ha llegado a conocer como el enfoque de la Elección Racional, al cual con cierta frecuencia también se le nombra Teoría Política Formal, Teoría Política Positiva y Economía Política. Es precisamente en la ciencia económica en donde el supuesto de la racionalidad ha sido utilizado de una manera más extensa y ha visto su mayor florecimiento.

En este contexto, ¿qué entendemos por racionalidad? Shepsle acude a un ejemplo de la vida cotidiana: “Si una amiga hace algo que tú no harías si estuvieras en su lugar, como ir al cine la noche anterior a un examen final, podrías decir ‘cielos, eso es totalmente irracional’”. En la definición de racional no se acude a sabelotodos ni a superhéroes, sino a gente común y corriente que tiene necesidades naturales y creencias ordinarias que determinan su comportamiento.

En Analizar la política. Comportamiento, instituciones y racionalidad las decisiones son tomadas de acuerdo a factores que tienen que ver con las preferencias / Cortesía

Cuando Shepsle habla de necesidades se refiere a preferencias, las cuales están indefectiblemente relacionadas con la supervivencia y la reproducción, hablando de las necesidades en su sentido más primigenio. Las necesidades sociales, entonces, se referirán a la supervivencia en especie. Como tal, siguiendo a Shepsle, las mujeres y hombres modernos somos animales sociales y económicos. En las fuentes de preferencia/ necesidad, debemos de considerar además a los valores religiosos, los preceptos morales, las inclinaciones ideológicas, los impulsos altruistas, el compromiso con la familia, el sentido de comunidad, entre otros.

No obstante, las preferencias no se equiparan exclusivamente con el bienestar material. Las personas que actúan de acuerdo con sus preferencias lo hacen por interés propio, eso que Shepsle denomina self-interest. En este contexto, las personas son egoístas (con las reservas de la traducción) en un sentido más amplio y menos ensimismado. Las prioridades del individuo se traducen como aquello que éste busca maximizar para sí. Este egoísmo, pues, se alimentará de la satisfacción de estas preferencias.

En contraste, la incertidumbre afecta la manera en cómo las personas expresan sus preferencias, siendo éstas cuantificadas con un número delimitado. Es entonces cuando el individuo selecciona los medios del menú de comportamientos posibles y relaciona sus creencias, entendidas éstas como corazonadas que un individuo tiene respecto a la efectividad de un comportamiento dado, para relacionar los medios con los resultados.

Hablamos de individualismo racional cuando se combinan de manera congruente las creencias sobre el medio ambiente externo, con las preferencias respecto a las cosas que encontramos en dicho medio. El fundamento de este individualismo, que en su ejecución se denominará individualismo metodológico, será considerar a los tomadores de decisiones, sus recetas, procedimientos, sus preferencias. Estos elementos, son la materia del entendimiento y del comportamiento humanos.

¿Qué motiva a un modelo racional de comportamiento político?

Desde un enfoque cotidiano importado de la Economía, Shepsle propone una “simplificación vergonzosa”: el consumidor, con el propósito de lograr mayor satisfacción, decide cómo gastar su dinero; con su producción, los productores deben determinar la mejor manera de combinarlos para obtener mayores ganancias; el trabajador, que cuenta con un presupuesto llamado tiempo, trabaja duro por un salario fijo, lo que le permite determinar tanto sus salarios totales como la cantidad de tiempo que le sobra para el ocio; por último, los inversionistas proveen el capital y distribuyen su riqueza para generar mayores rendimientos. ¿Es posible explicar las variaciones y regulaciones del rendimiento, de los comportamientos, de los resultados con un conjunto simple de supuestos? Más allá de la teoría económica moderna, ninguna otra ciencia social ha tenido éxito en la elaboración lógica, rigurosa y empírica de sus explicaciones.

Para exponer la lógica de las preferencias y las decisiones, Shepsle recurre al dilema de Claire CcCaskill, auditora estatal de Missouri quien, en 2004, se enfrentó a tres desenlaces políticos que dependían de su decisión:

· X: un periodo como senadora.

· Y: un periodo como gobernadora.

· Z: estar fuera de la política en el corto plazo.

Citando a Shepsle: “Una decisión es racional si el objeto elegido es al menos tan bueno como cualquier otro objeto disponible de acuerdo con las preferencias del tomador de decisiones. Dicho de otra manera, aunque equivalente, un objeto es una decisión racional si ningún otro objeto disponible es mejor, según las preferencias de quien elige”.

La preferencias como tal tienen propiedades que nos permiten ordenar las alternativas con respecto a nuestras preferencias. Son dos las propiedades fundamentales que incorporan la noción lógica de racionalidad como ordenadora de las cosas:

· Propiedad 1. Comparabilidad (completitud), las alternativas son comparables si, dado cualquier par de ellas, el tomador de decisiones prefiere la primera a la segunda, la segunda a la primera o es indiferente entre una y otra: x e y, tenemos ya sea xPiy, yPix, o xIiy.

· Propiedad 2. Transitividad, cuando la relación de preferencia estricta es transitiva si, dadas tres alternativas posibles (x, y y z), si xPi y e y Piz, entonces xPiz.


Para Shepsle, “actuar racionalmente requiere clasificar los resultados finales; asignarles un número de utilidad, si es necesario; determinar la utilidad esperada de las acciones; ponderar las utilidades del resultado por las probabilidades de la acción y, por último, seleccionar la acción que produce la utilidad esperada más alta. Para Aristóteles, Hobbes y Rousseau, por decir a algunos, las decisiones objetivas de una nación son completamente distintas a elegir los ingredientes para tu café, aunque el proceso de una elección racional tiene las mismas características en todos los contextos.


@doctorsimulacro

TEMAS