/ viernes 24 de septiembre de 2021

¿Cuál es la situación actual de la literatura queretana?

El libro de cabecera

Dice Gabriel Zaid, en su libro Los demasiados libros (DeBolsillo, 2009), que “El problema del libro no está en los millones de pobres que apenas saben leer y escribir, sino en los millones de universitarios que no quieren leer, sino escribir. Lo cual implica (porque la lectura hace vicio, como fumar) que nunca le han dado el golpe a la lectura: que nunca han llegado a saber lo que es leer”.

Con gran beneplácito, y como un paliativo necesario en medio de la pandemia, Rodolfo C. Paulín nos presenta en la misma ruta reflexiva su Lego, modelo para armar: consideraciones sobre literatura queretana contemporánea (La Copia Ediciones, 2021), un volumen que abre una conversación importante sobre el estado del arte de la literatura queretana.

Precisamente, a partir de la pregunta “¿Existe una literatura queretana?”, Paulín aventura la respuesta de que “en Querétaro se hace literatura; lo que a su vez implica asegurar que es posible distinguir, identificar, citar a autores queretanos […] que han publicado en editoriales locales y, lamentablemente, distribuidos casi apenas secretamente entre un puñado de dilectos lectores”.

El objetivo del texto, más allá de “debatir la calidad y pertinencia” de los productos literarios locales, el autor pretende “hacerlos un poco más visibles” pero haciendo énfasis en un aspecto de la dinámica del campo literario: “la preocupación por crear que arrasa el interés por discutir lo creado”. Es decir, para Paulín el campo literario queretano se distingue porque “Entre nosotros abundan poetas y cuentistas. Existen varios dramaturgos interesantes y mucho menos cronistas, cantautores, novelistas y ensayistas”, en contraste “la excentricidad de excentricidades son aquellos que dedican tiempo y esfuerzo a hacer reseña y crítica de la literatura hecha por sus paisanos queretanos. Ni siquiera entre cuates (la reseña crítica) parece una práctica común”.

De Los demasiados libros de Zaid, recupero una cita de El gran secreto de Amado Nervo que en ese sentido me parece pertinente: "los mexicanos tenemos una vanidad literaria irritable, vidriosa, quebradiza. Entre mentarle la madre a alguno o decirle que su prosa es infumable, escogemos sin vacilar lo primero...". Diríamos que entre escritores queretanos no nos leemos los libros, mucho menos la mano.

Respecto a los agentes creadores, Paulín los describe como aquellos que quieren la alabanza por sobre la apostilla o la diatriba. Pero el aspecto más relevante es que en la descripción de los agentes creadores, el autor identifica una de las dinámicas recurrentes y quizás tradicionales del campo literario queretano: “«¿Prefieres mi opinión sobre tu libro o mejor conservamos nuestra amistad?», preguntó alguna vez el escritor Eduardo Garay a Federico de la Vega, hoy editor del Fondo Editorial de la Universidad Autónoma de Querétaro”, mientras que a Garay difícilmente se le verá editado por dicho fondo mientras de la Vega sea el titular, señala con ironía y razón Paulín.

Por cierto, sería interesante saber las razones por las cuales el Fondo Editorial de la Universidad Autónoma de Querétaro no publica o publica muy poca obra de escritores queretanos; cuáles son sus criterios para los dictámenes favorables para publicación; quiénes forman parte de su consejo editorial, en caso de que hubiere algún consejo editorial; y si no existe tal, saber por qué y quién decide lo que se publica y lo que no.

Siguiendo con el Lego de Paulín, destaco otro indicio de la manera en la que los agentes culturales se comportan al interior del campo literario queretano se ejemplifica con Javier García Muñoz, promotor de la Asociación de Libreros de Querétaro, quien en el espacio de televisión local con el que contaba “jamás hizo mención a un sólo libelo de algún autor queretano”. Y las preguntas surgen: ¿Qué programas de la radio o televisión queretana están dedicados a la promoción y difusión de la obra literaria de autores queretanos?

En algunas de las tesis que se infieren en el ensayo se señala que “entre escritores no se leen ni se reconocen méritos más allá de los conceptos estéticos, cuando no ideológicos, que abducen a un autor y su grupo cercano de afines”. Peor aún, “los libros escritos por autores queretanos no pueden ser vinculados todavía ni a las letras de oro de rotonda alguna, pero menos aún al texto de la basura”, por una razón, no han cumplido con su vocación última, a consideración del autor: “interpretar emociones, suscitar sentimientos, revelar prodigios y desazones, plantear enigmas, exponer ideas, lanzar argumentos y desdecirse, dislocar lúdicamente la lengua para volarle la imaginación al lector y provocar en él la adicción a la letra impresa”.

El agente cultural social capaz de concretar dicha vocación será, en todo caso, el lector quien deberá de ejercer una lectura “a profundidad, de manera generosa y preferentemente generalizada, para poder plantear, ahora sí, un ejercicio gozoso y vigorizante, de recomendación de hallazgos o, incluso, […] decretar la innecesaria pérdida de tiempo en ciertas páginas, en tales o cuales volúmenes publicados”.

Paulín rememora algunos intentos de conversatorios acerca de la literatura en Querétaro, que fungen como instancias legitimadoras al interior del propio campo literario queretano:

1. El organizado por Rafael Volta en otoño del 2020: superficial y poco informado.

2. El organizado por Rubén Álvarez: resultó aún más decepcionante.

3. El círculo de lectura organizado en 2018 por Ramsés Oviedo y Gerardo Ramírez en La Pecera, con la participación directa de la Secretaría de Cultura del Estado de Querétaro a través de Doris Nieto, titular del Fondo Editorial de Querétaro, y de Miguel Aguilar Carrillo, titular de la editorial Calygramma.

Para contribuir a la `excentricidad´ de escribir reseña crítica, el autor nos ofrece una `rápida evaluación´ publicando una lista de poetas, otra de narradores y una más que incluye a los cien libros o plaquettes consignables en el campo literario queretano. El autor nos advierte que el criterio principal fue que el agente creador haya publicado al menos una plaquette en solitario y que el propio Paulín haya tenido acceso a la respectiva obra.

Es una gran noticia que Rodolfo C. Paulín nos presente un nuevo libro, pero mejor aún, que señale la inobjetable necesidad de abrir la conversación en torno a esa cosa llamada literatura queretana. Es tiempo de que, más allá de los “likes” que podamos repartir a la publicación que da cuenta de una presentación de libro, nos pongamos a leer, a consumir local, como invita la maravillosa librería La Comezón, a dejar de mentar madres para leernos mutuamente.


@doctorsimulacro

Dice Gabriel Zaid, en su libro Los demasiados libros (DeBolsillo, 2009), que “El problema del libro no está en los millones de pobres que apenas saben leer y escribir, sino en los millones de universitarios que no quieren leer, sino escribir. Lo cual implica (porque la lectura hace vicio, como fumar) que nunca le han dado el golpe a la lectura: que nunca han llegado a saber lo que es leer”.

Con gran beneplácito, y como un paliativo necesario en medio de la pandemia, Rodolfo C. Paulín nos presenta en la misma ruta reflexiva su Lego, modelo para armar: consideraciones sobre literatura queretana contemporánea (La Copia Ediciones, 2021), un volumen que abre una conversación importante sobre el estado del arte de la literatura queretana.

Precisamente, a partir de la pregunta “¿Existe una literatura queretana?”, Paulín aventura la respuesta de que “en Querétaro se hace literatura; lo que a su vez implica asegurar que es posible distinguir, identificar, citar a autores queretanos […] que han publicado en editoriales locales y, lamentablemente, distribuidos casi apenas secretamente entre un puñado de dilectos lectores”.

El objetivo del texto, más allá de “debatir la calidad y pertinencia” de los productos literarios locales, el autor pretende “hacerlos un poco más visibles” pero haciendo énfasis en un aspecto de la dinámica del campo literario: “la preocupación por crear que arrasa el interés por discutir lo creado”. Es decir, para Paulín el campo literario queretano se distingue porque “Entre nosotros abundan poetas y cuentistas. Existen varios dramaturgos interesantes y mucho menos cronistas, cantautores, novelistas y ensayistas”, en contraste “la excentricidad de excentricidades son aquellos que dedican tiempo y esfuerzo a hacer reseña y crítica de la literatura hecha por sus paisanos queretanos. Ni siquiera entre cuates (la reseña crítica) parece una práctica común”.

De Los demasiados libros de Zaid, recupero una cita de El gran secreto de Amado Nervo que en ese sentido me parece pertinente: "los mexicanos tenemos una vanidad literaria irritable, vidriosa, quebradiza. Entre mentarle la madre a alguno o decirle que su prosa es infumable, escogemos sin vacilar lo primero...". Diríamos que entre escritores queretanos no nos leemos los libros, mucho menos la mano.

Respecto a los agentes creadores, Paulín los describe como aquellos que quieren la alabanza por sobre la apostilla o la diatriba. Pero el aspecto más relevante es que en la descripción de los agentes creadores, el autor identifica una de las dinámicas recurrentes y quizás tradicionales del campo literario queretano: “«¿Prefieres mi opinión sobre tu libro o mejor conservamos nuestra amistad?», preguntó alguna vez el escritor Eduardo Garay a Federico de la Vega, hoy editor del Fondo Editorial de la Universidad Autónoma de Querétaro”, mientras que a Garay difícilmente se le verá editado por dicho fondo mientras de la Vega sea el titular, señala con ironía y razón Paulín.

Por cierto, sería interesante saber las razones por las cuales el Fondo Editorial de la Universidad Autónoma de Querétaro no publica o publica muy poca obra de escritores queretanos; cuáles son sus criterios para los dictámenes favorables para publicación; quiénes forman parte de su consejo editorial, en caso de que hubiere algún consejo editorial; y si no existe tal, saber por qué y quién decide lo que se publica y lo que no.

Siguiendo con el Lego de Paulín, destaco otro indicio de la manera en la que los agentes culturales se comportan al interior del campo literario queretano se ejemplifica con Javier García Muñoz, promotor de la Asociación de Libreros de Querétaro, quien en el espacio de televisión local con el que contaba “jamás hizo mención a un sólo libelo de algún autor queretano”. Y las preguntas surgen: ¿Qué programas de la radio o televisión queretana están dedicados a la promoción y difusión de la obra literaria de autores queretanos?

En algunas de las tesis que se infieren en el ensayo se señala que “entre escritores no se leen ni se reconocen méritos más allá de los conceptos estéticos, cuando no ideológicos, que abducen a un autor y su grupo cercano de afines”. Peor aún, “los libros escritos por autores queretanos no pueden ser vinculados todavía ni a las letras de oro de rotonda alguna, pero menos aún al texto de la basura”, por una razón, no han cumplido con su vocación última, a consideración del autor: “interpretar emociones, suscitar sentimientos, revelar prodigios y desazones, plantear enigmas, exponer ideas, lanzar argumentos y desdecirse, dislocar lúdicamente la lengua para volarle la imaginación al lector y provocar en él la adicción a la letra impresa”.

El agente cultural social capaz de concretar dicha vocación será, en todo caso, el lector quien deberá de ejercer una lectura “a profundidad, de manera generosa y preferentemente generalizada, para poder plantear, ahora sí, un ejercicio gozoso y vigorizante, de recomendación de hallazgos o, incluso, […] decretar la innecesaria pérdida de tiempo en ciertas páginas, en tales o cuales volúmenes publicados”.

Paulín rememora algunos intentos de conversatorios acerca de la literatura en Querétaro, que fungen como instancias legitimadoras al interior del propio campo literario queretano:

1. El organizado por Rafael Volta en otoño del 2020: superficial y poco informado.

2. El organizado por Rubén Álvarez: resultó aún más decepcionante.

3. El círculo de lectura organizado en 2018 por Ramsés Oviedo y Gerardo Ramírez en La Pecera, con la participación directa de la Secretaría de Cultura del Estado de Querétaro a través de Doris Nieto, titular del Fondo Editorial de Querétaro, y de Miguel Aguilar Carrillo, titular de la editorial Calygramma.

Para contribuir a la `excentricidad´ de escribir reseña crítica, el autor nos ofrece una `rápida evaluación´ publicando una lista de poetas, otra de narradores y una más que incluye a los cien libros o plaquettes consignables en el campo literario queretano. El autor nos advierte que el criterio principal fue que el agente creador haya publicado al menos una plaquette en solitario y que el propio Paulín haya tenido acceso a la respectiva obra.

Es una gran noticia que Rodolfo C. Paulín nos presente un nuevo libro, pero mejor aún, que señale la inobjetable necesidad de abrir la conversación en torno a esa cosa llamada literatura queretana. Es tiempo de que, más allá de los “likes” que podamos repartir a la publicación que da cuenta de una presentación de libro, nos pongamos a leer, a consumir local, como invita la maravillosa librería La Comezón, a dejar de mentar madres para leernos mutuamente.


@doctorsimulacro

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