/ jueves 17 de febrero de 2022

Ludovico el volador

El libro de cabecera

Para María Zambrano “el poeta no puede ver con buenos ojos el descubrimiento del ser porque el poeta sabe que hay descubrimientos que arrastran, que existen cosas a las que no queda más remedio que ser leal hasta la muerte, una vez que lo hemos descubierto” (Filosofía y poesía, Fondo de Cultura Económica, 2010). Quizás una de esas cosas que se descubren es la maternidad, entendida como un proceso más que concepto, desde la mirada del poeta.

En el horizonte de esta mirada se inscribe Ludovico el volador (El Periódico de las Señoras, 2019) de Dalia Larisa Juárez Otero. A diferencia del filósofo, las madres y los poetas no toman una decisión. Como los poetas, las madres soportan su vivir errabundo, su sufrimiento en paz, con el infierno como único asidero. Porque Ludovico el volador no es una poesía del ser madre, sino una poética de la maternidad, donde la razón no tiene motivo para ser considerada como parte del proceso. Acaso por esa razón la voz cantante declare: “No, no existe razón para que no lo ame” (página 31).

Como el poeta, la madre soporta en vivir instante a instante, pendiente del otro a quien ni siquiera conoce y a quien, irónicamente, da vida:

Ludovico, Ludovico, pedazo de carne desnudo, balanceando su sueño entre la luz y el hambre. ¿Eres tú, por suerte, el elegido? ¿Será tu ostentoso sexo de recién nacido la cuna de mi maternidad? Ludovico, Ludovico. Hoy lo he visto: Ludovico, mi ángel indefenso cobijado. Para siempre mi sangre, claro.

Como el poeta, la madre alcanza a entrever algo entre la niebla, y a esto que entrevé le es fiel hasta la muerte, fiel de por vida:

Mi huevo grazna su abandono veraniego, encogiéndome conforme avanza la cuarentena. Ayer nomás ha sido el día más feliz de mi vida. Y ahora en estos instantes sagrados, puedo darme el lujo de colocarme debajo de la regadera con Ludovico dormitando en mis brazos

Como el poeta, la madre acepta y aún anhela ser vencida:

Los libros y lápices acumulan polvo, mis ojos descansan todo el tiempo que pueden. Nada más que la necesidad de absorber a la madre aún chorreando leche a un costado. Se duerme en la inmensidad de veces, mientras no le arrebaten su manantial de moribundo

Ludovico el volador no es una poesía del ser madre porque por sí misma esa es una pretención filosófica, una necesidad de contar con una explicación racional de hecho de ser madre, una necesidad de ganar tratando de anteponerse a las cirscunstancias de lo racional. La opción por el conocimiento filosófico aspira a la verdad y se formula de manera abstracta, para alcanzar una validez universal; en cambio, la poesía se ancla en lo particular y hasta en lo personal, y aspira a la belleza por encima de todo, lo cual es en cierto modo inmoral. Acaso por eso la irrupción de Dalia Larisa Juárez Otero destaque en los intermitentes asomos subjetivos en donde la voz de la poeta y la autora se confunden por momentos:

Es ésta la razón por la que prometo en un documento enterrado no estorbar ni atrofiar sus deseos más sanos mientras crece. En el entendido que la única insana soy yo

Al igual que Zambrano, Juárez Otero sabe diferenciar los derroteros trazados por la filosofía (la autora es egresada de la Maestría en Filosofía Contemporánea Aplicada por la Facultad de Filosofía de la Universidad Autónoma de Querétaro) y la poesía, lo que le permite dar cuenta de la tensión entre el ser mujer y ser madre:

no soy animal soy madre qué significa eso

Para desembocar en la poesía, su modo predilecto para el conocimiento:

Lazo de toda la vida, karma diluido entre la necesidad y la obsesión, entrega forzada por los caminos de la vida, Ludovico es la vida, hasta cuando gesticula dormido para entrenar su cuerpo

La poética de la maternidad de Dalia Larisa Juárez Otero se presentan con una belleza transparente, un halo de luz que emerge entre la oscuridad, una voz que se debate entre lo místico y lo metafísico pero que terminará por decantarse y decantarnos junto con ella en lo poético, haciéndonos junto con ella transparentes, luminiscientes, místicos y metafísicos y, junto a Ludovico, voladores.

La pulcritud con la que fue escrito Ludovico el volador desvela una síntesis virtuosa y dolorosa que nos envuelve entre los brazos maternos, protegiéndonos del atajo que conduce a los preceptos morales y de los atavismos generacionales, colocando a la poeta/mujer/madre en el centro de la poética de la maternidad, un centro rotundo de dolor y belleza. Un libro indispensable para quienes somos parte del misterio de la vida, desde los que estamos vivos hasta quienes nos anteceden desde el principio de los tiempos.

Para María Zambrano “el poeta no puede ver con buenos ojos el descubrimiento del ser porque el poeta sabe que hay descubrimientos que arrastran, que existen cosas a las que no queda más remedio que ser leal hasta la muerte, una vez que lo hemos descubierto” (Filosofía y poesía, Fondo de Cultura Económica, 2010). Quizás una de esas cosas que se descubren es la maternidad, entendida como un proceso más que concepto, desde la mirada del poeta.

En el horizonte de esta mirada se inscribe Ludovico el volador (El Periódico de las Señoras, 2019) de Dalia Larisa Juárez Otero. A diferencia del filósofo, las madres y los poetas no toman una decisión. Como los poetas, las madres soportan su vivir errabundo, su sufrimiento en paz, con el infierno como único asidero. Porque Ludovico el volador no es una poesía del ser madre, sino una poética de la maternidad, donde la razón no tiene motivo para ser considerada como parte del proceso. Acaso por esa razón la voz cantante declare: “No, no existe razón para que no lo ame” (página 31).

Como el poeta, la madre soporta en vivir instante a instante, pendiente del otro a quien ni siquiera conoce y a quien, irónicamente, da vida:

Ludovico, Ludovico, pedazo de carne desnudo, balanceando su sueño entre la luz y el hambre. ¿Eres tú, por suerte, el elegido? ¿Será tu ostentoso sexo de recién nacido la cuna de mi maternidad? Ludovico, Ludovico. Hoy lo he visto: Ludovico, mi ángel indefenso cobijado. Para siempre mi sangre, claro.

Como el poeta, la madre alcanza a entrever algo entre la niebla, y a esto que entrevé le es fiel hasta la muerte, fiel de por vida:

Mi huevo grazna su abandono veraniego, encogiéndome conforme avanza la cuarentena. Ayer nomás ha sido el día más feliz de mi vida. Y ahora en estos instantes sagrados, puedo darme el lujo de colocarme debajo de la regadera con Ludovico dormitando en mis brazos

Como el poeta, la madre acepta y aún anhela ser vencida:

Los libros y lápices acumulan polvo, mis ojos descansan todo el tiempo que pueden. Nada más que la necesidad de absorber a la madre aún chorreando leche a un costado. Se duerme en la inmensidad de veces, mientras no le arrebaten su manantial de moribundo

Ludovico el volador no es una poesía del ser madre porque por sí misma esa es una pretención filosófica, una necesidad de contar con una explicación racional de hecho de ser madre, una necesidad de ganar tratando de anteponerse a las cirscunstancias de lo racional. La opción por el conocimiento filosófico aspira a la verdad y se formula de manera abstracta, para alcanzar una validez universal; en cambio, la poesía se ancla en lo particular y hasta en lo personal, y aspira a la belleza por encima de todo, lo cual es en cierto modo inmoral. Acaso por eso la irrupción de Dalia Larisa Juárez Otero destaque en los intermitentes asomos subjetivos en donde la voz de la poeta y la autora se confunden por momentos:

Es ésta la razón por la que prometo en un documento enterrado no estorbar ni atrofiar sus deseos más sanos mientras crece. En el entendido que la única insana soy yo

Al igual que Zambrano, Juárez Otero sabe diferenciar los derroteros trazados por la filosofía (la autora es egresada de la Maestría en Filosofía Contemporánea Aplicada por la Facultad de Filosofía de la Universidad Autónoma de Querétaro) y la poesía, lo que le permite dar cuenta de la tensión entre el ser mujer y ser madre:

no soy animal soy madre qué significa eso

Para desembocar en la poesía, su modo predilecto para el conocimiento:

Lazo de toda la vida, karma diluido entre la necesidad y la obsesión, entrega forzada por los caminos de la vida, Ludovico es la vida, hasta cuando gesticula dormido para entrenar su cuerpo

La poética de la maternidad de Dalia Larisa Juárez Otero se presentan con una belleza transparente, un halo de luz que emerge entre la oscuridad, una voz que se debate entre lo místico y lo metafísico pero que terminará por decantarse y decantarnos junto con ella en lo poético, haciéndonos junto con ella transparentes, luminiscientes, místicos y metafísicos y, junto a Ludovico, voladores.

La pulcritud con la que fue escrito Ludovico el volador desvela una síntesis virtuosa y dolorosa que nos envuelve entre los brazos maternos, protegiéndonos del atajo que conduce a los preceptos morales y de los atavismos generacionales, colocando a la poeta/mujer/madre en el centro de la poética de la maternidad, un centro rotundo de dolor y belleza. Un libro indispensable para quienes somos parte del misterio de la vida, desde los que estamos vivos hasta quienes nos anteceden desde el principio de los tiempos.

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