/ sábado 18 de mayo de 2019

Mercado doctor Pedro Escobedo

Cartografía del tiempo

Esta entrega finaliza la serie del “Mercado doctor Pedro Escobedo y su Entorno”; quedan pendientes otras miradas, ahora me valgo de dos voces: la primera de un literato e historiador italiano que viajó por Estados Unidos y México, (en 1931 estuvo en la ciudad de Querétaro), él nos describe el cuadro que presentaba el Mercado Escobedo. La otra voz pertenece a Don Jesús Ríos Lozano, quien nos platica acerca de la distribución de los locales que tenía el mercado antes de ser derruido y de lo cual fue testigo, entre 1964 y 1965.

Del Diario de un Viaje...

Emilio Cecchi apuntó en su bitácora: "La construcción del mercado es de tipo europeo, por un gran techo sostenido por pilares cerrado por muritos y puertas y como en la topografía de estas pequeñas ciudades, las tiendas al modo antiguo se agrupan según las mercancías; a un lado de la plaza los sombreros, al otro lo vendedores de rebozos, las legumbres en una calle, las pieles en la otra. Así en el mercado y sus diferentes secciones hay vendedores de frutas cítricas, como vendedores de caña de azúcar en haces y cortadas en trozos para chupar, otros son vendedores de: «canastos, vajillas, carnaza confeccionada con bolas de color inmundo, frutas en dulce». A un lado sentadas, se forma un círculo en el suelo, son las mujeres envueltas en mantos negros que ofrecen sobre hojas extendidas peces anaranjados y plateados”.

Diversidad

[...]"En las jaulas diagonales formadas por la sombra de los portones, se agita una multitud que parece haber venido de los cuatro rumbos, y una vez más se confirma - a cada mirada-, esa increíble variedad étnica que constituye el mayor obstáculo para el equilibrio social y político. Del recinto del mercado, el comercio se extiende por las calles próximas en el que se vuelcan sobre el empedrado telas, cerámicas, verduras, el cual trata de ennoblecerse con los puestos de vendedores de amuletos de lata. Se trafica con cosas imposibles".

Entre el “Me acuerdo y no me acuerdo”

Don Jesús Ríos, perteneciente a la tercera generación del comercio de carnitas; nos ubica en el interior y exterior del Mercado Pedro Escobedo. Al iniciar la década de los sesenta, el negocio familiar comenzó hace poco más de un siglo por Don Felipe Ríos, Doña Emilia Vázquez así Don Juan Ríos fue quien lo prosiguió; el local se ubicaba en el costado oriente del inmueble, por donde ahora es la Avenida Corregidora (casi enfrente del Callejón de Cabrera, hoy Andador Libertad). El negocio de los Ríos era un lugar frecuentado por artistas y toreros, famosos locutores y cantantes de moda de los años cuarentas del siglo pasado, hasta la remoción del mercado. En el Portal Bueno - por lado norte- se situaban las fondas, con sus grandes mesas y enormes cazuelas. En los portales se encontraban algunas casetas que vendían malteadas y jugos de fruta; ahí también estaba la nevería Nikos. Al interior -por el costado oriente- casi pegado a una de las puertas laterales estaba el negocio de mariscos de Don Alfonso Mejía llamado "La Playa".

Caminata

En el lado sur se localizaban los locales de ropa, al exterior por la Calle Independencia donde hoy está La Academia, se colocaban los vendedores de tortillas estas eran resguardadas en canastos de palma, también los que vendían loza de barro después sustituida por el peltre. Al lado poniente -interior- se encontraban los locales de la familia Franco, ellos vendían semillas, chiles secos, frijoles de todos los tipos, lentejas, habas, y otros productos. Por ese mismo pasillo seguían puestos de fruta y legumbres. Casi por la entrada tenía su puesto de carnitas Don Lorenzo Ríos, (más tarde llamado El Chiquilín). Al exterior por la Avenida Juárez se hallaba “La Ciudad de México”, (hacía esquina con la Av. Madero) y en esa misma calle -rumbo al sur- estaba ‘La Pluma de Oro’ (librería y papelería), ‘La Balandra’ (botica), ‘La Perla’(cantina), un negocio de frutas ‘La Naranja’ de los Meza, ‘La Luz del Día’(abarrotes, expendedora de cerveza y cigarros) y la ‘Villa de París’ (telas y mercería) en la esquina de Pino Suárez y Juárez.

Por el lado de la avenida Corregidora había establecimientos como: carnicerías, tiendas de tela y ropa, cantinas, billares y la farmacia Andrade. En esa calle eran colocados puestos ambulantes que se protegían con grandes manteados o quitasoles; entre huacales vendían tunas, cacahuates, jícamas, aguacates, dulces, charamuscas, colaciones y camotes. Para almorzar, comer y merendar, también estaban los puestos de comida donde las condiciones eran poco higiénicas, pero muy sabrosas.

Olores, sabores, gritos y pregones

Aquel trajín de ‘diablitos’ y cargadores de carromatos a veces tirados por mulas, la descarga de mercancías, el paso de chivas, borregos, guajolotes y gallinas así como los gritos de pregoneros y vendedores ambulantes; se acompañaban de las picardías y lenguaje sicalíptico de los diableros y arrieros que traían leña, pitayas, y nopales; los campesinos con sus productos de la milpa en sacos de manta ofrecían aguamiel con un jarrito. La publicidad a todo pulmón del "Chamula", la venta de periódico, de billetes de lotería, la música diversa que salía de los locales, merenderos y cantinas. La oferta de los expendios en los cuales se escuchaba: ¡Pan de agua!, ¡Qué le vendo marchanta!, ¡Güerita, güerita, aquí está lo mejor!... Los aromas y olores pútridos de lo sanitarios públicos; de los mariscos y pescados, la fruta madura, la fritanga, el olor a manteca del cazo con carnitas y chicharrones..., el fresco olor de las hierbas aromáticas; el picante y sápido de los chiles.

Cambio y permanencia

De aquel espacio en ruinas usado por comerciantes ambulantes conocido en el último tercio del siglo XIX, como Mercado de los Escombros, posteriormente se dispuso un "jacalón" con techo a dos aguas, emplazado en lo que fue la huerta del complejo religioso de los franciscanos. En la etapa finisecular se desplantó un "higiénico y moderno" mercado. El inmueble experimentó diversas adecuaciones y remodelaciones al cabo de las décadas también fue objeto de algunas intervenciones por incendios o conatos de incendio. Se remodeló entre 1937 y 1938 para ampliarlo y modernizarlo; la madera fue sustituida por tabique con aplanados cubiertos por pintura blanca, fue reinaugurado el 15 de octubre de 1938. La última remodelación se hizo en la década de los cincuenta otorgándole un acabado exterior al estilo Neo Colonial.

El Plan para la modernización y adecuación de la ciudad además del "embellecimiento", la apertura de las calles de Corregidora, Zaragoza, E. Montes contemplaba también el cambio del viejo Mercado Pedro Escobedo; porque excedía a más del 100% la ocupación de locales estaba invadido por el comercio ambulante informal en los alrededores; la falta de higiene y limpieza era un peligro para la salud pública, se tenía por sitio inseguro y generaba problemas de vialidad en el primer cuadro de la ciudad. Higiene, limpieza, seguridad, aplicación de normatividad en el comercio y movilidad, siguen siendo puntos sustantivos para analizar resolver y mejorar en este 2019.

Desde Anbanica - Teocalhueyacan.

Mayo de MMXIX.

Esta entrega finaliza la serie del “Mercado doctor Pedro Escobedo y su Entorno”; quedan pendientes otras miradas, ahora me valgo de dos voces: la primera de un literato e historiador italiano que viajó por Estados Unidos y México, (en 1931 estuvo en la ciudad de Querétaro), él nos describe el cuadro que presentaba el Mercado Escobedo. La otra voz pertenece a Don Jesús Ríos Lozano, quien nos platica acerca de la distribución de los locales que tenía el mercado antes de ser derruido y de lo cual fue testigo, entre 1964 y 1965.

Del Diario de un Viaje...

Emilio Cecchi apuntó en su bitácora: "La construcción del mercado es de tipo europeo, por un gran techo sostenido por pilares cerrado por muritos y puertas y como en la topografía de estas pequeñas ciudades, las tiendas al modo antiguo se agrupan según las mercancías; a un lado de la plaza los sombreros, al otro lo vendedores de rebozos, las legumbres en una calle, las pieles en la otra. Así en el mercado y sus diferentes secciones hay vendedores de frutas cítricas, como vendedores de caña de azúcar en haces y cortadas en trozos para chupar, otros son vendedores de: «canastos, vajillas, carnaza confeccionada con bolas de color inmundo, frutas en dulce». A un lado sentadas, se forma un círculo en el suelo, son las mujeres envueltas en mantos negros que ofrecen sobre hojas extendidas peces anaranjados y plateados”.

Diversidad

[...]"En las jaulas diagonales formadas por la sombra de los portones, se agita una multitud que parece haber venido de los cuatro rumbos, y una vez más se confirma - a cada mirada-, esa increíble variedad étnica que constituye el mayor obstáculo para el equilibrio social y político. Del recinto del mercado, el comercio se extiende por las calles próximas en el que se vuelcan sobre el empedrado telas, cerámicas, verduras, el cual trata de ennoblecerse con los puestos de vendedores de amuletos de lata. Se trafica con cosas imposibles".

Entre el “Me acuerdo y no me acuerdo”

Don Jesús Ríos, perteneciente a la tercera generación del comercio de carnitas; nos ubica en el interior y exterior del Mercado Pedro Escobedo. Al iniciar la década de los sesenta, el negocio familiar comenzó hace poco más de un siglo por Don Felipe Ríos, Doña Emilia Vázquez así Don Juan Ríos fue quien lo prosiguió; el local se ubicaba en el costado oriente del inmueble, por donde ahora es la Avenida Corregidora (casi enfrente del Callejón de Cabrera, hoy Andador Libertad). El negocio de los Ríos era un lugar frecuentado por artistas y toreros, famosos locutores y cantantes de moda de los años cuarentas del siglo pasado, hasta la remoción del mercado. En el Portal Bueno - por lado norte- se situaban las fondas, con sus grandes mesas y enormes cazuelas. En los portales se encontraban algunas casetas que vendían malteadas y jugos de fruta; ahí también estaba la nevería Nikos. Al interior -por el costado oriente- casi pegado a una de las puertas laterales estaba el negocio de mariscos de Don Alfonso Mejía llamado "La Playa".

Caminata

En el lado sur se localizaban los locales de ropa, al exterior por la Calle Independencia donde hoy está La Academia, se colocaban los vendedores de tortillas estas eran resguardadas en canastos de palma, también los que vendían loza de barro después sustituida por el peltre. Al lado poniente -interior- se encontraban los locales de la familia Franco, ellos vendían semillas, chiles secos, frijoles de todos los tipos, lentejas, habas, y otros productos. Por ese mismo pasillo seguían puestos de fruta y legumbres. Casi por la entrada tenía su puesto de carnitas Don Lorenzo Ríos, (más tarde llamado El Chiquilín). Al exterior por la Avenida Juárez se hallaba “La Ciudad de México”, (hacía esquina con la Av. Madero) y en esa misma calle -rumbo al sur- estaba ‘La Pluma de Oro’ (librería y papelería), ‘La Balandra’ (botica), ‘La Perla’(cantina), un negocio de frutas ‘La Naranja’ de los Meza, ‘La Luz del Día’(abarrotes, expendedora de cerveza y cigarros) y la ‘Villa de París’ (telas y mercería) en la esquina de Pino Suárez y Juárez.

Por el lado de la avenida Corregidora había establecimientos como: carnicerías, tiendas de tela y ropa, cantinas, billares y la farmacia Andrade. En esa calle eran colocados puestos ambulantes que se protegían con grandes manteados o quitasoles; entre huacales vendían tunas, cacahuates, jícamas, aguacates, dulces, charamuscas, colaciones y camotes. Para almorzar, comer y merendar, también estaban los puestos de comida donde las condiciones eran poco higiénicas, pero muy sabrosas.

Olores, sabores, gritos y pregones

Aquel trajín de ‘diablitos’ y cargadores de carromatos a veces tirados por mulas, la descarga de mercancías, el paso de chivas, borregos, guajolotes y gallinas así como los gritos de pregoneros y vendedores ambulantes; se acompañaban de las picardías y lenguaje sicalíptico de los diableros y arrieros que traían leña, pitayas, y nopales; los campesinos con sus productos de la milpa en sacos de manta ofrecían aguamiel con un jarrito. La publicidad a todo pulmón del "Chamula", la venta de periódico, de billetes de lotería, la música diversa que salía de los locales, merenderos y cantinas. La oferta de los expendios en los cuales se escuchaba: ¡Pan de agua!, ¡Qué le vendo marchanta!, ¡Güerita, güerita, aquí está lo mejor!... Los aromas y olores pútridos de lo sanitarios públicos; de los mariscos y pescados, la fruta madura, la fritanga, el olor a manteca del cazo con carnitas y chicharrones..., el fresco olor de las hierbas aromáticas; el picante y sápido de los chiles.

Cambio y permanencia

De aquel espacio en ruinas usado por comerciantes ambulantes conocido en el último tercio del siglo XIX, como Mercado de los Escombros, posteriormente se dispuso un "jacalón" con techo a dos aguas, emplazado en lo que fue la huerta del complejo religioso de los franciscanos. En la etapa finisecular se desplantó un "higiénico y moderno" mercado. El inmueble experimentó diversas adecuaciones y remodelaciones al cabo de las décadas también fue objeto de algunas intervenciones por incendios o conatos de incendio. Se remodeló entre 1937 y 1938 para ampliarlo y modernizarlo; la madera fue sustituida por tabique con aplanados cubiertos por pintura blanca, fue reinaugurado el 15 de octubre de 1938. La última remodelación se hizo en la década de los cincuenta otorgándole un acabado exterior al estilo Neo Colonial.

El Plan para la modernización y adecuación de la ciudad además del "embellecimiento", la apertura de las calles de Corregidora, Zaragoza, E. Montes contemplaba también el cambio del viejo Mercado Pedro Escobedo; porque excedía a más del 100% la ocupación de locales estaba invadido por el comercio ambulante informal en los alrededores; la falta de higiene y limpieza era un peligro para la salud pública, se tenía por sitio inseguro y generaba problemas de vialidad en el primer cuadro de la ciudad. Higiene, limpieza, seguridad, aplicación de normatividad en el comercio y movilidad, siguen siendo puntos sustantivos para analizar resolver y mejorar en este 2019.

Desde Anbanica - Teocalhueyacan.

Mayo de MMXIX.

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