/ jueves 30 de julio de 2020

No son micro – MACHISMOS COTIDIANOS de Claudia de la Garza y Eréndira Derbez

#RecomendacionesPerras

Como explica Solnit, se ´nos entrena para limitarnos y dudar de nosotras mismas, mientras que se propicia “un injustificado exceso de seguridad de los hombres…


Hace años, cuando descubrí a Rebecca Solnit a través de su muy conocido artículo “Los hombres me explican cosas”, donde lanza el concepto de mansplaining, me identifiqué inmediatamente, como seguramente saben o han escuchado, este término se refiere a la necesidad que tiene un hombre de explicar de manera paternalista algo a una mujer sin que ella se lo pida; muchos lo hacen aún si la mujer es experta en el tema que él quiere explicarle… “¿me entendiste?” dicen como si la mujer no comprendiera lo que él dice.

Después descubrí que eso del mansplaining era uno de los tantos “micromachismos” a los que nos enfrentamos las mujeres a diario. El término micromachismo se le atribuye al psicólogo argentino Luis Bonino Méndez, en los años 90, y engloba todas estas conductas violentas normalizadas que usa un hombre para tener el poder dentro de su relación amorosa. Cuando el término se empieza a aplicar en otros campos de las relaciones sociales, el prefijo “micro” se mantiene como un sinónimo de “cotidianidad”, es una manera de expresar esas violencias que se invisibilizan o normalizan. El problema es que cuando pensamos en “micro” es imposible no relacionarlo con “pequeño”, “que no importa”, “inofensivo”; sin embargo, los micromachismos reflejan y perpetúan actitudes machistas, refuerzan los roles de género, son base de expresiones de odio y construyen la base de violencias mayores como los feminicidios.

Por todo esto es que vengo hoy a recomendarles este libro que me parece buenísimo y que por fortuna encontré por casualidad, lo escriben en conjunto Claudia de la Garza, una historiadora del arte y doctora en ciencias sociales, con especialidad en estudios de género, y Eréndira Derbez, también historiadora del arte con especialidad en género, arte y política y que además es quien ilustra el libro.

Me encantó por varias razones, la principal es que proponen que dejemos de llamar a estas violencias “micromachismos” para entonces nombrarlas machismos cotidianos y comenzar a reconocer su importancia en nuestras interacciones. Por otro lado, las autoras consolidan 98 machismos cotidianos, explican el concepto de cada uno de ellos de una manera súper sencilla, y además lo acompañan con un ejemplo de la vida real. Si eres mujer, mientras lo lees es imposible no pensar … “¡Sí claro! ¡Esto me paso con fulanito!” “¡Uy sí!, ¡Esto lo vivo a diario en el trabajo!”… es impresionante cómo logras reconocerte de una u otra manera en cada uno de los relatos.

Foto: Cortesía | Editorial Grijalbo

El libro plantea cosas como las diferencias en el comportamiento esperado entre un niño y una niña, el simple hecho de pedirle a una niña que no muestre los calzones mientras juega, que no diga groserías o que no puede alzar la voz, porque “así no es una señorita”, la predispone a necesitar a alguien que la defienda y genera un modelo de dependencia. También expone temas como la sexualidad femenina; la mujer no puede ser agente sexual, siempre es un objeto sexual que “guarda” la virginidad, que no es más que una construcción cultural que controla la sexualidad de las mujeres, para que los hombres tengan certeza de la paternidad y así asegurar que el patrimonio de la familia quede en manos de su descendencia.

También podemos darnos cuenta de cosas como que la noción de autoridad está planteada desde lo masculino, a las mujeres se nos fiscaliza el tono y el discurso, sí hay que alzar la voz, pero no tanto, importan más los modos que la legitimidad de las demandas.

“Está bien que protesten pero sin gritos, sin cerrar calles, ni rayar paredes: ¡Tampoco es para tanto, ni que las estuvieran matando” podemos leer en una de las ilustraciones.

Es triste darse cuenta de que, aunque las mujeres tienen mejores calificaciones en las universidades, en el ámbito laboral terminan ganando hasta 35% menos que un hombre y que además si quiere acceder a un puesto de liderazgo tiene que masculinizarse, pero no demasiado.

Este libro también destaca que los machismos cotidianos violentan a los hombres y a otras disidencias sexuales. Es esperado que el hombre siempre demuestre poder, fuerza, entereza, que se imponga, pero esto puede resultar agotador porque es un esfuerzo constante. Por otro lado, muchos hombres hacen caso omiso de los síntomas de enfermedad o dolencias, los minimizan para no mostrar debilidad y eso puede causarles daños peores o hasta la muerte.

No sé, podría ir platicándoles cada uno de los 98 machismos cotidianos relatados en el libro, pero el chiste es que cada uno lo descubra a su ritmo. Está claro que es un libro de divulgación, sin embargo, su forma lo hace accesible a todos, es muy fácil leerlo e identificarse, también de alguna manera nos plantea pensar cómo podemos, desde nuestra trinchera, transformar el presente y nuestro futuro, cuestionar nuestros privilegios y aceptar que algunos de nosotros estamos en un sistema que nos beneficia.

El libro lo edita Grijalbo, está salido del horno así que es de fácil acceso en su versión ebook y física. Yo les recomiendo que vayan a las librerías locales y compren dos ejemplares, uno para ustedes y otro para regalar; particularmente yo lo conseguí en Librería Pessoa.

Cierro esto con las palabras de Lydia Cacho en la contraportada:

“…Cualquiera que se pregunte por qué no debe usar el termino feminazi, por qué tantos hombres interrumpen a las mujeres, por qué hay hombres aterrados frente al cambio, por qué le damos más valor a una estatua que a la vida de una chica asesinada, cómo se puede ser igualitario más allá del discurso, encontrará aquí las claves para la comprensión y el debate informado…

A Eréndira la pueden encontrar en twitter como @erederbez y a mí en la siguiente #recomendaciónperra

Como explica Solnit, se ´nos entrena para limitarnos y dudar de nosotras mismas, mientras que se propicia “un injustificado exceso de seguridad de los hombres…


Hace años, cuando descubrí a Rebecca Solnit a través de su muy conocido artículo “Los hombres me explican cosas”, donde lanza el concepto de mansplaining, me identifiqué inmediatamente, como seguramente saben o han escuchado, este término se refiere a la necesidad que tiene un hombre de explicar de manera paternalista algo a una mujer sin que ella se lo pida; muchos lo hacen aún si la mujer es experta en el tema que él quiere explicarle… “¿me entendiste?” dicen como si la mujer no comprendiera lo que él dice.

Después descubrí que eso del mansplaining era uno de los tantos “micromachismos” a los que nos enfrentamos las mujeres a diario. El término micromachismo se le atribuye al psicólogo argentino Luis Bonino Méndez, en los años 90, y engloba todas estas conductas violentas normalizadas que usa un hombre para tener el poder dentro de su relación amorosa. Cuando el término se empieza a aplicar en otros campos de las relaciones sociales, el prefijo “micro” se mantiene como un sinónimo de “cotidianidad”, es una manera de expresar esas violencias que se invisibilizan o normalizan. El problema es que cuando pensamos en “micro” es imposible no relacionarlo con “pequeño”, “que no importa”, “inofensivo”; sin embargo, los micromachismos reflejan y perpetúan actitudes machistas, refuerzan los roles de género, son base de expresiones de odio y construyen la base de violencias mayores como los feminicidios.

Por todo esto es que vengo hoy a recomendarles este libro que me parece buenísimo y que por fortuna encontré por casualidad, lo escriben en conjunto Claudia de la Garza, una historiadora del arte y doctora en ciencias sociales, con especialidad en estudios de género, y Eréndira Derbez, también historiadora del arte con especialidad en género, arte y política y que además es quien ilustra el libro.

Me encantó por varias razones, la principal es que proponen que dejemos de llamar a estas violencias “micromachismos” para entonces nombrarlas machismos cotidianos y comenzar a reconocer su importancia en nuestras interacciones. Por otro lado, las autoras consolidan 98 machismos cotidianos, explican el concepto de cada uno de ellos de una manera súper sencilla, y además lo acompañan con un ejemplo de la vida real. Si eres mujer, mientras lo lees es imposible no pensar … “¡Sí claro! ¡Esto me paso con fulanito!” “¡Uy sí!, ¡Esto lo vivo a diario en el trabajo!”… es impresionante cómo logras reconocerte de una u otra manera en cada uno de los relatos.

Foto: Cortesía | Editorial Grijalbo

El libro plantea cosas como las diferencias en el comportamiento esperado entre un niño y una niña, el simple hecho de pedirle a una niña que no muestre los calzones mientras juega, que no diga groserías o que no puede alzar la voz, porque “así no es una señorita”, la predispone a necesitar a alguien que la defienda y genera un modelo de dependencia. También expone temas como la sexualidad femenina; la mujer no puede ser agente sexual, siempre es un objeto sexual que “guarda” la virginidad, que no es más que una construcción cultural que controla la sexualidad de las mujeres, para que los hombres tengan certeza de la paternidad y así asegurar que el patrimonio de la familia quede en manos de su descendencia.

También podemos darnos cuenta de cosas como que la noción de autoridad está planteada desde lo masculino, a las mujeres se nos fiscaliza el tono y el discurso, sí hay que alzar la voz, pero no tanto, importan más los modos que la legitimidad de las demandas.

“Está bien que protesten pero sin gritos, sin cerrar calles, ni rayar paredes: ¡Tampoco es para tanto, ni que las estuvieran matando” podemos leer en una de las ilustraciones.

Es triste darse cuenta de que, aunque las mujeres tienen mejores calificaciones en las universidades, en el ámbito laboral terminan ganando hasta 35% menos que un hombre y que además si quiere acceder a un puesto de liderazgo tiene que masculinizarse, pero no demasiado.

Este libro también destaca que los machismos cotidianos violentan a los hombres y a otras disidencias sexuales. Es esperado que el hombre siempre demuestre poder, fuerza, entereza, que se imponga, pero esto puede resultar agotador porque es un esfuerzo constante. Por otro lado, muchos hombres hacen caso omiso de los síntomas de enfermedad o dolencias, los minimizan para no mostrar debilidad y eso puede causarles daños peores o hasta la muerte.

No sé, podría ir platicándoles cada uno de los 98 machismos cotidianos relatados en el libro, pero el chiste es que cada uno lo descubra a su ritmo. Está claro que es un libro de divulgación, sin embargo, su forma lo hace accesible a todos, es muy fácil leerlo e identificarse, también de alguna manera nos plantea pensar cómo podemos, desde nuestra trinchera, transformar el presente y nuestro futuro, cuestionar nuestros privilegios y aceptar que algunos de nosotros estamos en un sistema que nos beneficia.

El libro lo edita Grijalbo, está salido del horno así que es de fácil acceso en su versión ebook y física. Yo les recomiendo que vayan a las librerías locales y compren dos ejemplares, uno para ustedes y otro para regalar; particularmente yo lo conseguí en Librería Pessoa.

Cierro esto con las palabras de Lydia Cacho en la contraportada:

“…Cualquiera que se pregunte por qué no debe usar el termino feminazi, por qué tantos hombres interrumpen a las mujeres, por qué hay hombres aterrados frente al cambio, por qué le damos más valor a una estatua que a la vida de una chica asesinada, cómo se puede ser igualitario más allá del discurso, encontrará aquí las claves para la comprensión y el debate informado…

A Eréndira la pueden encontrar en twitter como @erederbez y a mí en la siguiente #recomendaciónperra

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