Otorgan "Águila Azteca" a coleccionista judío

Redacción

  · martes 14 de agosto de 2018

Foto: Notimex

Representantes del gobierno de México entregaron este martes en una ceremonia en Nueva York la condecoración de la Orden Mexicana del Águila Azteca, en grado de insignia, al coleccionista y filántropo judío Leonard Milberg.

La insignia fue entregada por el subsecretario para América del Norte, Carlos Sada, a David Milberg, hijo del coleccionista, quien no pudo asistir a la ceremonia. México reconoció así el apoyo de Milberg en la recuperación de los valiosos manuscritos de Luis de Carvajal.

Milberg adquirió en 2016 y con sus propios recursos los manuscritos de Luis de Carvajal, que datan de 1555 y que reflejan la persecución de la población judía a manos de la Santa Inquisición en la Nueva España.

Los tres pequeños volúmenes que componen el manuscrito conforman algunos de los documentos más importantes y antiguos de la historia judía en el Nuevo Mundo. Los documentos fueron sustraídos ilícitamente del Archivo General de la Nación en 1932.

“Mi padre no conocía de la condecoración del Águila Azteca, pero una vez que supo de su importancia simplemente no podía creer que se la hubieran concedido”, expresó Milberg.

Tras la ceremonia, Milberg asentó que para su padre fue muy importante localizar el manuscrito, que estaba punto de ser subastado por una casa de remates de Nueva York, por lo que le complació mucho que el gobierno de México reconociera su valor.

“Mi padre es un hombre moral y honorable, y tanto como él quería donar este manuscrito a su universidad (Princeton), supo que lo correcto era regresarlo a México, y que no había otra opción”, explicó Milberg.

La única petición que realizó Milberg a México es que el manuscrito fuera exhibido en Estados Unidos, lo que sucedió en una muestra realizada en octubre de 2016 en el Museo de la Sociedad Histórica de Nueva York.

Durante esa exhibición, el coleccionista Leonard Milberg aseguró a Notimex que decidió donar el documento al gobierno de México, su legítimo dueño, con la condición adicional de obtener un par de copias para archivos radicados en Estados Unidos.

“El documento pertenece a México, es parte de su historia. Yo nunca quise ser su dueño, el único lugar al que pude haberlo donado hubiera sido a la Universidad de Princeton, pero cuando descubrí que había sido robado a México decidí que el documento tenía que regresar al país”, declaró entonces Milberg.