/ lunes 2 de noviembre de 2020

Plaza de “Todos los Santos”, tradición y continuidades

Cartografía del tiempo

[…] Es calavera el inglés / calavera, sí señor / Calavera fue el francés / ... El chino, el americano / el papa y los cardenales, / y el jefe de la nación / en la tumba son iguales / calaveras del montón

Anónimo. S. XIX


En la actualidad

En las últimas décadas se ha fomentado, a través de concursos, el arreglo de “altares de muertos”, así como las calaveras literarias. Ponen a la venta calaveras de azúcar y otros materiales, en las tahonas es horneado el “pan de muerto”. En los edificios públicos se colocan altares-ofrenda. Las plazas y jardines del Centro Histórico se visten con las flores de cempasúchil. En otros ámbitos, algunos grupos teatrales de la ciudad ponen en escena el drama de Zorrilla de Don Juan Tenorio con adaptaciones cómicas, políticas y las clásicas. Se designa un espacio específico para el festejo de “Todos los Santos” y “Día de muertos”, (en la avenida Madero entre Allende y el Jardín Guerrero) donde se exhiben flores, adornos, papel picado con calaveras de Guadalupe Posada; las calaveras que salen de su ataúd –si se jala de un hilo–, los cortejos nupciales, las calaveras temblonas de resortes, los cráneos de dulce, chocolate, de huauti, con el nombre inscrito en la frente, calaveras de cartón, máscaras artesanales que compiten con las de látex, con las calabazas y toda la parafernalia del Halloween que propician los medios a través de la mercadotecnia. Muchas familias visitan las criptas del templo, los panteones que se convierten en verdaderos jardines y es día de quitar la maleza, lavar la tumba y convivir con los ancestros; afuera se vende comida y flores generalmente. Con la Contingencia Sanitaria, los panteones permanecerán cerrados y no habrá las manifestaciones públicas tradicionales de la época.

Apropiaciones

La diversidad de las manifestaciones para el culto a la muerte son evidentes, cada grupo social resguarda las propias, muchos las mantienen como identidad étnica, en cada una hay rasgos sincréticos de la vieja tradición mesoamericana y de la aportación europea, oriental y afroantillana. En las zonas urbanas se han analizado contextos históricos como el que fue el conjunto conventual franciscano, donde los entierros tenían varios elementos comunes como la posición del cuerpo, el ajuar mortuorio, medallas, rosarios, crucifijos, entre otros, (Valencia: 2011). Elementos similares fueron hallados en la intervención del Hospital de la Limpia Concepción –hoy Museo de Arte Sacro–. (Lara: 2015). Durante la colonia se hacían visitas al camposanto que se encontraba en el espacio atrial; a las criptas instaladas en los templos, por lo regular algún fraile o sacerdote dirigía los rezos y responsos, se ofrendaban flores, las velas de sebo, los cirios o farolillos simbolizaban la luz eterna para encaminar a las almas, las campanas doblaban anunciando el duelo, el rezo y la celebración eucarística por la intención de las “santas ánimas”, la gente se vestía de luto, otros se colocaban moños negros, había quien ponía una señal en la puerta de su casa.

Foto: Cortesía | Edgardo Moreno Pérez

Barrios

“Por aquí pasó la muerte / con su aguja y su dedal / remendando sus nagüitas / para el día del carnaval”. (Dominio Popular). En algunos barrios se colocaba la ofrenda para la “víspera” y para la “noche de muertos”, donde los ancestros vendrían a convivir con sus familiares. Era época del intercambio de los productos de la tierra. La propiciación –de carácter mesoamericano– a través del ritual agrícola en los cerros, montañas y lagos, que marcaba el inicio de la estación seca y el término de ciclo húmedo. Las parroquias barriales contaban con sus cementerios: San Sebastián, Santiago, La Cruz, (además del Panteón de los Pobres), Santa Ana, La Divina Pastora-San Francisquito y la ayuda de parroquia del Espíritu Santo. Todos con antecedentes de congregas indígenas desde el siglo XVI. En el siglo XIX estaba ya extendida la costumbre de limpiar, barrer, desyerbar, comer y por supuesto, la libación ritual entre las tumbas. Eran colocadas coronas, adornos florales; la venta de diversos productos y alimentos en la entrada del cementerio que ha dado, desde entonces, un tinte de verbena popular."Lámparas caprichosas, jarrones, pebeteros, jaulas con palomas lloronas o habaneras que cantan su triste clamor sobre la tumba de algún ser querido; decoraciones más o menos artísticas, haciendo derroche de lujo y elegancia”. (Frías: 1988).

Plaza de Todos los Santos

La Plaza de la Independencia, conocida también como Plaza de Arriba, Plaza Mayor, Plaza de Armas. Ha sido a través de los siglos escenario del devenir de los queretanos, centro de poder, centro cívico y lugar simbólico en el imaginario colectivo. En ese espacio se disponía un tianguis, donde era frecuente encontrar todo tipo de artículos; en las noches llegaban los recipientes aromáticos de los tamales, los canastos de carrizo con buñuelos crujientes con el olor meloso de la guayaba y el piloncillo con canela. Se colocaban también los puestos de fritangas con sus aromas incitantes. Don Valentín en sus Calles de Querétaro (1910) nos regala esta estampa: "La única vez que esta plaza tenía aspecto encantador y poético, era el día y noche de Todos Santos, abundaban los puestos en su interior, y el exterior en contorno y por ambos lados, se llenaba de casuchas de lienzo formadas en mesas, las cuales ostentaban mil y mil caprichosas figurillas de alfeñique, dulces cubiertos, cera labrada de todos tamaños y colores, calaveras de todos tamaños, tumbas, muertos, puchas, etc., etc.… ¡la mar! Cada puesto tenía su respectivo farolillo de alumbrado. La plaza en general se iluminaba profusamente de farolillos" [...] "Se quemaban fuegos de pirotecnia del maestro Palomares; amenizaba el paseo una buena música bélica hasta muy entrada la noche". (Frías: 1910)

Mercado Pedro Escobedo

Hacia finales del siglo XIX el Mercadillo de Todos los Santos fue instalado en el mercado Pedro Escobedo donde hoy se encuentra la Plaza de la Constitución. José Ma. Carrillo redactor de La Sombra de Arteaga (1889) nos refiere: "[…] se engalanó el 1º del corriente, para la tradicional fiesta de dulces, frutas y juguetes propios de esta añeja festividad" [...] "Por la tarde y por la noche una buena música estuvo recreando el gran concurso de todas las clases de la sociedad que siempre acude a esta fiesta tan agradable para los mayores y tan atractiva para los niños". En 1900 la festividad continuaba siendo desarrollada en el mercado Pedro Escobedo; el cual estuvo "primorosamente adornado y con una vistosa concurrencia" […] "Por la noche la luz de arco y la incandescente muy bien distribuida en todas las crujías. […] el paseo se puso magnífico. Una buena música militar estuvo tocando en el centro, en el lugar destinado al mercado de flores. El comercio fue muy bueno, sobre todo en el ramo de frutas, dulces y juguetes." (La Sombra...1900). "Tukutuku tikitaka, que recanija calaca / Débiles y poderosos de morir nadie se escapa / Llevamos el mismo fin en petate o en petaca"... (Versión A. Ochoa).

Foto: Cortesía | Edgardo Moreno Pérez

Diversos lugares

En los años siguientes volvió por temporadas a la plaza de Armas este festejo; hacia finales de los años 60 del siglo XX fue colocado en una explanada que estaba al costado oriente del mercado Mariano Escobedo, llamada “Plaza de Todos los Santos”, con el tiempo esta plaza fue invadida por el comercio informal (no estructurado). Ahora ya habilitado como un anexo del tradicional mercado. Los puestos propios de la época fueron trasladados a un gran baldío que estaba en la avenida Zaragoza (entre Guerrero y Allende, antigua "Casa de Carros") donde hoy está una escuela. También se instaló en Zaragoza Ote., en el espacio que ahora se ubica un negocio (entre Pasteur y Vergara), otros sitios han sido: lado Norte de la Alameda, en el Estadio Municipal, fuera del Auditorio Josefa Ortiz de Domínguez.

Parafernalia de Otoño

Las celebraciones y conmemoraciones invaden nuestro ámbito. Entre la confitería, el pan de muerto, las temblonas calaveras y toda la juguetería donde se vuelca el ingenio de nuestros artesanos, en medio de otro discurso de calabazas plásticas, fantasmas, monstruos y brujas. Nuestras expresiones culturales son plurales y multiétnicas como lo es nuestro país, por lo cual cada región resguarda y trasfiere sus costumbres, ahí mismo evolucionan las tradiciones locales, mantienen sus particularidades y sus apropiaciones. Por lo cual no se puede generalizar el culto, la fiesta, los altares y ofrendas y toda esa parafernalia de “Día de muertos”. Pero podemos acercarnos a ese simbolismo como parte de los procesos de trasculturización y reafirmar identidades sostenidas por el sincretismo y por el encanto que proporciona la muerte. Con epitafios, versos, décimas, sones, aguardiente, flores, altares y ofrendas, construimos nuestras celebraciones a los difuntos. Nación diversa donde la muerte está presente trágica y lúdica, siempre latente desde el Tzompantli, prehispánicos, hasta la calavera “Catrina” –garbancera– de Posada. Desde el objeto de plástico hasta la juguetería popular.

"Por si no te vuelvo a ver"... de acuerdo a la cosmovisión de los pueblos originarios de la región; regresaré en forma de mariposa monarca cada año en esta temporada.

[…] "y así pues / Resulta un acto de justicia poner / Sobre su frente la gastada inscripción / Este cráneo se vio como hoy nos ve. / Como hoy lo vemos / Nos veremos un día." José Emilio Pacheco.



Desde Anbanica - Teocalhueyacan. Noviembre de MMXX

[…] Es calavera el inglés / calavera, sí señor / Calavera fue el francés / ... El chino, el americano / el papa y los cardenales, / y el jefe de la nación / en la tumba son iguales / calaveras del montón

Anónimo. S. XIX


En la actualidad

En las últimas décadas se ha fomentado, a través de concursos, el arreglo de “altares de muertos”, así como las calaveras literarias. Ponen a la venta calaveras de azúcar y otros materiales, en las tahonas es horneado el “pan de muerto”. En los edificios públicos se colocan altares-ofrenda. Las plazas y jardines del Centro Histórico se visten con las flores de cempasúchil. En otros ámbitos, algunos grupos teatrales de la ciudad ponen en escena el drama de Zorrilla de Don Juan Tenorio con adaptaciones cómicas, políticas y las clásicas. Se designa un espacio específico para el festejo de “Todos los Santos” y “Día de muertos”, (en la avenida Madero entre Allende y el Jardín Guerrero) donde se exhiben flores, adornos, papel picado con calaveras de Guadalupe Posada; las calaveras que salen de su ataúd –si se jala de un hilo–, los cortejos nupciales, las calaveras temblonas de resortes, los cráneos de dulce, chocolate, de huauti, con el nombre inscrito en la frente, calaveras de cartón, máscaras artesanales que compiten con las de látex, con las calabazas y toda la parafernalia del Halloween que propician los medios a través de la mercadotecnia. Muchas familias visitan las criptas del templo, los panteones que se convierten en verdaderos jardines y es día de quitar la maleza, lavar la tumba y convivir con los ancestros; afuera se vende comida y flores generalmente. Con la Contingencia Sanitaria, los panteones permanecerán cerrados y no habrá las manifestaciones públicas tradicionales de la época.

Apropiaciones

La diversidad de las manifestaciones para el culto a la muerte son evidentes, cada grupo social resguarda las propias, muchos las mantienen como identidad étnica, en cada una hay rasgos sincréticos de la vieja tradición mesoamericana y de la aportación europea, oriental y afroantillana. En las zonas urbanas se han analizado contextos históricos como el que fue el conjunto conventual franciscano, donde los entierros tenían varios elementos comunes como la posición del cuerpo, el ajuar mortuorio, medallas, rosarios, crucifijos, entre otros, (Valencia: 2011). Elementos similares fueron hallados en la intervención del Hospital de la Limpia Concepción –hoy Museo de Arte Sacro–. (Lara: 2015). Durante la colonia se hacían visitas al camposanto que se encontraba en el espacio atrial; a las criptas instaladas en los templos, por lo regular algún fraile o sacerdote dirigía los rezos y responsos, se ofrendaban flores, las velas de sebo, los cirios o farolillos simbolizaban la luz eterna para encaminar a las almas, las campanas doblaban anunciando el duelo, el rezo y la celebración eucarística por la intención de las “santas ánimas”, la gente se vestía de luto, otros se colocaban moños negros, había quien ponía una señal en la puerta de su casa.

Foto: Cortesía | Edgardo Moreno Pérez

Barrios

“Por aquí pasó la muerte / con su aguja y su dedal / remendando sus nagüitas / para el día del carnaval”. (Dominio Popular). En algunos barrios se colocaba la ofrenda para la “víspera” y para la “noche de muertos”, donde los ancestros vendrían a convivir con sus familiares. Era época del intercambio de los productos de la tierra. La propiciación –de carácter mesoamericano– a través del ritual agrícola en los cerros, montañas y lagos, que marcaba el inicio de la estación seca y el término de ciclo húmedo. Las parroquias barriales contaban con sus cementerios: San Sebastián, Santiago, La Cruz, (además del Panteón de los Pobres), Santa Ana, La Divina Pastora-San Francisquito y la ayuda de parroquia del Espíritu Santo. Todos con antecedentes de congregas indígenas desde el siglo XVI. En el siglo XIX estaba ya extendida la costumbre de limpiar, barrer, desyerbar, comer y por supuesto, la libación ritual entre las tumbas. Eran colocadas coronas, adornos florales; la venta de diversos productos y alimentos en la entrada del cementerio que ha dado, desde entonces, un tinte de verbena popular."Lámparas caprichosas, jarrones, pebeteros, jaulas con palomas lloronas o habaneras que cantan su triste clamor sobre la tumba de algún ser querido; decoraciones más o menos artísticas, haciendo derroche de lujo y elegancia”. (Frías: 1988).

Plaza de Todos los Santos

La Plaza de la Independencia, conocida también como Plaza de Arriba, Plaza Mayor, Plaza de Armas. Ha sido a través de los siglos escenario del devenir de los queretanos, centro de poder, centro cívico y lugar simbólico en el imaginario colectivo. En ese espacio se disponía un tianguis, donde era frecuente encontrar todo tipo de artículos; en las noches llegaban los recipientes aromáticos de los tamales, los canastos de carrizo con buñuelos crujientes con el olor meloso de la guayaba y el piloncillo con canela. Se colocaban también los puestos de fritangas con sus aromas incitantes. Don Valentín en sus Calles de Querétaro (1910) nos regala esta estampa: "La única vez que esta plaza tenía aspecto encantador y poético, era el día y noche de Todos Santos, abundaban los puestos en su interior, y el exterior en contorno y por ambos lados, se llenaba de casuchas de lienzo formadas en mesas, las cuales ostentaban mil y mil caprichosas figurillas de alfeñique, dulces cubiertos, cera labrada de todos tamaños y colores, calaveras de todos tamaños, tumbas, muertos, puchas, etc., etc.… ¡la mar! Cada puesto tenía su respectivo farolillo de alumbrado. La plaza en general se iluminaba profusamente de farolillos" [...] "Se quemaban fuegos de pirotecnia del maestro Palomares; amenizaba el paseo una buena música bélica hasta muy entrada la noche". (Frías: 1910)

Mercado Pedro Escobedo

Hacia finales del siglo XIX el Mercadillo de Todos los Santos fue instalado en el mercado Pedro Escobedo donde hoy se encuentra la Plaza de la Constitución. José Ma. Carrillo redactor de La Sombra de Arteaga (1889) nos refiere: "[…] se engalanó el 1º del corriente, para la tradicional fiesta de dulces, frutas y juguetes propios de esta añeja festividad" [...] "Por la tarde y por la noche una buena música estuvo recreando el gran concurso de todas las clases de la sociedad que siempre acude a esta fiesta tan agradable para los mayores y tan atractiva para los niños". En 1900 la festividad continuaba siendo desarrollada en el mercado Pedro Escobedo; el cual estuvo "primorosamente adornado y con una vistosa concurrencia" […] "Por la noche la luz de arco y la incandescente muy bien distribuida en todas las crujías. […] el paseo se puso magnífico. Una buena música militar estuvo tocando en el centro, en el lugar destinado al mercado de flores. El comercio fue muy bueno, sobre todo en el ramo de frutas, dulces y juguetes." (La Sombra...1900). "Tukutuku tikitaka, que recanija calaca / Débiles y poderosos de morir nadie se escapa / Llevamos el mismo fin en petate o en petaca"... (Versión A. Ochoa).

Foto: Cortesía | Edgardo Moreno Pérez

Diversos lugares

En los años siguientes volvió por temporadas a la plaza de Armas este festejo; hacia finales de los años 60 del siglo XX fue colocado en una explanada que estaba al costado oriente del mercado Mariano Escobedo, llamada “Plaza de Todos los Santos”, con el tiempo esta plaza fue invadida por el comercio informal (no estructurado). Ahora ya habilitado como un anexo del tradicional mercado. Los puestos propios de la época fueron trasladados a un gran baldío que estaba en la avenida Zaragoza (entre Guerrero y Allende, antigua "Casa de Carros") donde hoy está una escuela. También se instaló en Zaragoza Ote., en el espacio que ahora se ubica un negocio (entre Pasteur y Vergara), otros sitios han sido: lado Norte de la Alameda, en el Estadio Municipal, fuera del Auditorio Josefa Ortiz de Domínguez.

Parafernalia de Otoño

Las celebraciones y conmemoraciones invaden nuestro ámbito. Entre la confitería, el pan de muerto, las temblonas calaveras y toda la juguetería donde se vuelca el ingenio de nuestros artesanos, en medio de otro discurso de calabazas plásticas, fantasmas, monstruos y brujas. Nuestras expresiones culturales son plurales y multiétnicas como lo es nuestro país, por lo cual cada región resguarda y trasfiere sus costumbres, ahí mismo evolucionan las tradiciones locales, mantienen sus particularidades y sus apropiaciones. Por lo cual no se puede generalizar el culto, la fiesta, los altares y ofrendas y toda esa parafernalia de “Día de muertos”. Pero podemos acercarnos a ese simbolismo como parte de los procesos de trasculturización y reafirmar identidades sostenidas por el sincretismo y por el encanto que proporciona la muerte. Con epitafios, versos, décimas, sones, aguardiente, flores, altares y ofrendas, construimos nuestras celebraciones a los difuntos. Nación diversa donde la muerte está presente trágica y lúdica, siempre latente desde el Tzompantli, prehispánicos, hasta la calavera “Catrina” –garbancera– de Posada. Desde el objeto de plástico hasta la juguetería popular.

"Por si no te vuelvo a ver"... de acuerdo a la cosmovisión de los pueblos originarios de la región; regresaré en forma de mariposa monarca cada año en esta temporada.

[…] "y así pues / Resulta un acto de justicia poner / Sobre su frente la gastada inscripción / Este cráneo se vio como hoy nos ve. / Como hoy lo vemos / Nos veremos un día." José Emilio Pacheco.



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