/ lunes 28 de junio de 2021

“Queerétaro” desde lo subterráneo: emerge la contracultura ballroom

House of Apocalipstick es el primer espacio queer en la ciudad que busca visibilizar y empoderar a la comunidad LGBT+ a traves del cuerpo y el movimiento

Desde lo subterráneo y al ritmo del house, ha surgido en Querétaro una contracultura que extiende su orígenes en el Nueva York de los años 60. Se trata del ballroom, un movimiento disidente de baile, que busca transgredir los límites entre los géneros, sexos e identidades y visibilizar a la comunidad LGBT en el estado.

La escena fue cimentada en la ciudad hace cuatro años por la casa pionera “House of Apocalipstick”, donde poco a poco se han ido congregando personas trans, gais, lesbianas, géneros fluidos (que no se identifican con una sola identidad de género) y drag queens.

Pese a que se trata de un fenómeno contracultural con más de 50 años de existencia, y que se ha extendido a diferentes partes del mundo, aún hoy pocas personas conocen de qué se trata; en los últimos años ha sido gracias a su expresión más visible, el “voguing”– un estilo de baile que imita las poses editoriales de modelos– que cada vez más miembros de la comunidad LGBT encuentren en esta plataforma un espacio de expresión y acompañamiento.

De la clandestinidad a la pista

Aunque desde el siglo XIX la comunidad LGBT comenzó a organizar bailes clandestinos conocidos como “drag balls”, donde se permitía el travestismo y se desafiaban las normas sociales sobre la sexualidad y el género, fue hasta los años 60 que surge la escena del ballroom; espacio disidente donde confluían jóvenes afroamericanos y latinos de la comunidad LGBT, que generalmente eran excluidos de las pistas y las dinámicas en ellas por su condición racial y de clase.

Poco a poco esta nueva contracultura comenzó a congregar a gais, lesbianas, bisexuales y personas trans pertenecientes a las minorías, quienes crearon sus propias categorías, dinámicas y estilos de baile sobre la pista.

Desde entonces, las competencias de baile, llamadas “balls”, permiten la expresión libre de la individualidad y fomentan la comunidad entre ellas/ellos/elles.

Durante estos encuentros, los asistentes posan, hacen pasarela y performance a través de diferentes categorías en las que personifican y satirizan la heterosexualidad, así como varios géneros y clases sociales.

Foto: Yolanda Longino | Diario de Querétaro

Además, celebran la feminidad y lo queer; esta fluidez en la sexualidad y la identidad de género, que rompe el corsé del binarismo (femenino / masculino) y las etiquetas sociales.

Los balls, son reuniones que escapan de la discreción y marginalidad impuesta por el mundo heterosexual, en la que el Orgullo explota a través del cuerpo y el movimiento, al ritmo de la música disco, house e incluso, el rap y R&B.

“El ballroom es un espacio donde las personas pueden vivir una fantasía que tal vez no pueden vivir afuera; ser reconocidas como una belleza, como una súper modelo, una persona famosa. Históricamente a las personas LGBT no se les ha dado la oportunidad de estar en medios de representación”, comparte Miranda Apocalipstick, hermana mayor de esta casa en Querétaro, que surgió en la Ciudad de México bajo el impulso de Franka Polari, pionera del ballroom en el país.

Sobre esta noción de casa, y la estructura familiar que la integra, Miranda explica que tiene origen en la situación de exclusión y ostracismo social a la que fueron sujetas las minorías sexuales, que las orilló a congregarse en familias para sobrevivir.

“A finales de los años 70 ser homosexual, ser lesbiana, ser trans era pase automático a la calle; las familias preferían que sus hijos salieran de sus casas y vivieran su propia vida, a que permanecieran dentro del núcleo familiar, orillándolos a la prostitución y la delincuencia”, relata.

A la par de los ballrooms surgen las “casas” cuyos nombres son adoptados como apellido por los miembros de estas familias, que se estructuran en jerarquías con una madre a la cabeza y varias hermanas.

“Somos una familia dentro de la escena ballroom y eso se toma muy en serio. Aquí una madre te cuida, te enseña, te educa y además, te muestra cómo bailar y te prepara para que ganes categorías dentro de los balls

“El ballroom hoy en día es internacional, hay casas en muchos países, y cada escena va marcando sus formas de hacer ballroom (…) En México es totalmente político este movimiento porque tú pones la cara, el cuerpo y la voz para dar visibilidad a una realidad que no es muy frecuente en lo social y muchos menos en El Bajío”, agrega.

Foto: Yolanda Longino | Diario de Querétaro

De acuerdo con Miranda, dentro de las casas se dan herramientas a quienes las integran para que desarrollen sus habilidades en la pista, además de acompañarlas en la creación de su propio personaje y fantasía como parte de un proceso de empoderamiento que luego ellas/ellos/elles trasladan a las calles.

“Todas estas herramientas te ayudan al momento de traducirlo a la calle; si tu vas caminando y de repente te topas con cierto peligro caminas de otra forma, te presentas de otra forma, posas de otra manera, te mueves de otra forma para crear otras sensaciones”, asevera.

Miranda asegura que esta contracultura salva vidas y permite que la comunidad LGBT –que históricamente ha vivido en la marginalidad–, salga a flote a ocupar los espacios públicos de la forma en que desean hacerlo y plantando cara a todos los tipos de violencia.

“A mi me permitió saber que no estaba sola y conocer a más personas disidentes que han pasado por lo que yo he pasado, cosas muy similares respecto a temas de identidad género, orientación sexual y expresión de género”, asevera otra de las hermanas, Kai Apocalipstick.

“Diario hay micro ataques en la calle, pero una parte importante de Apocalipstick y, en general, de la cultura ballroom, es que te fortalece para que esos comentarios o cosas que pasan no te afecten o te marquen tanto”, agrega Libra Apocalipstick.

La idea es “apropiarse de estos insultos o de estas palabras despectivas y hacerlas nuestras y decir: ¡claro!, aquí estoy y de todos modos sigo en tacón de punta y tu no me vas a mover”, dice entre risas Kai.

Foto: Yolanda Longino | Diario de Querétaro

House of Apocalipstick Querétaro

El capítulo Querétaro de esta casa se abrió en 2018, luego de que Franka Polari trajera los fundamentos del ballroom a través de un conversatorio y una práctica pública en la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ).

Actualmente, la integran 11 personas –dedicadas al arte, el tatuaje, el diseño de modas, la arquitectura y el comercio, entre otras profesiones– y se caracterizan por promover una filosofía transfeminista, que es antirracista, poscolonialista y promueve el activismo LGBT.

Para expandir esta contracultura por todo el estado, House of Apocalipstick impulsa la escena del vogue; el estilo de baile más visible del ballroom que nació en Harlem durante la segunda mitad del siglo XX.

Se caracteriza por la sincronización de posturas y líneas geométricas que son retomadas de la moda e incluso de las artes marciales y la cultura egipcia.

Foto: Yolanda Longino | Diario de Querétaro

Busca acentuar la masculinidad o feminidad desde la parodia, y su variante Vogue Femme– practicado por esta casa–, consta de cinco elementos influenciados por el ballet, el jazz y la danza moderna: Duckwalk (el paso de pato), Runway (pasarela), Hands (rutina de manos), Floorwork (giros y movimientos en el piso) y Spins and dips (giros y caídas).

El “voguing”, como también se le conoce, es un lugar de expresión para las disidencias sexuales, donde las personas pueden bailar sin ser atacadas, poniendo en tela de juicio la misoginia y la homofobia a través de la corporalidad y el movimiento.

Aunque House of Apocalipstick actualmente no cuenta con una sede oficial para sus prácticas, han encontrado cobijo en espacios como el Centro Cultural Bernardo Quintana de la UAQ y actualmente llevan a cabo su cuarta temporada en la Casa de la Contracultura, ubicada en Morelos 69, Centro Histórico.

Para más información, ver la página oficial de Facebook @HouseOfApocalipstick o unirse al grupo Vogue Querétaro, donde podrán recibir información sobre próximas presentaciones públicas, balls o prácticas.

Foto: Cortesía | Mónica Garrido

Desde lo subterráneo y al ritmo del house, ha surgido en Querétaro una contracultura que extiende su orígenes en el Nueva York de los años 60. Se trata del ballroom, un movimiento disidente de baile, que busca transgredir los límites entre los géneros, sexos e identidades y visibilizar a la comunidad LGBT en el estado.

La escena fue cimentada en la ciudad hace cuatro años por la casa pionera “House of Apocalipstick”, donde poco a poco se han ido congregando personas trans, gais, lesbianas, géneros fluidos (que no se identifican con una sola identidad de género) y drag queens.

Pese a que se trata de un fenómeno contracultural con más de 50 años de existencia, y que se ha extendido a diferentes partes del mundo, aún hoy pocas personas conocen de qué se trata; en los últimos años ha sido gracias a su expresión más visible, el “voguing”– un estilo de baile que imita las poses editoriales de modelos– que cada vez más miembros de la comunidad LGBT encuentren en esta plataforma un espacio de expresión y acompañamiento.

De la clandestinidad a la pista

Aunque desde el siglo XIX la comunidad LGBT comenzó a organizar bailes clandestinos conocidos como “drag balls”, donde se permitía el travestismo y se desafiaban las normas sociales sobre la sexualidad y el género, fue hasta los años 60 que surge la escena del ballroom; espacio disidente donde confluían jóvenes afroamericanos y latinos de la comunidad LGBT, que generalmente eran excluidos de las pistas y las dinámicas en ellas por su condición racial y de clase.

Poco a poco esta nueva contracultura comenzó a congregar a gais, lesbianas, bisexuales y personas trans pertenecientes a las minorías, quienes crearon sus propias categorías, dinámicas y estilos de baile sobre la pista.

Desde entonces, las competencias de baile, llamadas “balls”, permiten la expresión libre de la individualidad y fomentan la comunidad entre ellas/ellos/elles.

Durante estos encuentros, los asistentes posan, hacen pasarela y performance a través de diferentes categorías en las que personifican y satirizan la heterosexualidad, así como varios géneros y clases sociales.

Foto: Yolanda Longino | Diario de Querétaro

Además, celebran la feminidad y lo queer; esta fluidez en la sexualidad y la identidad de género, que rompe el corsé del binarismo (femenino / masculino) y las etiquetas sociales.

Los balls, son reuniones que escapan de la discreción y marginalidad impuesta por el mundo heterosexual, en la que el Orgullo explota a través del cuerpo y el movimiento, al ritmo de la música disco, house e incluso, el rap y R&B.

“El ballroom es un espacio donde las personas pueden vivir una fantasía que tal vez no pueden vivir afuera; ser reconocidas como una belleza, como una súper modelo, una persona famosa. Históricamente a las personas LGBT no se les ha dado la oportunidad de estar en medios de representación”, comparte Miranda Apocalipstick, hermana mayor de esta casa en Querétaro, que surgió en la Ciudad de México bajo el impulso de Franka Polari, pionera del ballroom en el país.

Sobre esta noción de casa, y la estructura familiar que la integra, Miranda explica que tiene origen en la situación de exclusión y ostracismo social a la que fueron sujetas las minorías sexuales, que las orilló a congregarse en familias para sobrevivir.

“A finales de los años 70 ser homosexual, ser lesbiana, ser trans era pase automático a la calle; las familias preferían que sus hijos salieran de sus casas y vivieran su propia vida, a que permanecieran dentro del núcleo familiar, orillándolos a la prostitución y la delincuencia”, relata.

A la par de los ballrooms surgen las “casas” cuyos nombres son adoptados como apellido por los miembros de estas familias, que se estructuran en jerarquías con una madre a la cabeza y varias hermanas.

“Somos una familia dentro de la escena ballroom y eso se toma muy en serio. Aquí una madre te cuida, te enseña, te educa y además, te muestra cómo bailar y te prepara para que ganes categorías dentro de los balls

“El ballroom hoy en día es internacional, hay casas en muchos países, y cada escena va marcando sus formas de hacer ballroom (…) En México es totalmente político este movimiento porque tú pones la cara, el cuerpo y la voz para dar visibilidad a una realidad que no es muy frecuente en lo social y muchos menos en El Bajío”, agrega.

Foto: Yolanda Longino | Diario de Querétaro

De acuerdo con Miranda, dentro de las casas se dan herramientas a quienes las integran para que desarrollen sus habilidades en la pista, además de acompañarlas en la creación de su propio personaje y fantasía como parte de un proceso de empoderamiento que luego ellas/ellos/elles trasladan a las calles.

“Todas estas herramientas te ayudan al momento de traducirlo a la calle; si tu vas caminando y de repente te topas con cierto peligro caminas de otra forma, te presentas de otra forma, posas de otra manera, te mueves de otra forma para crear otras sensaciones”, asevera.

Miranda asegura que esta contracultura salva vidas y permite que la comunidad LGBT –que históricamente ha vivido en la marginalidad–, salga a flote a ocupar los espacios públicos de la forma en que desean hacerlo y plantando cara a todos los tipos de violencia.

“A mi me permitió saber que no estaba sola y conocer a más personas disidentes que han pasado por lo que yo he pasado, cosas muy similares respecto a temas de identidad género, orientación sexual y expresión de género”, asevera otra de las hermanas, Kai Apocalipstick.

“Diario hay micro ataques en la calle, pero una parte importante de Apocalipstick y, en general, de la cultura ballroom, es que te fortalece para que esos comentarios o cosas que pasan no te afecten o te marquen tanto”, agrega Libra Apocalipstick.

La idea es “apropiarse de estos insultos o de estas palabras despectivas y hacerlas nuestras y decir: ¡claro!, aquí estoy y de todos modos sigo en tacón de punta y tu no me vas a mover”, dice entre risas Kai.

Foto: Yolanda Longino | Diario de Querétaro

House of Apocalipstick Querétaro

El capítulo Querétaro de esta casa se abrió en 2018, luego de que Franka Polari trajera los fundamentos del ballroom a través de un conversatorio y una práctica pública en la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ).

Actualmente, la integran 11 personas –dedicadas al arte, el tatuaje, el diseño de modas, la arquitectura y el comercio, entre otras profesiones– y se caracterizan por promover una filosofía transfeminista, que es antirracista, poscolonialista y promueve el activismo LGBT.

Para expandir esta contracultura por todo el estado, House of Apocalipstick impulsa la escena del vogue; el estilo de baile más visible del ballroom que nació en Harlem durante la segunda mitad del siglo XX.

Se caracteriza por la sincronización de posturas y líneas geométricas que son retomadas de la moda e incluso de las artes marciales y la cultura egipcia.

Foto: Yolanda Longino | Diario de Querétaro

Busca acentuar la masculinidad o feminidad desde la parodia, y su variante Vogue Femme– practicado por esta casa–, consta de cinco elementos influenciados por el ballet, el jazz y la danza moderna: Duckwalk (el paso de pato), Runway (pasarela), Hands (rutina de manos), Floorwork (giros y movimientos en el piso) y Spins and dips (giros y caídas).

El “voguing”, como también se le conoce, es un lugar de expresión para las disidencias sexuales, donde las personas pueden bailar sin ser atacadas, poniendo en tela de juicio la misoginia y la homofobia a través de la corporalidad y el movimiento.

Aunque House of Apocalipstick actualmente no cuenta con una sede oficial para sus prácticas, han encontrado cobijo en espacios como el Centro Cultural Bernardo Quintana de la UAQ y actualmente llevan a cabo su cuarta temporada en la Casa de la Contracultura, ubicada en Morelos 69, Centro Histórico.

Para más información, ver la página oficial de Facebook @HouseOfApocalipstick o unirse al grupo Vogue Querétaro, donde podrán recibir información sobre próximas presentaciones públicas, balls o prácticas.

Foto: Cortesía | Mónica Garrido

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