/ miércoles 20 de junio de 2018

Roberto Rosano, en busca de un nuevo canon estético

Se termina la entrevista y una vez más el equipo de BARROCO examina el cuadro titulado "La complejización de la forma", su creador, Roberto Rosano Lara, incita a los visitantes a expresar su interpretación.

- ¿Has visto la película de La llegada (Arrival, Denis Villeneuve, 2016)?, le inquiere el que escribe, al artista plástico, mientras mira la obra.

- Claro, esa película y yo tenemos una gran conexión, porque los marcianos estos pasaron a un segundo canal de comunicación, según esto después de que el primero fallara, se entiende como que fue la oralidad la que falló, entonces pasan a un canal de comunicación más bien visual. Los arrival, cada que dicen algo, crean una obra de arte para decirlo, postulan metadiégesis y metáfora en ello”, apunta.

Esa frase resume en gran medida la etapa – e incluso la obra- por la que transita el artista emergente de origen poblano. Su trabajo, inspirado en la ciencia, la que considera una de sus grandes pasiones, ha tenido que replantearse al advertir que los espectadores no han entendido del todo su propuesta.

“Para mí ha sido una cosa muy complicada, pues en general, Querétaro no esta acostumbrado a algo así. En Querétaro, el arte que se compra y el arte que se expone es el arte más bien figurativo, realista, o hiperrealista y es normal, es comprensible”.

Refiere al nombrar a artistas consolidados en el estado como Santiago Carbonell y Ramsés de la Cruz.

Sin embargo, el queretano por adopción, pues lleva viviendo aquí más de 15 años, pone distancia de estas corrientes.

“No podemos quedarnos en el Renacimiento, ya pasó mucho de eso, ya las vanguardias, ya fue Picasso, no podemos seguir pintando lo mismo. No podemos seguir buscando a la mujer desnuda perfectamente parecida a la fotografía, a menos que sea innovadora la obra.

“Ya hay que ver en dónde estamos, porque somos hombres y mujeres contemporáneos, con dos guerras mundiales en nuestros pies, con bombas atómicas, debemos estar a la altura de nuestros tiempos”, sostiene.

La ciencia y el arte

Rosano Lara, de 25 años, recuerda que en la escuela era un alumno brillante. Las matemáticas eran su parque de juegos, tanto así que desde los 16 años ha sido docente en esta área, “doy clases privadas de regularización desde hace 9 años”, resalta. Además, es ingeniero biotecnólogo, carrera por la que se inclinó tras concluir el nivel de preparatoria con excelencia, pero que no ejerce por elección.

“Me di cuenta que cuando yo estaba en mis clases de microbiología, veía al microscopio a unos organismos creciendo y yo decía: es que esto es profundamente bello. Es increíble la manera en que estas cosas se estructuran y generan patrones y generan organización y generan una serie de cuestiones, me pareció bellísimo, me inspiró mucho”, comparte.

En su época preparatoriana entró al terreno de la filosofía y del arte. Fue entonces que a los 17 años comienza a pintar y a explorar la teoría de las artes, se inserta en los círculos intelectuales de Querétaro y sienta las bases de lo que sería su incipiente obra artística.

“Todo esto ha hecho que entienda que el precurso artístico no es solamente el proyecto estético, sino también debe volverse un proyecto intelectual, que es lo que he buscado que mi obra también sea, que no sólo sea una cosa decorativa, sino que sea una investigación conceptual”, apunta.

Arte, ciencia y filosofía esperan en fila para entrar en la obra de Rosano, un espacio en el que la belleza también cabe, pero no como un fin, según refirió durante la entrevista.

“No (la belleza no es el fin de mi obra), pero sí es uno de los criterios esenciales. Yo pienso que el arte puede hablar de muchos temas, incluso temas muy difíciles de tratar que no son nada bellos, como puede ser la guerra, la muerte… pero el punto es, que el arte, de algún modo sublime eso y lo postulé como una propuesta estética también, si bien no como una propuesta que sea fácilmente entendida”.

Ambicioso, el proyecto de Rosano busca explorar otros caminos, algunos pocos transitados, otros tantos inhóspitos e incluso algunos que parecen llevar a tierras que no son de este mundo.

La investigación estética, la prueba, el error, y el olor a plumón están dentro de la atmósfera de la casa-estudio del novel artista. El papel o los lienzos convencionales son poco utilizados en la obra de Roberto, eso se advierte sobre las paredes, donde, colgados o solo recargados, descansan trabajos realizados sobre pizarrones negros y blancos, los mismos con los que podría haber instruido a un joven estudiante.

Sus inspiraciones tampoco tienen nada de convencional; la teoría de la información, la teoría cuántica, la de la relatividad o la crítica, son “fenómenos de la contemporaneidad”, que califica como relevantes y de los que se ocupa.

“También podemos investigar estéticamente y ampliar nuestras categorías estéticas, es lo que han hecho los grandes pintores a lo largo de la historia. Cuando Picasso expuso por primera vez Las señoritas de Aviñón, era todo un nuevo canon estético, que nadie entendió, a todo mundo le pareció horrible, decían: qué es eso, esta mal pintando, pero lo que pasaba es que estaba proponiendo un nuevo canon estético que luego vino a influir muchas otras cosas”.

Pueblo chico…

Para llegar a las obras que son parte de la exposición que ahora presenta en el Museo de la Ciudad, bajo el nombre de “Característica digitaris”, el artista tuvo que pasar por un proceso de mucho aprendizaje.

Sus primeros acercamientos con el arte, hace ocho años, parecían emular al pintor y teórico del arte de origen ruso, Vasili Kandinski. La autocritica llevó a Rosano a reservarse esas obras para sí mismo y seguir su búsqueda.

Apenas el año pasado, en el mes de octubre, su trabajo artístico encontró un espacio para ser exhibido.

Bajo el nombre de “Teoría de la información”, la primera exposición de Roberto Rosano vio la luz en el Centro de las Artes de Querétaro, un espacio nada despreciable para un novel creador.

La decena de piezas expuestas tuvieron un recibimiento ambivalente, según recuerda el propio artista. Una respuesta similar advirtió en febrero de este año, cuando expuso por segunda vez, ahora en la Facultad de Filosofía y con el título de “Simbiosis informática”.

“He sido atacado por echar mucha verborrea y entonces me dicen: es que tu obra no se sostiene visualmente y yo estoy en contra de eso. Ahora no voy a dar un discurso que hable sobre mi obra, el titulo no dice mucho, la gente debe enfrentarse a la obra visualmente y verán que también se sostiene”, reta el poblano, quien confiesa que ha hecho ciertas concesiones para que el público vaya entendiendo su discurso, y no haya una confrontación tan dura frente a la obra.

“Voy a seguir mi discurso y mi investigación estética en otros sentidos y en otros contextos también, cuando llegue al momento, cuando la gente pueda más asequiblemente comprender cosas como es esa (señala su pieza "La complejización de la forma"), pues voy a hacer cosas como esa”, sentencia.

“Característica digitaris” se exhibe en el Museo de la Ciudad, donde estará hasta el 5 de agosto.


Se termina la entrevista y una vez más el equipo de BARROCO examina el cuadro titulado "La complejización de la forma", su creador, Roberto Rosano Lara, incita a los visitantes a expresar su interpretación.

- ¿Has visto la película de La llegada (Arrival, Denis Villeneuve, 2016)?, le inquiere el que escribe, al artista plástico, mientras mira la obra.

- Claro, esa película y yo tenemos una gran conexión, porque los marcianos estos pasaron a un segundo canal de comunicación, según esto después de que el primero fallara, se entiende como que fue la oralidad la que falló, entonces pasan a un canal de comunicación más bien visual. Los arrival, cada que dicen algo, crean una obra de arte para decirlo, postulan metadiégesis y metáfora en ello”, apunta.

Esa frase resume en gran medida la etapa – e incluso la obra- por la que transita el artista emergente de origen poblano. Su trabajo, inspirado en la ciencia, la que considera una de sus grandes pasiones, ha tenido que replantearse al advertir que los espectadores no han entendido del todo su propuesta.

“Para mí ha sido una cosa muy complicada, pues en general, Querétaro no esta acostumbrado a algo así. En Querétaro, el arte que se compra y el arte que se expone es el arte más bien figurativo, realista, o hiperrealista y es normal, es comprensible”.

Refiere al nombrar a artistas consolidados en el estado como Santiago Carbonell y Ramsés de la Cruz.

Sin embargo, el queretano por adopción, pues lleva viviendo aquí más de 15 años, pone distancia de estas corrientes.

“No podemos quedarnos en el Renacimiento, ya pasó mucho de eso, ya las vanguardias, ya fue Picasso, no podemos seguir pintando lo mismo. No podemos seguir buscando a la mujer desnuda perfectamente parecida a la fotografía, a menos que sea innovadora la obra.

“Ya hay que ver en dónde estamos, porque somos hombres y mujeres contemporáneos, con dos guerras mundiales en nuestros pies, con bombas atómicas, debemos estar a la altura de nuestros tiempos”, sostiene.

La ciencia y el arte

Rosano Lara, de 25 años, recuerda que en la escuela era un alumno brillante. Las matemáticas eran su parque de juegos, tanto así que desde los 16 años ha sido docente en esta área, “doy clases privadas de regularización desde hace 9 años”, resalta. Además, es ingeniero biotecnólogo, carrera por la que se inclinó tras concluir el nivel de preparatoria con excelencia, pero que no ejerce por elección.

“Me di cuenta que cuando yo estaba en mis clases de microbiología, veía al microscopio a unos organismos creciendo y yo decía: es que esto es profundamente bello. Es increíble la manera en que estas cosas se estructuran y generan patrones y generan organización y generan una serie de cuestiones, me pareció bellísimo, me inspiró mucho”, comparte.

En su época preparatoriana entró al terreno de la filosofía y del arte. Fue entonces que a los 17 años comienza a pintar y a explorar la teoría de las artes, se inserta en los círculos intelectuales de Querétaro y sienta las bases de lo que sería su incipiente obra artística.

“Todo esto ha hecho que entienda que el precurso artístico no es solamente el proyecto estético, sino también debe volverse un proyecto intelectual, que es lo que he buscado que mi obra también sea, que no sólo sea una cosa decorativa, sino que sea una investigación conceptual”, apunta.

Arte, ciencia y filosofía esperan en fila para entrar en la obra de Rosano, un espacio en el que la belleza también cabe, pero no como un fin, según refirió durante la entrevista.

“No (la belleza no es el fin de mi obra), pero sí es uno de los criterios esenciales. Yo pienso que el arte puede hablar de muchos temas, incluso temas muy difíciles de tratar que no son nada bellos, como puede ser la guerra, la muerte… pero el punto es, que el arte, de algún modo sublime eso y lo postulé como una propuesta estética también, si bien no como una propuesta que sea fácilmente entendida”.

Ambicioso, el proyecto de Rosano busca explorar otros caminos, algunos pocos transitados, otros tantos inhóspitos e incluso algunos que parecen llevar a tierras que no son de este mundo.

La investigación estética, la prueba, el error, y el olor a plumón están dentro de la atmósfera de la casa-estudio del novel artista. El papel o los lienzos convencionales son poco utilizados en la obra de Roberto, eso se advierte sobre las paredes, donde, colgados o solo recargados, descansan trabajos realizados sobre pizarrones negros y blancos, los mismos con los que podría haber instruido a un joven estudiante.

Sus inspiraciones tampoco tienen nada de convencional; la teoría de la información, la teoría cuántica, la de la relatividad o la crítica, son “fenómenos de la contemporaneidad”, que califica como relevantes y de los que se ocupa.

“También podemos investigar estéticamente y ampliar nuestras categorías estéticas, es lo que han hecho los grandes pintores a lo largo de la historia. Cuando Picasso expuso por primera vez Las señoritas de Aviñón, era todo un nuevo canon estético, que nadie entendió, a todo mundo le pareció horrible, decían: qué es eso, esta mal pintando, pero lo que pasaba es que estaba proponiendo un nuevo canon estético que luego vino a influir muchas otras cosas”.

Pueblo chico…

Para llegar a las obras que son parte de la exposición que ahora presenta en el Museo de la Ciudad, bajo el nombre de “Característica digitaris”, el artista tuvo que pasar por un proceso de mucho aprendizaje.

Sus primeros acercamientos con el arte, hace ocho años, parecían emular al pintor y teórico del arte de origen ruso, Vasili Kandinski. La autocritica llevó a Rosano a reservarse esas obras para sí mismo y seguir su búsqueda.

Apenas el año pasado, en el mes de octubre, su trabajo artístico encontró un espacio para ser exhibido.

Bajo el nombre de “Teoría de la información”, la primera exposición de Roberto Rosano vio la luz en el Centro de las Artes de Querétaro, un espacio nada despreciable para un novel creador.

La decena de piezas expuestas tuvieron un recibimiento ambivalente, según recuerda el propio artista. Una respuesta similar advirtió en febrero de este año, cuando expuso por segunda vez, ahora en la Facultad de Filosofía y con el título de “Simbiosis informática”.

“He sido atacado por echar mucha verborrea y entonces me dicen: es que tu obra no se sostiene visualmente y yo estoy en contra de eso. Ahora no voy a dar un discurso que hable sobre mi obra, el titulo no dice mucho, la gente debe enfrentarse a la obra visualmente y verán que también se sostiene”, reta el poblano, quien confiesa que ha hecho ciertas concesiones para que el público vaya entendiendo su discurso, y no haya una confrontación tan dura frente a la obra.

“Voy a seguir mi discurso y mi investigación estética en otros sentidos y en otros contextos también, cuando llegue al momento, cuando la gente pueda más asequiblemente comprender cosas como es esa (señala su pieza "La complejización de la forma"), pues voy a hacer cosas como esa”, sentencia.

“Característica digitaris” se exhibe en el Museo de la Ciudad, donde estará hasta el 5 de agosto.


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