/ miércoles 16 de febrero de 2022

Romance en el Querétaro antiguo

Porque los amores clandestinos siempre han existido, en esta edición recordamos las persecuciones y juicios a los amantes furtivos durante el virreinato, los lugares para el flirteo vigilado y las no muy lejanas reuniones secretas para solteros que buscaban escapar del conservadurismo de la época

Con misteriosas cartas de amor, tatuajes con las iniciales del ser amado, trozos de cabello en camafeos y besos en la mejilla siempre bajo la vigilancia de los padres, era como se vivía el amor en el Querétaro virreinal, donde el matrimonio y la formación de una familia eran el objetivo final del romance.

Con el paso de los años, los paseos por la Alameda Hidalgo, las reuniones clandestinas de solteros e incluso los avisos de ocasión de “Hombre soltero busca pareja”, formaron parte de los rituales románticos del siglo XX, una época que aunque más moderna, aún conservaba fuertes valores tradicionales que complicaban la búsqueda libre del amor.

Actualmente estas acciones que tenían como único fin encontrar a la media naranja, parecen muy lejanas comparadas con la tecnología voraz que acompaña nuestras vidas, donde los monitores y las pantallas del celular son el medio más accesible y fugaz para encontrar el amor.

En esta edición de Suplemento Barroco, recordaremos a través del historiador Eduardo Moreno Pérez las distintas formas de buscar el amor, principalmente en el Querétaro de antaño, donde el romance no siempre estaba en los matrimonios arreglados, sino en las relaciones clandestinas, que en muchos casos trajeron consigo fatales consecuencias.

Romance fuera de la cama

Imaginemos que es mediodía, el cortejo entre dos jóvenes puede iniciar con el permiso de los padres, él llega a la casa de ella, ambos se sonríen y sostienen pláticas incómodas en la sala de la enorme casona, si es un buen día tal vez puedan pasar al salón de música y tocar algunas piezas en el piano que ha pertenecido a la familia desde hace varias generaciones.

La pareja no tiene ni un momento de privacidad, en el mismo salón que ellos está siempre un chaperón; la madre que borda un pañuelo mientras escucha en silencio la conversación y cuida que no se violen las buenas costumbres; también puede ser la hermana, la prima o alguna tía quien funja como mal tercio.

La joven menea el abanico mientras cubre casi todo su rostro, con los ojos apenas descubiertos le dedica a él miradas coquetas; el joven recibe los mensajes, pero nada puede hacer, si quieren conocerse mejor, a solas, tendrán que esperar hasta la boda

Cuando ocurren las nupcias, ambos descubren que se han casado con extraños, y se convierten en dos desconocidos durmiendo en la misma cama para cumplir con los mandatos de sus padres. Ella ha de asegurar la estirpe dando a luz al mayor número de hijos posible, mientras él debe garantizar el estatus y una buena calidad de vida para su familia.

Y aunque tal vez el romance duró apenas unos meses para esta joven pareja, víctima del matrimonio arreglado, es común que el amor y la aventura surjan para ambos fuera del lecho. Un juego peligroso para hombres y mujeres pues cualquier acto de amor fuera del matrimonio no sólo era mal visto, sino que era seriamente castigado.

De acuerdo a Edgardo Moreno Pérez, esta era una situación común en el Querétaro virreinal, donde todos los matrimonios –en las distintas clases sociales– eran una cuerdo entre dos familias que buscaban un beneficio común, algunos buscaban tierras, dinero o simplemente el parentesco con una familia similar a la suya.

“En Querétaro se tenía muy presente este aspecto del camafeo o medallones que se abren y tenían el retrato de la otra persona, o un rizo de sus cabellos, un aspecto muy fetichista, también se usaba mucho el regalar una prenda que regularmente era como un pañuelo”.

“No se conocen públicamente parejas que tengan algún desliz después de haberse casado, pero cuando uno revisa testamentos y documentos judiciales te encuentras con casos de personas que tuvieron una aventura con alguna esclava o sirvienta, eso era algo común. Recordemos que la elección de pareja era un asunto de los padres, ya fuera por intereses económicos, cuestión de apellidos y demás; los jóvenes no elegían con quién casarse, precisamente por eso eran los casos de mujeres y hombres que buscaban otra relación porque el matrimonio era muy autoritario”.

Los gestos más comunes con los que se expresaba el amor, se encontraban en pequeños detalles entregados a modo de regalo: un pañuelo, un camafeo con la pintura del amado o amada e incluso, un tatuaje oculto en algún rincón del cuerpo, con el que se plasmaba algunas iniciales o un corazón sangrante.

Foto: Cortesía | Edgardo Moreno

Del amor y otros pactos con el diablo

No obstante, si esos obsequios se daban entre dos parejas que pertenecieran a distintas clases sociales o estuvieran en distinta situación civil, las consecuencias eran terribles. Muchas mujeres enamoradizas y trabajadores del campo terminaron enjuiciados por la Santa Inquisición, acusados de hacer pactos con el demonio para obtener al ser amado.

“Los archivos de la Inquisición en Querétaro hablan de personas trabajadores de fábrica o personas del campo, también algunas mujeres, que son denunciados por pactos con el diablo, muchas de las ocasiones se hacían pactos con el demonio o el supuesto de que se pedía el amor de otra persona, o por ejemplo pedían ser buen jinete para llamar la atención de las mujeres o tener dinero para alcanzar a aquella persona que se amaba y que no pertenecía a su misma clase social”.

“Regularmente se hacían tatuajes, esta imagen clásica del corazoncito con su flechita y sus gotitas de sangre, era una forma común de manifestar pasión, que muchas veces se manifestaba fuera de casa, fuera del matrimonio. Estos casos de romance eran denunciados por otras personas, que descubren estos tatuajes con las iniciales de tal persona, y demás”.

Aunque Moreno Pérez detalla que no todo fue drama y sufrimiento por el ser amado en el virreinaato, y que la ciudad tuvo importantes espacios para propiciar el romance y las buenas costumbres entre los enamorados. Prueba de eso la Alameda Hidalgo, que surgió como un espacio seguro y vigilado para que los novios pudieran disfrutar de la tarde y el aire libre.

“A finales del siglo XVII se hace la petición de hacer `un paseo decente y vigilado´, y este espacio va a ser la Alameda, un espacio para que las parejas puedan pasear con supervisión, porque los paseos que hacían los jóvenes eran encuentros en las riberas del río y algún fraile en sus archivos dice que eran encuentros pecaminosos porque no estaban vigilados por nadie y entre el follaje y arboledas las parejas se perdían”.

Con el paso de los años y el crecimiento de la ciudad, la búsqueda del amor se tornó un poco más flexible, aunque no siempre estas nuevas formas fueron bien vistas.

Ya entre los años 30 y 60 del siglo XX, se tenía la distribución de revistas especializadas para buscar pareja, en donde era común publicar las características propias y las características que debía tener la futura pareja.

Avisos de ocasión y club de solteros

También se realizaban clandestinamente reuniones de solteros, en donde los jóvenes podían conocer a su media naranja. Usualmente estas fiestas se realizaban en secreto, pues aunque no estaba prohibido, sí era mal visto por la sociedad queretana de esa época.

“Había revistas donde se publicaban anuncios como ‘soy hombre viudo de tantos años y busco una relación formal con alguien de estas características’, también estaba el programa de la Doctora Corazón en donde también daban estos anuncios te daban consejos sobre el amor. Eran formas en las que también se buscaba pareja en Querétaro, aunque muchos publicaban esto de forma anónima, por eso del qué dirán, periódicos como La Corneta y Tribuna tenían espacio para este tipo de avisos sociales”.

“También había en Querétaro clubes de solteros, te apuntabas en uno de estos clubes con anonimato, usabas algún seudónimo, no estaba prohibido, pero no querías exponerte a la opinión pública, por eso era algo con mucho misterio, un grupo muy selecto, no entraba cualquiera, incluso tenías que entrar por invitación”.

Con la llegada del nuevo siglo, las formas de expresar el amor fueron cambiando entre la sociedad, dotando de más libertad e independencia a los amantes. Sin embargo, algunas prácticas de antaño aún siguen presentes y al alcance de todos, como el conocido toloache, que no tiene otro fin más que doblegar al ser amado.

Esta poderosa pócima, que para muchos es altamente funcional –aunque no cuenta con ningún tipo de regulación sanitaria– aún se encuentra en todos los tianguis y mercados de Querétaro, siendo uno de los remedios para alcanzar el amor, que ha sobrevivido al paso de los siglos.

Con misteriosas cartas de amor, tatuajes con las iniciales del ser amado, trozos de cabello en camafeos y besos en la mejilla siempre bajo la vigilancia de los padres, era como se vivía el amor en el Querétaro virreinal, donde el matrimonio y la formación de una familia eran el objetivo final del romance.

Con el paso de los años, los paseos por la Alameda Hidalgo, las reuniones clandestinas de solteros e incluso los avisos de ocasión de “Hombre soltero busca pareja”, formaron parte de los rituales románticos del siglo XX, una época que aunque más moderna, aún conservaba fuertes valores tradicionales que complicaban la búsqueda libre del amor.

Actualmente estas acciones que tenían como único fin encontrar a la media naranja, parecen muy lejanas comparadas con la tecnología voraz que acompaña nuestras vidas, donde los monitores y las pantallas del celular son el medio más accesible y fugaz para encontrar el amor.

En esta edición de Suplemento Barroco, recordaremos a través del historiador Eduardo Moreno Pérez las distintas formas de buscar el amor, principalmente en el Querétaro de antaño, donde el romance no siempre estaba en los matrimonios arreglados, sino en las relaciones clandestinas, que en muchos casos trajeron consigo fatales consecuencias.

Romance fuera de la cama

Imaginemos que es mediodía, el cortejo entre dos jóvenes puede iniciar con el permiso de los padres, él llega a la casa de ella, ambos se sonríen y sostienen pláticas incómodas en la sala de la enorme casona, si es un buen día tal vez puedan pasar al salón de música y tocar algunas piezas en el piano que ha pertenecido a la familia desde hace varias generaciones.

La pareja no tiene ni un momento de privacidad, en el mismo salón que ellos está siempre un chaperón; la madre que borda un pañuelo mientras escucha en silencio la conversación y cuida que no se violen las buenas costumbres; también puede ser la hermana, la prima o alguna tía quien funja como mal tercio.

La joven menea el abanico mientras cubre casi todo su rostro, con los ojos apenas descubiertos le dedica a él miradas coquetas; el joven recibe los mensajes, pero nada puede hacer, si quieren conocerse mejor, a solas, tendrán que esperar hasta la boda

Cuando ocurren las nupcias, ambos descubren que se han casado con extraños, y se convierten en dos desconocidos durmiendo en la misma cama para cumplir con los mandatos de sus padres. Ella ha de asegurar la estirpe dando a luz al mayor número de hijos posible, mientras él debe garantizar el estatus y una buena calidad de vida para su familia.

Y aunque tal vez el romance duró apenas unos meses para esta joven pareja, víctima del matrimonio arreglado, es común que el amor y la aventura surjan para ambos fuera del lecho. Un juego peligroso para hombres y mujeres pues cualquier acto de amor fuera del matrimonio no sólo era mal visto, sino que era seriamente castigado.

De acuerdo a Edgardo Moreno Pérez, esta era una situación común en el Querétaro virreinal, donde todos los matrimonios –en las distintas clases sociales– eran una cuerdo entre dos familias que buscaban un beneficio común, algunos buscaban tierras, dinero o simplemente el parentesco con una familia similar a la suya.

“En Querétaro se tenía muy presente este aspecto del camafeo o medallones que se abren y tenían el retrato de la otra persona, o un rizo de sus cabellos, un aspecto muy fetichista, también se usaba mucho el regalar una prenda que regularmente era como un pañuelo”.

“No se conocen públicamente parejas que tengan algún desliz después de haberse casado, pero cuando uno revisa testamentos y documentos judiciales te encuentras con casos de personas que tuvieron una aventura con alguna esclava o sirvienta, eso era algo común. Recordemos que la elección de pareja era un asunto de los padres, ya fuera por intereses económicos, cuestión de apellidos y demás; los jóvenes no elegían con quién casarse, precisamente por eso eran los casos de mujeres y hombres que buscaban otra relación porque el matrimonio era muy autoritario”.

Los gestos más comunes con los que se expresaba el amor, se encontraban en pequeños detalles entregados a modo de regalo: un pañuelo, un camafeo con la pintura del amado o amada e incluso, un tatuaje oculto en algún rincón del cuerpo, con el que se plasmaba algunas iniciales o un corazón sangrante.

Foto: Cortesía | Edgardo Moreno

Del amor y otros pactos con el diablo

No obstante, si esos obsequios se daban entre dos parejas que pertenecieran a distintas clases sociales o estuvieran en distinta situación civil, las consecuencias eran terribles. Muchas mujeres enamoradizas y trabajadores del campo terminaron enjuiciados por la Santa Inquisición, acusados de hacer pactos con el demonio para obtener al ser amado.

“Los archivos de la Inquisición en Querétaro hablan de personas trabajadores de fábrica o personas del campo, también algunas mujeres, que son denunciados por pactos con el diablo, muchas de las ocasiones se hacían pactos con el demonio o el supuesto de que se pedía el amor de otra persona, o por ejemplo pedían ser buen jinete para llamar la atención de las mujeres o tener dinero para alcanzar a aquella persona que se amaba y que no pertenecía a su misma clase social”.

“Regularmente se hacían tatuajes, esta imagen clásica del corazoncito con su flechita y sus gotitas de sangre, era una forma común de manifestar pasión, que muchas veces se manifestaba fuera de casa, fuera del matrimonio. Estos casos de romance eran denunciados por otras personas, que descubren estos tatuajes con las iniciales de tal persona, y demás”.

Aunque Moreno Pérez detalla que no todo fue drama y sufrimiento por el ser amado en el virreinaato, y que la ciudad tuvo importantes espacios para propiciar el romance y las buenas costumbres entre los enamorados. Prueba de eso la Alameda Hidalgo, que surgió como un espacio seguro y vigilado para que los novios pudieran disfrutar de la tarde y el aire libre.

“A finales del siglo XVII se hace la petición de hacer `un paseo decente y vigilado´, y este espacio va a ser la Alameda, un espacio para que las parejas puedan pasear con supervisión, porque los paseos que hacían los jóvenes eran encuentros en las riberas del río y algún fraile en sus archivos dice que eran encuentros pecaminosos porque no estaban vigilados por nadie y entre el follaje y arboledas las parejas se perdían”.

Con el paso de los años y el crecimiento de la ciudad, la búsqueda del amor se tornó un poco más flexible, aunque no siempre estas nuevas formas fueron bien vistas.

Ya entre los años 30 y 60 del siglo XX, se tenía la distribución de revistas especializadas para buscar pareja, en donde era común publicar las características propias y las características que debía tener la futura pareja.

Avisos de ocasión y club de solteros

También se realizaban clandestinamente reuniones de solteros, en donde los jóvenes podían conocer a su media naranja. Usualmente estas fiestas se realizaban en secreto, pues aunque no estaba prohibido, sí era mal visto por la sociedad queretana de esa época.

“Había revistas donde se publicaban anuncios como ‘soy hombre viudo de tantos años y busco una relación formal con alguien de estas características’, también estaba el programa de la Doctora Corazón en donde también daban estos anuncios te daban consejos sobre el amor. Eran formas en las que también se buscaba pareja en Querétaro, aunque muchos publicaban esto de forma anónima, por eso del qué dirán, periódicos como La Corneta y Tribuna tenían espacio para este tipo de avisos sociales”.

“También había en Querétaro clubes de solteros, te apuntabas en uno de estos clubes con anonimato, usabas algún seudónimo, no estaba prohibido, pero no querías exponerte a la opinión pública, por eso era algo con mucho misterio, un grupo muy selecto, no entraba cualquiera, incluso tenías que entrar por invitación”.

Con la llegada del nuevo siglo, las formas de expresar el amor fueron cambiando entre la sociedad, dotando de más libertad e independencia a los amantes. Sin embargo, algunas prácticas de antaño aún siguen presentes y al alcance de todos, como el conocido toloache, que no tiene otro fin más que doblegar al ser amado.

Esta poderosa pócima, que para muchos es altamente funcional –aunque no cuenta con ningún tipo de regulación sanitaria– aún se encuentra en todos los tianguis y mercados de Querétaro, siendo uno de los remedios para alcanzar el amor, que ha sobrevivido al paso de los siglos.

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