/ miércoles 17 de julio de 2019

Rubén González, el caricaturista escultor

A 46 años de que cruzará sin retorno las puertas del Diario de Queretaro, hoy, Rubén González recuerda satisfecho sus días en la redacción, mientras acomoda cerca de cien esculturas de su autoría, sobre los estantes del que será el primer museo dedicado a este arte humorístico en el estado

A 46 años de que cruzara por primera vez las puertas del Diario de Querétaro, Rubén González recuerda satisfecho sus días en la redacción, mientras acomoda cerca de cien esculturas de su autoría, en lo que será el primer museo dedicado a la caricatura en el estado.

“Bueno, ¿y qué cosa es más usted, caricaturista o escultor?. No pues ni uno ni otro”, dice González, evocando una de las preguntas más recurrentes desde que trasladó su cartón al arte escultórico.

Y es que pese a que actualmente cuenta con más de 600 esculturas y una cantidad inconmensurable de cartones, tanto políticos y alegóricos, como costumbristas, el autor queretano sigue sin identificarse como periodista y, mucho menos, como artista.

Fotos: Fernando Reyes

“Alguna vez en una nota se refirieron a mí como ‘caricultor’”, dice a la vez que suelta las carcajadas, deformando su rostro en un divertido gesto que asemeja a muchas de sus creaciones.

-¿Y usted se identifica como ‘caricultor’?

“Te voy a decir cómo empezó todo”, contesta echando un vistazo largo al pequeño espacio donde permanecerá de manera indefinida. la retrospectiva sobre su trabajo.

González se acomoda en una pequeña silla de madera antes de arrancar con el relato, comenzando por el año 2000; momento en el que –por recomendación de algunos colegas–, comenzó a bocetar las primeras ideas sobre esta gran gesta museográfica, con la que busca sumar a la cultura de su localidad, y promover al cartón como expresión artística “pues muchos ni la conocen… incluso tengo vecinos de toda la vida que ni siquiera saben que soy caricaturista”, lamenta.

Fotos: Fernando Reyes

De las fábricas a las páginas diarias

Aunque nació en el seno de una familia de músicos queretanos, González platica que cuando llegó la hora de decidir cuál sería su camino profesional, eligió ser soldador, pues “como en aquél tiempo se vivía el auge industrial de los sesentas, decidí terminar una carrera técnica y encaminarme hacia la Industria de Hierro (…); luego a Nestlé, Purina, Prinsa y finalmente a Kellogg´s”.

Durante la jornada, recuerda que aprovechaba cualquier rato libre para improvisar “monos­” –como les dice a sus creaciones–, “y se me facilitaba mucho porque a los 13 años un maestro de la primera me inscribió en la escuela de Bellas Artes todo un año; poco tiempo, pero me sirvió de base para lo que vendría más adelante”.

Su buen ojo no pasó desapercibido entre sus compañeros de turno, quienes aprovechando esta habilidad y el buen humor de González, lo retaron un día a caricaturizar al supervisor.

Fotos: Fernando Reyes

“Era fácil dibujarlo, porque cuando una persona tiene bigote o esta narizón la caricatura sale por sí sola (risas). El cartón giró entre los compañeros, y luego de muchas carcajadas vi que alguien lo pegó en su locker. Yo pensé: ¡órale, se va a armar una bronca!, y pues no… de reojo vi como el jefe la observó un par de segundos, la dobló y luego la guardó con cuidado”.

“Aquí no nos sirves, no se que estás haciendo aquí”, recuerda que le espetó el supervisor un par de días después del incidente. “Tu lugar está en otro lado”, agregó el jefe ante su rostro impávido, y acto seguido lo acompañó hasta las instalaciones de Diario de Querétaro.

Rubén tenía 30 años cuando se presentó en la oficina de José Guadalupe Ramírez Álvarez, fundador del periódico y rector de la Universidad Autónoma de Querétaro en ese tiempo.

“Mira, aquí hay de dos: o entrar de dibujante publicitario para hacer mucha lana, o de dibujante caricaturista; ahí no hay mucho dinero pero, si se aplica, va a haber mucho reconocimiento”, recuerda que le dijo, “Y yo quería eso último”, agregó con una sonrisa.

Fotos: Fernando Reyes

El caricaturista

Aunque empezó su carrera periodística como dibujante publicitario, poco tiempo pasó para que comenzara a delinear sus primeros dibujos humorísticos, adentrándose en la vida política y social de Querétaro y todo el país.

“Cuando empecé fue muy complicado para mí, porque yo solo sabía de deportes (risas). Pero pues poco a poco empezamos a introducirnos en los temas”, platica, y rememora que en lo que encontraba una voz propia, imitaba los trazos y estilos de cartoneros mexicanos que admiraba.

“Antes de empezar con todo esto, yo ya conocía a un par de caricaturistas porque aquí (en El Pueblito), en una tiendita que tenía mi papá, llegaban pedazos de periódicos que se utilizaban para envolver la sal, la sopa, el arroz y todo lo que se vendía. Así fue como conocí al Chango Cabral y a Arias Bernal…pero solo así, porque hasta acá no llegaba el periódico, pues ¿quién leía? Era un pueblo muy pobre y analfabeta también”.

Fotos: Fernando Reyes

Ganador del Premio Estatal de Periodismo en 1988 con “Atleta del año” –en el que se muestra a una mujer de rebozo y huaraches, que persigue a toda velocidad, como en una carrera, un bolillo que va por los aires– y el Premio Nacional de Periodismo en 1989; González logró consolidar su estilo a través de los años, “yo sabía que si uno no era constante, que si uno no lograba tener un estilo propio, no iba a llegar a ningún lado. El caricaturista, como cualquier otro profesional, debe tener una mirada propia, tener su sello, ese que aún sin firmar su trabajo, el espectador sabrá de quien se trata (…) En general la caricatura debe de hablar por sí sola”.

El autor también ha colaborado con El Universal, Unomásuno y la Revista Lapiztola; demás forma parte de la Sociedad Mexicana de Caricaturistas y su trabajo ha sido incluido en el “Diccionario biográfico ilustrado de la caricatura mexicana” y “Los moneros de México”, obra de Eduardo del Río “Rius”, quien colocó el nombre del queretano entre 50 caricaturistas más, éntre los cuales se cuentan Magú, Helio Flores, Trino, Naranjo, El Fisgón y Jis.

El escultor

En los estantes de este nuevo museo, que llevará por nombre el del autor queretano, se observan cientos de coloridas esculturas cuyos rasgos exagerados entreverán los rostros de personajes como Porfirio Díaz, Emiliano Zapato, Luciano Pavarotti, Ronaldinho, Picasso, Fidel Castro, Charles Chaplin, Trump, Nelson Mandela, Beethoven, la Madre Teresa de Calcuta, Gabriel García Márquez y Carlos Salinas de Gortari.

Se trata de innovadores cartones en 3D que Rubén comenzó a elaborar en el año 2000, cuando incursionó en el arte y enseñanza del tallado en madera en la Casa de las Artesanías de Corregidora, derivando de esta exploración una simbiosis entre su oficio de caricaturista y la escultura.

“En el ‘Diccionario biográfico ilustrado de la caricatura mexicana’, leí una vez la historia de todos los caricaturistas que hubo y que actualmente existen, y así fue como conocí al único caricaturista escultor –originario de Michoacán– que hizo lo mismo pero en cera en los años 20 (…) Entonces se me ocurrió la idea de hacer estas esculturas en madera, pues además hay caricaturistas rocanroleros, o como Rius, quien aparte de caricaturista pintaba acuarela; de hecho me regaló una y aquí también la vamos exhibir”, aseguró complacido.

Fotos: Fernando Reyes

Con detalle, comparte que su primera caricatura en este nuevo soporte fue un Emiliano Zapata, y luego de un exhaustivo proceso de prueba y error en el tallado, amplió sus temas creativos, documentando a través de la madera­ las creencias, tradiciones y festividades de su pueblo, cuyo resultado lo hizo acreedor en 2018, al Premio Estatal de Artesanías.

“Una caricatura muy afortunada en humor relincha mucho pero se cansa; en cambio, una muy reflexiva, más pensada, dura más. Eso es lo que he aprendido de la caricatura todos estos años”, discurre González sobre su trabajo, mismo que sigue realizando a sus 75 años de edad.

Comparte que todas las mañanas se despierta a las 5:30 am para escuchar la radio, y luego de leer el periódico y hacer algunas anotaciones, delinea las caricaturas del día, que hasta hoy, pueden encontrarse entre las páginas del DIARIO DE QUERÉTARO.

Además de sus cartones en 3D, el público podrá encontrar ampliaciones de algunos de sus trabajos más importantes en periódicos y revistas, así como una vitrina con documentos y libros de consulta, sobre todo lo que se ha publicado en relación a la caricatura mexicana.

Fotos: Fernando Reyes

A 46 años de que cruzara por primera vez las puertas del Diario de Querétaro, Rubén González recuerda satisfecho sus días en la redacción, mientras acomoda cerca de cien esculturas de su autoría, en lo que será el primer museo dedicado a la caricatura en el estado.

“Bueno, ¿y qué cosa es más usted, caricaturista o escultor?. No pues ni uno ni otro”, dice González, evocando una de las preguntas más recurrentes desde que trasladó su cartón al arte escultórico.

Y es que pese a que actualmente cuenta con más de 600 esculturas y una cantidad inconmensurable de cartones, tanto políticos y alegóricos, como costumbristas, el autor queretano sigue sin identificarse como periodista y, mucho menos, como artista.

Fotos: Fernando Reyes

“Alguna vez en una nota se refirieron a mí como ‘caricultor’”, dice a la vez que suelta las carcajadas, deformando su rostro en un divertido gesto que asemeja a muchas de sus creaciones.

-¿Y usted se identifica como ‘caricultor’?

“Te voy a decir cómo empezó todo”, contesta echando un vistazo largo al pequeño espacio donde permanecerá de manera indefinida. la retrospectiva sobre su trabajo.

González se acomoda en una pequeña silla de madera antes de arrancar con el relato, comenzando por el año 2000; momento en el que –por recomendación de algunos colegas–, comenzó a bocetar las primeras ideas sobre esta gran gesta museográfica, con la que busca sumar a la cultura de su localidad, y promover al cartón como expresión artística “pues muchos ni la conocen… incluso tengo vecinos de toda la vida que ni siquiera saben que soy caricaturista”, lamenta.

Fotos: Fernando Reyes

De las fábricas a las páginas diarias

Aunque nació en el seno de una familia de músicos queretanos, González platica que cuando llegó la hora de decidir cuál sería su camino profesional, eligió ser soldador, pues “como en aquél tiempo se vivía el auge industrial de los sesentas, decidí terminar una carrera técnica y encaminarme hacia la Industria de Hierro (…); luego a Nestlé, Purina, Prinsa y finalmente a Kellogg´s”.

Durante la jornada, recuerda que aprovechaba cualquier rato libre para improvisar “monos­” –como les dice a sus creaciones–, “y se me facilitaba mucho porque a los 13 años un maestro de la primera me inscribió en la escuela de Bellas Artes todo un año; poco tiempo, pero me sirvió de base para lo que vendría más adelante”.

Su buen ojo no pasó desapercibido entre sus compañeros de turno, quienes aprovechando esta habilidad y el buen humor de González, lo retaron un día a caricaturizar al supervisor.

Fotos: Fernando Reyes

“Era fácil dibujarlo, porque cuando una persona tiene bigote o esta narizón la caricatura sale por sí sola (risas). El cartón giró entre los compañeros, y luego de muchas carcajadas vi que alguien lo pegó en su locker. Yo pensé: ¡órale, se va a armar una bronca!, y pues no… de reojo vi como el jefe la observó un par de segundos, la dobló y luego la guardó con cuidado”.

“Aquí no nos sirves, no se que estás haciendo aquí”, recuerda que le espetó el supervisor un par de días después del incidente. “Tu lugar está en otro lado”, agregó el jefe ante su rostro impávido, y acto seguido lo acompañó hasta las instalaciones de Diario de Querétaro.

Rubén tenía 30 años cuando se presentó en la oficina de José Guadalupe Ramírez Álvarez, fundador del periódico y rector de la Universidad Autónoma de Querétaro en ese tiempo.

“Mira, aquí hay de dos: o entrar de dibujante publicitario para hacer mucha lana, o de dibujante caricaturista; ahí no hay mucho dinero pero, si se aplica, va a haber mucho reconocimiento”, recuerda que le dijo, “Y yo quería eso último”, agregó con una sonrisa.

Fotos: Fernando Reyes

El caricaturista

Aunque empezó su carrera periodística como dibujante publicitario, poco tiempo pasó para que comenzara a delinear sus primeros dibujos humorísticos, adentrándose en la vida política y social de Querétaro y todo el país.

“Cuando empecé fue muy complicado para mí, porque yo solo sabía de deportes (risas). Pero pues poco a poco empezamos a introducirnos en los temas”, platica, y rememora que en lo que encontraba una voz propia, imitaba los trazos y estilos de cartoneros mexicanos que admiraba.

“Antes de empezar con todo esto, yo ya conocía a un par de caricaturistas porque aquí (en El Pueblito), en una tiendita que tenía mi papá, llegaban pedazos de periódicos que se utilizaban para envolver la sal, la sopa, el arroz y todo lo que se vendía. Así fue como conocí al Chango Cabral y a Arias Bernal…pero solo así, porque hasta acá no llegaba el periódico, pues ¿quién leía? Era un pueblo muy pobre y analfabeta también”.

Fotos: Fernando Reyes

Ganador del Premio Estatal de Periodismo en 1988 con “Atleta del año” –en el que se muestra a una mujer de rebozo y huaraches, que persigue a toda velocidad, como en una carrera, un bolillo que va por los aires– y el Premio Nacional de Periodismo en 1989; González logró consolidar su estilo a través de los años, “yo sabía que si uno no era constante, que si uno no lograba tener un estilo propio, no iba a llegar a ningún lado. El caricaturista, como cualquier otro profesional, debe tener una mirada propia, tener su sello, ese que aún sin firmar su trabajo, el espectador sabrá de quien se trata (…) En general la caricatura debe de hablar por sí sola”.

El autor también ha colaborado con El Universal, Unomásuno y la Revista Lapiztola; demás forma parte de la Sociedad Mexicana de Caricaturistas y su trabajo ha sido incluido en el “Diccionario biográfico ilustrado de la caricatura mexicana” y “Los moneros de México”, obra de Eduardo del Río “Rius”, quien colocó el nombre del queretano entre 50 caricaturistas más, éntre los cuales se cuentan Magú, Helio Flores, Trino, Naranjo, El Fisgón y Jis.

El escultor

En los estantes de este nuevo museo, que llevará por nombre el del autor queretano, se observan cientos de coloridas esculturas cuyos rasgos exagerados entreverán los rostros de personajes como Porfirio Díaz, Emiliano Zapato, Luciano Pavarotti, Ronaldinho, Picasso, Fidel Castro, Charles Chaplin, Trump, Nelson Mandela, Beethoven, la Madre Teresa de Calcuta, Gabriel García Márquez y Carlos Salinas de Gortari.

Se trata de innovadores cartones en 3D que Rubén comenzó a elaborar en el año 2000, cuando incursionó en el arte y enseñanza del tallado en madera en la Casa de las Artesanías de Corregidora, derivando de esta exploración una simbiosis entre su oficio de caricaturista y la escultura.

“En el ‘Diccionario biográfico ilustrado de la caricatura mexicana’, leí una vez la historia de todos los caricaturistas que hubo y que actualmente existen, y así fue como conocí al único caricaturista escultor –originario de Michoacán– que hizo lo mismo pero en cera en los años 20 (…) Entonces se me ocurrió la idea de hacer estas esculturas en madera, pues además hay caricaturistas rocanroleros, o como Rius, quien aparte de caricaturista pintaba acuarela; de hecho me regaló una y aquí también la vamos exhibir”, aseguró complacido.

Fotos: Fernando Reyes

Con detalle, comparte que su primera caricatura en este nuevo soporte fue un Emiliano Zapata, y luego de un exhaustivo proceso de prueba y error en el tallado, amplió sus temas creativos, documentando a través de la madera­ las creencias, tradiciones y festividades de su pueblo, cuyo resultado lo hizo acreedor en 2018, al Premio Estatal de Artesanías.

“Una caricatura muy afortunada en humor relincha mucho pero se cansa; en cambio, una muy reflexiva, más pensada, dura más. Eso es lo que he aprendido de la caricatura todos estos años”, discurre González sobre su trabajo, mismo que sigue realizando a sus 75 años de edad.

Comparte que todas las mañanas se despierta a las 5:30 am para escuchar la radio, y luego de leer el periódico y hacer algunas anotaciones, delinea las caricaturas del día, que hasta hoy, pueden encontrarse entre las páginas del DIARIO DE QUERÉTARO.

Además de sus cartones en 3D, el público podrá encontrar ampliaciones de algunos de sus trabajos más importantes en periódicos y revistas, así como una vitrina con documentos y libros de consulta, sobre todo lo que se ha publicado en relación a la caricatura mexicana.

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