/ jueves 1 de septiembre de 2022

“Soy un símbolo de la libertad… y jamás voy a bajar la voz”: Tawakkol Karman

En 2011 se convirtió en la primera mujer árabe y la segunda musulmana en ganar el Premio Nobel de la Paz

“A menudo la gente piensa que el premio Nobel de la Paz es un galardón que te hace una persona sagrada como un santo, y no es así”, dijo la periodista y activista yemení Tawakkol Karman en el primer día del Hay Festival Querétaro, donde habló acerca de su lucha contra la corrupción y la injusticia en su país.

En conversación con la directora ejecutiva de Oxfam México, Alexandra Haas, la también conocidad como “la madre de la revolución” aseveró que este galardón fue para ella un reconocimiento al pueblo de Yemen y su lucha contra la corrupción, la injusticia y la violencia; “un reconocimiento de nuestro trabajo contra la dictadura, así como de un movimiento pacífico en contra de los dictadores ”.

Ante la violencia, marginación y pobreza de Yemen, la activista recordó que desde muy joven decidió formar parte de la solución y cuando lo hizo “la única que encontré fue forzar al dictador abandonar el cargo, ese fue un gran logro”.

Su trinchera fue el periodismo, y a punta de artículos en contra del poder– asintió– fue que se fue abrió paso entre las barricadas.

Sin embargo, pronto vino la censura, los periódicos comenzaron a cerrar, detuvieron a periodistas y el gobierno bloqueó sitios web. En ese momento fue que Tawakkol decidió apostarle a libre asociación y creó junto con otras la organización Mujeres Periodista Sin Fronteras, que luego se convirtió en Mujeres Periodistas Sin Cadenas (2005) cuando la dictadura les revocó la licencia.

Lo más difícil de todo este proceso, agregó, fue convencer a la población de que sí se podía hacer frente al poder sin violencia. La gente ya no pedía cambios, lo único que querían era que la dictadura se cayera.

“Hubo mucho movimiento, mucho trabajo, mucha concientización para que la gente pudiera decir no, y ser asertivas sin usar la violencia. En el pueblo yemení tenemos más de 70 millones de armas, entonces pedirle a las personas hacer una revolución sin utilizarlas, diciéndoles que hay una forma pacífica de llegar a ello, fue muy peligroso; sobre todo porque teníamos que convencer a la población cómo utilizar la no violencia ante toda la violencia que iban a enfrentar, y desde un método pacífico, porque lo violento a veces lograba ciertos objetivos, pero con un costo muy alto”.

Finalmente, agregó Tawakkol Karman, lo importante en los movimientos sociales es crear una sola voz en contra la injusticia, y como primera mujer árabe y la segunda musulmana en ganar el Premio Nobel de la Paz, afirmó que mantiene su responsabilidad con ello.

“Yo soy un símbolo de la libertad, la paz y la democracia, y jamás voy a bajar la voz (…) Yo soy la voz de la gente, la misma voz que habla en contra de los dictadores en Egipto, de Siria, de Libia, y la misma voz que habla en contra de los países occidentales que apoyan a esos dictadores (…) que prefieren que nuestros países continúen viviendo en la pobreza y que nunca crucen las rejas hacia la democracia.

“Es la misma voz que habla en contra de las administraciones estadounidenses, británicas y en contra de todo los países occidentales que dicen ser demócratas, pero que están apoyando a esas dictaduras, que les están vendiéndoles armas, que apoyan a los militares de los países de la región; esa soy yo y voy a continuar hasta que mi país y todos los de la región sean libres”.

Tawakkol Karman (Yemen, 1979) desempeñó un papel fundamental en el levantamiento juvenil prodemocrático de 2011 en Yemen, que formó parte de la Primavera Árabe, y es una de las pioneras de la lucha no violenta en contra de la opresión, la corrupción y el autoritarismo

En 2011 se convirtió en la primera mujer árabe y la segunda musulmana en ganar el Premio Nobel de la Paz y, en su momento, se convirtió en la ganadora más joven del galardón, al recibirlo a los 32 años.

Pese a las amenazas de muerte recibidas en su contra, Karman estuvo al frente en más de 100 protestas frente a la casa del gobierno yemení. En 2010 fue detenida y encarcelada por el régimen, lo que detonó diversos movimientos sociales y protestas a nivel nacional.

“A menudo la gente piensa que el premio Nobel de la Paz es un galardón que te hace una persona sagrada como un santo, y no es así”, dijo la periodista y activista yemení Tawakkol Karman en el primer día del Hay Festival Querétaro, donde habló acerca de su lucha contra la corrupción y la injusticia en su país.

En conversación con la directora ejecutiva de Oxfam México, Alexandra Haas, la también conocidad como “la madre de la revolución” aseveró que este galardón fue para ella un reconocimiento al pueblo de Yemen y su lucha contra la corrupción, la injusticia y la violencia; “un reconocimiento de nuestro trabajo contra la dictadura, así como de un movimiento pacífico en contra de los dictadores ”.

Ante la violencia, marginación y pobreza de Yemen, la activista recordó que desde muy joven decidió formar parte de la solución y cuando lo hizo “la única que encontré fue forzar al dictador abandonar el cargo, ese fue un gran logro”.

Su trinchera fue el periodismo, y a punta de artículos en contra del poder– asintió– fue que se fue abrió paso entre las barricadas.

Sin embargo, pronto vino la censura, los periódicos comenzaron a cerrar, detuvieron a periodistas y el gobierno bloqueó sitios web. En ese momento fue que Tawakkol decidió apostarle a libre asociación y creó junto con otras la organización Mujeres Periodista Sin Fronteras, que luego se convirtió en Mujeres Periodistas Sin Cadenas (2005) cuando la dictadura les revocó la licencia.

Lo más difícil de todo este proceso, agregó, fue convencer a la población de que sí se podía hacer frente al poder sin violencia. La gente ya no pedía cambios, lo único que querían era que la dictadura se cayera.

“Hubo mucho movimiento, mucho trabajo, mucha concientización para que la gente pudiera decir no, y ser asertivas sin usar la violencia. En el pueblo yemení tenemos más de 70 millones de armas, entonces pedirle a las personas hacer una revolución sin utilizarlas, diciéndoles que hay una forma pacífica de llegar a ello, fue muy peligroso; sobre todo porque teníamos que convencer a la población cómo utilizar la no violencia ante toda la violencia que iban a enfrentar, y desde un método pacífico, porque lo violento a veces lograba ciertos objetivos, pero con un costo muy alto”.

Finalmente, agregó Tawakkol Karman, lo importante en los movimientos sociales es crear una sola voz en contra la injusticia, y como primera mujer árabe y la segunda musulmana en ganar el Premio Nobel de la Paz, afirmó que mantiene su responsabilidad con ello.

“Yo soy un símbolo de la libertad, la paz y la democracia, y jamás voy a bajar la voz (…) Yo soy la voz de la gente, la misma voz que habla en contra de los dictadores en Egipto, de Siria, de Libia, y la misma voz que habla en contra de los países occidentales que apoyan a esos dictadores (…) que prefieren que nuestros países continúen viviendo en la pobreza y que nunca crucen las rejas hacia la democracia.

“Es la misma voz que habla en contra de las administraciones estadounidenses, británicas y en contra de todo los países occidentales que dicen ser demócratas, pero que están apoyando a esas dictaduras, que les están vendiéndoles armas, que apoyan a los militares de los países de la región; esa soy yo y voy a continuar hasta que mi país y todos los de la región sean libres”.

Tawakkol Karman (Yemen, 1979) desempeñó un papel fundamental en el levantamiento juvenil prodemocrático de 2011 en Yemen, que formó parte de la Primavera Árabe, y es una de las pioneras de la lucha no violenta en contra de la opresión, la corrupción y el autoritarismo

En 2011 se convirtió en la primera mujer árabe y la segunda musulmana en ganar el Premio Nobel de la Paz y, en su momento, se convirtió en la ganadora más joven del galardón, al recibirlo a los 32 años.

Pese a las amenazas de muerte recibidas en su contra, Karman estuvo al frente en más de 100 protestas frente a la casa del gobierno yemení. En 2010 fue detenida y encarcelada por el régimen, lo que detonó diversos movimientos sociales y protestas a nivel nacional.

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