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Tarahumaras, “los de los pies ligeros”

  • Redacción
  • en Cultura

Por Fernando Reyes

En el principio de los tiempos, solo el dios Onorúame existía sobre la nada. Luego creó el mundo y naciendo así la vasta tierra, también dio forma a los Tarahumaras o los autodenominados Raramuris, cuyo significado es “el de los pies ligeros”.

Se trata de una de las etnias más representativas del país y del norte de México, habitando sobre todo en la sierra de Chihuahua, siendo sus principales asentamientos la ciudad de Guachochi, Norogachi, Batopilas, Urique, entre otros.

Los tarahumaras son un pueblo que a pesar de su nobleza y su tenacidad para sobrevivir, siguen siendo uno de los grupos étnicos de mayor pobreza en el país, sin embargo, a decir de una leyenda, se trata de una maldición que su dios Onorúame les impuso por haber perdido una carrera contra los hombres blancos o los “chabochis”.

Quizás por eso el tarahumara es un excelente corredor. Corren tras sus rebaños de vacas y cabras pues la mayoría se dedica a la ganadería, aunque también se dedican a la agricultura y comercio de artesanías. También corren para llevar sus alimentos desde las ciudades hasta sus poblados de origen donde comparten la comida con sus familias en casas de madera y adobe, generalmente sin muebles como sillas y camas en el interior; solo el piso de tierra.

Su principal alimento es el maíz, pinole, frijoles y una bebida de maíz fermentado llamada tesguino.

Donde la resistencia del tarahumara ha sido sobresaliente es en los ultra maratones nacionales e internacionales, competencias donde corren con sus huaraches fabricados con hule de neumáticos porque “se sienten más cómodos que los tenis caros de marcas deportivas”.

En tales competencias han vencido a competidores de África a quienes generalmente se les conoce por su resistencia física.

El Ultramaratón de los Cañones en Guachochi, Chihuahua, una competencia cuyos 110 kilómetros en su prueba más difícil es conquistada en 9 horas por los raramuris más experimentados y que a otros atletas les lleva hasta 18 horas el terminar la extenuante carrera.

Pareciera que para tal logro se necesita una gran musculatura pero no, sus rasgos físicos no son imponentes, casi sin músculos y tampoco tienen gran estatura. Son más bien delgados, de piel morena y cuarteada por el sol, pues en las barrancas serranas donde viven, las temperaturas pueden superar los 49° C y en tiempo invernal descender más allá de los -15°C, pero eso no es problema para el raramuri. Existe una anécdota muy conocida; cuando en invierno algún “chabochi” les pregunta si no tienen frio, (pues su vestimenta solo es una blusa, paliacate, huaraches y un taparrabos), el raramuri responde, “¿Para qué voy a tener frío?, no tengo cobija”.

Uno de los mayores íconos tarahumaras es Erasmo Palma Fernández, músico autodidacta y poeta, ganador de Premio Nacional de Ciencias y Artes, quien falleciera el año pasado a los 88 años, dejando un impresionante acervo de más de 600 canciones sobre su cultura y su pueblo los tarahumaras.

Los indígenas seguirán corriendo y superando sus limitaciones, continuarán caminando por las barrancas con sus coloridos atuendos que se destacan entre el color verde y las rocas de la sierra chihuahuense, seguirán sonriéndole al inclemente sol que curte su piel, continuarán sonriéndole al “chabochi” que no es capaz de valorarlos y no deja de llamarlos “indios de pata rajada”.