/ miércoles 21 de julio de 2021

Tatuaje, de estigma a seña de identidad

Por mucho tiempo la modificación de la piel fue asociada a la criminalidad, degeneración o patología en las sociedades occidentales; en la actualidad ya ha penetrado en todas las capas sociales, aunque sigue siendo una práctica estigmatizada

A los 12 años Toby se realizó su primera perforación en la lengua. Dos años después se hizo su primer tatuaje y hoy, a sus 24, cuenta con más de 200 en todo su cuerpo así como tres implantes en la cabeza, inyección de ojos (o mal llamado “tatuaje en los ojos”) y 12 escarificaciones (consiste en realizar una herida en la piel con la finalidad de dejar una cicatriz).

Nació en Querétaro y desde adolescente supo lo que quería hacer. Un proyecto propio en el que su cuerpo estuviera transformado como él quería verse y que detonó a partir de la experiencia con los videojuegos, donde observó cómo es que sus personajes tenían alas u otras características y decidió que él quería hacerlo para sí.

“A los 14 no sabes nada de la vida, no sabes cómo será, dependes de tu familia, dependes de todo para empezar con un proyecto personal, pero todo ha sido cuestión de aferrarme a lo que quiero”.

El tatuaje y las modificaciones corporales son un modo de vida. Una manera de expresar sensaciones, ideas y experiencias en el cuerpo. Cada persona encuentra sus significados: “empecé a imaginar en mi mente cómo se vería alguien con cuernos; de niño no sabía que se podía y al descubrirlo es cuando quiero dedicarme a esto porque sé que es lo que me va a llevar a verme como me siento”.

Transformar el cuerpo es un proceso complicado más allá de las implicaciones de salubridad y conocimiento de la piel y las partes del cuerpo. Al no ser algo común el hecho de que alguien se vea diferente genera rechazo, sea por la familia, los amigos, las personas alrededor.

“Mi papá ya sabía que tenía tatuajes, pero mi mamá habló conmigo y me corrió de su casa. Tuve que vivir con mi papá, que fue quien me apoyó siempre. Mi mamá era de una mente cerrada hasta que empecé a platicar con ella, le dije que no tenía nada de malo, que era como quería verme y fue entendiendo hasta que tuvimos una relación sana. Yo la tatúe hace dos años. Le hice una luna y un símbolo de protección lunar”, recordó.

La valentía de rayarse el cuerpo

Para el psicólogo clínico de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), Víctor Hugo Vega Magaña, los tatuajes han sido importantes en muchos grupos sociales, como parte de la identidad de las personas en colectivo. Fue a principios del siglo XX que comenzó este rechazo derivado del conservadurismo y se fue relegando a personas pertenecientes a pandillas, marineros, presos, etcétera.

En ese sentido, señaló que hay muchas causas por las que las personas se tatúan el cuerpo completo o se realizan modificaciones corporales. Sea por pertenencia al grupo, por algún ritual, por simple adorno, “la piel es una forma de plasmar experiencias”.

“Sabemos el riesgo que implica el ser diferente en esta sociedad y estas personas son valientes, no les importan los patrones preestablecidos, el constructo social y ellos toman su piel como un lienzo”, añadió.

En tanto, el sociólogo Maximiliano Kopca Cubos, también de la UAQ, refirió que los tatuajes son símbolos que la gente plasma en su piel y es una característica humana, porque los humanos usan significados a diferencia del resto de los animales.

“Los símbolos son una cualidad humana y al tatuarnos nos volvemos más humanos porque estamos culturizando nuestro cuerpo. Los animales no se marcan de forma deliberada. Una vez que entiendes que hay una narrativa corporal, vemos al tatuaje como una identidad, entonces cuando escribes lo que sea, te das cuenta que tienes algo que decir y en el tatuaje sucede lo mismo”, reflexionó.

Foto: Hugo Arciniega | Diario de Querétaro

“Es algo personal y se respeta”

Oswel tiene 10 años como tatuador. Trabaja en La Clínica y se enfoca en el estilo realista, el cual ha perfeccionado. Su acercamiento con estas personas es moderado, aunque un colega suyo, que perforaba en este estudio, comenzó a hacerse modificaciones corporales.

“Llegué a tener un compañero que se hizo modificaciones y le hice varios tatuajes. He tatuado a varios, no son tanto como colegas, sino conocidos. Pero para mí está chido”.

Para él es un asunto extremo el que realizan estas personas, aunque respeta su decisión. “Es fuerte”, señala, principalmente por los procedimientos que se realizan para lograr su objetivo y las consecuencias en caso de salir mal son irreversibles.

“Una modificación así, donde quitas parte de tu cuerpo, es una decisión en la que no hay marcha atrás. El de los ojos, que es más bien inyección de tinta, es algo riesgoso. He sabido de varias personas que han perdido la vista. No lo haría en mí”.

Relató acerca de las exposiciones de tatuaje en las que es más frecuente ver a personas con tatuajes por todo el cuerpo o perforaciones; eventos donde se muestran suspensiones donde las personas se cuelgan introduciendo ganchos en su piel.

“En las expos hay bastante gente así. Hay personas con prácticamente el cuerpo tatuado y modificado; muchos se han quitado dedos, nariz, y ahí mismo hacen procedimientos como implantes en los genitales y cosas así”.

“Tu esencia queda, pero tu apariencia cambia”

Toby recordó su tiempo en la secundaria y lo que vivió al respecto. “Yo sabía lo que quería, pero ¿cómo lo iba a conseguir? ¡Quién sabe!, solo sabía qué es lo que quería y hacia dónde iba. En la escuela hubo pleitos por eso”.

Llegaba con el cabello pintado, perforaciones en la cara y tatuajes. Mencionó que antes de entrar se pintaba el cabello con tinta para zapatos, se ponía un cubrebocas y guardaba piezas de piercing en una bolsa. Cuando le descubrían y se las quitaban, simplemente se las volvía a colocar hasta que terminaron por cansarse y lo dejaron libre, siempre y cuando lo ocultara.

Pero no quedó ahí. El trabajo es otro tema en el que se tiene que pensar al realizarse este tipo de trabajos sobre la piel y aunque a partir de los 18 años trabajó en estudios de tatuaje, mencionó que llegó a tener empleos como en estancias infantiles o tiendas de pintura, esta última donde lo corrieron por tener tatuada la cara, interpuso una denuncia por discriminación y ganó.

También los pleitos con policías o personas en general. Toby cuenta los conflictos en los que estuvo implicado simplemente por cómo se veía.

“Cuando me empecé a tatuar la cara los policías me seguían; me llegaron a parar varias veces, me quitaron dinero, se inventaban cosas de que habían robado y el ladrón tenía mis características. Sufrí bastante acoso y violencia por parte de la policía”.

Foto: Hugo Arciniega | Diario de Querétaro

No solo eso, sino también con personas de la iglesia: “una viejita una vez me pegó con la sombrilla; iba pasando por la iglesia de San Francisco; me gritaban cosas, que me iba a ir al infierno, que soy el diablo”.

Para Toby ha sido un proceso largo y ha aprendido a tolerar las miradas, los señalamientos, se olvida de ello y sigue su vida. Hay quienes le piden fotos. Él hace lo que le gusta y cada trabajo que realiza sobre sí es parte de su historia de vida, cuyos significados son personales.

“Tienes que buscar un significado para ti, que te haga sentirte feliz, contigo mismo, con lo que ves al espejo, porque es complicado ya que cuando te tatuas ya no hay rastro de la persona que eras antes, eres una persona nueva, con una apariencia nueva; tu esencia queda, pero tu apariencia cambia”.

Ahora realiza freak show, suspensiones corporales, modelo de fotografía, streaming de videojuegos, tatuajes y perforaciones. Su vida ha sido distinta a la del resto y sin embargo ha sabido sobrellevar el empleo, las relaciones con los demás, aquello que se dice perderás porque existe un tabú.

Toby busca vivir su vida sin molestar a nadie. Él mismo promueve el respeto hacia los que son, por así decirlo, diferentes. “Nunca he sido una mala persona, trataba de ayudar a todos; en la escuela cuando veía alguien solo, me acercaba y me hacía su amigo” contó como anécdota y así ha seguido, alegre y con muchas historias más que contar, en una charla o en la piel.

Por cierto, su videojuego favorito es Final Fantasy X.

Foto: Hugo Arciniega | Diario de Querétaro

A los 12 años Toby se realizó su primera perforación en la lengua. Dos años después se hizo su primer tatuaje y hoy, a sus 24, cuenta con más de 200 en todo su cuerpo así como tres implantes en la cabeza, inyección de ojos (o mal llamado “tatuaje en los ojos”) y 12 escarificaciones (consiste en realizar una herida en la piel con la finalidad de dejar una cicatriz).

Nació en Querétaro y desde adolescente supo lo que quería hacer. Un proyecto propio en el que su cuerpo estuviera transformado como él quería verse y que detonó a partir de la experiencia con los videojuegos, donde observó cómo es que sus personajes tenían alas u otras características y decidió que él quería hacerlo para sí.

“A los 14 no sabes nada de la vida, no sabes cómo será, dependes de tu familia, dependes de todo para empezar con un proyecto personal, pero todo ha sido cuestión de aferrarme a lo que quiero”.

El tatuaje y las modificaciones corporales son un modo de vida. Una manera de expresar sensaciones, ideas y experiencias en el cuerpo. Cada persona encuentra sus significados: “empecé a imaginar en mi mente cómo se vería alguien con cuernos; de niño no sabía que se podía y al descubrirlo es cuando quiero dedicarme a esto porque sé que es lo que me va a llevar a verme como me siento”.

Transformar el cuerpo es un proceso complicado más allá de las implicaciones de salubridad y conocimiento de la piel y las partes del cuerpo. Al no ser algo común el hecho de que alguien se vea diferente genera rechazo, sea por la familia, los amigos, las personas alrededor.

“Mi papá ya sabía que tenía tatuajes, pero mi mamá habló conmigo y me corrió de su casa. Tuve que vivir con mi papá, que fue quien me apoyó siempre. Mi mamá era de una mente cerrada hasta que empecé a platicar con ella, le dije que no tenía nada de malo, que era como quería verme y fue entendiendo hasta que tuvimos una relación sana. Yo la tatúe hace dos años. Le hice una luna y un símbolo de protección lunar”, recordó.

La valentía de rayarse el cuerpo

Para el psicólogo clínico de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), Víctor Hugo Vega Magaña, los tatuajes han sido importantes en muchos grupos sociales, como parte de la identidad de las personas en colectivo. Fue a principios del siglo XX que comenzó este rechazo derivado del conservadurismo y se fue relegando a personas pertenecientes a pandillas, marineros, presos, etcétera.

En ese sentido, señaló que hay muchas causas por las que las personas se tatúan el cuerpo completo o se realizan modificaciones corporales. Sea por pertenencia al grupo, por algún ritual, por simple adorno, “la piel es una forma de plasmar experiencias”.

“Sabemos el riesgo que implica el ser diferente en esta sociedad y estas personas son valientes, no les importan los patrones preestablecidos, el constructo social y ellos toman su piel como un lienzo”, añadió.

En tanto, el sociólogo Maximiliano Kopca Cubos, también de la UAQ, refirió que los tatuajes son símbolos que la gente plasma en su piel y es una característica humana, porque los humanos usan significados a diferencia del resto de los animales.

“Los símbolos son una cualidad humana y al tatuarnos nos volvemos más humanos porque estamos culturizando nuestro cuerpo. Los animales no se marcan de forma deliberada. Una vez que entiendes que hay una narrativa corporal, vemos al tatuaje como una identidad, entonces cuando escribes lo que sea, te das cuenta que tienes algo que decir y en el tatuaje sucede lo mismo”, reflexionó.

Foto: Hugo Arciniega | Diario de Querétaro

“Es algo personal y se respeta”

Oswel tiene 10 años como tatuador. Trabaja en La Clínica y se enfoca en el estilo realista, el cual ha perfeccionado. Su acercamiento con estas personas es moderado, aunque un colega suyo, que perforaba en este estudio, comenzó a hacerse modificaciones corporales.

“Llegué a tener un compañero que se hizo modificaciones y le hice varios tatuajes. He tatuado a varios, no son tanto como colegas, sino conocidos. Pero para mí está chido”.

Para él es un asunto extremo el que realizan estas personas, aunque respeta su decisión. “Es fuerte”, señala, principalmente por los procedimientos que se realizan para lograr su objetivo y las consecuencias en caso de salir mal son irreversibles.

“Una modificación así, donde quitas parte de tu cuerpo, es una decisión en la que no hay marcha atrás. El de los ojos, que es más bien inyección de tinta, es algo riesgoso. He sabido de varias personas que han perdido la vista. No lo haría en mí”.

Relató acerca de las exposiciones de tatuaje en las que es más frecuente ver a personas con tatuajes por todo el cuerpo o perforaciones; eventos donde se muestran suspensiones donde las personas se cuelgan introduciendo ganchos en su piel.

“En las expos hay bastante gente así. Hay personas con prácticamente el cuerpo tatuado y modificado; muchos se han quitado dedos, nariz, y ahí mismo hacen procedimientos como implantes en los genitales y cosas así”.

“Tu esencia queda, pero tu apariencia cambia”

Toby recordó su tiempo en la secundaria y lo que vivió al respecto. “Yo sabía lo que quería, pero ¿cómo lo iba a conseguir? ¡Quién sabe!, solo sabía qué es lo que quería y hacia dónde iba. En la escuela hubo pleitos por eso”.

Llegaba con el cabello pintado, perforaciones en la cara y tatuajes. Mencionó que antes de entrar se pintaba el cabello con tinta para zapatos, se ponía un cubrebocas y guardaba piezas de piercing en una bolsa. Cuando le descubrían y se las quitaban, simplemente se las volvía a colocar hasta que terminaron por cansarse y lo dejaron libre, siempre y cuando lo ocultara.

Pero no quedó ahí. El trabajo es otro tema en el que se tiene que pensar al realizarse este tipo de trabajos sobre la piel y aunque a partir de los 18 años trabajó en estudios de tatuaje, mencionó que llegó a tener empleos como en estancias infantiles o tiendas de pintura, esta última donde lo corrieron por tener tatuada la cara, interpuso una denuncia por discriminación y ganó.

También los pleitos con policías o personas en general. Toby cuenta los conflictos en los que estuvo implicado simplemente por cómo se veía.

“Cuando me empecé a tatuar la cara los policías me seguían; me llegaron a parar varias veces, me quitaron dinero, se inventaban cosas de que habían robado y el ladrón tenía mis características. Sufrí bastante acoso y violencia por parte de la policía”.

Foto: Hugo Arciniega | Diario de Querétaro

No solo eso, sino también con personas de la iglesia: “una viejita una vez me pegó con la sombrilla; iba pasando por la iglesia de San Francisco; me gritaban cosas, que me iba a ir al infierno, que soy el diablo”.

Para Toby ha sido un proceso largo y ha aprendido a tolerar las miradas, los señalamientos, se olvida de ello y sigue su vida. Hay quienes le piden fotos. Él hace lo que le gusta y cada trabajo que realiza sobre sí es parte de su historia de vida, cuyos significados son personales.

“Tienes que buscar un significado para ti, que te haga sentirte feliz, contigo mismo, con lo que ves al espejo, porque es complicado ya que cuando te tatuas ya no hay rastro de la persona que eras antes, eres una persona nueva, con una apariencia nueva; tu esencia queda, pero tu apariencia cambia”.

Ahora realiza freak show, suspensiones corporales, modelo de fotografía, streaming de videojuegos, tatuajes y perforaciones. Su vida ha sido distinta a la del resto y sin embargo ha sabido sobrellevar el empleo, las relaciones con los demás, aquello que se dice perderás porque existe un tabú.

Toby busca vivir su vida sin molestar a nadie. Él mismo promueve el respeto hacia los que son, por así decirlo, diferentes. “Nunca he sido una mala persona, trataba de ayudar a todos; en la escuela cuando veía alguien solo, me acercaba y me hacía su amigo” contó como anécdota y así ha seguido, alegre y con muchas historias más que contar, en una charla o en la piel.

Por cierto, su videojuego favorito es Final Fantasy X.

Foto: Hugo Arciniega | Diario de Querétaro

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