/ miércoles 18 de mayo de 2022

Testigos silenciosos cuentan últimos días de Maximiliano de Habsburgo

Fotografías, dibujos, objetos antiguos y hasta una réplica de la celda del segundo emperador de México, se pueden encontrar en el Museo de la Restauración de la República; un recinto que puedes visitar en la capital queretana, para adentrarte en los hechos que rodearon al Sitio de Querétaro, hace 155 años

Una pequeña cama individual con cabecera de metales dorados, sobre ella una caja con fichas de dominó, un discreto buró con varias velas, un par de sillas de tule y del otro lado de la habitación un escritorio en cuya superficie se encuentra un libro de oraciones, un abrecartas, un abanico y un zarape colgado en la ventana para dar privacidad.

Así es la réplica de la celda en la que estuvo prisionero el emperador Maximiliano, ubicada en el exconvento de Capuchinas, donde ahora se encuentra el Museo de la Restauración de la República.

En el museo se cuenta la historia del sitio de Querétaro y la captura del emperador como prisionero de la república, con lo que llegó a su fin el Segundo Imperio Mexicano.

De entre todas las piezas que conforman el museo, como litografías, fotografías, mapas, documentos, figuras de cera, medallas y conmemoraciones oficiales, lo que más llama la atención es la réplica de la celda en la que estuvo prisionero Maximiliano, ubicado en ese mismo edificio, antes de su fusilamiento.

Son alrededor de 40 objetos los que conforman dicha réplica, y que generan un verdadero viaje en el tiempo hacia el año 1867. Cada objeto, por más pequeño que sea, tiene una historia curiosa o enigmática detrás, con la que se da cuenta de la situación en la que vivió el emperador mientras esperaba ser juzgado.

En esta réplica de la habitación en la que Maximiliano pasó sus últimos 27 días de vida, se encuentra por ejemplo un par de puros en los que sus seguidores le enviaban pequeños mensajes enrollados entre el tabaco para informarle sobre posibles planes para liberarlo.

Hay también un par de vasijas de porcelana y un espejo para su aseo personal, una silla mecedora, cartas a medio escribir de Maximiliano a su abogado Mariano Riva Palacio y a Benito Juárez, además del libro de Tomás Kempis, que el emperador leía durante su captura.

Foto: Cortesía | Museo de la Restauración de la República

El director del Museo de la Restauración de la República, Christian Arredondo, explica que en esta réplica se encuentran objetos muy similares a los que utilizó el emperador en sus últimos días, hechos en las dimensiones y con los materiales exactos.

“Esta es una réplica 99% real de lo que fue la celda original de Maximiliano. Es una reproducción recreada según lo que dijeron todos los testigos de la época, la pieza auténtica y original que sí fue de Maximiliano es el libro de oraciones que tenemos aquí en la celda recreada. Cada pieza está debidamente investigada, por ejemplo el zarape, se dice que el traje de charro él terminó de confeccionarlo y lo puso de moda en la aristocracia, entonces él sí usaba zarapes. Esta pieza está aquí porque la celda no tenía puerta, sólo había guardias imperiales y Maximiliano tenía mucho recato, le daba pena que lo vieran dormir, estar a la vista de todos, y le pide al encargado de la prisión si puede colgar su zarape como cortina para tener privacidad.

“La curadora de esta celda que fue la historiadora Guadalupe Jiménez, ella investigó los materiales con los que estaban hechos cada objeto, de qué madera eran las sillas y demás objetos de la época. Tenemos el dominó que a Maximiliano le gustaba jugarlo, en los puros que representamos aquí tenían mensajes de sus amigos, quienes intentaban sobornar a las personas para sacarlo de prisión, y como esos varios objetos, cada uno con una historia en particular”.

La réplica de esta celda fue construida en un espacio con las dimensiones aproximadas a la celda original, debido a que el exconvento de capuchinas estuvo en manos de particulares durante algunos años, y las que fueron las celdas originales de Maximiliano, Miguel Miramón y Tomás Mejía, fueron modificadas.

“Las tres celdas originales estaban divididas por muros, pero cuando se vende el convento a manos privadas los muros de las celdas se tumbaron, se hicieron ventanales y bueno, fueron modificadas”, señala el director.

Foto: Cortesía | Museo de la Restauración de la República

Cuándo visitar la celda

La réplica de la celda imperial fue inaugurada en el año 2014, y durante los últimos ocho años ha llamado la atención de cientos de turistas que visitan el lugar, pues el texto de sala da un acercamiento a la vida y muerte del emperador, pero los objetos detalladamente ordenados en el espacio, según las crónicas de aquellos años, cuentan una historia más íntima y personal a quien los mira y conoce su historia a través de la museografía del lugar.

En el Museo de la Restauración de la República se pueden conocer los aspectos más importantes del fin del Segundo Imperio Mexicano y como su nombre lo dice, la restauración de la república como forma de gobierno.

En sus seis salas permanentes destacan el Escudo Nacional Republicano correspondiente a 1873, un retrato al óleo de don Juan Caballero y Osio del siglo XVIII, un cuadro alusivo a la rendición de Maximiliano en el Cerro de las Campanas hecho en 1945, el plano de la ciudad de Querétaro de 1796 y otro retrato al óleo de don Benito Juárez del año 1900.

Se encuentra abierto de martes a domingo en un horario de 10:30 a 18:30 horas. Se ubica en la calle Vicente Guerrero Sur #23, en el Centro Histórico de Querétaro. El teléfono es: 442 224-3004.

La entrada es completamente gratuita.

Foto: Donna Oliveros | Diario de Querétaro

Un día como hoy

Un día como hoy, pero de 1867 fue el último día del Segundo Imperio mexicano. En esta misma ciudad, el emperador Maximiliano dejó su refugio en el convento de la Cruz para buscar una huida hacia la Ciudad de México.

El ejército republicano tenía sitiada la ciudad de Querétaro desde hacía meses, había poca comida y casi nada de agua potable, pues los ríos habían sido envenenados con cadáveres de caballos.

Christian Arredondo, director del Museo de la Restauración de la República, señala que aquella madrugada del 15 de mayo despertaron al emperador diciendo, “majestad, debemos irnos”, y Maximiliano salió a pie del convento, aún con ropa de dormir y avanzó hasta la casona que ahora se conoce como “de los Cinco Patios”, en este punto lo alcanzan algunos jinetes imperialistas y le proporcionan un caballo; entonces pide a sus generales un plan de huida y estos le responde que una posible ruta sería hacia la Sierra Gorda, aunque con muy pocas probabilidades de éxito.

Entonces Maximiliano se resigna a lo inevitable, y decide entregar el Sitio de Querétaro. Es en este punto cuando ocurre la icónica escena que todos hemos recreado en nuestra mente y que hemos visto representada en cientos de pinturas y actuaciones en películas, series y obras de teatro; en el Cerro de las Campanas, Maximiliano de Habsburgo, segundo emperador de México, entrega su espada en señal de rendición a Mariano Escobedo y se vuelve prisionero de la República, junto con sus generales Miguel Miramón y Tomás Mejía.

Una vez convertido en prisionero, Maximiliano pasó unos días detenido en el convento de La Cruz, pero su mayor estancia fue en el Convento de las Capuchinas, donde ahora se encuentra el Museo de la Restauración de la República y también e Museo de la Ciudad de Querétaro.

Foto: Donna Oliveros | Diario de Querétaro

Datos curiosos

Hay datos sobre la historia de Maximiliano y su captura que han escapado de la historiografía oficial, y que son importantes no solo por ser curiosos, sino porque nos aproximan a la cotidianidad de la época, usos y costumbres.

Uno de ellos tiene que ver con el momento de fusilamiento del emperador. De acuerdo con el director del museo, el pelotón fue acomodado de tal manera que el mejor de sus tiradores quedó justo al frente de Maximiliano, a fin de darle una muerte instantánea; sin embargo, en el último momento el emperador decidió cambiar de lugar con Miguel Miramón, como seña de agradecimiento por los servicios que le prestó en vida, por lo que al final fue acribillado por soldados con menor puntería.

Platica que, aunque fueron muchos balazos los que recibió, Maximiliano se desplomó aún con vida así que los republicanos tuvieron que acercarse y darle un tiro de gracia.

Previo a ello, el emperador había otorgado una moneda a cada uno de los soldados, y solicitado al batallón tirar directo al corazón para garantizar una muerte rápida.

Tras su muerte, su cuerpo permaneció tres meses en el país. Christian Arredondo explica que Benito Juárez quería que Austria le diera su lugar como presidente, e hiciera una petición formal a su nombre sobre el cuerpo de Maximiliano, por eso tardó tanto tiempo la repatriación de sus restos.

Sin embargo, el cuerpo comenzó a descomponerse y fue embalsamado sin mucho éxito. Al pudrirse los ojos, fueron remplazados por los de una escultura de San Antonio, que también los tenía azules.

Cuando por fin llegó la carta, el cuerpo del emperador fue enviado en un ataúd construido exclusivamente para él debido a su altura.

Antes de salir del país, fue embalsamado por segunda ocasión, proceso en el que se intentó corregir lo que se había hecho incorrectamente, pero el cuerpo estaba en tan mal estado que, cuando llegó a Austria, su madre, Sofía de Baviera, nunca lo reconoció.

Foto: Alma Gómez | Diario de Querétaro

Línea de tiempo:

  • 29 mayo de 1864 Maximiliano desembarca en Veracruz tras aceptar la Corona ofrecida por los conservadores
  • 19 de febrero de 1867 se instala en Querétaro para dar pelea desde ahí a los republicanos tras ser superados por ellos en número y material
  • 15 de mayo de 1867 es aprehendido por lo que entrega su espada en señal de rendición en el Cerro de las Campanas
  • 22 de mayo de 1867 es trasladado junto con los generales Miramón y Mejía al exconvento de las Capuchinas, convertido en prisión militar
  • 15 de junio de 1867 se dicta sentencia de muerte, el proceso se desarrolla en el Teatro Iturbide, hoy Teatro de la República
  • 19 de junio de 1867 los tres fueron ejecutados en el Cerro de las Campanas


Una pequeña cama individual con cabecera de metales dorados, sobre ella una caja con fichas de dominó, un discreto buró con varias velas, un par de sillas de tule y del otro lado de la habitación un escritorio en cuya superficie se encuentra un libro de oraciones, un abrecartas, un abanico y un zarape colgado en la ventana para dar privacidad.

Así es la réplica de la celda en la que estuvo prisionero el emperador Maximiliano, ubicada en el exconvento de Capuchinas, donde ahora se encuentra el Museo de la Restauración de la República.

En el museo se cuenta la historia del sitio de Querétaro y la captura del emperador como prisionero de la república, con lo que llegó a su fin el Segundo Imperio Mexicano.

De entre todas las piezas que conforman el museo, como litografías, fotografías, mapas, documentos, figuras de cera, medallas y conmemoraciones oficiales, lo que más llama la atención es la réplica de la celda en la que estuvo prisionero Maximiliano, ubicado en ese mismo edificio, antes de su fusilamiento.

Son alrededor de 40 objetos los que conforman dicha réplica, y que generan un verdadero viaje en el tiempo hacia el año 1867. Cada objeto, por más pequeño que sea, tiene una historia curiosa o enigmática detrás, con la que se da cuenta de la situación en la que vivió el emperador mientras esperaba ser juzgado.

En esta réplica de la habitación en la que Maximiliano pasó sus últimos 27 días de vida, se encuentra por ejemplo un par de puros en los que sus seguidores le enviaban pequeños mensajes enrollados entre el tabaco para informarle sobre posibles planes para liberarlo.

Hay también un par de vasijas de porcelana y un espejo para su aseo personal, una silla mecedora, cartas a medio escribir de Maximiliano a su abogado Mariano Riva Palacio y a Benito Juárez, además del libro de Tomás Kempis, que el emperador leía durante su captura.

Foto: Cortesía | Museo de la Restauración de la República

El director del Museo de la Restauración de la República, Christian Arredondo, explica que en esta réplica se encuentran objetos muy similares a los que utilizó el emperador en sus últimos días, hechos en las dimensiones y con los materiales exactos.

“Esta es una réplica 99% real de lo que fue la celda original de Maximiliano. Es una reproducción recreada según lo que dijeron todos los testigos de la época, la pieza auténtica y original que sí fue de Maximiliano es el libro de oraciones que tenemos aquí en la celda recreada. Cada pieza está debidamente investigada, por ejemplo el zarape, se dice que el traje de charro él terminó de confeccionarlo y lo puso de moda en la aristocracia, entonces él sí usaba zarapes. Esta pieza está aquí porque la celda no tenía puerta, sólo había guardias imperiales y Maximiliano tenía mucho recato, le daba pena que lo vieran dormir, estar a la vista de todos, y le pide al encargado de la prisión si puede colgar su zarape como cortina para tener privacidad.

“La curadora de esta celda que fue la historiadora Guadalupe Jiménez, ella investigó los materiales con los que estaban hechos cada objeto, de qué madera eran las sillas y demás objetos de la época. Tenemos el dominó que a Maximiliano le gustaba jugarlo, en los puros que representamos aquí tenían mensajes de sus amigos, quienes intentaban sobornar a las personas para sacarlo de prisión, y como esos varios objetos, cada uno con una historia en particular”.

La réplica de esta celda fue construida en un espacio con las dimensiones aproximadas a la celda original, debido a que el exconvento de capuchinas estuvo en manos de particulares durante algunos años, y las que fueron las celdas originales de Maximiliano, Miguel Miramón y Tomás Mejía, fueron modificadas.

“Las tres celdas originales estaban divididas por muros, pero cuando se vende el convento a manos privadas los muros de las celdas se tumbaron, se hicieron ventanales y bueno, fueron modificadas”, señala el director.

Foto: Cortesía | Museo de la Restauración de la República

Cuándo visitar la celda

La réplica de la celda imperial fue inaugurada en el año 2014, y durante los últimos ocho años ha llamado la atención de cientos de turistas que visitan el lugar, pues el texto de sala da un acercamiento a la vida y muerte del emperador, pero los objetos detalladamente ordenados en el espacio, según las crónicas de aquellos años, cuentan una historia más íntima y personal a quien los mira y conoce su historia a través de la museografía del lugar.

En el Museo de la Restauración de la República se pueden conocer los aspectos más importantes del fin del Segundo Imperio Mexicano y como su nombre lo dice, la restauración de la república como forma de gobierno.

En sus seis salas permanentes destacan el Escudo Nacional Republicano correspondiente a 1873, un retrato al óleo de don Juan Caballero y Osio del siglo XVIII, un cuadro alusivo a la rendición de Maximiliano en el Cerro de las Campanas hecho en 1945, el plano de la ciudad de Querétaro de 1796 y otro retrato al óleo de don Benito Juárez del año 1900.

Se encuentra abierto de martes a domingo en un horario de 10:30 a 18:30 horas. Se ubica en la calle Vicente Guerrero Sur #23, en el Centro Histórico de Querétaro. El teléfono es: 442 224-3004.

La entrada es completamente gratuita.

Foto: Donna Oliveros | Diario de Querétaro

Un día como hoy

Un día como hoy, pero de 1867 fue el último día del Segundo Imperio mexicano. En esta misma ciudad, el emperador Maximiliano dejó su refugio en el convento de la Cruz para buscar una huida hacia la Ciudad de México.

El ejército republicano tenía sitiada la ciudad de Querétaro desde hacía meses, había poca comida y casi nada de agua potable, pues los ríos habían sido envenenados con cadáveres de caballos.

Christian Arredondo, director del Museo de la Restauración de la República, señala que aquella madrugada del 15 de mayo despertaron al emperador diciendo, “majestad, debemos irnos”, y Maximiliano salió a pie del convento, aún con ropa de dormir y avanzó hasta la casona que ahora se conoce como “de los Cinco Patios”, en este punto lo alcanzan algunos jinetes imperialistas y le proporcionan un caballo; entonces pide a sus generales un plan de huida y estos le responde que una posible ruta sería hacia la Sierra Gorda, aunque con muy pocas probabilidades de éxito.

Entonces Maximiliano se resigna a lo inevitable, y decide entregar el Sitio de Querétaro. Es en este punto cuando ocurre la icónica escena que todos hemos recreado en nuestra mente y que hemos visto representada en cientos de pinturas y actuaciones en películas, series y obras de teatro; en el Cerro de las Campanas, Maximiliano de Habsburgo, segundo emperador de México, entrega su espada en señal de rendición a Mariano Escobedo y se vuelve prisionero de la República, junto con sus generales Miguel Miramón y Tomás Mejía.

Una vez convertido en prisionero, Maximiliano pasó unos días detenido en el convento de La Cruz, pero su mayor estancia fue en el Convento de las Capuchinas, donde ahora se encuentra el Museo de la Restauración de la República y también e Museo de la Ciudad de Querétaro.

Foto: Donna Oliveros | Diario de Querétaro

Datos curiosos

Hay datos sobre la historia de Maximiliano y su captura que han escapado de la historiografía oficial, y que son importantes no solo por ser curiosos, sino porque nos aproximan a la cotidianidad de la época, usos y costumbres.

Uno de ellos tiene que ver con el momento de fusilamiento del emperador. De acuerdo con el director del museo, el pelotón fue acomodado de tal manera que el mejor de sus tiradores quedó justo al frente de Maximiliano, a fin de darle una muerte instantánea; sin embargo, en el último momento el emperador decidió cambiar de lugar con Miguel Miramón, como seña de agradecimiento por los servicios que le prestó en vida, por lo que al final fue acribillado por soldados con menor puntería.

Platica que, aunque fueron muchos balazos los que recibió, Maximiliano se desplomó aún con vida así que los republicanos tuvieron que acercarse y darle un tiro de gracia.

Previo a ello, el emperador había otorgado una moneda a cada uno de los soldados, y solicitado al batallón tirar directo al corazón para garantizar una muerte rápida.

Tras su muerte, su cuerpo permaneció tres meses en el país. Christian Arredondo explica que Benito Juárez quería que Austria le diera su lugar como presidente, e hiciera una petición formal a su nombre sobre el cuerpo de Maximiliano, por eso tardó tanto tiempo la repatriación de sus restos.

Sin embargo, el cuerpo comenzó a descomponerse y fue embalsamado sin mucho éxito. Al pudrirse los ojos, fueron remplazados por los de una escultura de San Antonio, que también los tenía azules.

Cuando por fin llegó la carta, el cuerpo del emperador fue enviado en un ataúd construido exclusivamente para él debido a su altura.

Antes de salir del país, fue embalsamado por segunda ocasión, proceso en el que se intentó corregir lo que se había hecho incorrectamente, pero el cuerpo estaba en tan mal estado que, cuando llegó a Austria, su madre, Sofía de Baviera, nunca lo reconoció.

Foto: Alma Gómez | Diario de Querétaro

Línea de tiempo:

  • 29 mayo de 1864 Maximiliano desembarca en Veracruz tras aceptar la Corona ofrecida por los conservadores
  • 19 de febrero de 1867 se instala en Querétaro para dar pelea desde ahí a los republicanos tras ser superados por ellos en número y material
  • 15 de mayo de 1867 es aprehendido por lo que entrega su espada en señal de rendición en el Cerro de las Campanas
  • 22 de mayo de 1867 es trasladado junto con los generales Miramón y Mejía al exconvento de las Capuchinas, convertido en prisión militar
  • 15 de junio de 1867 se dicta sentencia de muerte, el proceso se desarrolla en el Teatro Iturbide, hoy Teatro de la República
  • 19 de junio de 1867 los tres fueron ejecutados en el Cerro de las Campanas


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