/ viernes 8 de marzo de 2019

Un teatro propio; directoras, actrices y dramaturgas hablan en el Día Internacional de la Mujer

Dinero y un cuarto propio, dos posesiones que Virginia Woolf consideraba indispensables para que una mujer de su época pudiera entregarse a la escritura

Dinero y un cuarto propio, dos posesiones que Virginia Woolf consideraba indispensables para que una mujer de su época pudiera entregarse a la escritura. Siguiendo esta idea, pero trasladándola al ámbito teatral, habría que cuestionar hoy: ¿Qué necesitan las mujeres para dedicarse al teatro? ¿Qué requieren para entregarse a la dramaturgia y llevar al escenario sus propias historias?... ¿Un teatro propio?

A propósito de esta fecha, en la que se conmemora a las mujeres trabajadoras y su lucha por participar activamente en la sociedad en igualdad de derechos y condiciones que los hombres, es que reunimos los testimonios de cinco directoras, actrices y dramaturgas, que con su trabajo no solo han nutrido la oferta teatral en Querétaro, y promovido esta expresión artística en diferentes recintos y espacios públicos de la entidad, sino también, han abierto brecha para que otras mujeres artistas, puedan desarrollar todas sus potencialidades.

Hemos roto con la concepción que teníamos de nosotras mismas

Ana Bertha Cruces

Hace 13 años, Ana Bertha Cruces fundó “Atabal Creación Artística”; una compañía teatral radicada en Querétaro, que desde su origen se dedica a la promoción, producción y difusión de espectáculos teatrales.

Actualmente lo conforman 25 actores, quienes en los últimos cuatro años han logrado congregar, en torno a los escenarios, a más de 48 mil espectadores. “La verdad yo no pensaba en formar una compañía”, confiesa la directora, y recuerda que fue con la puesta en escena de “Noticias del Imperio”, escrita por Fernando del Paso, que empezó a vislumbrarse esta posibilidad.

“Con esta obra nació Atabal. Recuerdo que la estrenamos en la Antigua Estación del Tren, y desde entonces atrajo la mirada de muchas partes de la República (…) En los periódicos se leía `Ya se abrió un nuevo espacio para la cultura… que no se cierre´”, relata.

Dieciséis años antes de su fundación, Ana Bertha era una joven de 19 años. Desde Dolores Hidalgo, Guanajuato, viajó hasta la ciudad de Querétaro cargando con un par de maletas, para seguir su sueño de ser actriz. Perteneciente a una modesta familia, en la que “el rol de la mujer era el de ama de casa, y la universidad no era una meta”, Bertha decidió estudiar una carrera técnica en contaduría, para trabajar y solventar sus gastos mientras tomaba clases de actuación; un arte del que quedó prendada desde muy pequeña, cuando a su pueblo, la Compañía Nacional de Teatro presentó la tragedia griega de Antígona.

Cuando se instaló en Querétaro, y comenzó a incursionar en el ámbito teatral, recuerda que no había ningún proyecto encabezado por mujeres. “No te puedo mencionar a ni una sola. Eran pocas las que estábamos integrando los elencos, y por supuesto no había directoras. Tal vez podría mencionar algunos nombres, pero sería acompañado de un “de”: `la esposa de, la hermana de, la tía de, la abuela de, la mamá de… todas eran mujeres de, y esposas de directores y actores”.

Aunque ahora cada vez más mujeres encabezan proyectos teatrales, considera que todavía hay mucho trabajo que hacer en cuanto a la inclusión, la equidad y el reconocimiento de su trabajo, por lo que desde 2018 forma parte de la Liga Mexicana de Mujeres de Teatro, integrada por más de 300 creadoras, directoras y actrices de todo el país.

“Nos organizamos porque queremos ser más visibles y hacer saber que estamos aquí y que somos más mujeres creadoras que antes… estamos luchando por un lugar. Los tiempos han cambiado, porque hemos roto con la concepción que teníamos sobre nosotras. Nos concebimos como seres humanos completos, íntegros y capaces de tomar decisiones”, puntualiza, y agrega que estas transformaciones en el teatro son apremiantes, pues además de visibilizar el trabajo de las mujeres, y de abrirles espacio en los foros, permite diversificar los temas dentro de esta expresión.

Recientemente la compañía estrenó en el Museo de la Ciudad “Yo no quiero ser Desdémona”; una obra que replantea el clásico de Shakespeare, para hablar sobre la violencia de género y los feminicidios, cuya estadística actual señala que dos de tres son perpetrados por las parejas o ex parejas de las víctimas.

“Al principio mi idea era ser solamente actriz, pero la verdad es que empecé a ver la necesidad que había de que se moviera el teatro desde afuera. Había muy poco trabajo hecho en el ámbito de la gestión cultural, y parte de esta decisión fue el haber visto cómo las obras de teatro requerían de una gran cantidad de esfuerzo y de dinero, y cómo a veces los teatros se quedaban vacíos y los actores sin pago (…) Fue en el 2003 cuando empecé a ocuparme más por la formación del público, y por todo este aparato de promoción y difusión, y de creación de estrategias para convencer a la gente de que el teatro es importante para la vida”, señala sobre este proyecto y otros, que ha logrado sacar adelante con ayuda de su equipo de trabajo y la gestión de recursos, como el Programa México en Escena 2016, cuyo apoyo sirvió para financiar “Yo no quiero ser Desdémona”.

Las mujeres nos estamos atreviendo a hacer preguntas en voz alta

Mariana Hartasánchez

En la intimidad de los recintos escénicos Mariana Hartasánchez encontró su vocación. Desde muy pequeña su abuela materna, Alicia Frenk, “lectora voraz y mujer brillante”, como la recuerda, la llevaba al teatro con asiduidad. Fascinada y resuelta, a los doce años por fin pudo convencer a su madre de que la inscribiera en el Centro de Arte Dramático de Héctor Azar, donde comenzó a labrar su propio camino.

“El teatro es un microscopio psíquico y social inigualable. (…) Es un lugar desde el cual es posible cuestionar, pero jamás aleccionar ni dar respuestas. Es por eso que el hecho escénico es tan íntimo, tan humano, porque no otorga soluciones, devela posibilidades”, dice la dramaturga, actriz y directora de Sabandijas de Palacio, para explicar su pasión por esta expresión artística, desde donde, y pese a las dificultades, ha presentado varios proyectos.

Aprovechando las cualidades de este arte, desde hace 10 años escribe sobre temas de género sin complacencias ni presentando a los personajes femeninos como víctimas. “Intento brindar perspectivas sociales, políticas e históricas más complejas que nos permitan, a los creadores y a los espectadores, abrir alternativas feministas que partan de la corresponsabilidad entre hombres y mujeres y no del odio o la violencia vengativa”, manifiesta Hartasánchez, quien asevera que como actriz no ha sentido el peso de la misoginia, pero como directora y dramaturga el camino ha sido sinuoso.

“Los homólogos varones pueden relumbrar en el medio con relativa facilidad, pero una mujer debe trabajar veinte veces más para que su labor empiece a ser tomada en cuenta. Eso, por desgracia, no parece haber cambiado mucho. Fundé mi compañía, Sabandijas de Palacio, para que en ella no faltara la libertad artística y se garantizara la camaradería empática entre todos sus miembros. Procuramos elegir temas que nos confrontan, interesan y conmuevan. Acepto que, de alguna manera, hemos edificado una fortaleza en la que no dejamos entrar a divas, machos ni dictadores; pero no significa que nos ceguemos ante un hecho categórico: aún sigue siendo grave la brecha entre directores y directoras; entre dramaturgas y dramaturgos”, afirmó la acreedora en dos ocasiones del Premio Nacional de Dramaturgia Manuel Herrera.

Entre sus 30 puestas en escena, destaca “El ídolo fingido”, una farsa en donde la directora, trasvestida de un afamado húngaro que ofrece conferencias por el mundo, comprueba que en un año, un hombre extranjero puede captar en México más atención que una mujer en veinte años de carrera.

“Las mujeres (en el teatro) nos estamos atreviendo a hacer preguntas en voz alta, a proponer caminos alternativos, a significar nuestras relaciones interpersonales (con las otras mujeres y hombres)”, afirmó Hartasánchez sobre el trabajo que sus colegas están realizando en Querétaro desde hace más de diez años. De las 47 compañías teatrales que tiene contabilizadas el Consejo Consultivo Estatal de Teatro, al cierre de 2018, cerca de 32% son encabezadas por mujeres.

Esa fuerza que no ocupé para dar a luz a un niño, lo estoy ocupando para dar a luz a muchos proyectos teatrales

Verónica Carranco

Nacida en Celaya, Guanajuato, pero criada por sus abuelos en Cortazar, Verónica Carranco recuerda que su infancia siempre estuvo rodeada de arte, aunque su familia no se dedicaba a ninguna de sus expresiones de manera profesional.

“Mi mamá iba a ser cantante pero no la dejó mi abuelita porque este oficio era considerado para prostitutas. De aquellos años solo queda una foto de ella cantando en la XEW”, cuenta.

Su pasión por el teatro, pero en específico por el teatro clásico, se remonta a un día de aquellos, en los que como solía hacer, salió de casa para recorrer el mismo camino hacia la presidencia municipal, donde durante largas horas, se dedicaba a contemplar los detalles de la puertas de la iglesia de San José, pues su abuelo le había contado que su bisabuelo era ebanista, y había sido artífice de ese portón. A diferencia de otras ocasiones, en esa visita notó algo diferente: en el salón de fiestas que rentaba la administración, habían montado un templete sobre el que personas extrañas movían incesantemente las manos y enunciaban con exageración largas frases incomprensibles.

Los actores notaron la curiosidad de la pequeña, y entonces la invitaron a unirse a los ensayos. Fue así que Carranco participó por primera vez en una obra teatral, interpretando a “Grano de mostaza”, en la obra “El sueño de una noche de verano”, de Shakespeare.

Al cumplir 19 años, la fundadora y directora de Sótano Teatro y de la Escuela Multidisciplinaria Profesional de Actuación (EMPA), arribó a Querétaro para un casting con Paco Rabel en el Corral de Comedias, donde consiguió su primer trabajo en la ciudad.

“Ahí fue cuando empecé a ver el fenómeno del actor que se quedaba mucho tiempo en la banca. Sin planearlo, fui entrenando actores. Con el tiempo me di cuenta de que tenía la habilidad no de enseñar, sino de compartir ciertas cosas que a mí me funcionaban en escena cuando mis compañeros me preguntaban: `oye Vero, ¿Cómo haces esto o aquello?’”, dice Vero, y continúa rememorando estas experiencias que hace 15 años dieron lugar al taller Escuela de Práctica Escénica durante el verano, y más tarde a la EMPA.

Actualmente ambos proyectos se encuentran conformados por 24 hombres y mujeres, quienes pese a las dificultades económicas que acarrea un proyecto cultural en un contexto social donde los incentivos son pocos, se mantienen firmes y fieles a las ideas originales, afirma Carranco.

Los ojos le brillan a la directora cuando habla de su teatro; un recinto caracterizado por la reinterpretación y difusión de clásicos mexicanos como “Clotilde en su casa”, de Jorge Ibargüengoitia, y universales como el dramaturgo francés Moliére, con lo que pretende desmitificar ideas sobre “lo aburridas que son” y acercar a más jóvenes; no sin antes adaptar los libretos al contexto e ideas actuales.

“Lo que yo siempre le digo a mi gente en nuestros montajes es: `nunca abonaremos a nada que denigre la dignidad de un género; mienta o refuerce un mito que no favorezca a la evolución humana.

Inclusive a Moliére me lo traigo en friega porque era medio misógino, ¿eh?. Me lo he cepillado varias veces por que abona siempre en sus textos la idea de que una mujer no necesita otra cosa que aprender a cuidar a su hombre, y nada más”, detalla Carranco, y agrega que en la compañía siempre han buscado que los proyectos teatrales sirvan al entorno social y humano, “de lo contrario no sería más que un soliloquio”.

A semanas de inaugurar las nuevas instalaciones de Sótano Teatro y la EMPA, Verónica reconoce que aunque no ha sido fácil, es muy satisfactorio ver como los sueños colectivos toman forma y se expanden.

“Las mujeres siempre hemos estado (en el ámbito teatral), pero el camino ha sido un poquito más complicado para nosotras, por muchas cosas socio estructurales y socioeducativas por las que hemos transitado (…). Yo nunca tuve hijos de mi vientre, pero esa fuerza que no ocupé para dar a luz a un niño, la estoy ocupando para dar a luz a muchos proyectos teatrales donde todos se cobijen”, comparte la también actriz, quien el año pasado fue acreedora al Premio Estatal de Cultura 2018, cuyo beneficio ha empleado para la adecuación de su nueva sede teatral.

Yo quiero contar historias y tener la capacidad de decidir qué otra cosa puedo ser como actriz

Jessica Zermeño

A los 26 años Jessica Zermeño dejó atrás las redacciones para regresar a los escenarios no solo como actriz, sino también como escritora, directora y productora de sus propias obras.

Desde muy pequeña supo que su vocación se encontraba en los recintos teatrales, pero a causa de las ideas que circundan estos espacios, su familia no estuvo de acuerdo y tuvo que optar por otra carrera: el periodismo.

Aunque la vida ajetreada de las coberturas no le desagradaba, sus reportajes en la sección de espectáculos trajeron de vuelta la fascinación por los escenarios, sobre los que quería desarrollarse profesionalmente. Entonces cuando supo de un casting para un musical en el Corral de Comedias, no lo pensó dos veces y se inscribió, consiguiendo al poco tiempo uno de los papeles protagónicos.

A partir de esta experiencia, decidió estudiar actuación, y al poco tiempo renunció al periódico donde trabajaba para formar parte del elenco de una compañía. Cuando habla acerca de las peripecias por las que tuvo pasar para materializar r su primer proyecto teatral, Zermeño sonríe y relata la historia con gracia utilizando todo su cuerpo.

“Normalmente caía en el personaje de la niña fresa, o de la novia, o de la virgen María, y de ahí, no había nada más pa´mí. Eso me hizo decir un día: `A ver… yo quiero contar historias y tener la capacidad de decir qué otra cosa puedo ser como actriz´. Entonces mi formación como periodista me ayudó muchísimo a dar estructura a mis ideas. Después de todo, las notas son como pequeñas obras”, afirma la actriz, quien se encargó de dirigir, producir, escribir y actuar Sí, acepto; una obra que cuestiona el matrimonio como máxima aspiración entre las mujeres.

Tras varios años de rentar un espacio para sus proyectos, en el 2017 fundó su propia compañía y abrió el telón de La Mirruña; recinto teatral donde hasta la fecha da cabida a sus obras y comparte sus conocimientos con nuevas generaciones de niños, niñas y jóvenes interesados en esta expresión.

El 80% de nuestras obras giran en torno a las mujeres

Alejandra Segovia

Perteneciente a la primera generación de la licenciatura en Artes Escénicas de la Universidad Autónoma de Querétaro, la queretana, Alejandra Segovia, platica que Galatzia Teatro nació durante sus días de estudio como un proyecto universitario.

Al rememorar sus inicios en esta disciplina, no puede evitar sonreir cuando entre sus recuerdos encuentra la figura de Lupita Smythe; una mujer que describe como “fuerte y tenaz”, de quien no solo aprendió a hacer buen teatro en la Academia de la Cultura del SNTE, sino también quien la inspiró a encabezar más tarde este proyecto teatral.

“El hecho de que haya cada vez más mujeres liderando proyectos en el teatro queretano, produciendo y actuando, ha ayudado mucho a que nos hagamos escuchar más, sobre todo ahora que han aumentado los niveles de violencia contra las mujeres. Considero que en ese sentido, ha sido y es muy importante la labor que mis compañeras han realizado desde sus propios teatros”, dice convencida Segovia, quien durante 13 años ha mantenido a flote este proyecto, con obras como “Lomas de Poleo” y “El cielo en la piel”; ambas acerca de la violencia de género y los feminicidios en México.

Finalmente, la directora afirma que la participación de las mujeres en este ámbito ha permitido visibilizar temas que atañen principalmente a esta población, permitiendo abonar a la reflexión y la sensibilización, y creando una oferta teatral más cercana a la realidad: “El 80% de nuestras obras giran en torno a las mujeres”, asevera, y explica que hacerlo es una manera en que la compañía refuerza su compromiso social, y genera más espacio escénico para las actrices queretanas.

Dinero y un cuarto propio, dos posesiones que Virginia Woolf consideraba indispensables para que una mujer de su época pudiera entregarse a la escritura. Siguiendo esta idea, pero trasladándola al ámbito teatral, habría que cuestionar hoy: ¿Qué necesitan las mujeres para dedicarse al teatro? ¿Qué requieren para entregarse a la dramaturgia y llevar al escenario sus propias historias?... ¿Un teatro propio?

A propósito de esta fecha, en la que se conmemora a las mujeres trabajadoras y su lucha por participar activamente en la sociedad en igualdad de derechos y condiciones que los hombres, es que reunimos los testimonios de cinco directoras, actrices y dramaturgas, que con su trabajo no solo han nutrido la oferta teatral en Querétaro, y promovido esta expresión artística en diferentes recintos y espacios públicos de la entidad, sino también, han abierto brecha para que otras mujeres artistas, puedan desarrollar todas sus potencialidades.

Hemos roto con la concepción que teníamos de nosotras mismas

Ana Bertha Cruces

Hace 13 años, Ana Bertha Cruces fundó “Atabal Creación Artística”; una compañía teatral radicada en Querétaro, que desde su origen se dedica a la promoción, producción y difusión de espectáculos teatrales.

Actualmente lo conforman 25 actores, quienes en los últimos cuatro años han logrado congregar, en torno a los escenarios, a más de 48 mil espectadores. “La verdad yo no pensaba en formar una compañía”, confiesa la directora, y recuerda que fue con la puesta en escena de “Noticias del Imperio”, escrita por Fernando del Paso, que empezó a vislumbrarse esta posibilidad.

“Con esta obra nació Atabal. Recuerdo que la estrenamos en la Antigua Estación del Tren, y desde entonces atrajo la mirada de muchas partes de la República (…) En los periódicos se leía `Ya se abrió un nuevo espacio para la cultura… que no se cierre´”, relata.

Dieciséis años antes de su fundación, Ana Bertha era una joven de 19 años. Desde Dolores Hidalgo, Guanajuato, viajó hasta la ciudad de Querétaro cargando con un par de maletas, para seguir su sueño de ser actriz. Perteneciente a una modesta familia, en la que “el rol de la mujer era el de ama de casa, y la universidad no era una meta”, Bertha decidió estudiar una carrera técnica en contaduría, para trabajar y solventar sus gastos mientras tomaba clases de actuación; un arte del que quedó prendada desde muy pequeña, cuando a su pueblo, la Compañía Nacional de Teatro presentó la tragedia griega de Antígona.

Cuando se instaló en Querétaro, y comenzó a incursionar en el ámbito teatral, recuerda que no había ningún proyecto encabezado por mujeres. “No te puedo mencionar a ni una sola. Eran pocas las que estábamos integrando los elencos, y por supuesto no había directoras. Tal vez podría mencionar algunos nombres, pero sería acompañado de un “de”: `la esposa de, la hermana de, la tía de, la abuela de, la mamá de… todas eran mujeres de, y esposas de directores y actores”.

Aunque ahora cada vez más mujeres encabezan proyectos teatrales, considera que todavía hay mucho trabajo que hacer en cuanto a la inclusión, la equidad y el reconocimiento de su trabajo, por lo que desde 2018 forma parte de la Liga Mexicana de Mujeres de Teatro, integrada por más de 300 creadoras, directoras y actrices de todo el país.

“Nos organizamos porque queremos ser más visibles y hacer saber que estamos aquí y que somos más mujeres creadoras que antes… estamos luchando por un lugar. Los tiempos han cambiado, porque hemos roto con la concepción que teníamos sobre nosotras. Nos concebimos como seres humanos completos, íntegros y capaces de tomar decisiones”, puntualiza, y agrega que estas transformaciones en el teatro son apremiantes, pues además de visibilizar el trabajo de las mujeres, y de abrirles espacio en los foros, permite diversificar los temas dentro de esta expresión.

Recientemente la compañía estrenó en el Museo de la Ciudad “Yo no quiero ser Desdémona”; una obra que replantea el clásico de Shakespeare, para hablar sobre la violencia de género y los feminicidios, cuya estadística actual señala que dos de tres son perpetrados por las parejas o ex parejas de las víctimas.

“Al principio mi idea era ser solamente actriz, pero la verdad es que empecé a ver la necesidad que había de que se moviera el teatro desde afuera. Había muy poco trabajo hecho en el ámbito de la gestión cultural, y parte de esta decisión fue el haber visto cómo las obras de teatro requerían de una gran cantidad de esfuerzo y de dinero, y cómo a veces los teatros se quedaban vacíos y los actores sin pago (…) Fue en el 2003 cuando empecé a ocuparme más por la formación del público, y por todo este aparato de promoción y difusión, y de creación de estrategias para convencer a la gente de que el teatro es importante para la vida”, señala sobre este proyecto y otros, que ha logrado sacar adelante con ayuda de su equipo de trabajo y la gestión de recursos, como el Programa México en Escena 2016, cuyo apoyo sirvió para financiar “Yo no quiero ser Desdémona”.

Las mujeres nos estamos atreviendo a hacer preguntas en voz alta

Mariana Hartasánchez

En la intimidad de los recintos escénicos Mariana Hartasánchez encontró su vocación. Desde muy pequeña su abuela materna, Alicia Frenk, “lectora voraz y mujer brillante”, como la recuerda, la llevaba al teatro con asiduidad. Fascinada y resuelta, a los doce años por fin pudo convencer a su madre de que la inscribiera en el Centro de Arte Dramático de Héctor Azar, donde comenzó a labrar su propio camino.

“El teatro es un microscopio psíquico y social inigualable. (…) Es un lugar desde el cual es posible cuestionar, pero jamás aleccionar ni dar respuestas. Es por eso que el hecho escénico es tan íntimo, tan humano, porque no otorga soluciones, devela posibilidades”, dice la dramaturga, actriz y directora de Sabandijas de Palacio, para explicar su pasión por esta expresión artística, desde donde, y pese a las dificultades, ha presentado varios proyectos.

Aprovechando las cualidades de este arte, desde hace 10 años escribe sobre temas de género sin complacencias ni presentando a los personajes femeninos como víctimas. “Intento brindar perspectivas sociales, políticas e históricas más complejas que nos permitan, a los creadores y a los espectadores, abrir alternativas feministas que partan de la corresponsabilidad entre hombres y mujeres y no del odio o la violencia vengativa”, manifiesta Hartasánchez, quien asevera que como actriz no ha sentido el peso de la misoginia, pero como directora y dramaturga el camino ha sido sinuoso.

“Los homólogos varones pueden relumbrar en el medio con relativa facilidad, pero una mujer debe trabajar veinte veces más para que su labor empiece a ser tomada en cuenta. Eso, por desgracia, no parece haber cambiado mucho. Fundé mi compañía, Sabandijas de Palacio, para que en ella no faltara la libertad artística y se garantizara la camaradería empática entre todos sus miembros. Procuramos elegir temas que nos confrontan, interesan y conmuevan. Acepto que, de alguna manera, hemos edificado una fortaleza en la que no dejamos entrar a divas, machos ni dictadores; pero no significa que nos ceguemos ante un hecho categórico: aún sigue siendo grave la brecha entre directores y directoras; entre dramaturgas y dramaturgos”, afirmó la acreedora en dos ocasiones del Premio Nacional de Dramaturgia Manuel Herrera.

Entre sus 30 puestas en escena, destaca “El ídolo fingido”, una farsa en donde la directora, trasvestida de un afamado húngaro que ofrece conferencias por el mundo, comprueba que en un año, un hombre extranjero puede captar en México más atención que una mujer en veinte años de carrera.

“Las mujeres (en el teatro) nos estamos atreviendo a hacer preguntas en voz alta, a proponer caminos alternativos, a significar nuestras relaciones interpersonales (con las otras mujeres y hombres)”, afirmó Hartasánchez sobre el trabajo que sus colegas están realizando en Querétaro desde hace más de diez años. De las 47 compañías teatrales que tiene contabilizadas el Consejo Consultivo Estatal de Teatro, al cierre de 2018, cerca de 32% son encabezadas por mujeres.

Esa fuerza que no ocupé para dar a luz a un niño, lo estoy ocupando para dar a luz a muchos proyectos teatrales

Verónica Carranco

Nacida en Celaya, Guanajuato, pero criada por sus abuelos en Cortazar, Verónica Carranco recuerda que su infancia siempre estuvo rodeada de arte, aunque su familia no se dedicaba a ninguna de sus expresiones de manera profesional.

“Mi mamá iba a ser cantante pero no la dejó mi abuelita porque este oficio era considerado para prostitutas. De aquellos años solo queda una foto de ella cantando en la XEW”, cuenta.

Su pasión por el teatro, pero en específico por el teatro clásico, se remonta a un día de aquellos, en los que como solía hacer, salió de casa para recorrer el mismo camino hacia la presidencia municipal, donde durante largas horas, se dedicaba a contemplar los detalles de la puertas de la iglesia de San José, pues su abuelo le había contado que su bisabuelo era ebanista, y había sido artífice de ese portón. A diferencia de otras ocasiones, en esa visita notó algo diferente: en el salón de fiestas que rentaba la administración, habían montado un templete sobre el que personas extrañas movían incesantemente las manos y enunciaban con exageración largas frases incomprensibles.

Los actores notaron la curiosidad de la pequeña, y entonces la invitaron a unirse a los ensayos. Fue así que Carranco participó por primera vez en una obra teatral, interpretando a “Grano de mostaza”, en la obra “El sueño de una noche de verano”, de Shakespeare.

Al cumplir 19 años, la fundadora y directora de Sótano Teatro y de la Escuela Multidisciplinaria Profesional de Actuación (EMPA), arribó a Querétaro para un casting con Paco Rabel en el Corral de Comedias, donde consiguió su primer trabajo en la ciudad.

“Ahí fue cuando empecé a ver el fenómeno del actor que se quedaba mucho tiempo en la banca. Sin planearlo, fui entrenando actores. Con el tiempo me di cuenta de que tenía la habilidad no de enseñar, sino de compartir ciertas cosas que a mí me funcionaban en escena cuando mis compañeros me preguntaban: `oye Vero, ¿Cómo haces esto o aquello?’”, dice Vero, y continúa rememorando estas experiencias que hace 15 años dieron lugar al taller Escuela de Práctica Escénica durante el verano, y más tarde a la EMPA.

Actualmente ambos proyectos se encuentran conformados por 24 hombres y mujeres, quienes pese a las dificultades económicas que acarrea un proyecto cultural en un contexto social donde los incentivos son pocos, se mantienen firmes y fieles a las ideas originales, afirma Carranco.

Los ojos le brillan a la directora cuando habla de su teatro; un recinto caracterizado por la reinterpretación y difusión de clásicos mexicanos como “Clotilde en su casa”, de Jorge Ibargüengoitia, y universales como el dramaturgo francés Moliére, con lo que pretende desmitificar ideas sobre “lo aburridas que son” y acercar a más jóvenes; no sin antes adaptar los libretos al contexto e ideas actuales.

“Lo que yo siempre le digo a mi gente en nuestros montajes es: `nunca abonaremos a nada que denigre la dignidad de un género; mienta o refuerce un mito que no favorezca a la evolución humana.

Inclusive a Moliére me lo traigo en friega porque era medio misógino, ¿eh?. Me lo he cepillado varias veces por que abona siempre en sus textos la idea de que una mujer no necesita otra cosa que aprender a cuidar a su hombre, y nada más”, detalla Carranco, y agrega que en la compañía siempre han buscado que los proyectos teatrales sirvan al entorno social y humano, “de lo contrario no sería más que un soliloquio”.

A semanas de inaugurar las nuevas instalaciones de Sótano Teatro y la EMPA, Verónica reconoce que aunque no ha sido fácil, es muy satisfactorio ver como los sueños colectivos toman forma y se expanden.

“Las mujeres siempre hemos estado (en el ámbito teatral), pero el camino ha sido un poquito más complicado para nosotras, por muchas cosas socio estructurales y socioeducativas por las que hemos transitado (…). Yo nunca tuve hijos de mi vientre, pero esa fuerza que no ocupé para dar a luz a un niño, la estoy ocupando para dar a luz a muchos proyectos teatrales donde todos se cobijen”, comparte la también actriz, quien el año pasado fue acreedora al Premio Estatal de Cultura 2018, cuyo beneficio ha empleado para la adecuación de su nueva sede teatral.

Yo quiero contar historias y tener la capacidad de decidir qué otra cosa puedo ser como actriz

Jessica Zermeño

A los 26 años Jessica Zermeño dejó atrás las redacciones para regresar a los escenarios no solo como actriz, sino también como escritora, directora y productora de sus propias obras.

Desde muy pequeña supo que su vocación se encontraba en los recintos teatrales, pero a causa de las ideas que circundan estos espacios, su familia no estuvo de acuerdo y tuvo que optar por otra carrera: el periodismo.

Aunque la vida ajetreada de las coberturas no le desagradaba, sus reportajes en la sección de espectáculos trajeron de vuelta la fascinación por los escenarios, sobre los que quería desarrollarse profesionalmente. Entonces cuando supo de un casting para un musical en el Corral de Comedias, no lo pensó dos veces y se inscribió, consiguiendo al poco tiempo uno de los papeles protagónicos.

A partir de esta experiencia, decidió estudiar actuación, y al poco tiempo renunció al periódico donde trabajaba para formar parte del elenco de una compañía. Cuando habla acerca de las peripecias por las que tuvo pasar para materializar r su primer proyecto teatral, Zermeño sonríe y relata la historia con gracia utilizando todo su cuerpo.

“Normalmente caía en el personaje de la niña fresa, o de la novia, o de la virgen María, y de ahí, no había nada más pa´mí. Eso me hizo decir un día: `A ver… yo quiero contar historias y tener la capacidad de decir qué otra cosa puedo ser como actriz´. Entonces mi formación como periodista me ayudó muchísimo a dar estructura a mis ideas. Después de todo, las notas son como pequeñas obras”, afirma la actriz, quien se encargó de dirigir, producir, escribir y actuar Sí, acepto; una obra que cuestiona el matrimonio como máxima aspiración entre las mujeres.

Tras varios años de rentar un espacio para sus proyectos, en el 2017 fundó su propia compañía y abrió el telón de La Mirruña; recinto teatral donde hasta la fecha da cabida a sus obras y comparte sus conocimientos con nuevas generaciones de niños, niñas y jóvenes interesados en esta expresión.

El 80% de nuestras obras giran en torno a las mujeres

Alejandra Segovia

Perteneciente a la primera generación de la licenciatura en Artes Escénicas de la Universidad Autónoma de Querétaro, la queretana, Alejandra Segovia, platica que Galatzia Teatro nació durante sus días de estudio como un proyecto universitario.

Al rememorar sus inicios en esta disciplina, no puede evitar sonreir cuando entre sus recuerdos encuentra la figura de Lupita Smythe; una mujer que describe como “fuerte y tenaz”, de quien no solo aprendió a hacer buen teatro en la Academia de la Cultura del SNTE, sino también quien la inspiró a encabezar más tarde este proyecto teatral.

“El hecho de que haya cada vez más mujeres liderando proyectos en el teatro queretano, produciendo y actuando, ha ayudado mucho a que nos hagamos escuchar más, sobre todo ahora que han aumentado los niveles de violencia contra las mujeres. Considero que en ese sentido, ha sido y es muy importante la labor que mis compañeras han realizado desde sus propios teatros”, dice convencida Segovia, quien durante 13 años ha mantenido a flote este proyecto, con obras como “Lomas de Poleo” y “El cielo en la piel”; ambas acerca de la violencia de género y los feminicidios en México.

Finalmente, la directora afirma que la participación de las mujeres en este ámbito ha permitido visibilizar temas que atañen principalmente a esta población, permitiendo abonar a la reflexión y la sensibilización, y creando una oferta teatral más cercana a la realidad: “El 80% de nuestras obras giran en torno a las mujeres”, asevera, y explica que hacerlo es una manera en que la compañía refuerza su compromiso social, y genera más espacio escénico para las actrices queretanas.

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