/ miércoles 8 de septiembre de 2021

El hielo ártico, testigo y víctima del calentamiento global

Pero no hay que dejarse engañar por este paisaje blanco que se extiende hasta donde alcanza la vista

Un rompehielos avanza en la inmensidad de la banquisa en dirección al Polo Norte. Pero no hay que dejarse engañar por este paisaje blanco que se extiende hasta donde alcanza la vista. El cambio climático está allí, dentro del hielo.

Dmitri Lobusov tiene a su mando desde hace trece años el "50 let Pobedy" (50 años de la Victoria), uno de los enormes buques nucleares que Rusia construyó para garantizar su supremacía marítima en el Ártico y poder explotar sus recursos naturales y sus incipientes vías comerciales.

El capitán de 57 años, que alterna cuatro meses embarcado y cuatro en tierra, es un enamorado de esta banquisa que atraviesa con su inmenso buque rojo y negro de la agencia atómica rusa Rosatom.

Su funcionamiento es tan silencioso que permite escuchar cómo se rompe el hielo bajo su casco.

A una velocidad mínima, este monstruo metálico de 159,6 metros de eslora parece deslizarse como un patín sobre el hielo.

En la bahía de Essen, frente a las costas de la Tierra de Jorge, una de las casi 200 islas que componen el archipiélago polar ruso Tierra de Francisco José, un oso blanco apenas se inmuta por el paso del buque.

"Aquí los jefes son los osos, es su casa, nosotros estamos de paso. Si están en nuestra ruta, frenamos, o los rodeamos", asegura el capitán.

Su buque ha llegado ya 59 veces a los 90 grados de latitud norte, el polo geográfico. El marinero, con barba canosa y pipa en la boca, conoce bien la región y sus cambios.

Pero, tras casi treinta años en el mar, lo que mejor conoce es ese hielo que atraviesa. Y, debido al cambio climático, ya no es el mismo.

Antes, un hielo más espeso

"Voy al polo desde 1993 y, en los años 1990 y principios de los 2000, el hielo era más complejo, difícil, espeso", explica este marinero taciturno, impecable en su uniforme azul marino.

"Había muchos hielos plurianuales. Hielo así ya casi no encontramos", afirma el capitán, que cumple una misión para mostrar el Ártico a estudiantes de instituto que ganaron un concurso científico.

La banquisa plurianual es más compacta porque, al haberse formado durante varios años, es pobre en sal, explica. Pero hoy, la mayoría de este "campo blanco" está compuesto de hielo reciente que se funde rápidamente en verano.

Según los científicos, no hay ninguna duda, el calentamiento climático es el responsable.

Comparado con los años 1980, la superficie de la banquisa ártica de Rusia es entre "cinco y siete veces menor", indicó el instituto meteorológico Rosguidromet en un informe de marzo.

El informe también desvela que el calentamiento en Rusia, con un tercio del territorio dentro del círculo polar, es más rápido que la media planetaria: desde 1976, la temperatura aumentó 0,51ºC por década.

Con una economía basada en la extracción de hidrocarburos, Rusia reconoce la existencia del calentamiento, pero muchos minimizan su vinculación con las actividades humanas.

Viktor Boyarski, pasajero del "50 let Pobedy", es uno de ellos.

Este explorador de 70 años, antiguo director del museo ruso del Ártico y la Antártida, estima que la actividad humana "no juega un papel clave" en este fenómeno a pesar de la abundancia de pruebas de lo contrario.

'Reacción en cadena'

Sin embargo, constata que la región polar entró en un círculo vicioso, puesto que el retroceso del hielo permite a las aguas templadas del océano Atlántico entrar en la cuenca ártica.

Esto "impide que el hielo se forme como lo hacía hace 20 o 30 años", indica este ex explorador, que es una celebridad en Rusia.

"Es un proceso de reacción en cadena: cuanto menos hielo, más agua y más calor. Y cuanto más calor, más se reduce la extensión del hielo", explica este hombre barbudo ante la bruma que envuelve el Polo Norte.

Después de años en el mar, el capitán Lobusov ha sido testigo de los estragos del clima en las islas árticas.

"Cuando pasamos por el archipiélago de Francisco José, vemos que los glaciares ya no están donde se indicaba en los mapas", explica. "Los glaciares reculan, no hay discusión ni duda alguna, y es el efecto del calor", insiste.

Este viejo lobo de mar expone otra muestra de los cambios en curso. En verano, el Polo Norte está "cubierto de neblina".

"Pienso que es efecto del calentamiento, hay más humedad en el aire", asegura. "Antes, ir al polo sin gafas de sol era imposible debido al brillo del sol", recuerda.

Un rompehielos avanza en la inmensidad de la banquisa en dirección al Polo Norte. Pero no hay que dejarse engañar por este paisaje blanco que se extiende hasta donde alcanza la vista. El cambio climático está allí, dentro del hielo.

Dmitri Lobusov tiene a su mando desde hace trece años el "50 let Pobedy" (50 años de la Victoria), uno de los enormes buques nucleares que Rusia construyó para garantizar su supremacía marítima en el Ártico y poder explotar sus recursos naturales y sus incipientes vías comerciales.

El capitán de 57 años, que alterna cuatro meses embarcado y cuatro en tierra, es un enamorado de esta banquisa que atraviesa con su inmenso buque rojo y negro de la agencia atómica rusa Rosatom.

Su funcionamiento es tan silencioso que permite escuchar cómo se rompe el hielo bajo su casco.

A una velocidad mínima, este monstruo metálico de 159,6 metros de eslora parece deslizarse como un patín sobre el hielo.

En la bahía de Essen, frente a las costas de la Tierra de Jorge, una de las casi 200 islas que componen el archipiélago polar ruso Tierra de Francisco José, un oso blanco apenas se inmuta por el paso del buque.

"Aquí los jefes son los osos, es su casa, nosotros estamos de paso. Si están en nuestra ruta, frenamos, o los rodeamos", asegura el capitán.

Su buque ha llegado ya 59 veces a los 90 grados de latitud norte, el polo geográfico. El marinero, con barba canosa y pipa en la boca, conoce bien la región y sus cambios.

Pero, tras casi treinta años en el mar, lo que mejor conoce es ese hielo que atraviesa. Y, debido al cambio climático, ya no es el mismo.

Antes, un hielo más espeso

"Voy al polo desde 1993 y, en los años 1990 y principios de los 2000, el hielo era más complejo, difícil, espeso", explica este marinero taciturno, impecable en su uniforme azul marino.

"Había muchos hielos plurianuales. Hielo así ya casi no encontramos", afirma el capitán, que cumple una misión para mostrar el Ártico a estudiantes de instituto que ganaron un concurso científico.

La banquisa plurianual es más compacta porque, al haberse formado durante varios años, es pobre en sal, explica. Pero hoy, la mayoría de este "campo blanco" está compuesto de hielo reciente que se funde rápidamente en verano.

Según los científicos, no hay ninguna duda, el calentamiento climático es el responsable.

Comparado con los años 1980, la superficie de la banquisa ártica de Rusia es entre "cinco y siete veces menor", indicó el instituto meteorológico Rosguidromet en un informe de marzo.

El informe también desvela que el calentamiento en Rusia, con un tercio del territorio dentro del círculo polar, es más rápido que la media planetaria: desde 1976, la temperatura aumentó 0,51ºC por década.

Con una economía basada en la extracción de hidrocarburos, Rusia reconoce la existencia del calentamiento, pero muchos minimizan su vinculación con las actividades humanas.

Viktor Boyarski, pasajero del "50 let Pobedy", es uno de ellos.

Este explorador de 70 años, antiguo director del museo ruso del Ártico y la Antártida, estima que la actividad humana "no juega un papel clave" en este fenómeno a pesar de la abundancia de pruebas de lo contrario.

'Reacción en cadena'

Sin embargo, constata que la región polar entró en un círculo vicioso, puesto que el retroceso del hielo permite a las aguas templadas del océano Atlántico entrar en la cuenca ártica.

Esto "impide que el hielo se forme como lo hacía hace 20 o 30 años", indica este ex explorador, que es una celebridad en Rusia.

"Es un proceso de reacción en cadena: cuanto menos hielo, más agua y más calor. Y cuanto más calor, más se reduce la extensión del hielo", explica este hombre barbudo ante la bruma que envuelve el Polo Norte.

Después de años en el mar, el capitán Lobusov ha sido testigo de los estragos del clima en las islas árticas.

"Cuando pasamos por el archipiélago de Francisco José, vemos que los glaciares ya no están donde se indicaba en los mapas", explica. "Los glaciares reculan, no hay discusión ni duda alguna, y es el efecto del calor", insiste.

Este viejo lobo de mar expone otra muestra de los cambios en curso. En verano, el Polo Norte está "cubierto de neblina".

"Pienso que es efecto del calentamiento, hay más humedad en el aire", asegura. "Antes, ir al polo sin gafas de sol era imposible debido al brillo del sol", recuerda.

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