La reconversión de las princesas Disney

En los últimos años las princesas Disney han sido cuestionadas por la imagen sexista que daban a las nuevas generaciones y el gigante de la animación parece dar pasos adelante hacia la reconversión de estos personajes.

EFE/Manuel Noriega

  · miércoles 18 de septiembre de 2019

Una niña se disfraza de princesa Disney con las creaciones de las princesas de la firma al fondo. EFE/Piyal Adhikary 

Disney acaba de presentar un nuevo personaje, una antiprincesa llamada Shelley Marie, una mezcla entre Miércoles Adams, de “The Adam’s family” y Lydia Deetz, de “Beetlejuice”.

Shelley Marie será la protagonista del espectáculo “Oogie Boogie Bash–A Disney Halloween Party”, en Disneyland California, y rompe con la representación típica de las princesas del gigante de la animación.

Es un personaje que, según las informaciones hechas públicas, difiere bastante de sus predecesoras.

Tiene un aura gótica, muy propia de la época de Halloween, y está llamada a luchar contra el mal en una aventura que protagonizará durante 20 noches, en la que demostrará si su personalidad se adapta a los nuevos tiempos.

Según un estudio de 2014 de la Universidad de Granada (sur de España), que analizó diferentes series, las mujeres en los dibujos animados son "consumistas, celosas y obsesionadas con su aspecto físico".

Para acabar con esta imagen, la industria del entretenimiento busca extender los modelos femeninos que se ofrecen, huyendo de estereotipos y roles de género.

Pero aun así la temática de princesa sigue siendo mayoritaria para las niñas y los superhéroes para los niños. Ellas son Elsa, de “Frozen”, y ellos, Ironman, de “The Avengers”.

El problema viene cuando las cualidades de unas y de otros son tan distintas: las mujeres aparecen como sumisas, dando una importancia sobredimensionada al amor y los hombres salvan el mundo.

Durante años, la inspiración de las niñas para sus juegos y su vida eran las princesas de Disney como Cenicienta, la Sirenita, Belle o Blancanieves.

No se presentaban a las mujeres cómo líderes, ni siquiera dueñas de su propia vida. Un antagonista, casi siempre otras mujeres que las envidiaban por su belleza, las ponía en peligro y un hombre apuesto las salvaba.

Hasta el personaje de Mérida, en “Brave”, esta era la tónica general -que todavía no se ha superado totalmente- y, por el camino, Disney dejó un reguero de princesas más que cuestionables.

DE CENICIENTA A ELSA

Blancanieves limpiaba y cocinaba para los enanitos hasta que apareciese su príncipe encantado. Y lo hacía todo sin rechistar.

Jasmine se rebela ante un matrimonio concertado, pero una vez elige a su marido ella no toma el lugar central como gobernante.

En “The Little Mermaid”, Ariel, literalmente, renuncia a su voz para poder conocer a un príncipe. Deja todo atrás, su vida, su familia, sus amigos, para vivir con Eric. ¿No podría él convertirse en un sireno?.

“Cinderella”, otra mujer esclavizada por otras mujeres, su madrastra y hermanastras, que la envidian por su belleza. Solo un príncipe, que va casa por casa probando un zapato de cristal a todas las mujeres del reino, la salva de su desdichada vida.

En “The sleeping Beauty” se recoge lo que hoy en día sería considerado en cierto modo como un gesto de abuso. Una joven de 16 años, inconsciente, es besada por un hombre que no ha visto en su vida. Por obra y gracia de Disney, esto es un gesto de amor verdadero y, en vez de ir a una comisaria a denunciarlo, se casa con él. Por cierto, aquí la mala también es otra mujer.

La historia de “The Beauty and the Beast” es, si se ve sin el filtro Disney, un relato que pone el vello de punta.

En principio, Belle, la protagonista, no suspira por el amor verdadero, es culta y tiene inquietudes. Sin embargo, es chantajeada para vivir con una bestia a la que, al final, cambia a base de amor. El cliché del amor contracorriente.