/ lunes 18 de marzo de 2019

Microchips en el cuerpo humano la nueva frontera

Su uso puede ir desde el control del personal en un centro de trabajo hasta monitorear el estado de salud del propietario

La colocación de microchips en el cuerpo humano gana terreno en el mundo, y su uso puede ir desde el control del personal en un centro de trabajo hasta convertirse en código de ingreso personalizado a diferentes espacios o para monitorear el estado de salud del propietario.

Su uso ha empezado a ser común sobre todo en los países más desarrollados, con estándares dentro de la tecnología más avanzados, como en Estados Unidos, el Reino Unido, Bélgica o Suecia. En un inicio la práctica nació como medio de control de las mascotas, pero ha ganado terreno y entró ya en la vida de las personas.

El microchip es un circuito electrónico dentro de una cápsula de vidrio en forma de píldora, del tamaño de un grano de arroz. Su colocación dentro del cuerpo de una persona se hace mediante una jeringa que penetra por debajo de la piel, en un procedimiento casi sin dolor.

La tecnología que utilizan es conocida casi por cualquier persona, sobre todo habitantes de ambientes urbanos, pues viene desde finales de los años 90 y es más evidente y cercano en tarjetas de crédito con chip, pasaportes o teléfonos móviles, por mencionar algunos ejemplos.

En los países mencionados existen empresas que ha invitado a sus trabajadores a insertarse un chip subcutáneo como medida de acceso a ciertas áreas, sin controlar sus movimientos o productividad.

Pero existen otros usos. En Suecia, país con casi 10 millones de habitantes, varios miles de sus ciudadanos cuentan con un chip subcutáneo que puede ser utilizado como llave para entrar a su oficina, transferir datos a un teléfono inteligente, acceder al tren en una estación o al gimnasio, entre otros más o menos relevantes.

En Estados Unidos existe una propuesta de ley para que las personas porten un chip como medida de precaución, que incluiría información del portador como su fecha de nacimiento, tipo de sangre, estado civil, domicilio, enfermedades que padece y hasta números de cuentas bancarias.

La propuesta establece que los sistemas implantados de manera subcutánea podrán contener información sanitaria, como estado de salud del portador, tratamientos que ha seguido, pruebas de laboratorio realizadas y sus resultados.

Sin embargo, las personas que ya lo usan al parecer no han tomado en cuenta los riesgos que implica portar el dispositivo.

El primero de ellos es el de la seguridad de los datos personales que se comparten al momento de su utilización, información que puede ser usada de manera inescrupulosa.

En el mismo aspecto de seguridad, algunos expertos han proyectado que, al ser portadores algunos de ellos de un kilobyte, es posible que puedan ser cargados con tecnología maliciosa o malware para intervenir en otros dispositivos o redes, en edificios o sistemas bancarios.

Otro riesgo que implican los chips subcutáneos es el de la salud. Si bien el implante se practica de una manera no invasiva y hasta cierto punto indolora, los especialistas han detectado que el microcircuito del cuerpo puede transmitir frecuencias dañinas para el cuerpo.

Además, el puro aparato puede convertirse en un riesgo por los materiales de que está hecho.

Si bien existen voces que descalifican los riesgos, expertos en el cuerpo humano como médicos o biólogos alertan que el peligro es real, con daños por infecciones o problemas en el sistema inmunológico.

Además, si bien el robo de datos es reducido en estos tiempos, el problema aumentará con el tiempo, destacan especialistas en tecnologías y protección de datos personales.

Además, si un implante detecta un problema de salud, debe desarrollarse el cómo se avisará y cuándo; y en caso de que así sea, la pregunta es si eso significa que las compañías de seguros y los centros de salud podrán obtener los datos personales a través de los microprocesadores.

A todo lo anterior se suma que organizaciones preocupadas por los derechos de los individuos y por el mal uso de los datos personales han llamado la atención de que el uso de estos instrumentos podría implicar alteraciones e incluso invasión a las libertades civiles, una intromisión directa en la privacidad de las personas.

La colocación de microchips en el cuerpo humano gana terreno en el mundo, y su uso puede ir desde el control del personal en un centro de trabajo hasta convertirse en código de ingreso personalizado a diferentes espacios o para monitorear el estado de salud del propietario.

Su uso ha empezado a ser común sobre todo en los países más desarrollados, con estándares dentro de la tecnología más avanzados, como en Estados Unidos, el Reino Unido, Bélgica o Suecia. En un inicio la práctica nació como medio de control de las mascotas, pero ha ganado terreno y entró ya en la vida de las personas.

El microchip es un circuito electrónico dentro de una cápsula de vidrio en forma de píldora, del tamaño de un grano de arroz. Su colocación dentro del cuerpo de una persona se hace mediante una jeringa que penetra por debajo de la piel, en un procedimiento casi sin dolor.

La tecnología que utilizan es conocida casi por cualquier persona, sobre todo habitantes de ambientes urbanos, pues viene desde finales de los años 90 y es más evidente y cercano en tarjetas de crédito con chip, pasaportes o teléfonos móviles, por mencionar algunos ejemplos.

En los países mencionados existen empresas que ha invitado a sus trabajadores a insertarse un chip subcutáneo como medida de acceso a ciertas áreas, sin controlar sus movimientos o productividad.

Pero existen otros usos. En Suecia, país con casi 10 millones de habitantes, varios miles de sus ciudadanos cuentan con un chip subcutáneo que puede ser utilizado como llave para entrar a su oficina, transferir datos a un teléfono inteligente, acceder al tren en una estación o al gimnasio, entre otros más o menos relevantes.

En Estados Unidos existe una propuesta de ley para que las personas porten un chip como medida de precaución, que incluiría información del portador como su fecha de nacimiento, tipo de sangre, estado civil, domicilio, enfermedades que padece y hasta números de cuentas bancarias.

La propuesta establece que los sistemas implantados de manera subcutánea podrán contener información sanitaria, como estado de salud del portador, tratamientos que ha seguido, pruebas de laboratorio realizadas y sus resultados.

Sin embargo, las personas que ya lo usan al parecer no han tomado en cuenta los riesgos que implica portar el dispositivo.

El primero de ellos es el de la seguridad de los datos personales que se comparten al momento de su utilización, información que puede ser usada de manera inescrupulosa.

En el mismo aspecto de seguridad, algunos expertos han proyectado que, al ser portadores algunos de ellos de un kilobyte, es posible que puedan ser cargados con tecnología maliciosa o malware para intervenir en otros dispositivos o redes, en edificios o sistemas bancarios.

Otro riesgo que implican los chips subcutáneos es el de la salud. Si bien el implante se practica de una manera no invasiva y hasta cierto punto indolora, los especialistas han detectado que el microcircuito del cuerpo puede transmitir frecuencias dañinas para el cuerpo.

Además, el puro aparato puede convertirse en un riesgo por los materiales de que está hecho.

Si bien existen voces que descalifican los riesgos, expertos en el cuerpo humano como médicos o biólogos alertan que el peligro es real, con daños por infecciones o problemas en el sistema inmunológico.

Además, si bien el robo de datos es reducido en estos tiempos, el problema aumentará con el tiempo, destacan especialistas en tecnologías y protección de datos personales.

Además, si un implante detecta un problema de salud, debe desarrollarse el cómo se avisará y cuándo; y en caso de que así sea, la pregunta es si eso significa que las compañías de seguros y los centros de salud podrán obtener los datos personales a través de los microprocesadores.

A todo lo anterior se suma que organizaciones preocupadas por los derechos de los individuos y por el mal uso de los datos personales han llamado la atención de que el uso de estos instrumentos podría implicar alteraciones e incluso invasión a las libertades civiles, una intromisión directa en la privacidad de las personas.

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