/ jueves 8 de febrero de 2018

Hace 40 años murió el cantante y músico Julio Jaramillo

Julio Jaramillo dejó de existir el 9 de febrero de 1978, sumiendo a la canción romántica de América Latina en un dolor muy profundo

Dicen que murió por complicaciones de una operación de vesícula; otros, que a consecuencia de cirrosis debido a su alma bohemia. ¿Quién lo sabe? Lo cierto es que Julio Jaramillo dejó de existir el 9 de febrero de 1978, sumiendo a la canción romántica de América Latina en un dolor muy profundo.

Hoy, a 40 años de su partida, sus grabaciones continúan escuchándose en diversas latitudes terrícolas; sobre todo en las radios de la nostalgia y más aún en su patria, Ecuador, donde se le considera un verdadero ídolo popular como en México ocurre con Pedro Infante, en Argentina con Carlos Gardel y en Perú con Chabuca Granda. De ahí que su nombre se inscribe con letras de oro en la historia musical de esa nación sudamericana.

 

En México, El ruiseñor de América, como llegó a conocérsele, escribió parte fundamental de aquella historia. Durante las décadas de los 50 y 60 en el siglo pasado Peerless lo grabó y los fanáticos aztecas lo admiraban fervorosos y entonaban sus melodiosas letras escapadas de una voz cálida y un talento natural que permitieron encumbrar en plena juventud al “J.J.” --como también lo llamaban—a niveles muy elevados.

Canciones como “Rondando tu esquina”, “Fatalidad”, “Ódiame”, “De cigarro en cigarro”, “Te odio y te quiero” y “Nuestro juramento”, entre otras, eran la delicia del público mexicano enamorado que las ofrecía en serenata a la amada al pie del balcón.

 

Julio Jaramillo formó parte de toda una época en la canción romántica latinoamericana junto con otros intérpretes en boga como el puertorriqueño Daniel Santos, el cubano Bienvenido Granda, el también ecuatoriano Olimpo Cárdenas y el mexicano Marco Antonio Muñiz, todos ellos reyes de la música que, se dice, es bálsamo para el corazón.

Fue precisamente “Fatalidad”, un tema de Laureano Martínez (música) y Juan Sixto Prieto (letra) el que lo lanzó a la fama en 1956. Se trataba del “cover” de un éxito que ya había grabado su paisano Olimpo Cárdenas pero que, con Jaramillo, cobró una dimensión muy especial. Al año siguiente, “Nuestro juramento” se convirtió en el éxito que lo consagraría de manera internacional. Sus biógrafos, no obstante, coinciden en señalar que su primera grabación fue un tema compuesto con fines electorales para un político de apellido Guevara que buscaba la alcaldía de Guayaquil.

¿Quién era?

En Guayaquil nació este muchacho el 1 de octubre de 1935. Sus padres, Juan Pantaleón Jaramillo Erazo y Apolonia Laurido Cáceres, lo bautizaron con el nombre de Julio Alfredo y desde muy chico sintió inclinación por la música, aunque tuvo que superar, a los cinco años de edad, la muerte de su progenitor en un accidente laboral.

 

Cuentan que era un niño indisciplinado; que abandonó la escuela en el tercer año, pero que su destino estaba trazado. Julio Jaramillo se erigiría como el máximo intérprete musical de Ecuador y, tras su muerte, paradójicamente, se volvería inmortal.

Su carrera artística comenzó a los 16 años de edad ganando un concurso en una estación de radio. El premio: una presentación en centro nocturno. Más tarde sentaría cabeza, terminaría sus estudios y, sin embargo, seducido por la bohemia, entre canciones, trago y mujeres lograría realizar una importante labor de éxito en la difusión de su canto y la música romántica.

¡Vaya descendencia!

Christian Julio Jaramillo, uno de sus nietos, hijo de Julio Francisco Jaramillo Sánchez, afirmó en una entrevista para Cámara en acción que su padre es el primer hijo de Julio Alfredo Jaramillo Laurido y que él, de acuerdo al árbol genealógico, viene siendo el nieto número 10. Sorprendentemente, dijo conocer “más o menos” la historia de los 27 hijos reconocidos de su abuelo, de alrededor de unos 43 “que conocemos”, los que procreó el “J.J.” con unas, “más o menos”, 10 u 11 mujeres.

 

Christian, quien heredó el mismo timbre de voz de su abuelo e interpreta sus éxitos, habla con orgullo de “ese cariño que la gente le guarda todavía” al Ruiseñor de América, quien fuera conocido también con el mote de Mr. Juramento.

Era prolífico, pues, no sólo en su línea musical que abarcaba, además, el vals, la música tropical y el típico pasillo de su natal Ecuador. Asimismo, fue actor de cine y participó en programas de televisión.

Hace 40 años su muerte causó tal impacto, que el pueblo lo veló durante tres días en un ambiente de luto, dolor y admiración. Sus restos reposan en el cementerio principal de Guayaquil.

Dicen que murió por complicaciones de una operación de vesícula; otros, que a consecuencia de cirrosis debido a su alma bohemia. ¿Quién lo sabe? Lo cierto es que Julio Jaramillo dejó de existir el 9 de febrero de 1978, sumiendo a la canción romántica de América Latina en un dolor muy profundo.

Hoy, a 40 años de su partida, sus grabaciones continúan escuchándose en diversas latitudes terrícolas; sobre todo en las radios de la nostalgia y más aún en su patria, Ecuador, donde se le considera un verdadero ídolo popular como en México ocurre con Pedro Infante, en Argentina con Carlos Gardel y en Perú con Chabuca Granda. De ahí que su nombre se inscribe con letras de oro en la historia musical de esa nación sudamericana.

 

En México, El ruiseñor de América, como llegó a conocérsele, escribió parte fundamental de aquella historia. Durante las décadas de los 50 y 60 en el siglo pasado Peerless lo grabó y los fanáticos aztecas lo admiraban fervorosos y entonaban sus melodiosas letras escapadas de una voz cálida y un talento natural que permitieron encumbrar en plena juventud al “J.J.” --como también lo llamaban—a niveles muy elevados.

Canciones como “Rondando tu esquina”, “Fatalidad”, “Ódiame”, “De cigarro en cigarro”, “Te odio y te quiero” y “Nuestro juramento”, entre otras, eran la delicia del público mexicano enamorado que las ofrecía en serenata a la amada al pie del balcón.

 

Julio Jaramillo formó parte de toda una época en la canción romántica latinoamericana junto con otros intérpretes en boga como el puertorriqueño Daniel Santos, el cubano Bienvenido Granda, el también ecuatoriano Olimpo Cárdenas y el mexicano Marco Antonio Muñiz, todos ellos reyes de la música que, se dice, es bálsamo para el corazón.

Fue precisamente “Fatalidad”, un tema de Laureano Martínez (música) y Juan Sixto Prieto (letra) el que lo lanzó a la fama en 1956. Se trataba del “cover” de un éxito que ya había grabado su paisano Olimpo Cárdenas pero que, con Jaramillo, cobró una dimensión muy especial. Al año siguiente, “Nuestro juramento” se convirtió en el éxito que lo consagraría de manera internacional. Sus biógrafos, no obstante, coinciden en señalar que su primera grabación fue un tema compuesto con fines electorales para un político de apellido Guevara que buscaba la alcaldía de Guayaquil.

¿Quién era?

En Guayaquil nació este muchacho el 1 de octubre de 1935. Sus padres, Juan Pantaleón Jaramillo Erazo y Apolonia Laurido Cáceres, lo bautizaron con el nombre de Julio Alfredo y desde muy chico sintió inclinación por la música, aunque tuvo que superar, a los cinco años de edad, la muerte de su progenitor en un accidente laboral.

 

Cuentan que era un niño indisciplinado; que abandonó la escuela en el tercer año, pero que su destino estaba trazado. Julio Jaramillo se erigiría como el máximo intérprete musical de Ecuador y, tras su muerte, paradójicamente, se volvería inmortal.

Su carrera artística comenzó a los 16 años de edad ganando un concurso en una estación de radio. El premio: una presentación en centro nocturno. Más tarde sentaría cabeza, terminaría sus estudios y, sin embargo, seducido por la bohemia, entre canciones, trago y mujeres lograría realizar una importante labor de éxito en la difusión de su canto y la música romántica.

¡Vaya descendencia!

Christian Julio Jaramillo, uno de sus nietos, hijo de Julio Francisco Jaramillo Sánchez, afirmó en una entrevista para Cámara en acción que su padre es el primer hijo de Julio Alfredo Jaramillo Laurido y que él, de acuerdo al árbol genealógico, viene siendo el nieto número 10. Sorprendentemente, dijo conocer “más o menos” la historia de los 27 hijos reconocidos de su abuelo, de alrededor de unos 43 “que conocemos”, los que procreó el “J.J.” con unas, “más o menos”, 10 u 11 mujeres.

 

Christian, quien heredó el mismo timbre de voz de su abuelo e interpreta sus éxitos, habla con orgullo de “ese cariño que la gente le guarda todavía” al Ruiseñor de América, quien fuera conocido también con el mote de Mr. Juramento.

Era prolífico, pues, no sólo en su línea musical que abarcaba, además, el vals, la música tropical y el típico pasillo de su natal Ecuador. Asimismo, fue actor de cine y participó en programas de televisión.

Hace 40 años su muerte causó tal impacto, que el pueblo lo veló durante tres días en un ambiente de luto, dolor y admiración. Sus restos reposan en el cementerio principal de Guayaquil.

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