/ miércoles 15 de enero de 2020

Por amor a la música y la tradición, laudería desde lo local

Getsemaní Vite y José Antonio Tavira, egresados de la Escuela de Laudería, buscan reivindicar la música regional a través de la elaboración y conservación de instrumentos tradicionales como la jarana jarocha y huasteca

Desde el año pasado, el Museo de la Ciudad alberga en sus instalaciones el primer taller público de laudería en el estado. Comenzó a funcionar desde septiembre, y a través de él, los lauderos mexicanos Getsemaní Vite y José Antonio Tavira, promueven el arte de construir instrumentos tradicionales.

Egresados de la Escuela de Laudería del Instituto Nacional de Bellas Artes, la dupla domina la técnica para construir, reparar y restaurar instrumentos musicales de cuerdas frotadas (violines, violas y violonchelos). No obstante, su pasión por la música latinoamericana los ha llevado a enfocarse y especializarse en la elaboración de instrumentos tradicionales como la jarana huasteca, la jarana jarocha, el requinto y la quinta huapanguera.

En entrevista con BARROCO, la dupla de músicos platica sobre este proyecto, que han ido perfeccionando con el tiempo a través de talleres itinerantes en diferentes estados, principalmente en zonas donde esta música aún forma parte de las fiestas y la vida cotidiana.

De acuerdo con Vite, en zonas como la Región Huasteca –comprendida por los estados de Veracruz, Tamaulipas, San Luis Potosí, Hidalgo, Querétaro, Guanajuato y Puebla–, todavía persiste una fuerte tradición musical, pero a falta de instrumentos para ejecutarla, se ha ido mermando su desarrollo y su transmisión a las nuevas generaciones.

Como la mayoría de sus homólogos, al egresar ambos decidieron montar su propio taller, desde el cual han perfeccionando una técnica que sintetiza su expertise como universitarios, y sus habilidades como lauderos empíricos.

Aunque este oficio tiene 400 años en el país, aseguran que poco es lo que ha arraigado en el territorio, pues no hay propiamente una laudería mexicana que se distinga de la que se realiza en Europa; razón por la cual, desde que estudiaban la carrera, fueron perfilando su labor hacia el fomento de una práctica enraizada en la cultura de la región.

Foto: Cortesía | @ Getse Vite

Laudería desde lo local

“Yo provengo de una ciudad pequeñita, de un pueblo donde siempre se ha escuchado música mexicana, huapango, música de tríos, boleros...”, cuenta Getse, quien al ingresar a la Escuela de Laudería recuerda que se topó con una realidad completamente ajena a la suya.

“Fue un poco extraño, todos conocían de música clásica y la verdad yo no tanto. Mi profesor, el que me enseñó violín en la adolescencia, era etnomusicólogo y le gustaba la música Latinoamericana, hasta el nombre del ensamble aludía a ello: ‘José Martí’, así que bueno, cuando llegué no sabía mucho acerca [del repertorio clásico]. Pero si me preguntaban de música mexicana, yo se los decía con todo y los nombres de los señores que aún siguen vivos y son bien reconocidos en el ámbito”, cuenta.

La artista lamenta que en la carrera, ninguna materia o unidad optativa estuviera enfocada en la música regional y en los compositores mexicanos; por lo que no había manera de que los lauderos profesionales interesados en las expresiones locales, pudieran ahondar en este rubro desde la academia.

“Tenemos toda clase de conjuntos orquestales, con repertorio clásico de Bach, de Telemann... y aunque en algún momento optamos por montar una obra de Blas Galindo, un compositor jalisciense del siglo pasado, ¡nadie lo conocía! (...) la escuela está desvinculada totalmente de la música mexicana”.

“Por elaborar jaranas, de pronto eres mal visto en las aulas”, continúa Vite, “porque es poco tiempo el que se tiene y en algún punto de la carrera los estudiantes tienen que decidir en qué especializarse: si en la elaboración de violines, violas o chelos. No hay espacio ni incentivo para voltear a ver los instrumentos mexicanos”.

Sin embargo, asevera que no todo se debe a la falta de interés por parte de los administrativos y docentes, pues está consciente de que no existe el suficiente presupuesto para ampliar la oferta educativa, “la institución apenas cuenta con capacidad para 20 alumnos”.

De ahí que junto con Tavira ofrezcan un espacio alterno, donde no sólo los lauderos profesionales puedan aproximarse a la técnica para la elaboración de jaranas, sino que cualquier persona con el mismo interés, se puede acercar para conocer lo que sucede al interior de estos talleres.

“Ya no es época de ser el ermitaño que se va a hacer sus instrumentos solo, que nadie lo molesta y que está enojado con todo mundo (risas). Tenemos que ser agentes de cambio. Si sabes algo, hay que enseñarlo (...) extender la oferta, sumar”, agrega Tavira, asegurando que es otra forma con la que se puede contribuir con la visibilización del trabajo de los lauderos para su revalorización.

Foto: Miriam Martínez | Diario de Querétaro

Reivindicación de la música regional

Aunque no todos los lauderos son instrumentistas, ambos aseguran que la música es la médula de su labor. “Hay muchos lauderos que no tocan (...) En México hay un gran número de ellos que han aprendido el oficio por generaciones. Los que lo traen desde la cuna lo realizan como oficio familiar, así pasa con la panadería y la carpintería; lo van aprendiendo y a veces les gusta, lo aprecian y saben distinguir sonidos pero no precisamente tocan. También hay quienes estudian y se preparan para serlo; pero de cierta manera casi todos entramos por la música. Empiezas como instrumentista y de repente resulta que tienes habilidades con las herramientas”, explica Tavira.

Originario de la Ciudad de México, el músico recuerda que su amor por está expresión empezó desde muy pequeño, y fue a los 14 años cuando descubrió las posibilidades sonoras del charango, un instrumento de cuerda tradicional originario de los Andes. A la postre, asegura, esta aproximación lo llevaría al encuentro con otros sonidos latinoamericanos, principalmente de México.

“Mucho tiempo formé parte de Zacatuche, un grupo en el que tocábamos sones de occidente, de tierra caliente y también sones veracruzanos. Aprendí también sones de Guerrero y varios tipos de sones en armonías”.

Cuando ingresó al Centro de Educación Artística “Luis Spota”, recuerda que conoció al músico y docente Javier Silveti, con quien vislumbró la posibilidad de convertirse en laudero.

“Él era maestro de música, pero también laudero. Aunque me llamaba la atención lo que hacía, nunca me atreví a decirle que me enseñara porque en realidad era algo que él hacía fuera de clases. Tenía su taller y por las tardes se dedicaba sólo a ello. Un día un amigo le dijo que si podía construirle un requinto, y él le dijo ‘¿ Por qué no te lo haces tú? Ahí está el taller’. Cuando escuché la conversación, luego luego me apunté. Al final fui el único que terminó su instrumento. Tardé seis meses en lograrlo y me enamoré. He tenido muchos momentos felices en mi vida pero sin duda, esa experiencia la tengo guardada en un lugar muy especial, porque ahí fue donde –a los 16 años– supe que era lo que yo quería hacer”, rememora Tavira, quien hasta la fecha afirma haber elaborado 60 instrumentos tradicionales.

Como muchos otros lauderos mexicanos que le han apostado a la elaboración de instrumentos regionales, Antonio asegura que con su labor participa en la evolución de la tradición. “Incluso hay un refinamiento del instrumento, de los versos, de los melodías; uno decide cuál va a ser el papel de uno en el ecosistema. Aquí por ejemplo, tradicionalmente no hay son jarocho, esa música pertenece a la Región del Sotavento de Veracruz, pero al final las tradiciones están vivas y se mueven”.

Foto: Cortesía | @ Antonio Tavira

Taller público

Desde 1992, la Escuela de Laudería se encuentra ubicada en el estado de Querétaro. Fue creada en los años 80 luego de que el laudero francés Becker impartiera cursos de capacitación a jóvenes mexicanos para la reparación de instrumentos de cuerda. Debido al gran interés mostrado por los asistentes, el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) creó la licenciatura en 1987 y más tarde, a causa de la descentralización de las dependencias de esta institución, fue instalada en el estado.

Desde entonces, decenas de jóvenes como Tavira y Vite, han migrado a la entidad, motivados por su deseo de aprehender esta técnica para la elaboración de instrumentos de cuerda frotada.

No obstante, los músicos aseguran que la oferta académica sigue siendo limitada, pues solo cerca de seis estudiantes son admitidos por esta institución al año, para cursar la licenciatura.

Debido a ello, y con el objetivo de coadyuvar a la difusión y elaboración de instrumentos regionales, la dupla ha diseñado e impartido cursos itinerantes de laudería, principalmente en zonas donde todavía existen instrumentistas tradicionales, y la música regional sigue formando parte de las fiestas y del día a día de la población.

Talleres como “Construcción de instrumentos de la huasteca”, en Puebla, y “Jaranas de papel”, en Baja California y el Estado de México, han sido promovidos por ellos.

Cumpliendo con este mismo objetivo, en octubre del año pasado abrieron las puertas del primer taller público de laudería en Querétaro, a través del cual el público podrá aprender a elaborar sus propias jaranas huastecas y jarochas, y además se adentrará en la historia de estos instrumentos para conocer aspectos esenciales como los tipos de madera y la diferenciación entre los instrumentos armónicos y melódicos.

Entre otras cosas, el espacio ofrece también clases de son jarocho para los que quieran aprender a tocar el requinto, la jarana, la leona o el arpa, así como el servicio de arreglo de instrumentos de cuerda frotada.

Foto: Miriam Martínez | Diario de Querétaro

Desde el año pasado, el Museo de la Ciudad alberga en sus instalaciones el primer taller público de laudería en el estado. Comenzó a funcionar desde septiembre, y a través de él, los lauderos mexicanos Getsemaní Vite y José Antonio Tavira, promueven el arte de construir instrumentos tradicionales.

Egresados de la Escuela de Laudería del Instituto Nacional de Bellas Artes, la dupla domina la técnica para construir, reparar y restaurar instrumentos musicales de cuerdas frotadas (violines, violas y violonchelos). No obstante, su pasión por la música latinoamericana los ha llevado a enfocarse y especializarse en la elaboración de instrumentos tradicionales como la jarana huasteca, la jarana jarocha, el requinto y la quinta huapanguera.

En entrevista con BARROCO, la dupla de músicos platica sobre este proyecto, que han ido perfeccionando con el tiempo a través de talleres itinerantes en diferentes estados, principalmente en zonas donde esta música aún forma parte de las fiestas y la vida cotidiana.

De acuerdo con Vite, en zonas como la Región Huasteca –comprendida por los estados de Veracruz, Tamaulipas, San Luis Potosí, Hidalgo, Querétaro, Guanajuato y Puebla–, todavía persiste una fuerte tradición musical, pero a falta de instrumentos para ejecutarla, se ha ido mermando su desarrollo y su transmisión a las nuevas generaciones.

Como la mayoría de sus homólogos, al egresar ambos decidieron montar su propio taller, desde el cual han perfeccionando una técnica que sintetiza su expertise como universitarios, y sus habilidades como lauderos empíricos.

Aunque este oficio tiene 400 años en el país, aseguran que poco es lo que ha arraigado en el territorio, pues no hay propiamente una laudería mexicana que se distinga de la que se realiza en Europa; razón por la cual, desde que estudiaban la carrera, fueron perfilando su labor hacia el fomento de una práctica enraizada en la cultura de la región.

Foto: Cortesía | @ Getse Vite

Laudería desde lo local

“Yo provengo de una ciudad pequeñita, de un pueblo donde siempre se ha escuchado música mexicana, huapango, música de tríos, boleros...”, cuenta Getse, quien al ingresar a la Escuela de Laudería recuerda que se topó con una realidad completamente ajena a la suya.

“Fue un poco extraño, todos conocían de música clásica y la verdad yo no tanto. Mi profesor, el que me enseñó violín en la adolescencia, era etnomusicólogo y le gustaba la música Latinoamericana, hasta el nombre del ensamble aludía a ello: ‘José Martí’, así que bueno, cuando llegué no sabía mucho acerca [del repertorio clásico]. Pero si me preguntaban de música mexicana, yo se los decía con todo y los nombres de los señores que aún siguen vivos y son bien reconocidos en el ámbito”, cuenta.

La artista lamenta que en la carrera, ninguna materia o unidad optativa estuviera enfocada en la música regional y en los compositores mexicanos; por lo que no había manera de que los lauderos profesionales interesados en las expresiones locales, pudieran ahondar en este rubro desde la academia.

“Tenemos toda clase de conjuntos orquestales, con repertorio clásico de Bach, de Telemann... y aunque en algún momento optamos por montar una obra de Blas Galindo, un compositor jalisciense del siglo pasado, ¡nadie lo conocía! (...) la escuela está desvinculada totalmente de la música mexicana”.

“Por elaborar jaranas, de pronto eres mal visto en las aulas”, continúa Vite, “porque es poco tiempo el que se tiene y en algún punto de la carrera los estudiantes tienen que decidir en qué especializarse: si en la elaboración de violines, violas o chelos. No hay espacio ni incentivo para voltear a ver los instrumentos mexicanos”.

Sin embargo, asevera que no todo se debe a la falta de interés por parte de los administrativos y docentes, pues está consciente de que no existe el suficiente presupuesto para ampliar la oferta educativa, “la institución apenas cuenta con capacidad para 20 alumnos”.

De ahí que junto con Tavira ofrezcan un espacio alterno, donde no sólo los lauderos profesionales puedan aproximarse a la técnica para la elaboración de jaranas, sino que cualquier persona con el mismo interés, se puede acercar para conocer lo que sucede al interior de estos talleres.

“Ya no es época de ser el ermitaño que se va a hacer sus instrumentos solo, que nadie lo molesta y que está enojado con todo mundo (risas). Tenemos que ser agentes de cambio. Si sabes algo, hay que enseñarlo (...) extender la oferta, sumar”, agrega Tavira, asegurando que es otra forma con la que se puede contribuir con la visibilización del trabajo de los lauderos para su revalorización.

Foto: Miriam Martínez | Diario de Querétaro

Reivindicación de la música regional

Aunque no todos los lauderos son instrumentistas, ambos aseguran que la música es la médula de su labor. “Hay muchos lauderos que no tocan (...) En México hay un gran número de ellos que han aprendido el oficio por generaciones. Los que lo traen desde la cuna lo realizan como oficio familiar, así pasa con la panadería y la carpintería; lo van aprendiendo y a veces les gusta, lo aprecian y saben distinguir sonidos pero no precisamente tocan. También hay quienes estudian y se preparan para serlo; pero de cierta manera casi todos entramos por la música. Empiezas como instrumentista y de repente resulta que tienes habilidades con las herramientas”, explica Tavira.

Originario de la Ciudad de México, el músico recuerda que su amor por está expresión empezó desde muy pequeño, y fue a los 14 años cuando descubrió las posibilidades sonoras del charango, un instrumento de cuerda tradicional originario de los Andes. A la postre, asegura, esta aproximación lo llevaría al encuentro con otros sonidos latinoamericanos, principalmente de México.

“Mucho tiempo formé parte de Zacatuche, un grupo en el que tocábamos sones de occidente, de tierra caliente y también sones veracruzanos. Aprendí también sones de Guerrero y varios tipos de sones en armonías”.

Cuando ingresó al Centro de Educación Artística “Luis Spota”, recuerda que conoció al músico y docente Javier Silveti, con quien vislumbró la posibilidad de convertirse en laudero.

“Él era maestro de música, pero también laudero. Aunque me llamaba la atención lo que hacía, nunca me atreví a decirle que me enseñara porque en realidad era algo que él hacía fuera de clases. Tenía su taller y por las tardes se dedicaba sólo a ello. Un día un amigo le dijo que si podía construirle un requinto, y él le dijo ‘¿ Por qué no te lo haces tú? Ahí está el taller’. Cuando escuché la conversación, luego luego me apunté. Al final fui el único que terminó su instrumento. Tardé seis meses en lograrlo y me enamoré. He tenido muchos momentos felices en mi vida pero sin duda, esa experiencia la tengo guardada en un lugar muy especial, porque ahí fue donde –a los 16 años– supe que era lo que yo quería hacer”, rememora Tavira, quien hasta la fecha afirma haber elaborado 60 instrumentos tradicionales.

Como muchos otros lauderos mexicanos que le han apostado a la elaboración de instrumentos regionales, Antonio asegura que con su labor participa en la evolución de la tradición. “Incluso hay un refinamiento del instrumento, de los versos, de los melodías; uno decide cuál va a ser el papel de uno en el ecosistema. Aquí por ejemplo, tradicionalmente no hay son jarocho, esa música pertenece a la Región del Sotavento de Veracruz, pero al final las tradiciones están vivas y se mueven”.

Foto: Cortesía | @ Antonio Tavira

Taller público

Desde 1992, la Escuela de Laudería se encuentra ubicada en el estado de Querétaro. Fue creada en los años 80 luego de que el laudero francés Becker impartiera cursos de capacitación a jóvenes mexicanos para la reparación de instrumentos de cuerda. Debido al gran interés mostrado por los asistentes, el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) creó la licenciatura en 1987 y más tarde, a causa de la descentralización de las dependencias de esta institución, fue instalada en el estado.

Desde entonces, decenas de jóvenes como Tavira y Vite, han migrado a la entidad, motivados por su deseo de aprehender esta técnica para la elaboración de instrumentos de cuerda frotada.

No obstante, los músicos aseguran que la oferta académica sigue siendo limitada, pues solo cerca de seis estudiantes son admitidos por esta institución al año, para cursar la licenciatura.

Debido a ello, y con el objetivo de coadyuvar a la difusión y elaboración de instrumentos regionales, la dupla ha diseñado e impartido cursos itinerantes de laudería, principalmente en zonas donde todavía existen instrumentistas tradicionales, y la música regional sigue formando parte de las fiestas y del día a día de la población.

Talleres como “Construcción de instrumentos de la huasteca”, en Puebla, y “Jaranas de papel”, en Baja California y el Estado de México, han sido promovidos por ellos.

Cumpliendo con este mismo objetivo, en octubre del año pasado abrieron las puertas del primer taller público de laudería en Querétaro, a través del cual el público podrá aprender a elaborar sus propias jaranas huastecas y jarochas, y además se adentrará en la historia de estos instrumentos para conocer aspectos esenciales como los tipos de madera y la diferenciación entre los instrumentos armónicos y melódicos.

Entre otras cosas, el espacio ofrece también clases de son jarocho para los que quieran aprender a tocar el requinto, la jarana, la leona o el arpa, así como el servicio de arreglo de instrumentos de cuerda frotada.

Foto: Miriam Martínez | Diario de Querétaro

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