/ domingo 6 de septiembre de 2020

Vacunan la tradición; con pandemia y sin danza

Las danzas concheras no saldrán este año de las capitanías queretanas

Las danzas concheras no saldrán este año de las capitanías queretanas. El sonido de los caracoles y conchas, así como la música del teponaztli, huéhuetl y sonajas que siempre acompañan la celebración de la Santa Cruz de los Milagros, se mantendrá entre los muros de los oratorios debido a la presencia de la pandemia por Covid-19.

Como cada año, del 12 al 14 de septiembre, se esperaba la algarabía de las 23 organizaciones que conforman a la comunidad conchera en el municipio; sin embargo, el Gobierno Municipal de Querétaro determinó que los danzantes solo podrían realizar la velación en sus cuarteles, dar lugar a la celebración litúrgica y hacer la tradicional procesión conchera en grupos de 15 personas por cada capitanía.

En esta ocasión se limitará la celebración litúrgica a grupos de 15 personas por cada capitanía / Donna Oliveros|Diario de Querétaro

Aunque las danzas son lo más vistoso de la celebración, el heredero general de Unión de Danza Azteca de Querétaro, Omar Ugalde Rodríguez, asegura que lo más significativo para ellos en realidad ocurre al interior de sus oratorios, pues es ahí donde en la noche del 12 de septiembre, vuelven a reunirse con sus antepasados durante la llamada “velación de las ánimas”.

“Para cualquier grupo conchero, sobre todo para los de mayor tradición, lo más importante es la velación, porque es cuando nos comunicamos con nuestros seres queridos que ya no están aquí; es cuando los hacemos presentes, cuando convivimos con ellos en este plano existencial”, relata Omar.

De acuerdo con el heredero de la Unión de Danza Azteca de Querétaro, seguir las recomendaciones de la Secretaría de Salud es importante, sobre todo porque la mayor parte de sus integrantes son adultos mayores y forman parte fundamental de la tradición / Gerardo Tavarez|Diario de Querétaro

Al hacerlos presentes de manera espiritual, los danzantes solicitan consejo y guía a sus antepasados para los rituales y danzas de los siguientes días. Algunos incluso aprovechan el momento para desahogarse “o pedirles un consejo que mediante sueños o algunas señales en nuestro andar, nos dan respuesta”.

Esa misma noche, mientras entonan alabanzas a la luz de las velas, los capitanes reciben a concheros, matlachines y apaches de otros lugares del país –e incluso del extranjero–, quienes llegan para cumplir con su “palabra” o compromiso de participar en la celebración de sus compadres, buscando afianzar la “conquista” y el lazo solidario que une a las agrupaciones.

Parte más significativa del ritual ocurre al interior de sus oratorios, pues es ahí donde en la noche del 12 de septiembre, los devotos vuelven a reunirse con sus antepasados durante la llamada “velación de las ánimas” / Donna Oliveros|Diario de Querétaro

Bajo la guía de las ánimas, durante la velada los capitanes deciden quién va a llevar los cargos para la danza, quienes serán los comisionados para mantener los cirios encendidos, quienes tenderán la “santa forma”, además de tejer y elaborar los chimales (ofrendas florales y frutales), los bastones y custodias con las que tomarán rumbo al siguiente día hacia el templo de la Cruz.

Por la contingencia sanitaria, Omar comparte que este año la velación será diferente. Empezando porque se realizará a puerta cerrada, solo con los integrantes de su mesa. Al siguiente día, una cuadrilla de 15 personas se presentará en el Templo de la Cruz, esta vez sin su reliquia: una antigua cruz de madera que data del año 1558, y que en palabras de Omar, fue utilizada por el fundador de la agrupación, Julián Campos, para evangelizar los valles queretanos.

Sin copilli ni danza rendirán culto

De acuerdo con la tradición, al pegar el primer rayo de sol sobre el techo del oratorio, la velación termina. Entonces los concheros se preparan con sus ofrendas, bastones y custodias para enfilarse rumbo al Templo de la Cruz, donde de acuerdo con el mito fundacional, en 1531 indígenas de la región se enfrentaron a los españoles en una batalla que llegó a su fin tras la aparición de Santiago Apóstol sobre su caballo y una cruz resplandeciente: “El es Dios”, exclamaron los originarios al verla. Y desde entonces, le rinden culto a la Santa Cruz con sus danzas y música.

“Pero ahora la rebelión será cuidarnos, no salir a exponernos. Puede que muchos compañeros (de otras mesas de danzantes) lo tomen con sentimentalismo y piensen que como somos guerreros debemos enfilarnos; pero recordemos que a veces el guerrero que sale victorioso en la batalla es quien sabe retirarse a tiempo para proteger a los suyos. Por eso decidimos retirarnos a tiempo, para proteger a nuestros seres queridos y en un futuro próximo, poder salir de nuevo a las calles y mostrar lo que somos”, afirma Omar.

Para evitar la aglomeración, las mesas de concheros se presentarán en diferentes horarios y en grupos de 15 personas en el Templo de la Cruz. En el caso de Unión de Danza Azteca de Querétaro, se acordó que ellos arribarán el 13 de septiembre, a las 12:30 horas, tocando sus instrumentos, pero sin utilizar el atuendo tradicional.

“Vamos a ir de civiles solamente con nuestros instrumentos de cuerda y sonajas. Supongo que cada grupo va a llevar su estandarte, pero nada más será una visita informal para presentar nuestros respetos”, detalla.

Aunque confiesa que la ausencia de danzas rituales causará gran pesar entre las organizaciones de concheros, señala que la contingencia sanitaria se puede aprovechar para hacer memoria y recordar aquellos años cuando los indígenas no podían expresar su cultura públicamente.

“Sí duele, sí nos da mucho sentimiento porque es una fecha que esperamos con mucha alegría y mucho amor (…) Ya son más de 190 años de estar en resistencia, en fiesta y en algarabía. Es la primera vez que no se va a salir a las calles a danzar (…) Antes del Porifiato si te veían expresando esto en las calles, prácticamente te mataban: ¿cual fue la forma de subsistir? Encerrados entre cuatro paredes (…) No nos afectó ni el Sitio de Querétaro, ni la Guerra de los Cristeros ni la Revolución, nada de eso nos afectó, hasta ahorita en esta pandemia”, relata.

Tradición en tiempos de Covid-19

Al interior del oratorio de la mesa Unión de Danza Azteca de Querétaro, sus integrantes ya han colocado gel antibacterial para la desinfección de manos y cuentan con un protocolo interno centrado en mantener sana distancia durante los rituales.

Para Omar, como para los capitanes de esta antigua mesa, seguir las recomendaciones de la Secretaría de Salud es importante, sobre todo porque la mayor parte de sus integrantes son adultos mayores y forman parte fundamental de la tradición.

De acuerdo con el conchero, la agrupación nació el 17 de agosto de 1558 y sus miembros pretenden que se extienda por lo menos un siglo más. “Por eso hay que aprender de la historia”, dice, recordando aquella pandemia que diezmó a la población indígena cuando llegaron los españoles al continente americano.

“Solo hay que recordar que cuando vinieron los invasores hubieron muchos decesos por enfermedades (…) No queremos que eso pase, queremos que nuestros compañeros de danza, nuestros compañeros de mesa, de grupo, los apaches, y los matlachines estén bien, que estén completos… queremos que formen parte de la historia y no de las estadísticas (de Covid-19)”, apunta.

Las danzas concheras no saldrán este año de las capitanías queretanas. El sonido de los caracoles y conchas, así como la música del teponaztli, huéhuetl y sonajas que siempre acompañan la celebración de la Santa Cruz de los Milagros, se mantendrá entre los muros de los oratorios debido a la presencia de la pandemia por Covid-19.

Como cada año, del 12 al 14 de septiembre, se esperaba la algarabía de las 23 organizaciones que conforman a la comunidad conchera en el municipio; sin embargo, el Gobierno Municipal de Querétaro determinó que los danzantes solo podrían realizar la velación en sus cuarteles, dar lugar a la celebración litúrgica y hacer la tradicional procesión conchera en grupos de 15 personas por cada capitanía.

En esta ocasión se limitará la celebración litúrgica a grupos de 15 personas por cada capitanía / Donna Oliveros|Diario de Querétaro

Aunque las danzas son lo más vistoso de la celebración, el heredero general de Unión de Danza Azteca de Querétaro, Omar Ugalde Rodríguez, asegura que lo más significativo para ellos en realidad ocurre al interior de sus oratorios, pues es ahí donde en la noche del 12 de septiembre, vuelven a reunirse con sus antepasados durante la llamada “velación de las ánimas”.

“Para cualquier grupo conchero, sobre todo para los de mayor tradición, lo más importante es la velación, porque es cuando nos comunicamos con nuestros seres queridos que ya no están aquí; es cuando los hacemos presentes, cuando convivimos con ellos en este plano existencial”, relata Omar.

De acuerdo con el heredero de la Unión de Danza Azteca de Querétaro, seguir las recomendaciones de la Secretaría de Salud es importante, sobre todo porque la mayor parte de sus integrantes son adultos mayores y forman parte fundamental de la tradición / Gerardo Tavarez|Diario de Querétaro

Al hacerlos presentes de manera espiritual, los danzantes solicitan consejo y guía a sus antepasados para los rituales y danzas de los siguientes días. Algunos incluso aprovechan el momento para desahogarse “o pedirles un consejo que mediante sueños o algunas señales en nuestro andar, nos dan respuesta”.

Esa misma noche, mientras entonan alabanzas a la luz de las velas, los capitanes reciben a concheros, matlachines y apaches de otros lugares del país –e incluso del extranjero–, quienes llegan para cumplir con su “palabra” o compromiso de participar en la celebración de sus compadres, buscando afianzar la “conquista” y el lazo solidario que une a las agrupaciones.

Parte más significativa del ritual ocurre al interior de sus oratorios, pues es ahí donde en la noche del 12 de septiembre, los devotos vuelven a reunirse con sus antepasados durante la llamada “velación de las ánimas” / Donna Oliveros|Diario de Querétaro

Bajo la guía de las ánimas, durante la velada los capitanes deciden quién va a llevar los cargos para la danza, quienes serán los comisionados para mantener los cirios encendidos, quienes tenderán la “santa forma”, además de tejer y elaborar los chimales (ofrendas florales y frutales), los bastones y custodias con las que tomarán rumbo al siguiente día hacia el templo de la Cruz.

Por la contingencia sanitaria, Omar comparte que este año la velación será diferente. Empezando porque se realizará a puerta cerrada, solo con los integrantes de su mesa. Al siguiente día, una cuadrilla de 15 personas se presentará en el Templo de la Cruz, esta vez sin su reliquia: una antigua cruz de madera que data del año 1558, y que en palabras de Omar, fue utilizada por el fundador de la agrupación, Julián Campos, para evangelizar los valles queretanos.

Sin copilli ni danza rendirán culto

De acuerdo con la tradición, al pegar el primer rayo de sol sobre el techo del oratorio, la velación termina. Entonces los concheros se preparan con sus ofrendas, bastones y custodias para enfilarse rumbo al Templo de la Cruz, donde de acuerdo con el mito fundacional, en 1531 indígenas de la región se enfrentaron a los españoles en una batalla que llegó a su fin tras la aparición de Santiago Apóstol sobre su caballo y una cruz resplandeciente: “El es Dios”, exclamaron los originarios al verla. Y desde entonces, le rinden culto a la Santa Cruz con sus danzas y música.

“Pero ahora la rebelión será cuidarnos, no salir a exponernos. Puede que muchos compañeros (de otras mesas de danzantes) lo tomen con sentimentalismo y piensen que como somos guerreros debemos enfilarnos; pero recordemos que a veces el guerrero que sale victorioso en la batalla es quien sabe retirarse a tiempo para proteger a los suyos. Por eso decidimos retirarnos a tiempo, para proteger a nuestros seres queridos y en un futuro próximo, poder salir de nuevo a las calles y mostrar lo que somos”, afirma Omar.

Para evitar la aglomeración, las mesas de concheros se presentarán en diferentes horarios y en grupos de 15 personas en el Templo de la Cruz. En el caso de Unión de Danza Azteca de Querétaro, se acordó que ellos arribarán el 13 de septiembre, a las 12:30 horas, tocando sus instrumentos, pero sin utilizar el atuendo tradicional.

“Vamos a ir de civiles solamente con nuestros instrumentos de cuerda y sonajas. Supongo que cada grupo va a llevar su estandarte, pero nada más será una visita informal para presentar nuestros respetos”, detalla.

Aunque confiesa que la ausencia de danzas rituales causará gran pesar entre las organizaciones de concheros, señala que la contingencia sanitaria se puede aprovechar para hacer memoria y recordar aquellos años cuando los indígenas no podían expresar su cultura públicamente.

“Sí duele, sí nos da mucho sentimiento porque es una fecha que esperamos con mucha alegría y mucho amor (…) Ya son más de 190 años de estar en resistencia, en fiesta y en algarabía. Es la primera vez que no se va a salir a las calles a danzar (…) Antes del Porifiato si te veían expresando esto en las calles, prácticamente te mataban: ¿cual fue la forma de subsistir? Encerrados entre cuatro paredes (…) No nos afectó ni el Sitio de Querétaro, ni la Guerra de los Cristeros ni la Revolución, nada de eso nos afectó, hasta ahorita en esta pandemia”, relata.

Tradición en tiempos de Covid-19

Al interior del oratorio de la mesa Unión de Danza Azteca de Querétaro, sus integrantes ya han colocado gel antibacterial para la desinfección de manos y cuentan con un protocolo interno centrado en mantener sana distancia durante los rituales.

Para Omar, como para los capitanes de esta antigua mesa, seguir las recomendaciones de la Secretaría de Salud es importante, sobre todo porque la mayor parte de sus integrantes son adultos mayores y forman parte fundamental de la tradición.

De acuerdo con el conchero, la agrupación nació el 17 de agosto de 1558 y sus miembros pretenden que se extienda por lo menos un siglo más. “Por eso hay que aprender de la historia”, dice, recordando aquella pandemia que diezmó a la población indígena cuando llegaron los españoles al continente americano.

“Solo hay que recordar que cuando vinieron los invasores hubieron muchos decesos por enfermedades (…) No queremos que eso pase, queremos que nuestros compañeros de danza, nuestros compañeros de mesa, de grupo, los apaches, y los matlachines estén bien, que estén completos… queremos que formen parte de la historia y no de las estadísticas (de Covid-19)”, apunta.

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