/ martes 26 de febrero de 2019

Incertidumbre en las PYMES

Desde hoy y cada quince días escribirá aquí su análisis de los temas locales y nacionales la dirigente estatal de Coparmex, voz autorizada desde la IP

A principios de septiembre del año pasado López Obrador detallaba en una conferencia de prensa su estrategia para hacer crecer a las pymes. Decía ante empresarios de Caintra Monterrey que sí, que sí era una prioridad de su gobierno apoyar a las pequeñas y medianas empresas pero estaban estudiando el cómo hacerlo efectivo ante la gran cantidad de organismos intermedios y fideicomisos gubernamentales que distorsionaban la llegada de los recursos a los beneficiarios de dichos programas. Decía en pocas palabras que entidades como el Instituto del Emprendedor o ProMéxico o Nafin o Bancomext solo engrosaban el aparato de gobierno generando trabajo artificial a burócratas que devengaban un sueldo que no se traducía en un auténtico crecimiento de las micro y pequeñas empresas del país.

Los “qué’s” se escuchaban novedosos; resultaba novedoso que un jefe del ejecutivo con tendencia de izquierda y enemigo de esquemas “neoliberales” hablara de adelgazar el gobierno, de reducir la carga burocrática, de hace más eficientes a las instituciones y a los programas en beneficio de los emprendedores y pequeños empresarios. Resultaba que, sin darse cuenta, el nuevo ejecutivo defendía una bandera liberal añeja: el minarquismo, reducir lo más posible la presencia del estado pues éste tiende a ser ineficiente.

Pero aunque los “qué’s” generaron entre entusiasmo e incertidumbre (pues también había quienes decíamos que las instituciones a fusionar o a desaparecer desempeñaban funciones diametralmente distintas), nunca se habló de los “cómos”, ni durante dicho encuentro empresarial ni posterior a este. La duda sobre el apoyo a las pymes quedó en suspenso con la promesa de que dicho cambio se vería reflejado en el presupuesto de egresos de la Federación de 2019.

Y llegó el presupuesto para este año efectivamente con cero recursos para el Instituto del Emprendedor y con despidos y recortes en ProMéxico, Nafin y Bancomext pero sin explicar la estrategia de fondo, sin dar a conocer públicamente las acciones de corto, mediano y largo plazos; muy al estilo de la “estrategia” contra el huachicoleo se cerraba el ducto sin saber exactamente cómo se haría la distribución de los combustibles, sin pensar que el impasse genera costos, riesgos e incertidumbre.

Una incertidumbre que afecta ni más ni menos que a las generadoras del 80% del empleo en el país y que en su andar -a veces efímero- son las promotoras del talento, la innovación y la competitividad de México. Incertidumbre que no sólo puede poner un freno en la contratación y generación de empleo, sino en el PIB, pues las pymes aportan al menos el 42% de éste a la economía nacional.

Y es que no son pocos los retos que tienen las micro, pequeñas y medianas empresas en el país. Muchos diagnósticos se han hecho ya sobre las dificultades que existen para apoyar su creación, crecimiento y permanencia y muchos también son los conocimientos y estadísticas generadas sobre sus principales obstáculos; sabemos bien que 7 de cada 10 microempresarios mexicanos ven en el acceso al crédito rápido, con pocos requisitos y una tasa de interés accesible, como su principal reto. La función que en parte desarrollaba Nacional Financiera en conjunto con los bancos para adquisición de maquinaria o activos fijos ha quedado en el aire a la espera de un rediseño que aún no queda claro, y otros como el esquema de financiamiento de capital semilla de la Secretaría de Economía para el desarrollo de un prototipo comercial, la realización de un estudio de mercado, la elaboración de un plan de negocios o el registro de patentes, de plano han sido cancelados.

Si bien es cierto que desde hace años las opciones de acceso a crédito han aumentado en el país (como la entrada del financiamiento alternativo en línea) y las tasas de interés promedio han ido a la baja de acuerdo a datos de la OCDE, la inacción gubernamental mexicana puede estar creando ganadores temporales como lo son los operadores privados de crédito, quienes manejan tasas muchas veces inaccesibles para muchos emprendedores pues van del 40% hasta el 80% anual. Esta situación puede estar dando a los operarios crediticios vigentes un incentivo perverso pues ven, al menos a corto plazo, una salida de competidores gubernamentales en la colocación de créditos y con ello el encarecimiento del mismo. En resumen, hay incentivos a subir la tasa al crédito otorgado al micro o pequeño empresarios.

También sabemos que el reto de las pymes con más de un año es escalar sus ventas y consolidarse, pero en México al menos 1 de cada 2 pymes reconoce que no han podido crecer con el paso de los años y que continúan manejando el mismo volumen de ventas que tuvieron en su primer o primeros años de vida. Esto combinado con el punto anterior de acceso al crédito da una estadística nada halagüeña: solo el 50% de las pymes que consiguen un crédito lo terminan usando realmente para alcanzar objetivos estratégicos, mientras que el resto utilizan el préstamo para cubrir necesidades inmediatas o de corto plazo que poco contribuyen a su permanencia y desarrollo. Si estas labores de orientación, asesoría y apoyo a emprendedores y mipymes habían sido delegadas desde principios de 2013 al Instituto del Emprendedor, pareciera que ahora simplemente no hay quién asesore en su desarrollo a las empresas.

Y si a la falta de crédito accesible y a la capacitación y orientación que requieren las pymes agregamos la necesidad de una política fiscal y de seguridad social ajustadas, la implementación de una práctica reglamentada que reduzca los tiempos de pago de sus facturas, la simplificación de sus trámites gubernamentales o premiar a emprendedores con iniciativas de desarrollo tecnológico, la realidad es que se observa muy lento el actuar de ésta administración en la agenda pro pymes.

Por ello en un paso modesto pero con sentido de urgencia en Coparmex Querétaro hemos implementado un programa de apoyo que va a capacitar a las pequeñas empresas en cómo asumir mucho mejor estos retos, pero también, que va a convertirlas en proveedoras confiables para las grandes empresas, incentivando y conectando cadenas productivas que continúen dinamizando a la entidad. Es un paso de los muchos que deben darse desde ya para que las pymes continúen siendo el gran generador de empleos del país, y un paso que no espera ya los “cómos” de un gobierno que hoy se ve aletargado en el tema.

A principios de septiembre del año pasado López Obrador detallaba en una conferencia de prensa su estrategia para hacer crecer a las pymes. Decía ante empresarios de Caintra Monterrey que sí, que sí era una prioridad de su gobierno apoyar a las pequeñas y medianas empresas pero estaban estudiando el cómo hacerlo efectivo ante la gran cantidad de organismos intermedios y fideicomisos gubernamentales que distorsionaban la llegada de los recursos a los beneficiarios de dichos programas. Decía en pocas palabras que entidades como el Instituto del Emprendedor o ProMéxico o Nafin o Bancomext solo engrosaban el aparato de gobierno generando trabajo artificial a burócratas que devengaban un sueldo que no se traducía en un auténtico crecimiento de las micro y pequeñas empresas del país.

Los “qué’s” se escuchaban novedosos; resultaba novedoso que un jefe del ejecutivo con tendencia de izquierda y enemigo de esquemas “neoliberales” hablara de adelgazar el gobierno, de reducir la carga burocrática, de hace más eficientes a las instituciones y a los programas en beneficio de los emprendedores y pequeños empresarios. Resultaba que, sin darse cuenta, el nuevo ejecutivo defendía una bandera liberal añeja: el minarquismo, reducir lo más posible la presencia del estado pues éste tiende a ser ineficiente.

Pero aunque los “qué’s” generaron entre entusiasmo e incertidumbre (pues también había quienes decíamos que las instituciones a fusionar o a desaparecer desempeñaban funciones diametralmente distintas), nunca se habló de los “cómos”, ni durante dicho encuentro empresarial ni posterior a este. La duda sobre el apoyo a las pymes quedó en suspenso con la promesa de que dicho cambio se vería reflejado en el presupuesto de egresos de la Federación de 2019.

Y llegó el presupuesto para este año efectivamente con cero recursos para el Instituto del Emprendedor y con despidos y recortes en ProMéxico, Nafin y Bancomext pero sin explicar la estrategia de fondo, sin dar a conocer públicamente las acciones de corto, mediano y largo plazos; muy al estilo de la “estrategia” contra el huachicoleo se cerraba el ducto sin saber exactamente cómo se haría la distribución de los combustibles, sin pensar que el impasse genera costos, riesgos e incertidumbre.

Una incertidumbre que afecta ni más ni menos que a las generadoras del 80% del empleo en el país y que en su andar -a veces efímero- son las promotoras del talento, la innovación y la competitividad de México. Incertidumbre que no sólo puede poner un freno en la contratación y generación de empleo, sino en el PIB, pues las pymes aportan al menos el 42% de éste a la economía nacional.

Y es que no son pocos los retos que tienen las micro, pequeñas y medianas empresas en el país. Muchos diagnósticos se han hecho ya sobre las dificultades que existen para apoyar su creación, crecimiento y permanencia y muchos también son los conocimientos y estadísticas generadas sobre sus principales obstáculos; sabemos bien que 7 de cada 10 microempresarios mexicanos ven en el acceso al crédito rápido, con pocos requisitos y una tasa de interés accesible, como su principal reto. La función que en parte desarrollaba Nacional Financiera en conjunto con los bancos para adquisición de maquinaria o activos fijos ha quedado en el aire a la espera de un rediseño que aún no queda claro, y otros como el esquema de financiamiento de capital semilla de la Secretaría de Economía para el desarrollo de un prototipo comercial, la realización de un estudio de mercado, la elaboración de un plan de negocios o el registro de patentes, de plano han sido cancelados.

Si bien es cierto que desde hace años las opciones de acceso a crédito han aumentado en el país (como la entrada del financiamiento alternativo en línea) y las tasas de interés promedio han ido a la baja de acuerdo a datos de la OCDE, la inacción gubernamental mexicana puede estar creando ganadores temporales como lo son los operadores privados de crédito, quienes manejan tasas muchas veces inaccesibles para muchos emprendedores pues van del 40% hasta el 80% anual. Esta situación puede estar dando a los operarios crediticios vigentes un incentivo perverso pues ven, al menos a corto plazo, una salida de competidores gubernamentales en la colocación de créditos y con ello el encarecimiento del mismo. En resumen, hay incentivos a subir la tasa al crédito otorgado al micro o pequeño empresarios.

También sabemos que el reto de las pymes con más de un año es escalar sus ventas y consolidarse, pero en México al menos 1 de cada 2 pymes reconoce que no han podido crecer con el paso de los años y que continúan manejando el mismo volumen de ventas que tuvieron en su primer o primeros años de vida. Esto combinado con el punto anterior de acceso al crédito da una estadística nada halagüeña: solo el 50% de las pymes que consiguen un crédito lo terminan usando realmente para alcanzar objetivos estratégicos, mientras que el resto utilizan el préstamo para cubrir necesidades inmediatas o de corto plazo que poco contribuyen a su permanencia y desarrollo. Si estas labores de orientación, asesoría y apoyo a emprendedores y mipymes habían sido delegadas desde principios de 2013 al Instituto del Emprendedor, pareciera que ahora simplemente no hay quién asesore en su desarrollo a las empresas.

Y si a la falta de crédito accesible y a la capacitación y orientación que requieren las pymes agregamos la necesidad de una política fiscal y de seguridad social ajustadas, la implementación de una práctica reglamentada que reduzca los tiempos de pago de sus facturas, la simplificación de sus trámites gubernamentales o premiar a emprendedores con iniciativas de desarrollo tecnológico, la realidad es que se observa muy lento el actuar de ésta administración en la agenda pro pymes.

Por ello en un paso modesto pero con sentido de urgencia en Coparmex Querétaro hemos implementado un programa de apoyo que va a capacitar a las pequeñas empresas en cómo asumir mucho mejor estos retos, pero también, que va a convertirlas en proveedoras confiables para las grandes empresas, incentivando y conectando cadenas productivas que continúen dinamizando a la entidad. Es un paso de los muchos que deben darse desde ya para que las pymes continúen siendo el gran generador de empleos del país, y un paso que no espera ya los “cómos” de un gobierno que hoy se ve aletargado en el tema.

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