/ lunes 9 de marzo de 2020

Yo sí te creo

En las escuelas este tipo de situaciones suelen ser muy comunes

Son pocas las mujeres que pueden “presumir” de no haber sido víctimas de violencia de género a lo largo de su vida. Un silbido en la calle, un “arrimón” en el transporte público, tocamientos sin consentimiento, acoso y abuso sexual son algunas de las situaciones que desgraciadamente se han vuelto cotidianas.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la tasa de violencia sexual en contra de niñas y niños en México es de mil 764 por cada 100 mil, mientras que 5 mil de cada 100 mil sufren “tocamientos”, dice la Red por los Derechos de la Infancia. No obstante, existen casos en que no están documentados por las estadísticas e incluso son normalizados por la sociedad.

En las escuelas este tipo de situaciones suelen ser muy comunes (por desgracia), a mis escasos 12 años conocí un mundo “alterno” al del salón de clases, donde supuestos profesores con aires de “Don Juan”, seducían a las niñas en las aulas. Yo escuché muchas historias de compañeras que platicaban que “Rafa” el de química las invitaba a la bodega del laboratorio para besarlas o que el profe de inglés o de mate las invitaba a salir.

En aquél entonces se nos hacía divertida la situación, normalizabas el hecho, pero sin duda estabas a la vista de acosadores sexuales disfrazados de oveja.

Cuando cumplí los 15 años, conocí a un sujeto que llegó a tocar a mi casa para ofrecer una supuesta promoción de una estación de radio, me pidió nombre, edad, teléfono e incluso escuela a la que asistía. Días después me marcó por teléfono y afirmó que iría a visitarme a mi escuela y lo cumplió pese a mi negativa… pasó una semana hostigándome todos los días para salir con él, yo en mi inexperiencia sólo me escondía y lo evitaba hasta que se cansó y me dejó en paz.

A pesar de que el Código Penal Federal, en su artículo 259 Bis, habla sobre las sanciones que se impondrán a quienes “asedien reiteradamente a personas de cualquier sexo”, esto no ocurre en la práctica, existen muchas situaciones que no son penadas y más si se trata de menores de edad dentro de espacios que consideraríamos como “seguros”.

Hace unos días escuché a mi sobrina que este tipo de situaciones no han cambiado dentro de las aulas. Con tan solo 16 años también ha experimentado esas miradas lascivas y comentarios fuera de lugar de parte de ciertos profesores quienes impunemente se escudan en facha de profesor laureado para seguir acosando jovencitas.

Sin embargo, las formas no son las mismas, ya no son solo las aulas donde el acoso y hostigamiento se hacen presentes, ahora son las redes sociales donde los supuestos profesores hacen su aparición con “inocentes” solicitudes de amistad y conversaciones que derivan en proposiciones que, en muchas ocasiones, derivan en algo mucho peor.

Simplemente tenemos el caso de la UAQ. Desde que alumnas, trabajadoras y docentes dejaron de callar actos de acoso, violencia y abuso sexual, se han registrado ya 65 denuncias atendidas por la Unidad de Atención de Violencia de Género, además de la creación del protocolo con el que se visibiliza y se concientiza sobre la situación que enfrentan las mujeres en la institución.

Este es solo un avance, aún queda mucho por hacer, sobre todo porque el acoso y hostigamiento sigue presente y mientras las mujeres sigamos callando, la situación permanecerá sin un cambio real.

Son pocas las mujeres que pueden “presumir” de no haber sido víctimas de violencia de género a lo largo de su vida. Un silbido en la calle, un “arrimón” en el transporte público, tocamientos sin consentimiento, acoso y abuso sexual son algunas de las situaciones que desgraciadamente se han vuelto cotidianas.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la tasa de violencia sexual en contra de niñas y niños en México es de mil 764 por cada 100 mil, mientras que 5 mil de cada 100 mil sufren “tocamientos”, dice la Red por los Derechos de la Infancia. No obstante, existen casos en que no están documentados por las estadísticas e incluso son normalizados por la sociedad.

En las escuelas este tipo de situaciones suelen ser muy comunes (por desgracia), a mis escasos 12 años conocí un mundo “alterno” al del salón de clases, donde supuestos profesores con aires de “Don Juan”, seducían a las niñas en las aulas. Yo escuché muchas historias de compañeras que platicaban que “Rafa” el de química las invitaba a la bodega del laboratorio para besarlas o que el profe de inglés o de mate las invitaba a salir.

En aquél entonces se nos hacía divertida la situación, normalizabas el hecho, pero sin duda estabas a la vista de acosadores sexuales disfrazados de oveja.

Cuando cumplí los 15 años, conocí a un sujeto que llegó a tocar a mi casa para ofrecer una supuesta promoción de una estación de radio, me pidió nombre, edad, teléfono e incluso escuela a la que asistía. Días después me marcó por teléfono y afirmó que iría a visitarme a mi escuela y lo cumplió pese a mi negativa… pasó una semana hostigándome todos los días para salir con él, yo en mi inexperiencia sólo me escondía y lo evitaba hasta que se cansó y me dejó en paz.

A pesar de que el Código Penal Federal, en su artículo 259 Bis, habla sobre las sanciones que se impondrán a quienes “asedien reiteradamente a personas de cualquier sexo”, esto no ocurre en la práctica, existen muchas situaciones que no son penadas y más si se trata de menores de edad dentro de espacios que consideraríamos como “seguros”.

Hace unos días escuché a mi sobrina que este tipo de situaciones no han cambiado dentro de las aulas. Con tan solo 16 años también ha experimentado esas miradas lascivas y comentarios fuera de lugar de parte de ciertos profesores quienes impunemente se escudan en facha de profesor laureado para seguir acosando jovencitas.

Sin embargo, las formas no son las mismas, ya no son solo las aulas donde el acoso y hostigamiento se hacen presentes, ahora son las redes sociales donde los supuestos profesores hacen su aparición con “inocentes” solicitudes de amistad y conversaciones que derivan en proposiciones que, en muchas ocasiones, derivan en algo mucho peor.

Simplemente tenemos el caso de la UAQ. Desde que alumnas, trabajadoras y docentes dejaron de callar actos de acoso, violencia y abuso sexual, se han registrado ya 65 denuncias atendidas por la Unidad de Atención de Violencia de Género, además de la creación del protocolo con el que se visibiliza y se concientiza sobre la situación que enfrentan las mujeres en la institución.

Este es solo un avance, aún queda mucho por hacer, sobre todo porque el acoso y hostigamiento sigue presente y mientras las mujeres sigamos callando, la situación permanecerá sin un cambio real.

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