/ martes 9 de marzo de 2021

A debate, futuro de la realeza británica

Laboristas piden indagar los dichos de los duques de Sussex; republicanos urgen a “abolir la monarquía”

LONDRES. El Reino Unido intenta digerir, como un boxeador noqueado, los inéditos ataques lanzados por los duques de Sussex, Harry y Meghan, contra la casa real británica, a la que acusan de racismo y hostigamiento psicológico, mientras la oposición de izquierda y organizaciones republicanas claman por revisar el papel y el futuro de la monarquía.

En un país en el que ninguna fuerza política se declara oficialmente republicana, el líder de la oposición, el laborista Keir Starmer, fue contundente al calificar de “muy muy graves” las alegaciones de Harry y Meghan en una entrevista televisada y pedir una investigación al respecto.

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“Esto es más grande que la familia real. Durante demasiados años hemos desdeñado estas cuestiones y hemos estado dispuestos a dejarlas de lado”, afirmó.

Dijo que la denuncia “es un recordatorio de que demasiada gente sufre racismo en el Reino Unido del siglo XXI”, por lo que hay que tomarlo “muy seriamente”.

Por su parte, el consejero de la organización Republic, Graham Smith, consideró que la entrevista confirma lo que “la monarquía está podrida hasta la médula y no refleja los valores británicos”.

“Debemos mantener una conversación honesta sobre la alternativa democrática, la corrupción real, los costes, (la presunta ayuda al sector del) turismo y sobre las tonterías perpetuadas por los monárquicos durante años”, declaró.

Republic, marginal pero de arrastre mediático, llamó en redes sociales a la “abolición de la monarquía”.

Que el Palacio de Buckingham esconde una gelidez casi inhumana era algo que se presumía desde que Diana de Gales reveló sus entresijos antes de morir. Pero las denuncias de racismo encierran graves implicaciones políticas.

Ya embarazada (de su hijo Archie) “hubo preocupaciones y conversaciones sobre lo oscura que sería su piel cuando naciera”, dijo Meghan, aunque se negó a identificar el origen de esas palabras.

Harry echó más leña al fuego en un extracto de la entrevista no emitido por la CBS pero divulgado por redes sociales en el que aseguró que la pareja abandonó el Reino Unido “en gran parte” por el racismo, pero no sólo de familia real, conocida en el país como la Firma.

Harry también apuntó a la prensa británica, especialmente a los diarios sensacionalistas, a los que acusa de haber causado la muerte de su madre, Lady Di.

Las cargas de profundidad fueron tantas que el diario conservador Daily Telegraph aconsejó a los “royals” un chaleco antibalas para hacerles frente, pues no les bastará con “esconderse tras el sofá”.

Mientras que para la radiotelevisión pública BBC “fue “una entrevista devastadora” que revela “las terribles presiones dentro del palacio” y dibuja “la imagen de individuos insensibles perdidos en una institución” tan perdida como ellos.

Para los críticos, la visión de la monarquía en Reino Unido se basa en mitos que perpetúan a la institución, el gobierno y una prensa conservadora afín ávida por aumentar su circulación.

La herida que se abre trasciende las rencillas familiares características de los Windsor para situar el parteaguas en un problema de alto voltaje político como la discriminación por cuestión de raza.

El Palacio de Buckingham guarda silencio y Boris Johnson optó por un “no comment” a todas las preguntas que le formularon al respecto los periodistas en una rueda de prensa sobre el coronavirus.

“Tengo la mayor admiración por la reina y por el papel unificador que desempeña”, se limitó a decir el líder conservador.

Sin embargo, varias personalidades salieron en apoyo de la pareja e Incluso la Casa Blanca saludó la “valentía” de Harry y Meghan al “hablar de sus luchas con la salud mental y relatar su historia”.

El pasado diciembre, la firma demoscópica YouGove publicó un sondeo en el que 67 por ciento de los británicos dijo apoyar que continúe la monarquía, frente a 21 por ciento que prefería eliminarla, si bien entre los jóvenes el posicionamiento era del 42 frente al 34 por ciento.

Pero la fascinación por la realeza es un fenómeno mundial. Unos 17.1 millones de estadounidenses vieron el domingo la entrevista, dijo CBS, en uno de los mayores eventos televisivos del último año.



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En un país en el que ninguna fuerza política se declara oficialmente republicana, el líder de la oposición, el laborista Keir Starmer, fue contundente al calificar de “muy muy graves” las alegaciones de Harry y Meghan en una entrevista televisada y pedir una investigación al respecto.

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“Esto es más grande que la familia real. Durante demasiados años hemos desdeñado estas cuestiones y hemos estado dispuestos a dejarlas de lado”, afirmó.

Dijo que la denuncia “es un recordatorio de que demasiada gente sufre racismo en el Reino Unido del siglo XXI”, por lo que hay que tomarlo “muy seriamente”.

Por su parte, el consejero de la organización Republic, Graham Smith, consideró que la entrevista confirma lo que “la monarquía está podrida hasta la médula y no refleja los valores británicos”.

“Debemos mantener una conversación honesta sobre la alternativa democrática, la corrupción real, los costes, (la presunta ayuda al sector del) turismo y sobre las tonterías perpetuadas por los monárquicos durante años”, declaró.

Republic, marginal pero de arrastre mediático, llamó en redes sociales a la “abolición de la monarquía”.

Que el Palacio de Buckingham esconde una gelidez casi inhumana era algo que se presumía desde que Diana de Gales reveló sus entresijos antes de morir. Pero las denuncias de racismo encierran graves implicaciones políticas.

Ya embarazada (de su hijo Archie) “hubo preocupaciones y conversaciones sobre lo oscura que sería su piel cuando naciera”, dijo Meghan, aunque se negó a identificar el origen de esas palabras.

Harry echó más leña al fuego en un extracto de la entrevista no emitido por la CBS pero divulgado por redes sociales en el que aseguró que la pareja abandonó el Reino Unido “en gran parte” por el racismo, pero no sólo de familia real, conocida en el país como la Firma.

Harry también apuntó a la prensa británica, especialmente a los diarios sensacionalistas, a los que acusa de haber causado la muerte de su madre, Lady Di.

Las cargas de profundidad fueron tantas que el diario conservador Daily Telegraph aconsejó a los “royals” un chaleco antibalas para hacerles frente, pues no les bastará con “esconderse tras el sofá”.

Mientras que para la radiotelevisión pública BBC “fue “una entrevista devastadora” que revela “las terribles presiones dentro del palacio” y dibuja “la imagen de individuos insensibles perdidos en una institución” tan perdida como ellos.

Para los críticos, la visión de la monarquía en Reino Unido se basa en mitos que perpetúan a la institución, el gobierno y una prensa conservadora afín ávida por aumentar su circulación.

La herida que se abre trasciende las rencillas familiares características de los Windsor para situar el parteaguas en un problema de alto voltaje político como la discriminación por cuestión de raza.

El Palacio de Buckingham guarda silencio y Boris Johnson optó por un “no comment” a todas las preguntas que le formularon al respecto los periodistas en una rueda de prensa sobre el coronavirus.

“Tengo la mayor admiración por la reina y por el papel unificador que desempeña”, se limitó a decir el líder conservador.

Sin embargo, varias personalidades salieron en apoyo de la pareja e Incluso la Casa Blanca saludó la “valentía” de Harry y Meghan al “hablar de sus luchas con la salud mental y relatar su historia”.

El pasado diciembre, la firma demoscópica YouGove publicó un sondeo en el que 67 por ciento de los británicos dijo apoyar que continúe la monarquía, frente a 21 por ciento que prefería eliminarla, si bien entre los jóvenes el posicionamiento era del 42 frente al 34 por ciento.

Pero la fascinación por la realeza es un fenómeno mundial. Unos 17.1 millones de estadounidenses vieron el domingo la entrevista, dijo CBS, en uno de los mayores eventos televisivos del último año.



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