/ sábado 2 de noviembre de 2019

Elizabeth Warren, una de las favoritas para conquistar la Casa Blanca

"Nuestro sistema político funciona para los ricos y los pobres y deja detrás a todos los demás", repite una y otra vez.

La senadora estadounidense Elizabeth Warren, que fue durante tiempo votante republicana, encarna la mayor esperanza del ala progresista de los demócratas que sueñan con llegar a la Casa Blanca en 2020.

La candidata de 70 años es ahora una de las grandes favoritas de las primarias demócratas y podría ser, por tanto, la encargada de afrontar al multimillonario republicano Donald Trump el próximo año.

"Nuestro sistema político funciona para los ricos y los pobres y deja detrás a todos los demás", repite una y otra vez.

Warren hace campaña con un programa progresista que puede considerarse de izquierdas: lucha contra la desigualdad, protección del derecho al aborto, desmantelamiento de monopolios, anulación de una parte de las deudas contraídas por los estudiantes, etc.

La senadora explica que se pasó al bando demócrata por una historia familiar que nació en el corazón de su país, en Oklahoma, un estado con fuerte herencia amerindia, golpeado duramente por la pobreza a comienzos del siglo XX.

De niña descubrió la incertidumbre económica cuando su padre, el único que ganaba dinero en su familia, sufrió una crisis cardíaca y su madre salvó a la familia de la pobreza tras encontrar un trabajo en el que cobraba el salario mínimo.

La política septuagenaria recuerda ahora en sus discursos de campaña que un salario mínimo quizá ya no baste para huir de la pobreza.

Casada por primera vez a los 19 años, abandonó rápidamente sus estudios, pero los retomó más tarde cuando, siendo una joven madre, empezó a acudir a escuelas nocturnas

Esas clases, por las que pagó 50 dólares por semestre, una cantidad muy alejada de los precios actuales de la educación en Estados Unidos, fueron su "segunda oportunidad", según cuenta en un anuncio de campaña.

El resto de su recorrido profesional la llevó a ser maestra de niños discapacitados, profesora de Derecho en Harvard, senadora en 2013 y candidata a la Casa Blanca.

Sus tres hermanos se alistaron en el Ejército. "Era su boleto para alcanzar la clase media", explica Warren. "Hoy hay menos vías para acceder a la clase media y aún menos segundas oportunidades", lamenta.

- "Creciente popularidad" -

La senadora cuenta que se alejó del Partido Republicano a mediados de los noventa, cuando le pareció que este había elegido a Wall Street frente a familias asfixiadas por las deudas, no por culpa suya, sino a causa de un sistema sesgado.

Tras convertirse en una experta en asuntos de bancarrotas, alertó contra la crisis mucho antes del hundimiento de 2008 y fue convocada por el Congreso para supervisar el rescate del sector financiero, antes de inspirar al presidente Barack Obama para la creación de una agencia de protección de los clientes de bancos.

Warren fue la primera demócrata de peso en anunciar su candidatura para la investidura, el 31 de diciembre de 2018, y ha ido escalando poco a poco hasta el segundo lugar en las encuestas.

En su ascenso adelantó a su amigo, el senador independiente Bernie Sanders, que se presenta como socialista, cuando ella afirma ser "capitalista hasta la médula".

Para financiar las medidas que promueve, Warren propone una tasa a las grandes fortunas.

El aumento de su popularidad se nota en los mítines: las pequeñas afluencias de la primavera boreal se convirtieron en multitudes de miles de personas que esperan a veces durante horas para sacarse una foto con ella.

- Más críticas -

Su ascenso trajo, sin embargo, una consecuencia menos positiva: las críticas contra ella se han hecho más duras. Sus rivales centristas la acusan, por ejemplo, de ser demasiado vaga respecto a su propuesta de reforma del sistema de salud.

Un posible duelo con Trump podría resucitar además una polémica que tuvo durante su campaña. Tras mostrarse orgullosa durante mucho tiempo de sus orígenes amerindios, una prueba de ADN determinó que estos eran una parte ínfima de su patrimonio genético.

El presidente, al que le gusta burlarse de Warren llamándola "Pocahontas", recordaría probablemente aquella polémica.

Pero la senadora demócrata logró algo poco usual para los rivales de Trump: que este le dedicara unas palabras elogiosas.

"Renació de sus cenizas, lo admito", declaró el mandatario en octubre en Fox News. "Pero no me gusta hablar de ello".

La senadora estadounidense Elizabeth Warren, que fue durante tiempo votante republicana, encarna la mayor esperanza del ala progresista de los demócratas que sueñan con llegar a la Casa Blanca en 2020.

La candidata de 70 años es ahora una de las grandes favoritas de las primarias demócratas y podría ser, por tanto, la encargada de afrontar al multimillonario republicano Donald Trump el próximo año.

"Nuestro sistema político funciona para los ricos y los pobres y deja detrás a todos los demás", repite una y otra vez.

Warren hace campaña con un programa progresista que puede considerarse de izquierdas: lucha contra la desigualdad, protección del derecho al aborto, desmantelamiento de monopolios, anulación de una parte de las deudas contraídas por los estudiantes, etc.

La senadora explica que se pasó al bando demócrata por una historia familiar que nació en el corazón de su país, en Oklahoma, un estado con fuerte herencia amerindia, golpeado duramente por la pobreza a comienzos del siglo XX.

De niña descubrió la incertidumbre económica cuando su padre, el único que ganaba dinero en su familia, sufrió una crisis cardíaca y su madre salvó a la familia de la pobreza tras encontrar un trabajo en el que cobraba el salario mínimo.

La política septuagenaria recuerda ahora en sus discursos de campaña que un salario mínimo quizá ya no baste para huir de la pobreza.

Casada por primera vez a los 19 años, abandonó rápidamente sus estudios, pero los retomó más tarde cuando, siendo una joven madre, empezó a acudir a escuelas nocturnas

Esas clases, por las que pagó 50 dólares por semestre, una cantidad muy alejada de los precios actuales de la educación en Estados Unidos, fueron su "segunda oportunidad", según cuenta en un anuncio de campaña.

El resto de su recorrido profesional la llevó a ser maestra de niños discapacitados, profesora de Derecho en Harvard, senadora en 2013 y candidata a la Casa Blanca.

Sus tres hermanos se alistaron en el Ejército. "Era su boleto para alcanzar la clase media", explica Warren. "Hoy hay menos vías para acceder a la clase media y aún menos segundas oportunidades", lamenta.

- "Creciente popularidad" -

La senadora cuenta que se alejó del Partido Republicano a mediados de los noventa, cuando le pareció que este había elegido a Wall Street frente a familias asfixiadas por las deudas, no por culpa suya, sino a causa de un sistema sesgado.

Tras convertirse en una experta en asuntos de bancarrotas, alertó contra la crisis mucho antes del hundimiento de 2008 y fue convocada por el Congreso para supervisar el rescate del sector financiero, antes de inspirar al presidente Barack Obama para la creación de una agencia de protección de los clientes de bancos.

Warren fue la primera demócrata de peso en anunciar su candidatura para la investidura, el 31 de diciembre de 2018, y ha ido escalando poco a poco hasta el segundo lugar en las encuestas.

En su ascenso adelantó a su amigo, el senador independiente Bernie Sanders, que se presenta como socialista, cuando ella afirma ser "capitalista hasta la médula".

Para financiar las medidas que promueve, Warren propone una tasa a las grandes fortunas.

El aumento de su popularidad se nota en los mítines: las pequeñas afluencias de la primavera boreal se convirtieron en multitudes de miles de personas que esperan a veces durante horas para sacarse una foto con ella.

- Más críticas -

Su ascenso trajo, sin embargo, una consecuencia menos positiva: las críticas contra ella se han hecho más duras. Sus rivales centristas la acusan, por ejemplo, de ser demasiado vaga respecto a su propuesta de reforma del sistema de salud.

Un posible duelo con Trump podría resucitar además una polémica que tuvo durante su campaña. Tras mostrarse orgullosa durante mucho tiempo de sus orígenes amerindios, una prueba de ADN determinó que estos eran una parte ínfima de su patrimonio genético.

El presidente, al que le gusta burlarse de Warren llamándola "Pocahontas", recordaría probablemente aquella polémica.

Pero la senadora demócrata logró algo poco usual para los rivales de Trump: que este le dedicara unas palabras elogiosas.

"Renació de sus cenizas, lo admito", declaró el mandatario en octubre en Fox News. "Pero no me gusta hablar de ello".

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