Vitaflumen|Lina Bo Bardi

Me ha hecho regresar a casa con ganas de desempolvar fotografías de mi acervo y buscar aquellas que tomé hace un año en el Museo de Arte de São Paulo

Sandra Hernández | Colaboradora Diario de Querétaro

  · jueves 13 de febrero de 2020

Fotos: Sandra Hernández | Colaboradora Diario de Querétaro

Mi reciente visita al museo Jumex, que además de mostrar Pasajes de Luz de James Turrell cuenta con la exposición Habitat de la gran arquitecta italobrasileña Lina Bo Bardi, me ha hecho regresar a casa con ganas de desempolvar fotografías de mi acervo y buscar aquellas que tomé hace un año en el Museo de Arte de São Paulo (MASP).

El MASP es quizá la edificación insignia de São Paulo y una de las construcciones emblemáticas de Brasil, lo cual no es poca cosa, ya que se trata de un país que ha sido cuna de brillantes arquitectos que han dotado a sus ciudades de exquisita arquitectura de vanguardia. Está ubicado en la vialidad más importante de la ciudad, la Avenida Paulista, y se ha convertido en el nodo que une el centro financiero y cultural de la urbe con la “villa baja” gracias a su impresionante diseño de planta libre, hasta ahora la más grande del mundo.

En pocas palabras, podría decirse que el MASP es una caja suspendida de concreto armado y cristal sujetada por dos marcos, a manera de grapas, de concreto pretensado. La planta de acceso a nivel de calle se convierte en una enorme plaza pública cubierta por esa caja que se encuentra a casi diez metros sobre el nivel de piso y que cubre un claro de setenta y cuatro metros entre sus apoyos. Una estructura desafiante que sigue sorprendiendo a pesar de haber sido inaugurada hace más de cincuenta años (en 1968, para ser precisos). Solo la verdadera genialidad puede superar la dolorosa prueba del tiempo y esta gran obra parece no envejecer.

Pero eso no es todo. Después de quedar maravillados por la arquitectura de este museo y la relación que tiene con su ciudad, hay que vivir la experiencia del interior. Ahí, Bo Bardi se encargó también de diseñar el montaje de la magnífica colección de arte. Este montaje consiste en cubos de concreto posados al piso y colocados a lo largo del área de exposición. Cada cubo sostiene un cristal trasparente que a su vez sirve de montura para cada una de las obras expuestas. Esta solución nos permite pasear entre los cuadros y recorrerlos en trescientos sesenta grados (es posible, incluso, apreciar la ficha de museo que se coloca en la parte trasera de las piezas). Por la experiencia que brinda al visitante, esta propuesta museográfica se ha convertido en una de mis favoritas.

Lina Bo Bardi nació en Italia y en 1946, tras la guerra, emigró a Brasil junto con su esposo. Ahí se involucró de manera profunda con la cultura y raíces de su país adoptivo y consagró su trabajo a esta fusión de vanguardia y tradiciones que caracteriza a su obra. Su legado va más allá de la arquitectura y sus estudios a propósito de tecnologías constructivas y ecología, e incluye diseño industrial, producción de cine y teatro, diseño de escenografías, curadurías museográficas y más. Una mujer incansable que es inspiración para todos los que conocemos su trabajo.

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