/ viernes 22 de mayo de 2020

Médicos Sin Fronteras regresa a Guinea para luchar vs el Covid-19

Hace cuatro años los hombres de amarillo pusieron fin a la epidemia del ébola y ahora regresan a la región más afectada por el coronavirus

Cuatro años después del fin de la epidemia de ébola en África occidental, los "hombres de amarillo" de Médicos Sin Fronteras (MSF) regresan a trabajar en Guinea, uno de los países de la región más afectados por el coronavirus.

A pesar del estado de emergencia, el toque de queda y otras restricciones, la antigua colonia francesa, de unos 13 millones de habitantes, pobre a pesar de un subsuelo rico en minerales, vio el número de contaminaciones en alza, con cerca de 3.000 casos confirmados, de los cuales 30 murieron.

En Conakry, el hospital Donka, el más importante de un país con infraestructuras sanitarias deficientes, está saturado.

MSF reabrió a finales de abril, cerca del estadio más grande del país, en un municipio de la capital, un centro médico con una capacidad de 75 camas.

La oenegé lo creó por un millón de euros en 2015, en el momento más crítico de la epidemia de ébola en África occidental, la peor desde la identificación del virus en 1976.

"Los hombres de amarillo están de vuelta", comenta Amadu, un joven taxista de motocicleta, al ver pasar a la gente de MSF.

En cuestión de semanas, un centenar de personal sanitario trataron a 130 pacientes en tiendas blancas, coronadas con la bandera de la oenegé.

Detrás del recinto de ladrillos, la prioridad es "la separación estricta en dos zonas distintas, una contaminada y otra sana, para permitir al personal médico circular en un entorno completamente seguro", explica a la AFP el coordinador del centro, Julien Gircour.

Después del ébola, el centro fue confiado a las autoridades locales. "MSF tuvo que invertir mucho dinero para volver a poner el sitio al nivel de los estándares necesarios y adaptarlo a la respuesta contra la covid-19", dijo.

En un segundo momento, el sitio podría acoger más pacientes, así como casos más graves, según sus responsables.

- Pacientes impresionados -

El personal se prepara cuidadosamente antes de entrar en la zona contaminada. Trajes especiales, máscaras, capuchas, guantes y botas, siempre por parejas, para asegurarse de no olvidar nada.

El miedo al contagio y a la posible muerte puede entenderse. En la época del ébola, cuando un paciente infectado iba al centro, tenía "70% de riesgo de morir", recuerda el jefe de misión de MSF, Arnaud Badinier.

Las medidas barrera, como el distanciamiento físico, son poco respetadas e, incluso, controvertidas en Guinea.

Se necesita "más sensibilización" para hacer comprender que los mecanismos de contaminación de la covid-19, por vía aérea, son diferentes de los del ébola, que se transmite por contacto directo con los fluidos corporales, precisa.

Otra preocupación de la oenegé, presente desde 1984 en el país, es que el coronavirus lleve a descuidar los brotes de otras enfermedades, como el sarampión, el paludismo o el SIDA.

Los equipos de MSF están comprometidos contra el coronavirus en todo el mundo, incluidos 25 países de África. La oenegé adaptó proyectos existentes y abrió otros nuevos en los puntos críticos de la pandemia, explica una portavoz, Scheherazade Bouabid.

Cuatro años después del fin de la epidemia de ébola en África occidental, los "hombres de amarillo" de Médicos Sin Fronteras (MSF) regresan a trabajar en Guinea, uno de los países de la región más afectados por el coronavirus.

A pesar del estado de emergencia, el toque de queda y otras restricciones, la antigua colonia francesa, de unos 13 millones de habitantes, pobre a pesar de un subsuelo rico en minerales, vio el número de contaminaciones en alza, con cerca de 3.000 casos confirmados, de los cuales 30 murieron.

En Conakry, el hospital Donka, el más importante de un país con infraestructuras sanitarias deficientes, está saturado.

MSF reabrió a finales de abril, cerca del estadio más grande del país, en un municipio de la capital, un centro médico con una capacidad de 75 camas.

La oenegé lo creó por un millón de euros en 2015, en el momento más crítico de la epidemia de ébola en África occidental, la peor desde la identificación del virus en 1976.

"Los hombres de amarillo están de vuelta", comenta Amadu, un joven taxista de motocicleta, al ver pasar a la gente de MSF.

En cuestión de semanas, un centenar de personal sanitario trataron a 130 pacientes en tiendas blancas, coronadas con la bandera de la oenegé.

Detrás del recinto de ladrillos, la prioridad es "la separación estricta en dos zonas distintas, una contaminada y otra sana, para permitir al personal médico circular en un entorno completamente seguro", explica a la AFP el coordinador del centro, Julien Gircour.

Después del ébola, el centro fue confiado a las autoridades locales. "MSF tuvo que invertir mucho dinero para volver a poner el sitio al nivel de los estándares necesarios y adaptarlo a la respuesta contra la covid-19", dijo.

En un segundo momento, el sitio podría acoger más pacientes, así como casos más graves, según sus responsables.

- Pacientes impresionados -

El personal se prepara cuidadosamente antes de entrar en la zona contaminada. Trajes especiales, máscaras, capuchas, guantes y botas, siempre por parejas, para asegurarse de no olvidar nada.

El miedo al contagio y a la posible muerte puede entenderse. En la época del ébola, cuando un paciente infectado iba al centro, tenía "70% de riesgo de morir", recuerda el jefe de misión de MSF, Arnaud Badinier.

Las medidas barrera, como el distanciamiento físico, son poco respetadas e, incluso, controvertidas en Guinea.

Se necesita "más sensibilización" para hacer comprender que los mecanismos de contaminación de la covid-19, por vía aérea, son diferentes de los del ébola, que se transmite por contacto directo con los fluidos corporales, precisa.

Otra preocupación de la oenegé, presente desde 1984 en el país, es que el coronavirus lleve a descuidar los brotes de otras enfermedades, como el sarampión, el paludismo o el SIDA.

Los equipos de MSF están comprometidos contra el coronavirus en todo el mundo, incluidos 25 países de África. La oenegé adaptó proyectos existentes y abrió otros nuevos en los puntos críticos de la pandemia, explica una portavoz, Scheherazade Bouabid.

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