/ lunes 16 de octubre de 2023

Zibatá y Antea, claves del nuevo Querétaro

Creció la ciudad con comunidades de clase media; también destaca El Refugio y Up Town

“Los empresarios, y las empresas que construimos, debemos tener una gran sensibilidad social, porque si bien estamos aquí para ganar dinero, no hay duda, vivimos en un entorno complicado en cuanto a la desigualdad de oportunidades y de capacidades. Nosotros, como DRT, nos sentimos obligados a apoyar a la niñez, a la educación y finalmente al arte y la cultura”.

El doctor Víctor David Mena Aguilar ha encabezado, por 3 décadas, una empresa líder en desarrollo de infraestructura y ha acompañado el crecimiento de Querétaro desde una posición protagónica, pues la empresa que creó con el desaparecido José Oleszcovski, DRT, ha sido factor decisivo en la impresionante transformación de la entidad. Él mismo hace un balance de lo realizado y señala los que considera los mayores logros de su compañía:

“En lo habitacional, sin duda, es Zibatá; en lo comercial Antea y Up Town; y en lo industrial, el Parque Industrial Querétaro”.

En sus oficinas de siempre, rodeado de arte pictórico y escultórico, que es una de sus pasiones personales, nos recibe para platicar de lo que ha sido su aventura empresarial en una ciudad a la que llegó buscando mejores condiciones para su hijo con asma; un Querétaro con medio millón de habitantes en la que ya había invertido en construcción algunos años atrás, y donde se asoció con José Oleszcowski para crear, formalmente en 1993, Desarrollos Residenciales Turísticos, DRT.

¿Con qué proyecto iniciaron, Doctor?, le pregunto apenas servidos nuestros cafés.

“Comenzamos construyendo y vendiendo casas (nivel) residencial media plus en Juriquilla, con un valor de 200 a 200 mil dólares, en terrenos de 450 metros y con casas de 250 a 300 metros de construcción, en el año 93. Luego, a petición del licenciado Enrique Burgos, por entonces gobernador del Estado, construimos casas de interés social en San Pedrito Peñuelas; fueron 1,800 lotes y concluimos la construcción en el 95”.

¿Visualizaba usted entonces el crecimiento que podría tener una ciudad como Querétaro?

“No, la verdad no. Era una ciudad todavía muy manejable, de medio millón de habitantes, que si bien tenía características importantes, con centros educativos, espacios de diversión y esparcimiento, oferta gastronómica y turística, todavía no era la ciudad cosmopolita que hoy conocemos”.

El doctor Mena no tiene duda alguna sobre el momento más crítico, más difícil, de la aventura iniciada hace 30 años en Querétaro. Pese a haber ya vivido otras crisis financieras nacionales, y padecer, como todos, la terrible pandemia de la que apenas estamos saliendo, para él, el momento más crítico fue la crisis generada en diciembre de 1994.

“Yo viví la crisis de la bolsa del 87, viviendo en la Ciudad de México, pero eso fue relativamente pasajero y con daño menor, porque en ese tiempo estaba diversificado”, nos explica, “pero la crisis del 94 nos arrasó como constructores. Traíamos en ese tiempo como cien viviendas de interés medio-alto; nos agarró a la mitad de la construcción de un complejo de bodegas, ya vendidas la mitad, pero con el compromiso de terminarlas todas, y con un centro comercial con un contrato de arrendamiento con Comercial Mexicana que nos obligaba a terminar en febrero y entregar en marzo del 95. Fue un tiempo muy difícil. Los intereses subieron en un 140 por ciento, pero con trabajo, paciencia y la colaboración con los bancos, pudimos salir adelante”.

Foto: Gerardo Tavarez | Diario de Querétaro


Y va más allá cuando recuerda el salvavidas para mantener a flote a su empresa:

“Pudimos entregar el centro comercial y pagar todos los demás créditos con el flujo que teníamos de construcción de casas de interés social, porque para ese entonces ya hacíamos alrededor de mil casas al año, tanto en Querétaro como en San Juan del Río. Comenzamos a construir en Michoacán y así empezamos a expandirnos a todos los estados de la República”.

Para 1998, cuando DRT construía unas 2,500 casas por año en diez estados de la República, con poco más de 20 desarrollos ya autorizados, requirieron de un empuje económico que llegó de la mano de la empresa norteamericana Pulte Homes, constituyendo entonces DRT Pulte. Gracias a ello, siguieron con la construcción de casas hasta el 2004, cuando las dos empresas se separaron, dedicándose, ya DRT en solitario, a la construcción de vivienda de interés medio y residencial.

Tomaron la importante decisión de desarrollar tierra en grandes extensiones, dotarla de permisos y servicios y vender macrolotes a los constructores. Así nace Juriquilla Santa Fe, donde se vendieron cien hectáreas para hacer comunidades cerradas, con la idea de brindar seguridad, y con todos los servicios dentro de cada una de esas comunidades.

Después vendría el desarrollo de El Refugio y más tarde uno de los proyectos más ambiciosos de su historia comercial: Zibatá. De ello nos habla el Doctor Mena:

“Nace Zibatá con un concepto totalmente novedoso, con más de mil hectáreas de extensión y con características de residencial alto, pero a precios de residencial media. Las compañías constructoras que teníamos en Santa Fe nos siguieron, primero al Refugio y luego a Zibatá, y se fueron sumando constructores de todo el país, por este concepto de banco de tierra. Se potencializa así la oferta de vivienda y por lo tanto la demanda, y comunidades aspiracionales, donde la clase media puede llegar a jugar golf en un campo público, sin membresías y sin mayor costo que el de un Green Fee, que empezamos a cobrarlo en 250 pesos”.

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Sereno en la voz, claro de pensamiento y con los recuerdos frescos, Víctor Mena repasa el camino recorrido a lo largo de seis lustros. Parece un trayecto sencillo, pero evidentemente no lo fue. En Antea, el mayor centro comercial de la región, y Zibatá, un proyecto de desarrollo con dimensiones impresionantes e impensables otrora, parece resumir la infinidad de obra realizada, pero son apenas ejemplos significativos de su visión empresarial. El Parque Industrial Querétaro, construido en uno de los más importantes nodos de comunicación terrestre del país, y la labor altruista a través de la Fundación DRT son temas que no escapan a su recuento.


“Los empresarios, y las empresas que construimos, debemos tener una gran sensibilidad social, porque si bien estamos aquí para ganar dinero, no hay duda, vivimos en un entorno complicado en cuanto a la desigualdad de oportunidades y de capacidades. Nosotros, como DRT, nos sentimos obligados a apoyar a la niñez, a la educación y finalmente al arte y la cultura”.

El doctor Víctor David Mena Aguilar ha encabezado, por 3 décadas, una empresa líder en desarrollo de infraestructura y ha acompañado el crecimiento de Querétaro desde una posición protagónica, pues la empresa que creó con el desaparecido José Oleszcovski, DRT, ha sido factor decisivo en la impresionante transformación de la entidad. Él mismo hace un balance de lo realizado y señala los que considera los mayores logros de su compañía:

“En lo habitacional, sin duda, es Zibatá; en lo comercial Antea y Up Town; y en lo industrial, el Parque Industrial Querétaro”.

En sus oficinas de siempre, rodeado de arte pictórico y escultórico, que es una de sus pasiones personales, nos recibe para platicar de lo que ha sido su aventura empresarial en una ciudad a la que llegó buscando mejores condiciones para su hijo con asma; un Querétaro con medio millón de habitantes en la que ya había invertido en construcción algunos años atrás, y donde se asoció con José Oleszcowski para crear, formalmente en 1993, Desarrollos Residenciales Turísticos, DRT.

¿Con qué proyecto iniciaron, Doctor?, le pregunto apenas servidos nuestros cafés.

“Comenzamos construyendo y vendiendo casas (nivel) residencial media plus en Juriquilla, con un valor de 200 a 200 mil dólares, en terrenos de 450 metros y con casas de 250 a 300 metros de construcción, en el año 93. Luego, a petición del licenciado Enrique Burgos, por entonces gobernador del Estado, construimos casas de interés social en San Pedrito Peñuelas; fueron 1,800 lotes y concluimos la construcción en el 95”.

¿Visualizaba usted entonces el crecimiento que podría tener una ciudad como Querétaro?

“No, la verdad no. Era una ciudad todavía muy manejable, de medio millón de habitantes, que si bien tenía características importantes, con centros educativos, espacios de diversión y esparcimiento, oferta gastronómica y turística, todavía no era la ciudad cosmopolita que hoy conocemos”.

El doctor Mena no tiene duda alguna sobre el momento más crítico, más difícil, de la aventura iniciada hace 30 años en Querétaro. Pese a haber ya vivido otras crisis financieras nacionales, y padecer, como todos, la terrible pandemia de la que apenas estamos saliendo, para él, el momento más crítico fue la crisis generada en diciembre de 1994.

“Yo viví la crisis de la bolsa del 87, viviendo en la Ciudad de México, pero eso fue relativamente pasajero y con daño menor, porque en ese tiempo estaba diversificado”, nos explica, “pero la crisis del 94 nos arrasó como constructores. Traíamos en ese tiempo como cien viviendas de interés medio-alto; nos agarró a la mitad de la construcción de un complejo de bodegas, ya vendidas la mitad, pero con el compromiso de terminarlas todas, y con un centro comercial con un contrato de arrendamiento con Comercial Mexicana que nos obligaba a terminar en febrero y entregar en marzo del 95. Fue un tiempo muy difícil. Los intereses subieron en un 140 por ciento, pero con trabajo, paciencia y la colaboración con los bancos, pudimos salir adelante”.

Foto: Gerardo Tavarez | Diario de Querétaro


Y va más allá cuando recuerda el salvavidas para mantener a flote a su empresa:

“Pudimos entregar el centro comercial y pagar todos los demás créditos con el flujo que teníamos de construcción de casas de interés social, porque para ese entonces ya hacíamos alrededor de mil casas al año, tanto en Querétaro como en San Juan del Río. Comenzamos a construir en Michoacán y así empezamos a expandirnos a todos los estados de la República”.

Para 1998, cuando DRT construía unas 2,500 casas por año en diez estados de la República, con poco más de 20 desarrollos ya autorizados, requirieron de un empuje económico que llegó de la mano de la empresa norteamericana Pulte Homes, constituyendo entonces DRT Pulte. Gracias a ello, siguieron con la construcción de casas hasta el 2004, cuando las dos empresas se separaron, dedicándose, ya DRT en solitario, a la construcción de vivienda de interés medio y residencial.

Tomaron la importante decisión de desarrollar tierra en grandes extensiones, dotarla de permisos y servicios y vender macrolotes a los constructores. Así nace Juriquilla Santa Fe, donde se vendieron cien hectáreas para hacer comunidades cerradas, con la idea de brindar seguridad, y con todos los servicios dentro de cada una de esas comunidades.

Después vendría el desarrollo de El Refugio y más tarde uno de los proyectos más ambiciosos de su historia comercial: Zibatá. De ello nos habla el Doctor Mena:

“Nace Zibatá con un concepto totalmente novedoso, con más de mil hectáreas de extensión y con características de residencial alto, pero a precios de residencial media. Las compañías constructoras que teníamos en Santa Fe nos siguieron, primero al Refugio y luego a Zibatá, y se fueron sumando constructores de todo el país, por este concepto de banco de tierra. Se potencializa así la oferta de vivienda y por lo tanto la demanda, y comunidades aspiracionales, donde la clase media puede llegar a jugar golf en un campo público, sin membresías y sin mayor costo que el de un Green Fee, que empezamos a cobrarlo en 250 pesos”.

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Sereno en la voz, claro de pensamiento y con los recuerdos frescos, Víctor Mena repasa el camino recorrido a lo largo de seis lustros. Parece un trayecto sencillo, pero evidentemente no lo fue. En Antea, el mayor centro comercial de la región, y Zibatá, un proyecto de desarrollo con dimensiones impresionantes e impensables otrora, parece resumir la infinidad de obra realizada, pero son apenas ejemplos significativos de su visión empresarial. El Parque Industrial Querétaro, construido en uno de los más importantes nodos de comunicación terrestre del país, y la labor altruista a través de la Fundación DRT son temas que no escapan a su recuento.


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