/ domingo 12 de agosto de 2018

Disciplina y fuerza de acero; toman mujeres sector minero

Tradicionalmente se piensa en la minería como una industria en la que laboran hombres grandes, fuertes y rudos… pero la realidad es otra, cada vez son más las mujeres que participan en empresas de ese sector.


De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en 2016 el 11% del total del personal ocupado en la minería es mujer, lo que representó un avance de 3 puntos porcentuales contra la cifra de 2010.

“PICAR PIEDRA”


Minera La Negra es lo que se lee al entrar al túnel principal. La oscuridad y corrientes de aire natural del subsuelo se hacen presentes. No se ve nada más que las lámparas de los cascos de los compañeros y las torretas de la camioneta que nos transporta. El camino hacia el interior es lineal pero no uniforme. Bordos y charcos menean el vehículo. Conforme te adentras en esa “pequeña ciudad” subterránea se hace visible el tráfico de hombres, mujeres y vehículos ligeros o muy pesados como el jumbo que se mueven en las penumbras en su afán de extraer el mineral.


La Negra se ubica en Maconí, última delegación perteneciente al municipio de Cadereyta, ubicada al noreste del estado y a 141 kilómetros de la capital de Querétaro. La montaña es grande y colorida, donde el verde abunda.

Fotos: Miriam Martínez

SER MADRE Y MINERA, “TAREA COMPLICADA”


Para Soledad Martínez estas escenas son cotidianas. Todos los días se adentra en la oscuridad para realizar su trabajo. Ella es polvorera, elabora la cañuela y controla el explosivo para la ejecución de las detonaciones.


También es ayudante de operador del jumbo: debe maniobrar el pesado cable de alta tensión de ese camión que se usa para la barrenación (perforación), al mismo tiempo que apalea material para mantener limpia el área.


Soledad es originaria de Maconí, casada y con tres hijos de 14, 11 y 5 años; desde hace 11 años trabaja en La Negra. Desde que abrieron la mina ahí labora. Dice que en esta industria, ser minera y madre es una tarea complicada. Las jornadas laborales, aparte de absorber prologados tiempos, son físicamente desgastantes.

Fotos: Miriam Martínez

“A veces es complicado por el cambio de turnos y las desveladas. (Mis hijos) se quedan con mi mamá y hermana, son quienes siempre me han ayudado. Somos de Piñones, un rancho cerca de Maconí. Hay que viajar diario para llegar a la mina y de vuelta lo mismo. Mi hija la traigo de un lado a otro, sea cual sea el turno que me toque”, comenta Soledad.


Desde la reapertura de La Negra en Julio de 2006, empezaron a contratar mujeres para el trabajo en la mina a causa de la migración masculina al país del norte, no sin cierta necesidad o desconfianza; de hecho, durante siglos, la minería estuvo marcada por una leyenda: las mujeres no debían pisar una mina. En el caso de la Negra se decía era una mina fémina y se ponía celosa cuando habían otras mujeres por ahí, por ello escondería sus riquezas o provocaría catástrofes. Pero resultó ser completamente lo contrario.

Fotos: Miriam Martínez

MUJERES REBASAN A HOMBRES


Fotos: Miriam Martínez

Jefes de diferentes departamentos como laboratorio o seguridad y compañeros de operación comentan que el hecho de incursionar a las mujeres en esta actividad ha resultado favorable.


Más allá de realizar trabajos físicamente pesados, las mujeres trabajan mejor que los hombres: “no faltan, son dedicadas, trabajadoras, limpias, ordenas… no se dejan vencer; aparte de que le imprimen un sello delicado al trabajo (…) Pareciera ser rutinario pero si cualquiera de nosotros nos pusiéramos a hacerlo seguro no podríamos levantarnos al día siguiente. Mi mayor admiración por que la mayoría de ellas son casadas y con hijos, después de salir tienen que llegar a cocinar, a ver a los hijos, ayudarles en la escuela y al día siguiente vienen a trabajar como si nada. Manejar un hogar es mucho más difícil que manejar un laboratorio. Ahora sí que literal han picado piedra para ganarse un lugar en esta industria.”


De acuerdo con la Cámara Minera de México (CAMIMEX) en su Informe Anual 2012, expuso que el trabajo de la mujer en esta industria es “altamente benéfico, porque se encontró igualdad de productividad frente a sus pares masculinos, pero sobre todo un mayor sentimiento de lealtad, menos ausentismo, mayor responsabilidad y un trabajo más cuidadoso que permite un mayor rendimiento de la maquinaria”.

Fotos: Miriam Martínez

En México, las mujeres empezaron a incursionar en la minería a finales de la década de los 90, primeramente en los yacimientos de plata de Real del Monte y Pachuca, en Hidalgo, propiedad de Altos Hornos de México. En el país se dedican a esta industria unos 300 mil trabajadores, de acuerdo con cifras del Instituto Mexicano del Seguro Social.


En Maconí son 31 mujeres de 106 trabajadores de confianza y 22 sindicalizadas de 316, de las cuales aparte de las mineras de oficio, hay doctoras, ingenieras civiles, geólogas, ingenieras mineras, arquitectos, contadoras, abogadas, administradoras de empresas, ingeniero metalúrgico, entre otras. Aunque el número sigue siendo minoritario, ha ido en aumento en los últimos años.


INCLUSIÓN


La inclusión de mujeres en la minería está directamente relacionada con el cambio tecnológico al maniobrar ciertas maquinarias, pero el trabajo manual sigue siendo rudo, conlleva riesgos y requiere gran concentración en cualquiera de las áreas.

Fotos: Miriam Martínez

Para Eulogia Guerrero ser minera significa igualdad. “Ya estamos acostumbradas a tener que trabajar. Debemos organizarnos pues dejamos la comida ya hecha. Llega uno muy cansado. ¿De dónde sacamos fuerzas?, no sé, pero cumplimos con nuestra responsabilidad de la casa. Luego nos dicen: pues si ya eres casada ¿por qué no te sales de trabajar?, yo digo que no tiene nada de malo que trabajemos nosotras como mujeres, ayudar a cubrir los gastos, al contrario, habla muy bien de nosotras (…). Sí, nos gusta (ser mineras), aparte, lo vemos como un deporte, llegamos a cargar 70 u 80 kilos en la carretilla, ya no necesitamos ir a un gimnasio, aquí cargamos de más”, comenta sonriente.


Lleva 11 años en La Negra y tiene un hijo de 14 años. Nos cuenta que ahí es donde conoció al que ahora es su esposo. Cada que pasaba con su cubeta a recoger las muestras se veían, hasta que un día él la invitó a salir.

Fotos: Miriam Martínez

LILIA, SIN MIEDOS


Lilia Hernández es una minera que cumple una función administrativa dentro de la cueva de plata. Aunque su trabajo no requiere gran esfuerzo físico, sus tiempos laborales son prolongados. Entra a las 5:30 am y sale a las 5 de la tarde. Lleva 11 años siendo parte de La Negra. Tiene una hija de 13 años a quien su mamá le cuida desde que era una niña.


Comenta que proviene de familia minera, motivo por el cual no siente miedo trabajar en las entrañas de la misma. “Mi mamá se ha hecho cargo (de mi hija) más que yo porque es la que está todo el tiempo con ella. Cuando me vine a trabajar ella tenía tres años. Es un poco difícil. Uno quiere hacer muchas cosas cuando llega a casa pero no completas en tiempo. Yo no hago el rol de ama de casa y a lo mejor ni de mamá. Hago lo que puedo, para lo que me alcanza… Ahora, mi hija sí me reclama, más por la edad en la que está, que no tengo tiempo para ella, que me la paso trabajando”.

Fotos: Miriam Martínez

TODOS DEBEN MADRUGAR


La alarma de Alicia Casas suena pasadas las cinco de la mañana. Se mete a bañar, se arregla y desayuna algo ligero. Hoy le toca entrar en el primer turno. La oscuridad aún es evidente. Toma su casco, sus lentes y su mochila para encaminarse al lugar en donde llegarán los camiones de personal que los transportarán a la mina.


Son unos 10 minutos de su casa a la parada. Llega, saluda y desea buenos días a sus compañeros y compañeras que ya esperan en el lugar. Para eso entonces son las 6:20 de la mañana. Risas y pláticas se escuchan en el ambiente mientras esperan la llegada del autobús.

Fotos: Miriam Martínez



MACONÍ NO DUERME


Maconí nunca duerme pues su plan de producción son 3 mil toneladas diarias que saca la mina y que tiene qué procesar la planta. Sus trabajadores se turnan tres jornadas, incluidas las mujeres. Trabajan seis días y descansan uno. Los salarios base de las mineras son igualitarios al de los hombres y son de alrededor de 3 mil pesos libres a la semana.


Por más que se preguntó ninguna mujer se quejó de machismo en el trabajo. “Siempre nos han tratado con respeto pero nosotras se lo demostramos en la manera de trabajar a nuestros compañeros”, enorgullecida comenta Eulogia.


Una manera de contrarrestar las extenuantes tareas en esta industria es por medio de actividades socioculturales de convivencia entre los trabajadores y sus familias.

Fotos: Miriam Martínez

DÍA DEL MINERO


El 11 de julio es el día del Minero y cada año Maconí lo celebra en grande. Trabajadores sindicalizados, de confianza y la comunidad en general son todos invitados a la fiesta. La comida es en magnitud, los borregos en barbacoa son su platillo principal. El baile se prolonga por varias horas: tríos huapangueros y una banda son los encargados de poner el ambiente pero para engalanar la noche, El Vagón Chicano dio fin a los festejos de este 2018.

Fotos: Miriam Martínez

Tradicionalmente se piensa en la minería como una industria en la que laboran hombres grandes, fuertes y rudos… pero la realidad es otra, cada vez son más las mujeres que participan en empresas de ese sector.


De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en 2016 el 11% del total del personal ocupado en la minería es mujer, lo que representó un avance de 3 puntos porcentuales contra la cifra de 2010.

“PICAR PIEDRA”


Minera La Negra es lo que se lee al entrar al túnel principal. La oscuridad y corrientes de aire natural del subsuelo se hacen presentes. No se ve nada más que las lámparas de los cascos de los compañeros y las torretas de la camioneta que nos transporta. El camino hacia el interior es lineal pero no uniforme. Bordos y charcos menean el vehículo. Conforme te adentras en esa “pequeña ciudad” subterránea se hace visible el tráfico de hombres, mujeres y vehículos ligeros o muy pesados como el jumbo que se mueven en las penumbras en su afán de extraer el mineral.


La Negra se ubica en Maconí, última delegación perteneciente al municipio de Cadereyta, ubicada al noreste del estado y a 141 kilómetros de la capital de Querétaro. La montaña es grande y colorida, donde el verde abunda.

Fotos: Miriam Martínez

SER MADRE Y MINERA, “TAREA COMPLICADA”


Para Soledad Martínez estas escenas son cotidianas. Todos los días se adentra en la oscuridad para realizar su trabajo. Ella es polvorera, elabora la cañuela y controla el explosivo para la ejecución de las detonaciones.


También es ayudante de operador del jumbo: debe maniobrar el pesado cable de alta tensión de ese camión que se usa para la barrenación (perforación), al mismo tiempo que apalea material para mantener limpia el área.


Soledad es originaria de Maconí, casada y con tres hijos de 14, 11 y 5 años; desde hace 11 años trabaja en La Negra. Desde que abrieron la mina ahí labora. Dice que en esta industria, ser minera y madre es una tarea complicada. Las jornadas laborales, aparte de absorber prologados tiempos, son físicamente desgastantes.

Fotos: Miriam Martínez

“A veces es complicado por el cambio de turnos y las desveladas. (Mis hijos) se quedan con mi mamá y hermana, son quienes siempre me han ayudado. Somos de Piñones, un rancho cerca de Maconí. Hay que viajar diario para llegar a la mina y de vuelta lo mismo. Mi hija la traigo de un lado a otro, sea cual sea el turno que me toque”, comenta Soledad.


Desde la reapertura de La Negra en Julio de 2006, empezaron a contratar mujeres para el trabajo en la mina a causa de la migración masculina al país del norte, no sin cierta necesidad o desconfianza; de hecho, durante siglos, la minería estuvo marcada por una leyenda: las mujeres no debían pisar una mina. En el caso de la Negra se decía era una mina fémina y se ponía celosa cuando habían otras mujeres por ahí, por ello escondería sus riquezas o provocaría catástrofes. Pero resultó ser completamente lo contrario.

Fotos: Miriam Martínez

MUJERES REBASAN A HOMBRES


Fotos: Miriam Martínez

Jefes de diferentes departamentos como laboratorio o seguridad y compañeros de operación comentan que el hecho de incursionar a las mujeres en esta actividad ha resultado favorable.


Más allá de realizar trabajos físicamente pesados, las mujeres trabajan mejor que los hombres: “no faltan, son dedicadas, trabajadoras, limpias, ordenas… no se dejan vencer; aparte de que le imprimen un sello delicado al trabajo (…) Pareciera ser rutinario pero si cualquiera de nosotros nos pusiéramos a hacerlo seguro no podríamos levantarnos al día siguiente. Mi mayor admiración por que la mayoría de ellas son casadas y con hijos, después de salir tienen que llegar a cocinar, a ver a los hijos, ayudarles en la escuela y al día siguiente vienen a trabajar como si nada. Manejar un hogar es mucho más difícil que manejar un laboratorio. Ahora sí que literal han picado piedra para ganarse un lugar en esta industria.”


De acuerdo con la Cámara Minera de México (CAMIMEX) en su Informe Anual 2012, expuso que el trabajo de la mujer en esta industria es “altamente benéfico, porque se encontró igualdad de productividad frente a sus pares masculinos, pero sobre todo un mayor sentimiento de lealtad, menos ausentismo, mayor responsabilidad y un trabajo más cuidadoso que permite un mayor rendimiento de la maquinaria”.

Fotos: Miriam Martínez

En México, las mujeres empezaron a incursionar en la minería a finales de la década de los 90, primeramente en los yacimientos de plata de Real del Monte y Pachuca, en Hidalgo, propiedad de Altos Hornos de México. En el país se dedican a esta industria unos 300 mil trabajadores, de acuerdo con cifras del Instituto Mexicano del Seguro Social.


En Maconí son 31 mujeres de 106 trabajadores de confianza y 22 sindicalizadas de 316, de las cuales aparte de las mineras de oficio, hay doctoras, ingenieras civiles, geólogas, ingenieras mineras, arquitectos, contadoras, abogadas, administradoras de empresas, ingeniero metalúrgico, entre otras. Aunque el número sigue siendo minoritario, ha ido en aumento en los últimos años.


INCLUSIÓN


La inclusión de mujeres en la minería está directamente relacionada con el cambio tecnológico al maniobrar ciertas maquinarias, pero el trabajo manual sigue siendo rudo, conlleva riesgos y requiere gran concentración en cualquiera de las áreas.

Fotos: Miriam Martínez

Para Eulogia Guerrero ser minera significa igualdad. “Ya estamos acostumbradas a tener que trabajar. Debemos organizarnos pues dejamos la comida ya hecha. Llega uno muy cansado. ¿De dónde sacamos fuerzas?, no sé, pero cumplimos con nuestra responsabilidad de la casa. Luego nos dicen: pues si ya eres casada ¿por qué no te sales de trabajar?, yo digo que no tiene nada de malo que trabajemos nosotras como mujeres, ayudar a cubrir los gastos, al contrario, habla muy bien de nosotras (…). Sí, nos gusta (ser mineras), aparte, lo vemos como un deporte, llegamos a cargar 70 u 80 kilos en la carretilla, ya no necesitamos ir a un gimnasio, aquí cargamos de más”, comenta sonriente.


Lleva 11 años en La Negra y tiene un hijo de 14 años. Nos cuenta que ahí es donde conoció al que ahora es su esposo. Cada que pasaba con su cubeta a recoger las muestras se veían, hasta que un día él la invitó a salir.

Fotos: Miriam Martínez

LILIA, SIN MIEDOS


Lilia Hernández es una minera que cumple una función administrativa dentro de la cueva de plata. Aunque su trabajo no requiere gran esfuerzo físico, sus tiempos laborales son prolongados. Entra a las 5:30 am y sale a las 5 de la tarde. Lleva 11 años siendo parte de La Negra. Tiene una hija de 13 años a quien su mamá le cuida desde que era una niña.


Comenta que proviene de familia minera, motivo por el cual no siente miedo trabajar en las entrañas de la misma. “Mi mamá se ha hecho cargo (de mi hija) más que yo porque es la que está todo el tiempo con ella. Cuando me vine a trabajar ella tenía tres años. Es un poco difícil. Uno quiere hacer muchas cosas cuando llega a casa pero no completas en tiempo. Yo no hago el rol de ama de casa y a lo mejor ni de mamá. Hago lo que puedo, para lo que me alcanza… Ahora, mi hija sí me reclama, más por la edad en la que está, que no tengo tiempo para ella, que me la paso trabajando”.

Fotos: Miriam Martínez

TODOS DEBEN MADRUGAR


La alarma de Alicia Casas suena pasadas las cinco de la mañana. Se mete a bañar, se arregla y desayuna algo ligero. Hoy le toca entrar en el primer turno. La oscuridad aún es evidente. Toma su casco, sus lentes y su mochila para encaminarse al lugar en donde llegarán los camiones de personal que los transportarán a la mina.


Son unos 10 minutos de su casa a la parada. Llega, saluda y desea buenos días a sus compañeros y compañeras que ya esperan en el lugar. Para eso entonces son las 6:20 de la mañana. Risas y pláticas se escuchan en el ambiente mientras esperan la llegada del autobús.

Fotos: Miriam Martínez



MACONÍ NO DUERME


Maconí nunca duerme pues su plan de producción son 3 mil toneladas diarias que saca la mina y que tiene qué procesar la planta. Sus trabajadores se turnan tres jornadas, incluidas las mujeres. Trabajan seis días y descansan uno. Los salarios base de las mineras son igualitarios al de los hombres y son de alrededor de 3 mil pesos libres a la semana.


Por más que se preguntó ninguna mujer se quejó de machismo en el trabajo. “Siempre nos han tratado con respeto pero nosotras se lo demostramos en la manera de trabajar a nuestros compañeros”, enorgullecida comenta Eulogia.


Una manera de contrarrestar las extenuantes tareas en esta industria es por medio de actividades socioculturales de convivencia entre los trabajadores y sus familias.

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