/ jueves 31 de enero de 2019

Más de 20 denuncias de violación cada mes

Activistas por la igualdad de género aseguran que los espacios públicos privilegian a los hombres y las mujeres son relegadas hasta cuando caminan

*23 casos de violaciones se presentaron en abril, el mes con menor cantidad de casos.

*41 violaciones se reportaron en junio.


Las calles y el espacio público otorgan privilegios a los hombres, afirman activistas. Una calle vacía o poco iluminada, puentes solitarios o llenos de hombres, hasta las canchas a la hora del recreo, suponen diferencias que dejan a las mujeres relegadas.

Más allá de que el Semáforo Delictivo oscile entre el amarillo y el rojo a lo largo de los meses del año en delitos como las violaciones, varias organizaciones demandan reeducar y redistribuir el espacio público para que las mujeres puedan sentirse seguras cuando caminan solas.

De acuerdo con el Semáforo Delictivo, cada mes se superan los 20 casos de violación en el estado. Abril de 2017 tuvo menos violaciones con 23 denuncias y junio de ese año fue el más alto, con 41 denuncias. Pero las violaciones, los secuestros o los ataques en la calle no son los únicos riesgos que enfrentan las mujeres en las calles. Los mal llamados piropos, son un factor que genera miedo y que pueden escalar a situaciones peligrosas.


LOS RECORRIDOS LARGOS

LA REEDUCACIÓN es la solución a libertades en el espacio público. Foto: Hugo Camacho


Irene sale de trabajar a las 10 de la noche de lunes a viernes. Si tiene la “mala suerte” de que en la esquina de la parada está un grupo de hombres que le gritan obscenidades, prefiere viajar un par de cuadras más y regresar caminando.

“Nunca me han hecho algo, pero vivo con el miedo de que traten de hacerlo. Muchas veces sólo me dicen cosas, me lo dicen casi al oído, se ríen, me da miedo. Si veo a una patrulla los policías no hacen nada y yo sólo quiero llegar”, expresa.

El caso de Irene no es único. Sara dice que cuando sale con sus amigas no se puede dormir hasta que todas avisan que ya llegaron a sus casas. Anotan placas, toman fotos, se fijan en los conductores. Viven con miedo. “Ni lo notas, ya es común”, dice Sara.

NO HAY MIRADA DE GÉNERO

MUJERES demandan seguridad en espacios públicos. Foto: Hugo Camacho


Género UAQ, unidad especializada para los estudios de género de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), estudia desde hace tiempo estas desigualdades. La coordinadora de Género UAQ, Cathia Huerta Arellano, afirma que los espacios públicos no se diseñaron para las mujeres.

“Las banquetas pequeñas, pegadas al paso de automóviles, se presta a violencia callejera. Todos los días hay comentarios de chicas a las que se les agredió o violentó en la calle. Los hombres pueden salir a las 3 am, caminar solos, para las mujeres hay una diferencia muy grave, siguen siendo acotadas a ciertos espacios, a ciertos horarios, eso es un mecanismo de violencia”, dice.

ORGANIZACIÓN, LA ÚNICA SALIDA

CON EDUCACIÓN esperan vencer desigualdad en espacio público. Foto: Hugo Camacho


En redes sociales se ofertan desde cursos de defensa personal que cuestan hasta 400 y 800 pesos por semana, hasta artículos de defensa personal como gas pimienta, en 80 o 150 pesos. Son las opciones para la seguridad de las mujeres.

“Son medidas horribles, una mujer tiene que escoger entre un curso de algo que le guste y un curso de defensa personal. Eso es lo que se ofrece”, insiste la especialista de Género UAQ.

Karen pagó 400 pesos al mes por un curso de boxeo para defenderse; lo abandonó antes de los dos meses porque su profesor la acosaba. “Ni siquiera pedí que me regresaran la inscripción”, recuerda.

Para Cathia Huerta esto tiene que ver con la estigmatización social. A las mujeres se les juzga cuando son víctimas porque se presupone que algo hicieron para “incitar” a su agresor o deben presentar pruebas suficientes.

La activista Liliana Gutiérrez Leal, de la organización Salud y Género, señala que la diferencia del espacio público inicia desde la escuela. “Lo puedes ver cuando las niñas y los niños juegan en el recreo: ellos se apropian de todo un espacio para jugar futbol, ellas se quedan sentadas en una orilla”.

Para acabar con esa tendencia, Cathia Huerta señala que se requiere de un proceso para reeducar a la población, no sólo en las escuelas, sino entre las autoridades, para que las mujeres empiecen a sentirse seguras en el espacio público, como es obligatorio en términos de igualdad.

*23 casos de violaciones se presentaron en abril, el mes con menor cantidad de casos.

*41 violaciones se reportaron en junio.


Las calles y el espacio público otorgan privilegios a los hombres, afirman activistas. Una calle vacía o poco iluminada, puentes solitarios o llenos de hombres, hasta las canchas a la hora del recreo, suponen diferencias que dejan a las mujeres relegadas.

Más allá de que el Semáforo Delictivo oscile entre el amarillo y el rojo a lo largo de los meses del año en delitos como las violaciones, varias organizaciones demandan reeducar y redistribuir el espacio público para que las mujeres puedan sentirse seguras cuando caminan solas.

De acuerdo con el Semáforo Delictivo, cada mes se superan los 20 casos de violación en el estado. Abril de 2017 tuvo menos violaciones con 23 denuncias y junio de ese año fue el más alto, con 41 denuncias. Pero las violaciones, los secuestros o los ataques en la calle no son los únicos riesgos que enfrentan las mujeres en las calles. Los mal llamados piropos, son un factor que genera miedo y que pueden escalar a situaciones peligrosas.


LOS RECORRIDOS LARGOS

LA REEDUCACIÓN es la solución a libertades en el espacio público. Foto: Hugo Camacho


Irene sale de trabajar a las 10 de la noche de lunes a viernes. Si tiene la “mala suerte” de que en la esquina de la parada está un grupo de hombres que le gritan obscenidades, prefiere viajar un par de cuadras más y regresar caminando.

“Nunca me han hecho algo, pero vivo con el miedo de que traten de hacerlo. Muchas veces sólo me dicen cosas, me lo dicen casi al oído, se ríen, me da miedo. Si veo a una patrulla los policías no hacen nada y yo sólo quiero llegar”, expresa.

El caso de Irene no es único. Sara dice que cuando sale con sus amigas no se puede dormir hasta que todas avisan que ya llegaron a sus casas. Anotan placas, toman fotos, se fijan en los conductores. Viven con miedo. “Ni lo notas, ya es común”, dice Sara.

NO HAY MIRADA DE GÉNERO

MUJERES demandan seguridad en espacios públicos. Foto: Hugo Camacho


Género UAQ, unidad especializada para los estudios de género de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), estudia desde hace tiempo estas desigualdades. La coordinadora de Género UAQ, Cathia Huerta Arellano, afirma que los espacios públicos no se diseñaron para las mujeres.

“Las banquetas pequeñas, pegadas al paso de automóviles, se presta a violencia callejera. Todos los días hay comentarios de chicas a las que se les agredió o violentó en la calle. Los hombres pueden salir a las 3 am, caminar solos, para las mujeres hay una diferencia muy grave, siguen siendo acotadas a ciertos espacios, a ciertos horarios, eso es un mecanismo de violencia”, dice.

ORGANIZACIÓN, LA ÚNICA SALIDA

CON EDUCACIÓN esperan vencer desigualdad en espacio público. Foto: Hugo Camacho


En redes sociales se ofertan desde cursos de defensa personal que cuestan hasta 400 y 800 pesos por semana, hasta artículos de defensa personal como gas pimienta, en 80 o 150 pesos. Son las opciones para la seguridad de las mujeres.

“Son medidas horribles, una mujer tiene que escoger entre un curso de algo que le guste y un curso de defensa personal. Eso es lo que se ofrece”, insiste la especialista de Género UAQ.

Karen pagó 400 pesos al mes por un curso de boxeo para defenderse; lo abandonó antes de los dos meses porque su profesor la acosaba. “Ni siquiera pedí que me regresaran la inscripción”, recuerda.

Para Cathia Huerta esto tiene que ver con la estigmatización social. A las mujeres se les juzga cuando son víctimas porque se presupone que algo hicieron para “incitar” a su agresor o deben presentar pruebas suficientes.

La activista Liliana Gutiérrez Leal, de la organización Salud y Género, señala que la diferencia del espacio público inicia desde la escuela. “Lo puedes ver cuando las niñas y los niños juegan en el recreo: ellos se apropian de todo un espacio para jugar futbol, ellas se quedan sentadas en una orilla”.

Para acabar con esa tendencia, Cathia Huerta señala que se requiere de un proceso para reeducar a la población, no sólo en las escuelas, sino entre las autoridades, para que las mujeres empiecen a sentirse seguras en el espacio público, como es obligatorio en términos de igualdad.

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