/ sábado 15 de junio de 2019

Vitaflumen: Viaje Redondo

El ocaso de Quebec me trae de vuelta a Querétaro, que me arropa bajo un cielo azul que se consume como cada tarde

Durante muchos años la presencia hidrográfica en mi vida fue —por decirlo de una forma— mítica.

Nací en una ciudad alejada del mar cuya escena urbana carece de ríos que la atraviesen o algo que se le asemeje. Una metrópoli que irónicamente fue levantada sobre un vasto lago del que ahora no queda una gota, tan solo un glorioso recuerdo cimentado en crónicas, leyendas y uno que otro croquis como aquel que colgaba en la la oficina de mi padre y que estudié una y otra vez para intentar descifrar el gran pasado lacustre de mi tierra natal, la antigua Tenochtitlán, hoy convertida en una inmensa mancha deshidratada y gris.

Mi primera emigración, a Querétaro, llegó en la adolescencia. Me mudé de un valle húmedo y lluvioso a una ciudad de tierra seca y clima semiárido, donde la existencia de cauces fluyentes sería casi milagrosa. El río Querétaro, que oficialmente forma parte de la cuenca del río Lerma y que (imaginariamente) cruza de oriente a poniente la ciudad, es tan solo una presencia fantasmal, una reminiscencia de alguna de las versiones pasadas de la estructura de esta ciudad. Una vez más, la curiosidad me llevó a indagar entre imágenes y planos. Anhelaba encontrar cualquier prueba de vida de ese río ahora inerte y así poder acuñar la añoranza de algo que no tuve pero que sentía que me pertenecía por el simple hecho de ser habitante de este lugar.

Después partí a Quebec.

Quebec se encuentra en la ribera norte del río San Lorenzo, justamente en su tramo más angosto (de hecho, la ciudad de ahí toma su nombre: Quebec es una palabra que viene del vocablo algonquino Kebek que significa: «ahí donde el río se estrecha»). El San Lorenzo es un viajero robusto que nace en la frontera entre Canadá y Estados Unidos, en la región de los Grandes Lagos, pasa por la provincia de Ontario y atraviesa toda la provincia de Quebec hasta fundirse en el Atlántico. Mil ciento cuarenta kilómetros de imponente recorrido.

Mi idilio con Quebec se cristaliza a través de este río. Caminatas y carreras cotidianas, excursiones en bicicleta, lecturas en la ribera, paseos en velero. Durante años fue lo primero que veía al despertar. Sus aguas me arrullaron, me apaciguaron y me acompañaron en estoica complicidad. Me enseñó su idioma y todas sus voces: en verano un susurro de suaves corrientes, en invierno crepitan sus aguas congeladas, en primavera el deshielo lo obliga a vociferar. La fascinación que causó en mí desde el primer día permanece intacta.

Y ahora, en medio de este trance proustiano, me encuentro aquí montada en el ferry que me pasea por el Saint-Laurent de una orilla a otra. Es invierno. Los bloques de hielo que flotan en el agua crujen con el roce del barco que a su vez rechina con un canto lastimero. El viento helado, el cielo gris y, a lo lejos —hacia el sur—, la visión borrosa de los puentes.

Y detrás de los puentes el sol se pone. El cielo empieza a arder y acentúa la línea del horizonte que minutos antes lucía borrosa. Entonces pienso en Querétaro, en su cielo en llamas, y de nuevo embiste la saudade con una más de sus argucias. Es que al tener dos patrias el corazón añora todo el tiempo y se convierte en rara costumbre suspirar a deshoras por ese allá donde se ha quedado una versión de nosotros que no quisiéramos soltar.

Ahí inicia mi viaje de regreso. El ocaso de Quebec me trae de vuelta a Querétaro, que me arropa bajo un cielo azul que se consume como cada tarde. La nostalgia trae boleto de ida y vuelta. La nostalgia es siempre un viaje redondo.


* Texto originalmente publicado en la revista Ciudad Adentro, número 1, enero 2017.


———————————-


Texto y fotografías de Sandra Hernández, arquitecta y fotógrafa. Su pasión por el tema urbano y su acontecer cotidiano le ha llevado a explorar el mundo desde estas dos disciplinas cuya práctica está estrechamente ligada: una complementa a la otra.

Cuando no está de viaje trabajando en algún proyecto, divide su tiempo entre las ciudades de Quebec, Canadá y Querétaro, México.

www.vitaflumen.com

Instagram: @Vita_Flumen / Facebook: @VitaFlumen1

Durante muchos años la presencia hidrográfica en mi vida fue —por decirlo de una forma— mítica.

Nací en una ciudad alejada del mar cuya escena urbana carece de ríos que la atraviesen o algo que se le asemeje. Una metrópoli que irónicamente fue levantada sobre un vasto lago del que ahora no queda una gota, tan solo un glorioso recuerdo cimentado en crónicas, leyendas y uno que otro croquis como aquel que colgaba en la la oficina de mi padre y que estudié una y otra vez para intentar descifrar el gran pasado lacustre de mi tierra natal, la antigua Tenochtitlán, hoy convertida en una inmensa mancha deshidratada y gris.

Mi primera emigración, a Querétaro, llegó en la adolescencia. Me mudé de un valle húmedo y lluvioso a una ciudad de tierra seca y clima semiárido, donde la existencia de cauces fluyentes sería casi milagrosa. El río Querétaro, que oficialmente forma parte de la cuenca del río Lerma y que (imaginariamente) cruza de oriente a poniente la ciudad, es tan solo una presencia fantasmal, una reminiscencia de alguna de las versiones pasadas de la estructura de esta ciudad. Una vez más, la curiosidad me llevó a indagar entre imágenes y planos. Anhelaba encontrar cualquier prueba de vida de ese río ahora inerte y así poder acuñar la añoranza de algo que no tuve pero que sentía que me pertenecía por el simple hecho de ser habitante de este lugar.

Después partí a Quebec.

Quebec se encuentra en la ribera norte del río San Lorenzo, justamente en su tramo más angosto (de hecho, la ciudad de ahí toma su nombre: Quebec es una palabra que viene del vocablo algonquino Kebek que significa: «ahí donde el río se estrecha»). El San Lorenzo es un viajero robusto que nace en la frontera entre Canadá y Estados Unidos, en la región de los Grandes Lagos, pasa por la provincia de Ontario y atraviesa toda la provincia de Quebec hasta fundirse en el Atlántico. Mil ciento cuarenta kilómetros de imponente recorrido.

Mi idilio con Quebec se cristaliza a través de este río. Caminatas y carreras cotidianas, excursiones en bicicleta, lecturas en la ribera, paseos en velero. Durante años fue lo primero que veía al despertar. Sus aguas me arrullaron, me apaciguaron y me acompañaron en estoica complicidad. Me enseñó su idioma y todas sus voces: en verano un susurro de suaves corrientes, en invierno crepitan sus aguas congeladas, en primavera el deshielo lo obliga a vociferar. La fascinación que causó en mí desde el primer día permanece intacta.

Y ahora, en medio de este trance proustiano, me encuentro aquí montada en el ferry que me pasea por el Saint-Laurent de una orilla a otra. Es invierno. Los bloques de hielo que flotan en el agua crujen con el roce del barco que a su vez rechina con un canto lastimero. El viento helado, el cielo gris y, a lo lejos —hacia el sur—, la visión borrosa de los puentes.

Y detrás de los puentes el sol se pone. El cielo empieza a arder y acentúa la línea del horizonte que minutos antes lucía borrosa. Entonces pienso en Querétaro, en su cielo en llamas, y de nuevo embiste la saudade con una más de sus argucias. Es que al tener dos patrias el corazón añora todo el tiempo y se convierte en rara costumbre suspirar a deshoras por ese allá donde se ha quedado una versión de nosotros que no quisiéramos soltar.

Ahí inicia mi viaje de regreso. El ocaso de Quebec me trae de vuelta a Querétaro, que me arropa bajo un cielo azul que se consume como cada tarde. La nostalgia trae boleto de ida y vuelta. La nostalgia es siempre un viaje redondo.


* Texto originalmente publicado en la revista Ciudad Adentro, número 1, enero 2017.


———————————-


Texto y fotografías de Sandra Hernández, arquitecta y fotógrafa. Su pasión por el tema urbano y su acontecer cotidiano le ha llevado a explorar el mundo desde estas dos disciplinas cuya práctica está estrechamente ligada: una complementa a la otra.

Cuando no está de viaje trabajando en algún proyecto, divide su tiempo entre las ciudades de Quebec, Canadá y Querétaro, México.

www.vitaflumen.com

Instagram: @Vita_Flumen / Facebook: @VitaFlumen1

Local

Atiende 10 casos por campañas anticipadas

Desde junio, se han comenzado a resolver los procedimientos especial sancionadores, esto a consecuencia de las reformas electorales

Local

Acusan de robo al crimen organizado

Fue un comando ligado al crimen organizado el que robó 70 computadoras; Gilberto Herrera, delegado de la Secretaría del Bienestar en Querétaro.

Local

En Centro de Congresos no atienden casos leves

La UMA está destinada para personas que no cuentan las condiciones para aislarse en sus casas o que requieren algunos cuidado

Moda

Exposiciones de moda triunfan en Francia en plena pandemia

Desde Chanel hasta una muestra sobre la faceta desconocida de Man Ray en el mundo de la alta costura

Mundo

Japón se compromete a lograr neutralidad de carbono en 2050

"Declaro que vamos a reducir (las emisiones) de gases de efecto invernadero a cero de aquí a 2050", aseguró el primer ministro

Mundo

Más de 60 millones de personas adelantan su voto en EU

Se trata de un ritmo de récord que podría desembocar en la mayor participación en más de un siglo

Doble Vía

Barbie Día de Muertos, criticada por monetizar la tradición mexicana

Se trata de una adaptación de la "Catrina" o "Calavera Garbancera", creada por el caricaturista José Guadalupe Posada en 1912

Mundo

Dura ofensiva de los monárquicos radicales en Tailandia

Insultos, amenazas de muerte o fotos de féretros circulan en internet, como la de un fusil automático en la mano de un monárquico radical que jura que protegerá al rey

Política

Se revisa el tema del agua en el norte: AMLO

El Presidente advirtió que es temporada política y hay intereses creados sobre este tema