/ sábado 18 de septiembre de 2021

Cómo conservar una pieza antigua

Leticia Pérez de Camino, especialista del cuerpo de conservadoras y restauradoras del Museo de Artes Decorativas de Madrid, da algunas pautas a tener en cuenta en un entorno doméstico

Las antigüedades son elementos especialmente delicados, en casi todas las ocasiones, con mucho valor sentimental para sus propietarios. Se trata de piezas que hemos ido adquiriendo y forman parte de nuestras vidas, con un valor que va más allá del económico. Ya sean pinturas, esculturas, cerámicas, tapices, muebles u orfebrería, estas obras son delicadas y requieren de una serie de cuidados específicos a tener en cuenta.

En primer lugar hay que protegerlas de la suciedad y cuidarlas para que el inevitable paso del tiempo percuta lo menos posible en ellas y les hagan perder su valor. Pero, ¿cuáles son los principales elementos de deterioro que más perjudica un bien artístico además del paso del tiempo o la suciedad?

En las colecciones privadas, el deterioro o la mala conservación de una pieza valiosa o antigüedad puede implicar su devaluación económica por lo que es imprescindible un plan de conservación preventiva, para tratar de minimizar o evitar su deterioro progresivo.

Pero la realización de este plan preventivo es algo muy costoso que implica, en ocasiones, la consulta de distintos expertos que sólo museos o instituciones pueden permitirse. Pequeños gestos pueden ayudar en gran manera a la conservación de piezas artísticas dentro de un entorno doméstico.

CONSERVAR Y RESTAURAR NO ES LO MISMO.

Las pautas o actuaciones preventivas para la correcta exposición de cualquier obra o mantenerla en buen estado es competencia de los conservadores, a los que le corresponde el examen, documentación, datación, tratamiento, prevención y cuidado, mientras la restauración va dirigida a la ejecución para la corrección de alteraciones sufridas por una mala conservación.

A la hora de intervenir una pieza, intervienen todo un equipo de expertos entre conservadores y restauradores: “todo un proceso, costoso, porque implica muchos profesionales donde prevalece la máxima de cuanto menos tocar, mejor”, explica Leticia Pérez de Camino, restauradora del Museo de Artes Decorativas.

“Tocar lo menos posible suele ser el criterio porque hay algunas malas actuaciones que pueda ser irreversibles, por eso hay que proceder siempre pensando que lo que hagas, cada intervención, pueda ser también borrada en un futuro. Existen criterios internacionales pero al final todo es subjetivo, que pueden cambiar, por eso se pide la moderación”, nos dice la experta.

CONTROLAR LUZ, HUMEDAD Y TEMPERATURA.

Pero todo pasa por mantener la obra estable. Es aconsejable ubicar las piezas en espacios donde no exista mucha variación de temperatura, de humedad porque, según el material de nuestra obra, un exceso de humedad puede llegar a afectar los pigmentos, incluso a la urdimbre (hilos del tejido) de los lienzos.

Una luz y una temperatura constante, de entre 18 y 25, son ideales aunque solo pueden hacer los grandes museos que cuentan con medios. Pero esto es una generalidad, algo elástico que se debe sopesar en una balanza, porque por ejemplo una cerámica no requiere tanto nivel de exigencia, es decir hay objetos para los que esos valores no son tan rígidos.

Mucho cuidado hay que tener con los lomos de un libro, que se blanquean conforme pasa el tiempo si la luz incide en ellos porque los rayos de luz son acumulativos (como en la piel), o el papel de periódico que es muy difícil conservar.

LA FOTOGRAFÍA, UN MUNDO APARTE.

“Para las fotografías, lo importante es evitar la luz y que se guarden en papel de conservación, que esté libre de ácido, o en papel normal y corriente como los folios que son buen elemento para separar. El papel de cebolla es malo, el papel vegetal no, el plástico tampoco es recomendable, un simple folio blanco es lo mejor para separar las fotos”, explica Pérez de Camino.

“En un marco de fotos, ésta no se debe colocar directamente sobre el cristal, porque con el paso del tiempo se queda pegada a éste, y ya no hay nada que hacer. Hay que evitar que la foto o la lámina quede encapsulado por los cambios de humedad, quedándose el papel pegado, sin recuperación”.

Según un reciente estudio, las acuarelas no se deslucen más con el paso del tiempo, sino que su deterioro depende de la calidad de sus materiales, por lo tanto, en condiciones adecuadas, no necesitan cristal.

FALSOS MITOS SOBRE LA LIMPIEZA.

Las limpiezas son necesarias pero por un profesional, no hay que tocarlas, solo quitar el polvo y en seco. Pérez de Camino da algunos consejos en este sentido:

+ Lo de limpiar con saliva, rotundamente no. Lo cierto es que eso viene de antiguamente cuando no había otro recurso, quizá por el poder desinfectante de la saliva humana… pero ahora no.

+ “Si queremos limpiar, solo en seco. Para más profundidad debe de entrar la mano de los expertos. A nivel usuario lo más que podemos hacer es usar un jabón neutro si cuesta quitar algo de suciedad. Pero nada más, porque puedes borrar, en una acuarela o en un gouache, alguna veladura”.

+ Nunca limpiar con una patata, deja lógicamente restos orgánicos en la superficie, y éstas suelen ser porosas.

+ También hay que desterrar la creencia de limpiar el mármol con limón porque es ácido y como tal, después se activa y al ser poroso, resulta corrosivo.

+ Tampoco se recomiendan algunos productos para limpiar la plata, usados habitualmente en los hogares. No son tan buenos como se piensa ya que deja muchos restos, residuos, sobre todo en climas húmedos, que generan suciedad en sus recovecos y alteraciones en la pieza. Lo más práctico son las bayetas específicas.

+ Las piezas doradas no deben tocar la humedad, siempre limpieza en seco.

¿CÓMO ALMACENAR?

Si necesitamos plegar una pintura en un rulo para transportarlo, éste debería de ser de entre 5 y 20 centímetros. Las pinturas tienen una capa de imprimación y preparación, más la pintura y el barniz, que no es conveniente que esté doblado por mucho tiempo.

+ Los cuadros deben llevar cuñas detrás en sus bastidores, y lógicamente con el paso del tiempo, un cuadro sin tensión se va arrugando. Ahora normalmente llevan cuñas para mantener sus bastidores fijos y para poder darles tensión suavemente con un martillo cuando lo necesite.

“Las telas van perdiendo su tensión, por lo con el tiempo necesitan ser revisadas. Si no tiene cuñas toca ponerle bandas para restaurarla”.

“VOLVER AL ARMARIO DE NUESTRAS ABUELAS”.

El mejor ejemplo de organización y protección para telas, ropas, vajillas, cristalerías, cuberterías, abanicos…, sería como lo hacían nuestras abuelas: todo tapado o envuelto en paños blancos, de algodón o hilo, en bolsitas de tela… nada mejor para conservarlo perfecto.

“Eran unos tiempos en que se tenían pocas cosas y eran para toda la vida. Antes la ropa, las vajillas, las cristalerías,… todo se cuidaba, se mimaba y duraba toda la vida, y como normalmente eran buenos materiales pasaban décadas en perfecto estado”, conservar y guardar, frente al feroz consumismo y el tirar todo, de hoy en día. Toda una lección de ecología.

Las antigüedades son elementos especialmente delicados, en casi todas las ocasiones, con mucho valor sentimental para sus propietarios. Se trata de piezas que hemos ido adquiriendo y forman parte de nuestras vidas, con un valor que va más allá del económico. Ya sean pinturas, esculturas, cerámicas, tapices, muebles u orfebrería, estas obras son delicadas y requieren de una serie de cuidados específicos a tener en cuenta.

En primer lugar hay que protegerlas de la suciedad y cuidarlas para que el inevitable paso del tiempo percuta lo menos posible en ellas y les hagan perder su valor. Pero, ¿cuáles son los principales elementos de deterioro que más perjudica un bien artístico además del paso del tiempo o la suciedad?

En las colecciones privadas, el deterioro o la mala conservación de una pieza valiosa o antigüedad puede implicar su devaluación económica por lo que es imprescindible un plan de conservación preventiva, para tratar de minimizar o evitar su deterioro progresivo.

Pero la realización de este plan preventivo es algo muy costoso que implica, en ocasiones, la consulta de distintos expertos que sólo museos o instituciones pueden permitirse. Pequeños gestos pueden ayudar en gran manera a la conservación de piezas artísticas dentro de un entorno doméstico.

CONSERVAR Y RESTAURAR NO ES LO MISMO.

Las pautas o actuaciones preventivas para la correcta exposición de cualquier obra o mantenerla en buen estado es competencia de los conservadores, a los que le corresponde el examen, documentación, datación, tratamiento, prevención y cuidado, mientras la restauración va dirigida a la ejecución para la corrección de alteraciones sufridas por una mala conservación.

A la hora de intervenir una pieza, intervienen todo un equipo de expertos entre conservadores y restauradores: “todo un proceso, costoso, porque implica muchos profesionales donde prevalece la máxima de cuanto menos tocar, mejor”, explica Leticia Pérez de Camino, restauradora del Museo de Artes Decorativas.

“Tocar lo menos posible suele ser el criterio porque hay algunas malas actuaciones que pueda ser irreversibles, por eso hay que proceder siempre pensando que lo que hagas, cada intervención, pueda ser también borrada en un futuro. Existen criterios internacionales pero al final todo es subjetivo, que pueden cambiar, por eso se pide la moderación”, nos dice la experta.

CONTROLAR LUZ, HUMEDAD Y TEMPERATURA.

Pero todo pasa por mantener la obra estable. Es aconsejable ubicar las piezas en espacios donde no exista mucha variación de temperatura, de humedad porque, según el material de nuestra obra, un exceso de humedad puede llegar a afectar los pigmentos, incluso a la urdimbre (hilos del tejido) de los lienzos.

Una luz y una temperatura constante, de entre 18 y 25, son ideales aunque solo pueden hacer los grandes museos que cuentan con medios. Pero esto es una generalidad, algo elástico que se debe sopesar en una balanza, porque por ejemplo una cerámica no requiere tanto nivel de exigencia, es decir hay objetos para los que esos valores no son tan rígidos.

Mucho cuidado hay que tener con los lomos de un libro, que se blanquean conforme pasa el tiempo si la luz incide en ellos porque los rayos de luz son acumulativos (como en la piel), o el papel de periódico que es muy difícil conservar.

LA FOTOGRAFÍA, UN MUNDO APARTE.

“Para las fotografías, lo importante es evitar la luz y que se guarden en papel de conservación, que esté libre de ácido, o en papel normal y corriente como los folios que son buen elemento para separar. El papel de cebolla es malo, el papel vegetal no, el plástico tampoco es recomendable, un simple folio blanco es lo mejor para separar las fotos”, explica Pérez de Camino.

“En un marco de fotos, ésta no se debe colocar directamente sobre el cristal, porque con el paso del tiempo se queda pegada a éste, y ya no hay nada que hacer. Hay que evitar que la foto o la lámina quede encapsulado por los cambios de humedad, quedándose el papel pegado, sin recuperación”.

Según un reciente estudio, las acuarelas no se deslucen más con el paso del tiempo, sino que su deterioro depende de la calidad de sus materiales, por lo tanto, en condiciones adecuadas, no necesitan cristal.

FALSOS MITOS SOBRE LA LIMPIEZA.

Las limpiezas son necesarias pero por un profesional, no hay que tocarlas, solo quitar el polvo y en seco. Pérez de Camino da algunos consejos en este sentido:

+ Lo de limpiar con saliva, rotundamente no. Lo cierto es que eso viene de antiguamente cuando no había otro recurso, quizá por el poder desinfectante de la saliva humana… pero ahora no.

+ “Si queremos limpiar, solo en seco. Para más profundidad debe de entrar la mano de los expertos. A nivel usuario lo más que podemos hacer es usar un jabón neutro si cuesta quitar algo de suciedad. Pero nada más, porque puedes borrar, en una acuarela o en un gouache, alguna veladura”.

+ Nunca limpiar con una patata, deja lógicamente restos orgánicos en la superficie, y éstas suelen ser porosas.

+ También hay que desterrar la creencia de limpiar el mármol con limón porque es ácido y como tal, después se activa y al ser poroso, resulta corrosivo.

+ Tampoco se recomiendan algunos productos para limpiar la plata, usados habitualmente en los hogares. No son tan buenos como se piensa ya que deja muchos restos, residuos, sobre todo en climas húmedos, que generan suciedad en sus recovecos y alteraciones en la pieza. Lo más práctico son las bayetas específicas.

+ Las piezas doradas no deben tocar la humedad, siempre limpieza en seco.

¿CÓMO ALMACENAR?

Si necesitamos plegar una pintura en un rulo para transportarlo, éste debería de ser de entre 5 y 20 centímetros. Las pinturas tienen una capa de imprimación y preparación, más la pintura y el barniz, que no es conveniente que esté doblado por mucho tiempo.

+ Los cuadros deben llevar cuñas detrás en sus bastidores, y lógicamente con el paso del tiempo, un cuadro sin tensión se va arrugando. Ahora normalmente llevan cuñas para mantener sus bastidores fijos y para poder darles tensión suavemente con un martillo cuando lo necesite.

“Las telas van perdiendo su tensión, por lo con el tiempo necesitan ser revisadas. Si no tiene cuñas toca ponerle bandas para restaurarla”.

“VOLVER AL ARMARIO DE NUESTRAS ABUELAS”.

El mejor ejemplo de organización y protección para telas, ropas, vajillas, cristalerías, cuberterías, abanicos…, sería como lo hacían nuestras abuelas: todo tapado o envuelto en paños blancos, de algodón o hilo, en bolsitas de tela… nada mejor para conservarlo perfecto.

“Eran unos tiempos en que se tenían pocas cosas y eran para toda la vida. Antes la ropa, las vajillas, las cristalerías,… todo se cuidaba, se mimaba y duraba toda la vida, y como normalmente eran buenos materiales pasaban décadas en perfecto estado”, conservar y guardar, frente al feroz consumismo y el tirar todo, de hoy en día. Toda una lección de ecología.

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