/ viernes 12 de noviembre de 2021

Danza de otoño

El espectador

Con el séptimo concurso coreográfico estudiantil, la sociedad de alumnos del Colegio Nacional de Danza Contemporánea (CENADAC) inauguró en el Foro Escénico del Museo de la Ciudad de Querétaro, la Temporada de Otoño 2021, el pasado miércoles 27 de octubre.

De haber sido un concurso de espectáculos dancísticos juveniles seguramente la disputa habría sido entre “Regresión”, coreografía presentada por Sol Jasso Vargas por su riqueza técnica y acertado manejo de una diversidad de recursos escénicos para narrar una trama romántica y nostálgica de hondura particularmente femenina. Por otra parte “Ok alfadhir heitir”, con una atinada conjunción musical y dancística proyectando una gozosa, jubilosa alegría femenina, ‘descará’ y trasgresora. Notable el lucimiento escenográfico de recursos sencillos como unas mallas color carne combinadas con un leotardo gris-metálico que habitualmente veríamos cuando una bailarina da la correspondiente clase, entrenando o ensayando. El detalle transformador consistió en un arnés de correas o lazos negros cruzados-amarrados sobre el pecho; también forzando los escotes o aberturas por encima de las crestas iliacas. La oscurísima cabellera brillante esponjada-ensortijada; los ojos resaltados con marcado delineamiento apoyando la intensidad de la intencionada mirada. La iluminación mucho semejó la de un seguidor. El reclamo de atención fue imposible negar. « Al público hay darle un punto donde fijar la atención», decía la maestra Guillermina Bravo (1920-2010) fundadora del CENADAC.

Sin embargo ,la decisión ganadora fue para “Abrumación y otras asfixias secundarias”, con una interpretación de intencionalidad metafórica de la reglamentación y encorsetado prejuiciado de las relaciones humanas. Este resultado ha sido en extremo localista pues recayó en el único de los cuatro trabajos en la lisa presentado por los estudiantes convocantes, con la peculiaridad de que la presidenta de la asociación estudiantil tuvo actuación principal en la interpretación colectiva, ante un jurado integrado por maestros, maestras y antiguos docentes del CENADAC. Esta obra fue la única cuya terminación se asemejó a haberle arrancado la última página a una novela: sencillamente apagaron la iluminación, que quizá debió entenderse como final abierto —¿un continuum oscuro, en la oscuridad?— dejando el desconcierto por uno que sí fue claro y obvio en los otros tres trabajos. Bien habría cabido el excusamiento y/o la declaración desierta del primer lugar con un dictamen orientador, dada la condición estudiantil del evento, por parte de un jurado que reunía una experiencia artística más que centenaria, pero no hubo ninguno; abonando en el prestigio y la seriedad de la convocatoria y no al contrario.

Para la segunda fecha de la temporada otoñal —semánticamente va mejor y es más exacto que “de otoño”— la asociación de alumnos —entiéndase alumnado, pues por la abrumadora presencia femenina debería apuntarse ‘de alumnas’, pero parecería negado el acceso masculino— programó “Eterno femenino”, estrenada el 23 de septiembre en el Teatro de la Ciudad —título engañoso con la dramaturgia de Rosario Castellanos—, cuya autoría e interpretaciones solistas firman, por orden de aparición, Didier Olvera, Beatriz Juan-Gil y Claudia Herrera reunidos en el colectivo artístico Astillados de Ruido. Tal eterno lo representan la poeta lírica Safo de Lesbos, Eloísa de Argenteuil y precisamente la autora de “Ciudad Real” —antiguo nombre de San Cristóbal de las Casas—, libro de relatos —calificados como cuentos— ambientados en Chiapas, correspondientes a la etapa indigenista de la narrativa nacional. Un eterno que comprende un desempeño femenino desde la rebeldía, la aspiración y ansia por la libertad para ser y existir sin predeterminaciones, desde la contravención del molde constriñente, sofocante, desmotivante, conformador impositivo, anulante, opacante; eterno presto a explorar las propias capacidades, desahogar las propias inquietudes y anhelos.

Erotismo, amor, fortaleza, trascendencia constituyen lo femenino que Astillados de Ruido se propone representar con Sappho, Eloísa y Rosario, tres actuaciones solistas. Cabe suponer, dada la experiencia dancística y compositiva del bailarín y las bailarinas, que cada uno es creador de la coreografía presentada llevando por guía y guion las cuatro características enunciadas inicialmente a condición de sujetarse a sus respectivas épocas. Un resumen es la exquisitez a través de los esenciales recursos escénicos de música y movimiento. La posibilidad de turbación al ver a un hombre interpretando un personaje femenino pronto desaparece por no surgir ninguna intención mediante la tergiversación de géneros, en cambio sí la proyección emocional de quien se ocupa Didier Olvera. A continuación vemos a una Eloísa —recreada en la época medieval con el diseño y color azul rey del vestido, más la correspondiente musicalidad— alternadamente mortificada y animada en una celda de convenciones avenidas y trasgredidas siempre en pos de autenticidad y libertad. Es posible tomar el montaje y la interpretación en sentido creciente, con una culminación climática por parte de Claudia Herrera que con esplendidez y majestad echa mano de su plenitud de mujer y artista en maduración. Pocas veces mejor dicho “rompe y trasgrede la cuarta pared ». Si “Eterno femenino” es un tríptico, Herrera con “Rosario” hace función por sí misma.

Desangelado fue el cierre de la Temporada de Otoño organizada y ofrecida por la Sociedad de Alumnos del CENADAC, pues la celebración del Halloween y de los muertos –el viernes 30 de octubre–, ya había sido echada a andar en el Centro Histórico con la animación y empuje callejero de unas autoridades culturales municipales debutantes; imposible llegar a ningún lado, menos puntualmente. Sin embargo Las Pléyades presentaron “Lluvia. Espacio de vida y muerte”, coreografía que habían estrenado veinte días antes en el mismo Foro Escénico del Museo de la Ciudad y con entrada libre.

La función fue mejorada, pues los cambios o ajustes en la iluminación y el vestuario incrementaron su fuerza atractiva; desaparecieron los pantalones hindús estampados y las bailarinas salieron con mallas negras muy favorecedoras. La culminación funeraria pareció más limpia, menos tropezada, mejor trazada y ejecutada.

Tener muertos y ocuparse de la muerte estruja. Al despedirse tras interpretar “Lluvia…” hubo lágrimas en el foro y en el graderío los mocos fueron sorbidos. En espacios como el Teatro ‘Guillermina Bravo’ del Centro Cultural del Bosque y el CAAC de UNAM-Juriquilla esta composición brillará grandemente pues su creador no deja de pulirla y sus intérpretes de pulirse.

Con el séptimo concurso coreográfico estudiantil, la sociedad de alumnos del Colegio Nacional de Danza Contemporánea (CENADAC) inauguró en el Foro Escénico del Museo de la Ciudad de Querétaro, la Temporada de Otoño 2021, el pasado miércoles 27 de octubre.

De haber sido un concurso de espectáculos dancísticos juveniles seguramente la disputa habría sido entre “Regresión”, coreografía presentada por Sol Jasso Vargas por su riqueza técnica y acertado manejo de una diversidad de recursos escénicos para narrar una trama romántica y nostálgica de hondura particularmente femenina. Por otra parte “Ok alfadhir heitir”, con una atinada conjunción musical y dancística proyectando una gozosa, jubilosa alegría femenina, ‘descará’ y trasgresora. Notable el lucimiento escenográfico de recursos sencillos como unas mallas color carne combinadas con un leotardo gris-metálico que habitualmente veríamos cuando una bailarina da la correspondiente clase, entrenando o ensayando. El detalle transformador consistió en un arnés de correas o lazos negros cruzados-amarrados sobre el pecho; también forzando los escotes o aberturas por encima de las crestas iliacas. La oscurísima cabellera brillante esponjada-ensortijada; los ojos resaltados con marcado delineamiento apoyando la intensidad de la intencionada mirada. La iluminación mucho semejó la de un seguidor. El reclamo de atención fue imposible negar. « Al público hay darle un punto donde fijar la atención», decía la maestra Guillermina Bravo (1920-2010) fundadora del CENADAC.

Sin embargo ,la decisión ganadora fue para “Abrumación y otras asfixias secundarias”, con una interpretación de intencionalidad metafórica de la reglamentación y encorsetado prejuiciado de las relaciones humanas. Este resultado ha sido en extremo localista pues recayó en el único de los cuatro trabajos en la lisa presentado por los estudiantes convocantes, con la peculiaridad de que la presidenta de la asociación estudiantil tuvo actuación principal en la interpretación colectiva, ante un jurado integrado por maestros, maestras y antiguos docentes del CENADAC. Esta obra fue la única cuya terminación se asemejó a haberle arrancado la última página a una novela: sencillamente apagaron la iluminación, que quizá debió entenderse como final abierto —¿un continuum oscuro, en la oscuridad?— dejando el desconcierto por uno que sí fue claro y obvio en los otros tres trabajos. Bien habría cabido el excusamiento y/o la declaración desierta del primer lugar con un dictamen orientador, dada la condición estudiantil del evento, por parte de un jurado que reunía una experiencia artística más que centenaria, pero no hubo ninguno; abonando en el prestigio y la seriedad de la convocatoria y no al contrario.

Para la segunda fecha de la temporada otoñal —semánticamente va mejor y es más exacto que “de otoño”— la asociación de alumnos —entiéndase alumnado, pues por la abrumadora presencia femenina debería apuntarse ‘de alumnas’, pero parecería negado el acceso masculino— programó “Eterno femenino”, estrenada el 23 de septiembre en el Teatro de la Ciudad —título engañoso con la dramaturgia de Rosario Castellanos—, cuya autoría e interpretaciones solistas firman, por orden de aparición, Didier Olvera, Beatriz Juan-Gil y Claudia Herrera reunidos en el colectivo artístico Astillados de Ruido. Tal eterno lo representan la poeta lírica Safo de Lesbos, Eloísa de Argenteuil y precisamente la autora de “Ciudad Real” —antiguo nombre de San Cristóbal de las Casas—, libro de relatos —calificados como cuentos— ambientados en Chiapas, correspondientes a la etapa indigenista de la narrativa nacional. Un eterno que comprende un desempeño femenino desde la rebeldía, la aspiración y ansia por la libertad para ser y existir sin predeterminaciones, desde la contravención del molde constriñente, sofocante, desmotivante, conformador impositivo, anulante, opacante; eterno presto a explorar las propias capacidades, desahogar las propias inquietudes y anhelos.

Erotismo, amor, fortaleza, trascendencia constituyen lo femenino que Astillados de Ruido se propone representar con Sappho, Eloísa y Rosario, tres actuaciones solistas. Cabe suponer, dada la experiencia dancística y compositiva del bailarín y las bailarinas, que cada uno es creador de la coreografía presentada llevando por guía y guion las cuatro características enunciadas inicialmente a condición de sujetarse a sus respectivas épocas. Un resumen es la exquisitez a través de los esenciales recursos escénicos de música y movimiento. La posibilidad de turbación al ver a un hombre interpretando un personaje femenino pronto desaparece por no surgir ninguna intención mediante la tergiversación de géneros, en cambio sí la proyección emocional de quien se ocupa Didier Olvera. A continuación vemos a una Eloísa —recreada en la época medieval con el diseño y color azul rey del vestido, más la correspondiente musicalidad— alternadamente mortificada y animada en una celda de convenciones avenidas y trasgredidas siempre en pos de autenticidad y libertad. Es posible tomar el montaje y la interpretación en sentido creciente, con una culminación climática por parte de Claudia Herrera que con esplendidez y majestad echa mano de su plenitud de mujer y artista en maduración. Pocas veces mejor dicho “rompe y trasgrede la cuarta pared ». Si “Eterno femenino” es un tríptico, Herrera con “Rosario” hace función por sí misma.

Desangelado fue el cierre de la Temporada de Otoño organizada y ofrecida por la Sociedad de Alumnos del CENADAC, pues la celebración del Halloween y de los muertos –el viernes 30 de octubre–, ya había sido echada a andar en el Centro Histórico con la animación y empuje callejero de unas autoridades culturales municipales debutantes; imposible llegar a ningún lado, menos puntualmente. Sin embargo Las Pléyades presentaron “Lluvia. Espacio de vida y muerte”, coreografía que habían estrenado veinte días antes en el mismo Foro Escénico del Museo de la Ciudad y con entrada libre.

La función fue mejorada, pues los cambios o ajustes en la iluminación y el vestuario incrementaron su fuerza atractiva; desaparecieron los pantalones hindús estampados y las bailarinas salieron con mallas negras muy favorecedoras. La culminación funeraria pareció más limpia, menos tropezada, mejor trazada y ejecutada.

Tener muertos y ocuparse de la muerte estruja. Al despedirse tras interpretar “Lluvia…” hubo lágrimas en el foro y en el graderío los mocos fueron sorbidos. En espacios como el Teatro ‘Guillermina Bravo’ del Centro Cultural del Bosque y el CAAC de UNAM-Juriquilla esta composición brillará grandemente pues su creador no deja de pulirla y sus intérpretes de pulirse.

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