/ domingo 8 de septiembre de 2019

En educación básica cumplen con libros braille para ciegos

Planta de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuito (Conaliteg) en Querétaro para el ciclo escolar 2019 – 2020 imprimió 83 mil libros

La planta de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuito (Conaliteg) en Querétaro para el ciclo escolar 2019 – 2020 imprimió 83 mil libros de nivel básico en sistema braille para niños con discapacidad de ceguera y Macrotipo utilizados por débiles visuales; única planta donde se imprimen este tipo de libros y se distribuyen en toda la República Mexicana.

El braille es un sistema de lectoescritura en relieve integrado por seis puntos en dos columnas verticales, su combinación da como resultado 63 símbolos para integrar la grafografía (letras y signos) que posibilita leer y escribir a las personas que carecen del sentido de la vista.

En respuesta a cumplir el derecho constitucional del acceso a la educación, la Conaliteg aproximadamente desde hace 20 años imprime exactamente el mismo contenido de los libros de texto gratuitos en tinta, en estos dos tipos de libros, para así cubrir la necesidad de la población infantil que tienen alguna de estas discapacidades.

En el sistema braille la escritura se realiza de derecha a izquierda (como un negativo) sin embargo la lectura es de izquierda a derecha / MIRIAM MARTÍNEZ

En entrevista con el director de producción en la planta de Conaliteg Querétaro, Eduardo Martínez Pacheco compartió que al inicio de la producción de estos materiales se contaba con una máquina de tecnología sueca, -en actualidad ya son siete-, de las cuales se auxilian para hacer los paquetes escolares personalizados con el nombre de cada uno de los niños inscritos en el modelo educativo de la Secretaría de Educación Pública.

“Para 1999 se trabajó más formalmente la impresión de los libros en el sistema braille, contábamos con una máquina, en el 2000 ya eran dos máquinas y en la actualidad tenemos siete, entonces hemos ido incrementando cuidados en los aspectos tecnológicos para cubrir la responsabilidad social con todos nuestros niños que tienen alguna de estas dos discapacidades”.

Martínez Pacheco reconoció que el trabajo que hace la Conaliteg y los trabajadores que están detrás de la producción tanto del material físico como de los contenidos, remonta a un trabajo artesanal, ya que, desde la traducción del texto escrito al braille, hasta la caja personalizada que llega hasta las manos de los niños implican horas de trabajo profesional.

“A nosotros cada año ya nos llega la información actualizada en formato digital, se transforma el texto a braille a través de un software que se llama “Duxbury Braille”; trabajo en el que el personal revisa palabra por palabra, que esté bien escrita, se manda imprimir en papel de 180 gramos con un punzón y para la encuadernación se perforan un máximo de cinco hojas para no dañar el relieve”.

Se imprime en papel de 180 gramos y en una hoja tamaño carta se dan 30 golpes por renglón / MIRIAM MARTÍNEZ

Subrayó que el compromiso social con las niñas, niños y adolescentes que cursan el nivel básico de educación es mayor a el recurso monetario que la producción de estos libros pueda representar.

“Tenemos un gran compromiso con los ciegos infantiles; el compromiso de hacer libros de texto gratuito con el mismo contenido que los otros, con igual calidad y hacerles más fácil e integral su capacitación, que tengan los mismos elementos necesarios para desempeñarse en esta sociedad, que es una labor social que -siento- tenemos que cubrir y continuar trabajando para ellos”.

A decir de Cruz Mejía, encargado de la revisión de los libros braille en la Conaliteg indicó que de los 51 títulos que se imprimen para los seis años que contempla la primaria y 400 títulos para secundaria, es importante que se revise el contenido -y que mejor- que en manos de una persona que cuenta con la discapacidad.

“Es importante que el carente de la vista pueda tener acceso a la información que se recibe en la educación básica, porque si ya tiene bastante con no poder su entorno, pues que por este medio sepa que existe y cómo existe. Que pueda aprender de estos libros, para que aprenda a expresarse, escribir, hacer poesía que se dedique a la escritura o simplemente que haga su memoria”.

Un libro impreso a tinta de alrededor de 300 hojas se convierte en cinco volúmenes en sistema braille /MIRIAM MARTÍNEZ

Entre los principales retos que Cruz Mejía (ciego adquirido) mencionó que existen tanto para la Conaliteg como para las empresas privadas que se dedican a la impresión de libros braille, está el lograr interpretar imágenes a través del sistema, quien reconoció que se han hecho esfuerzos, pero todo queda sólo en una descripción de las imágenes.

“Para reforzar lo que expresan los libros se valen de imágenes, ya sea fotografía o trazos, entonces cuando a uno le dan un libro con puro texto pues se hace pesado, entonces es necesario que se pudieran hacer imágenes que ayude a que la lectura sea más ligera”.

La planta de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuito (Conaliteg) en Querétaro para el ciclo escolar 2019 – 2020 imprimió 83 mil libros de nivel básico en sistema braille para niños con discapacidad de ceguera y Macrotipo utilizados por débiles visuales; única planta donde se imprimen este tipo de libros y se distribuyen en toda la República Mexicana.

El braille es un sistema de lectoescritura en relieve integrado por seis puntos en dos columnas verticales, su combinación da como resultado 63 símbolos para integrar la grafografía (letras y signos) que posibilita leer y escribir a las personas que carecen del sentido de la vista.

En respuesta a cumplir el derecho constitucional del acceso a la educación, la Conaliteg aproximadamente desde hace 20 años imprime exactamente el mismo contenido de los libros de texto gratuitos en tinta, en estos dos tipos de libros, para así cubrir la necesidad de la población infantil que tienen alguna de estas discapacidades.

En el sistema braille la escritura se realiza de derecha a izquierda (como un negativo) sin embargo la lectura es de izquierda a derecha / MIRIAM MARTÍNEZ

En entrevista con el director de producción en la planta de Conaliteg Querétaro, Eduardo Martínez Pacheco compartió que al inicio de la producción de estos materiales se contaba con una máquina de tecnología sueca, -en actualidad ya son siete-, de las cuales se auxilian para hacer los paquetes escolares personalizados con el nombre de cada uno de los niños inscritos en el modelo educativo de la Secretaría de Educación Pública.

“Para 1999 se trabajó más formalmente la impresión de los libros en el sistema braille, contábamos con una máquina, en el 2000 ya eran dos máquinas y en la actualidad tenemos siete, entonces hemos ido incrementando cuidados en los aspectos tecnológicos para cubrir la responsabilidad social con todos nuestros niños que tienen alguna de estas dos discapacidades”.

Martínez Pacheco reconoció que el trabajo que hace la Conaliteg y los trabajadores que están detrás de la producción tanto del material físico como de los contenidos, remonta a un trabajo artesanal, ya que, desde la traducción del texto escrito al braille, hasta la caja personalizada que llega hasta las manos de los niños implican horas de trabajo profesional.

“A nosotros cada año ya nos llega la información actualizada en formato digital, se transforma el texto a braille a través de un software que se llama “Duxbury Braille”; trabajo en el que el personal revisa palabra por palabra, que esté bien escrita, se manda imprimir en papel de 180 gramos con un punzón y para la encuadernación se perforan un máximo de cinco hojas para no dañar el relieve”.

Se imprime en papel de 180 gramos y en una hoja tamaño carta se dan 30 golpes por renglón / MIRIAM MARTÍNEZ

Subrayó que el compromiso social con las niñas, niños y adolescentes que cursan el nivel básico de educación es mayor a el recurso monetario que la producción de estos libros pueda representar.

“Tenemos un gran compromiso con los ciegos infantiles; el compromiso de hacer libros de texto gratuito con el mismo contenido que los otros, con igual calidad y hacerles más fácil e integral su capacitación, que tengan los mismos elementos necesarios para desempeñarse en esta sociedad, que es una labor social que -siento- tenemos que cubrir y continuar trabajando para ellos”.

A decir de Cruz Mejía, encargado de la revisión de los libros braille en la Conaliteg indicó que de los 51 títulos que se imprimen para los seis años que contempla la primaria y 400 títulos para secundaria, es importante que se revise el contenido -y que mejor- que en manos de una persona que cuenta con la discapacidad.

“Es importante que el carente de la vista pueda tener acceso a la información que se recibe en la educación básica, porque si ya tiene bastante con no poder su entorno, pues que por este medio sepa que existe y cómo existe. Que pueda aprender de estos libros, para que aprenda a expresarse, escribir, hacer poesía que se dedique a la escritura o simplemente que haga su memoria”.

Un libro impreso a tinta de alrededor de 300 hojas se convierte en cinco volúmenes en sistema braille /MIRIAM MARTÍNEZ

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