/ lunes 13 de noviembre de 2023

Boom hotelero de 2 décadas

Ahora el sector equivale a más del 20% del PIB estatal, pese al descalabro reciente por el Covid

A decir de sus dirigentes, en el año 2018 la industria hotelera queretana representaba el 21.5% del Producto Interno Bruto estatal y contaba con más de quinientos hoteles y más de 15 mil habitaciones en la entidad.

Para el año siguiente, 2019, nuestro estado podía presumir de haber tenido un aumento, en apenas tres años, del 48 por ciento en su oferta. Todo, desde luego, antes de la llegada de la pandemia por COVID, que hizo trascendentes estragos en un sector de la economía que apenas este año parece haberse recuperado.

Querétaro, atractivo territorio para el turismo, del 2015 al 2018 había tenido un importante incremento de visitantes en un 30 por ciento, pues de 1.9 millones de turistas por año, llegó a alcanzar la suma de 2.4 millones; por ello se llegó a asegurar, quizá sin demasiada precisión, que nuestra capital era el destino turístico sin playa más importante del país. La Ciudad de México, sin embargo y a decir de la Secretaría de Turismo federal, ocupa, sin discusión, ese anhelado primer lugar en la materia.

La pandemia mundial, padecida con intensidad durante, al menos, un par de años, representó un importante golpe para la industria turística nacional, y, por tanto, para Querétaro en particular. A decir de los datos de la dependencia federal encargada del tema, ese riesgoso lapso redujo el ingreso de turismo a nuestro país en 10.7 billones de pesos y puso en riesgo 1.7 millones de puestos de trabajo en ese rubro.

Nuestro estado, como el resto del país, sufrió los embates de la crisis, pero mantiene su recuperación, como lo señalan las principales asociaciones representantes de hoteleros. La Asociación Queretana de Hoteleros, que acaba de celebrar su aniversario 25, y que congrega a medio centenar de hoteles bajo su sello, asegura que la ocupación este año ha alcanzado cifras superiores al sesenta por ciento, como también lo han hecho las varias decenas de establecimientos agrupados en la Asociación de Hoteles Boutique.

Foto: Hugo Arciniega | Diario de Querétaro

Es Querétaro pues una entidad con una profusa oferta de hospedaje y cuenta con ciertas características que ayudan a que esta industria local pueda ser más atractiva. Una de ellas es la seguridad con la que cuenta nuestra entidad, y en particular nuestra ciudad capital, en tiempos en que cada cuatro de diez turistas sopesas esa virtud antes de viajar, y otra es la posibilidad de brindar, sobre todo en su zona norte, una interesante oferta de ecoturismo, filón del sector que se ha ido robusteciendo a últimas fechas de manera significativa.

Esta multiplicación hotelera en las más recientes décadas contrasta con la oferta turística con la que Querétaro contaba en el pasado siglo; pareciera que nuestra ciudad, a decir de los pocos hoteles con los que contaba a mediados de ese siglo, no era una población destinada especialmente a recibir turistas, pues pocas habitaciones podían brindarse a los visitantes. En las décadas de los sesenta y setenta del siglo veinte, los hoteles más destacados de Querétaro eran el Casa Blanca, situado a la orilla de la entonces Carretera Panamericana y donde se organizaban las cenas queretanas de fin de año de la época; El Jacal, con todo y su balneario, en la salida natural hacia Celaya, y los más céntricos Impala, frente a la Alameda Hidalgo; Gran Hotel, de larga tradición y en el corazón mismo de la ciudad; Del Marqués, con una muy buena cocina en la orilla del río; o el Hidalgo, el más añejo e histórico, en la calle de Madero.

Pero la escasez de oferta hotelera del siglo veinte no fue una característica de la ciudad en el anterior siglo diecinueve, donde, al parecer, la visita de personas venidas de otras partes del país era regular y se incrementaba notoriamente alrededor de las fiestas populares de la ciudad y de su exposición industrial de fines de año.

El más antiguo de ellos, el Hidalgo, celebraba con bombo y platillo las fiestas de diciembre con música y adornos de colores en su patio virreinal, hasta donde llegaban, para servir en tales acontecimientos, las meseras del Café del Progreso, de la Ciudad de México. De frente al hotel Hidalgo salían las diligencias que iban a Celaya, el establecimiento presumía de sus modernas regaderas de agua caliente y de su salón de recepciones, donde podía descubrirse lo mismo un piano que una mesa de billar.

Foto: Hugo Arciniega | Diario de Querétaro

Fue precisamente el Hidalgo, primero conducido por doña Manuela Gómez y después regenteado, a partir de 1906, por don Miguel Barrios Gómez, el primer establecimiento que trocó las campanas de cordel por las eléctricas y contó con un elevador mecánico para llevar la comida de su restaurante a las habitaciones.

Otro hotel construido en las postrimerías del siglo diecinueve, y que de alguna manera se mantiene hasta nuestros días con modificaciones, fue el Gran Hotel. El edificio, edificado por don Cipriano Bueno sobre los escombros de las capillas que acompañaban al templo de San Francisco hasta la etapa de la Reforma, contó en sus entrañas con una panadería (con pan al estilo Veracruz), casas habitación, locales comerciales, y hasta una fábrica de tabaco.

Otros hoteles que dieron servicio en el siglo diecinueve en Querétaro fueron el Águila Roja, en el lugar que hoy ocupa la Delegación Centro Histórico del Municipio y donde se instaló el primer Monte de Piedad en llegar a nuestra ciudad; el Jardín, en las instalaciones que fueran del Casino; el Americano, frente al Mercado Pedro Escobedo; o el Colón, enfrente de lo que hoy ubicamos como Plaza de la Tecnología y donde por entonces se construyó la plaza de Toros del mismo nombre.

Con la llegada del nuevo siglo, el veinte, llegaron también a Querétaro nuevos hoteles: el Internacional, de don Carlos Wolf, en la calle del Serafín, hoy Independencia; el de los bajos de la tienda La Ciudad de México, contra esquina del Jardín Zenea; el Continental, de don Pedro Martínez, en el sur de la entonces estrecha ciudad; el Fin de Siglo, también en la calle del Serafín; el Ferrocarril o el Guerrero. Junto a todos ellos, brindaban también servicio de hospedaje una buena cantidad de casas de huéspedes, como la de la señora Domínguez de Argain, la de don Ricardo Plaggeman, la de don Arnulfo Campos, o la nombrada como La Luz.

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A un siglo y un cuarto de distancia, los muchos hoteles queretanos han diversificado sus segmentos, han dejado de interesarse tan sólo por los visitantes de negocios y amplían sus expectativas a los turistas de diversión o de especialidad muy definida, como el caso de las bodas; se enfrentan al reto de seducir a los turistas mexicanos que buscan nuevas opciones de aventura y también al de atraer hasta acá al mayor número posible de los más de veinte millones de personas que anualmente visitan México, el noveno sitio mundial por ingresos turísticos, a decir de los resultado que sobre el particular anunció la Secretaría de Turismo en el primer semestre de este definitorio año 2023.

Atrás ha quedado aquella ciudad que contaba con unos cuantos hoteles a la orilla de la Panamericana y en su centro histórico (hoy son más de cien en esta demarcación). La intención, en materia económica, es alcanzar las cifras obtenidas por el sector en el 2019, antes de la fatídica pandemia, y aumentar los diez mil millones de pesos que como derrama económica se obtuvieron el año pasado.

Es pues el hotelero uno de los sectores básicos de la transformación de Querétaro en las últimas décadas y acompañante indispensable del crecimiento industrial de la entidad; en su robusta oferta se descubre el nuevo rostro de un Estado protagónico del desarrollo nacional.


A decir de sus dirigentes, en el año 2018 la industria hotelera queretana representaba el 21.5% del Producto Interno Bruto estatal y contaba con más de quinientos hoteles y más de 15 mil habitaciones en la entidad.

Para el año siguiente, 2019, nuestro estado podía presumir de haber tenido un aumento, en apenas tres años, del 48 por ciento en su oferta. Todo, desde luego, antes de la llegada de la pandemia por COVID, que hizo trascendentes estragos en un sector de la economía que apenas este año parece haberse recuperado.

Querétaro, atractivo territorio para el turismo, del 2015 al 2018 había tenido un importante incremento de visitantes en un 30 por ciento, pues de 1.9 millones de turistas por año, llegó a alcanzar la suma de 2.4 millones; por ello se llegó a asegurar, quizá sin demasiada precisión, que nuestra capital era el destino turístico sin playa más importante del país. La Ciudad de México, sin embargo y a decir de la Secretaría de Turismo federal, ocupa, sin discusión, ese anhelado primer lugar en la materia.

La pandemia mundial, padecida con intensidad durante, al menos, un par de años, representó un importante golpe para la industria turística nacional, y, por tanto, para Querétaro en particular. A decir de los datos de la dependencia federal encargada del tema, ese riesgoso lapso redujo el ingreso de turismo a nuestro país en 10.7 billones de pesos y puso en riesgo 1.7 millones de puestos de trabajo en ese rubro.

Nuestro estado, como el resto del país, sufrió los embates de la crisis, pero mantiene su recuperación, como lo señalan las principales asociaciones representantes de hoteleros. La Asociación Queretana de Hoteleros, que acaba de celebrar su aniversario 25, y que congrega a medio centenar de hoteles bajo su sello, asegura que la ocupación este año ha alcanzado cifras superiores al sesenta por ciento, como también lo han hecho las varias decenas de establecimientos agrupados en la Asociación de Hoteles Boutique.

Foto: Hugo Arciniega | Diario de Querétaro

Es Querétaro pues una entidad con una profusa oferta de hospedaje y cuenta con ciertas características que ayudan a que esta industria local pueda ser más atractiva. Una de ellas es la seguridad con la que cuenta nuestra entidad, y en particular nuestra ciudad capital, en tiempos en que cada cuatro de diez turistas sopesas esa virtud antes de viajar, y otra es la posibilidad de brindar, sobre todo en su zona norte, una interesante oferta de ecoturismo, filón del sector que se ha ido robusteciendo a últimas fechas de manera significativa.

Esta multiplicación hotelera en las más recientes décadas contrasta con la oferta turística con la que Querétaro contaba en el pasado siglo; pareciera que nuestra ciudad, a decir de los pocos hoteles con los que contaba a mediados de ese siglo, no era una población destinada especialmente a recibir turistas, pues pocas habitaciones podían brindarse a los visitantes. En las décadas de los sesenta y setenta del siglo veinte, los hoteles más destacados de Querétaro eran el Casa Blanca, situado a la orilla de la entonces Carretera Panamericana y donde se organizaban las cenas queretanas de fin de año de la época; El Jacal, con todo y su balneario, en la salida natural hacia Celaya, y los más céntricos Impala, frente a la Alameda Hidalgo; Gran Hotel, de larga tradición y en el corazón mismo de la ciudad; Del Marqués, con una muy buena cocina en la orilla del río; o el Hidalgo, el más añejo e histórico, en la calle de Madero.

Pero la escasez de oferta hotelera del siglo veinte no fue una característica de la ciudad en el anterior siglo diecinueve, donde, al parecer, la visita de personas venidas de otras partes del país era regular y se incrementaba notoriamente alrededor de las fiestas populares de la ciudad y de su exposición industrial de fines de año.

El más antiguo de ellos, el Hidalgo, celebraba con bombo y platillo las fiestas de diciembre con música y adornos de colores en su patio virreinal, hasta donde llegaban, para servir en tales acontecimientos, las meseras del Café del Progreso, de la Ciudad de México. De frente al hotel Hidalgo salían las diligencias que iban a Celaya, el establecimiento presumía de sus modernas regaderas de agua caliente y de su salón de recepciones, donde podía descubrirse lo mismo un piano que una mesa de billar.

Foto: Hugo Arciniega | Diario de Querétaro

Fue precisamente el Hidalgo, primero conducido por doña Manuela Gómez y después regenteado, a partir de 1906, por don Miguel Barrios Gómez, el primer establecimiento que trocó las campanas de cordel por las eléctricas y contó con un elevador mecánico para llevar la comida de su restaurante a las habitaciones.

Otro hotel construido en las postrimerías del siglo diecinueve, y que de alguna manera se mantiene hasta nuestros días con modificaciones, fue el Gran Hotel. El edificio, edificado por don Cipriano Bueno sobre los escombros de las capillas que acompañaban al templo de San Francisco hasta la etapa de la Reforma, contó en sus entrañas con una panadería (con pan al estilo Veracruz), casas habitación, locales comerciales, y hasta una fábrica de tabaco.

Otros hoteles que dieron servicio en el siglo diecinueve en Querétaro fueron el Águila Roja, en el lugar que hoy ocupa la Delegación Centro Histórico del Municipio y donde se instaló el primer Monte de Piedad en llegar a nuestra ciudad; el Jardín, en las instalaciones que fueran del Casino; el Americano, frente al Mercado Pedro Escobedo; o el Colón, enfrente de lo que hoy ubicamos como Plaza de la Tecnología y donde por entonces se construyó la plaza de Toros del mismo nombre.

Con la llegada del nuevo siglo, el veinte, llegaron también a Querétaro nuevos hoteles: el Internacional, de don Carlos Wolf, en la calle del Serafín, hoy Independencia; el de los bajos de la tienda La Ciudad de México, contra esquina del Jardín Zenea; el Continental, de don Pedro Martínez, en el sur de la entonces estrecha ciudad; el Fin de Siglo, también en la calle del Serafín; el Ferrocarril o el Guerrero. Junto a todos ellos, brindaban también servicio de hospedaje una buena cantidad de casas de huéspedes, como la de la señora Domínguez de Argain, la de don Ricardo Plaggeman, la de don Arnulfo Campos, o la nombrada como La Luz.

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A un siglo y un cuarto de distancia, los muchos hoteles queretanos han diversificado sus segmentos, han dejado de interesarse tan sólo por los visitantes de negocios y amplían sus expectativas a los turistas de diversión o de especialidad muy definida, como el caso de las bodas; se enfrentan al reto de seducir a los turistas mexicanos que buscan nuevas opciones de aventura y también al de atraer hasta acá al mayor número posible de los más de veinte millones de personas que anualmente visitan México, el noveno sitio mundial por ingresos turísticos, a decir de los resultado que sobre el particular anunció la Secretaría de Turismo en el primer semestre de este definitorio año 2023.

Atrás ha quedado aquella ciudad que contaba con unos cuantos hoteles a la orilla de la Panamericana y en su centro histórico (hoy son más de cien en esta demarcación). La intención, en materia económica, es alcanzar las cifras obtenidas por el sector en el 2019, antes de la fatídica pandemia, y aumentar los diez mil millones de pesos que como derrama económica se obtuvieron el año pasado.

Es pues el hotelero uno de los sectores básicos de la transformación de Querétaro en las últimas décadas y acompañante indispensable del crecimiento industrial de la entidad; en su robusta oferta se descubre el nuevo rostro de un Estado protagónico del desarrollo nacional.


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