/ jueves 9 de enero de 2020

Tres lecturas a El vendedor de silencio de Enrique Serna

El libro de cabecera

Son tres los niveles que convergen en El vendedor de silencio (Anagrama, 2019), la más reciente novela de Enrique Serna (Ciudad de México, 11 de enero 1959) que, dicho sea de paso, en no pocas listas literarias que recogen lo más destacado del 2019 se levantó como la mejor novela mexicana.

Una primera e inmediata lectura es una arista del periodismo mexicano, acaso la más emblemática no tanto por su virtud, sino por su cara más oprobiosa, representada a través del trayecto biográfico del periodista Carlos Denegri (1910 – 1970), adalid del periodismo mercenario. Incluso, podríamos apostar que se trata de la narración de una época encarnada en el retrato de quien fuera reportero intocable del periódico Excélsior y quien, como columnista político, ocupó un distinguido lugar en la historia de la ignominia mexicana por su falta de moderación, total ausencia de ética periodística, y su manera de conducirse en su oficio sin recato bajo el cobijo del poder presidencial. Carlos Denegri porta la altanería acorazada con una educación en las mejores escuelas (el padrastro de Denigri fue embajador en Alemania, Bélgica y delegado en Nueva York) y con la solidez del chayote, palabra que en el argot periodístico se refiere a 1) El soborno que una oficina de gobierno da a un periodista para inducirlo a informar según su conveniencia; y 2) Callar información que resulte incómoda para las autoridades. La existencia de un periodista como Denegri sólo pudo haber sido posible bajo el contubernio de la dictadura del partido único (el Partido Revolucionario Institucional [PRI], en ese entonces) que ejercía con sumo control las dos acepciones de la expresión chayote.

En este sentido, un aspecto que no debe pasar por alto el lector es la presencia de Julio Scherer García, periodista y escritor mexicano, director del periódico Excélsior de 1968 a 1976. Es sabio retrotraer en clave literaria la memoria del fundador de la revista Proceso.

Domínguez Michael reconoce en Serna el entendimiento profundo, casi quisquilloso, que consiste en poner el archivo al servicio de la ficción y no ejercer ni de amanuense erudito ni de mero coleccionista de avisos y extravagancias. Más allá del chisme, y sin la pretensión de un melodrama histórico, Serna narra el proceso degenerativo de un régimen que llegó al poder a balazos. Este entendimiento profundo en Serna es meticuloso, logrado gracias a un manejo virtuoso del archivo, y se despliega a través de las columnas políticas de Denegri, los pronósticos y las designaciones tras el escritorio del sucesor presidencial y, por supuesto, mediante la venta de silencio en todos los niveles y ámbitos de gobierno.

Una segunda lectura se pone de manifiesto precisamente en el retrato del autoritarismo de la política mexicana cuyos remanentes siguen estando presentes en el actual régimen, a pesar de ufanarse de poseer un carácter transformador. En El vendedor de silencio el ethos del autoritarismo se concibe desde la corrupción, las prebendas, el compadrazgo, las influencias: una persona sin contactos no puede aspirar a ocupar un cargo en la política so pena de ser carne de cañón. El negocio de la política cooptado en su totalidad por cada proceso de transición de aquella dictadura perfecta que encuentra su reflejo en el retorno inminente del carro completo. Más desde sus mecanismos que desde sus retratos, destacan los sexenios de Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Lázaro Cárdenas, Manuel Ávila Camacho, Miguel Alemán, Adolfo Ruíz Cortines, Adolfo López Mateos y Luis Echeverría Álvarez.

Una tercera lectura, a la cual se accede gracias a que Serna confronta a la leyenda negra de Denegri mediante la investigación, es el tratamiento que el autor dedica a la ambición, el alcoholismo y la misoginia. A partir de un lacerante trauma infantil y de los episodios vividos por Denegri en la Guerra Civil Española, convergen en el personaje estas tres vías de autodestrucción que Serna coloca al servicio de la literatura, pero con guiños a la renuente realidad cultural que han determinado el perfil de la mexicanidad contemporánea.

En el plano de la ambición, Denegri traiciona, amenaza, chantajea y corrompe prácticamente desde el seno de su propia familia. Abrirse paso en la política mexicana, más que un ejercicio de lealtad es una autoconflagración. Se ambiciona al poder de coerción y de posesión: si tu mujer me gusta, te la arrebato con el poder oculto que me confiere el Estado.

La ambición se acompaña con el alcohol, catalizador que en Denegri convoca a las versiones mezquinas y suprime a las inocuas. En este nivel, allende el personaje principal, se intuye la identificación invisible de Serna, quien ha reconocido haber sufrido problemas con la bebida. Pero más que un ejercicio de autocompasión, Serna nos presenta de primera mano un retrato patético del ebrio: aquél para quien las normas sociales son un estorbo; aquél para quien la jovialidad y la gracia se desbocan apenas se sumerge el paladar en el primer trago; aquél para quien la efímera alegría es una ironía permanente de lo grotesco, una invitación permanente a la desintegración del yo.

Puestas en perspectiva, la ambición y el alcoholismo desbrozan a la razón para dirigir su invectiva a la mujer. Cada una de las mujeres de Denigri ocupan un lugar en el decadente sistema político mexicano y en la no menos vergonzosa configuración de la violencia contra la mujer. Aunque esta sea una mera lectura, la explicación del origen de la misoginia de Denigri comparte las aristas antropológicas con ese bastión machista mexicano que ha construido con la certeza de la impunidad, el poder y la ambición a través de los años. ¿Qué papel ocupaba y sigue ocupando la mujer en la vida política mexicana? ¿Cuáles son las condiciones en las que las mujeres se abrían paso en su vida pública y privada? ¿Cuál es el rol de la mujer para Denegri?

En esta entrega me he dedicado exclusivamente a compartir tres propuestas de lectura, sin presentar ningún atisbo de resumen del libro. Eso le tocará a Usted, caro lector. Aunque no está de más advertir la presencia de estas tres posibilidades en una novela que no se conforma con la anécdota. El vendedor del silencio es un trabajo literario arduo y sin concesiones, que logra hilvanar personajes memorables con tensiones entre la historia y la ficción. Imperdible.


@doctorsimulacro

Son tres los niveles que convergen en El vendedor de silencio (Anagrama, 2019), la más reciente novela de Enrique Serna (Ciudad de México, 11 de enero 1959) que, dicho sea de paso, en no pocas listas literarias que recogen lo más destacado del 2019 se levantó como la mejor novela mexicana.

Una primera e inmediata lectura es una arista del periodismo mexicano, acaso la más emblemática no tanto por su virtud, sino por su cara más oprobiosa, representada a través del trayecto biográfico del periodista Carlos Denegri (1910 – 1970), adalid del periodismo mercenario. Incluso, podríamos apostar que se trata de la narración de una época encarnada en el retrato de quien fuera reportero intocable del periódico Excélsior y quien, como columnista político, ocupó un distinguido lugar en la historia de la ignominia mexicana por su falta de moderación, total ausencia de ética periodística, y su manera de conducirse en su oficio sin recato bajo el cobijo del poder presidencial. Carlos Denegri porta la altanería acorazada con una educación en las mejores escuelas (el padrastro de Denigri fue embajador en Alemania, Bélgica y delegado en Nueva York) y con la solidez del chayote, palabra que en el argot periodístico se refiere a 1) El soborno que una oficina de gobierno da a un periodista para inducirlo a informar según su conveniencia; y 2) Callar información que resulte incómoda para las autoridades. La existencia de un periodista como Denegri sólo pudo haber sido posible bajo el contubernio de la dictadura del partido único (el Partido Revolucionario Institucional [PRI], en ese entonces) que ejercía con sumo control las dos acepciones de la expresión chayote.

En este sentido, un aspecto que no debe pasar por alto el lector es la presencia de Julio Scherer García, periodista y escritor mexicano, director del periódico Excélsior de 1968 a 1976. Es sabio retrotraer en clave literaria la memoria del fundador de la revista Proceso.

Domínguez Michael reconoce en Serna el entendimiento profundo, casi quisquilloso, que consiste en poner el archivo al servicio de la ficción y no ejercer ni de amanuense erudito ni de mero coleccionista de avisos y extravagancias. Más allá del chisme, y sin la pretensión de un melodrama histórico, Serna narra el proceso degenerativo de un régimen que llegó al poder a balazos. Este entendimiento profundo en Serna es meticuloso, logrado gracias a un manejo virtuoso del archivo, y se despliega a través de las columnas políticas de Denegri, los pronósticos y las designaciones tras el escritorio del sucesor presidencial y, por supuesto, mediante la venta de silencio en todos los niveles y ámbitos de gobierno.

Una segunda lectura se pone de manifiesto precisamente en el retrato del autoritarismo de la política mexicana cuyos remanentes siguen estando presentes en el actual régimen, a pesar de ufanarse de poseer un carácter transformador. En El vendedor de silencio el ethos del autoritarismo se concibe desde la corrupción, las prebendas, el compadrazgo, las influencias: una persona sin contactos no puede aspirar a ocupar un cargo en la política so pena de ser carne de cañón. El negocio de la política cooptado en su totalidad por cada proceso de transición de aquella dictadura perfecta que encuentra su reflejo en el retorno inminente del carro completo. Más desde sus mecanismos que desde sus retratos, destacan los sexenios de Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Lázaro Cárdenas, Manuel Ávila Camacho, Miguel Alemán, Adolfo Ruíz Cortines, Adolfo López Mateos y Luis Echeverría Álvarez.

Una tercera lectura, a la cual se accede gracias a que Serna confronta a la leyenda negra de Denegri mediante la investigación, es el tratamiento que el autor dedica a la ambición, el alcoholismo y la misoginia. A partir de un lacerante trauma infantil y de los episodios vividos por Denegri en la Guerra Civil Española, convergen en el personaje estas tres vías de autodestrucción que Serna coloca al servicio de la literatura, pero con guiños a la renuente realidad cultural que han determinado el perfil de la mexicanidad contemporánea.

En el plano de la ambición, Denegri traiciona, amenaza, chantajea y corrompe prácticamente desde el seno de su propia familia. Abrirse paso en la política mexicana, más que un ejercicio de lealtad es una autoconflagración. Se ambiciona al poder de coerción y de posesión: si tu mujer me gusta, te la arrebato con el poder oculto que me confiere el Estado.

La ambición se acompaña con el alcohol, catalizador que en Denegri convoca a las versiones mezquinas y suprime a las inocuas. En este nivel, allende el personaje principal, se intuye la identificación invisible de Serna, quien ha reconocido haber sufrido problemas con la bebida. Pero más que un ejercicio de autocompasión, Serna nos presenta de primera mano un retrato patético del ebrio: aquél para quien las normas sociales son un estorbo; aquél para quien la jovialidad y la gracia se desbocan apenas se sumerge el paladar en el primer trago; aquél para quien la efímera alegría es una ironía permanente de lo grotesco, una invitación permanente a la desintegración del yo.

Puestas en perspectiva, la ambición y el alcoholismo desbrozan a la razón para dirigir su invectiva a la mujer. Cada una de las mujeres de Denigri ocupan un lugar en el decadente sistema político mexicano y en la no menos vergonzosa configuración de la violencia contra la mujer. Aunque esta sea una mera lectura, la explicación del origen de la misoginia de Denigri comparte las aristas antropológicas con ese bastión machista mexicano que ha construido con la certeza de la impunidad, el poder y la ambición a través de los años. ¿Qué papel ocupaba y sigue ocupando la mujer en la vida política mexicana? ¿Cuáles son las condiciones en las que las mujeres se abrían paso en su vida pública y privada? ¿Cuál es el rol de la mujer para Denegri?

En esta entrega me he dedicado exclusivamente a compartir tres propuestas de lectura, sin presentar ningún atisbo de resumen del libro. Eso le tocará a Usted, caro lector. Aunque no está de más advertir la presencia de estas tres posibilidades en una novela que no se conforma con la anécdota. El vendedor del silencio es un trabajo literario arduo y sin concesiones, que logra hilvanar personajes memorables con tensiones entre la historia y la ficción. Imperdible.


@doctorsimulacro

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