/ jueves 29 de julio de 2021

Apuntes sobre la técnica Graham

Tinta para un Atabal

Como parte del personal docente del Centro Nacional de Danza Contemporánea (CENADAC), hace unos días tuvimos la oportunidad de conversar de una manera abierta con algunas alumnas del mismo centro con motivo del fin de semestre y el cierre de su ciclo de estudios de bachillerato. Con una considerable experiencia en el trabajo como docente de estos jóvenes bailarines, esto no tendría nada de raro a no ser por la profundidad con que estas jóvenes bailarinas se sinceraron en sus opiniones sobre la danza y muy en particular, sobre la propia técnica Graham.

Si en algo coincidieron fue en la importancia de esta técnica dancística como un invaluable eje rector de su formación, aunado a la calidad con que se les impartió a lo largo de sus tres años de bachillerato en el CENADAC, y esto es importante remarcarlo porque a pesar de existir en Querétaro otras instituciones que igualmente ofrecen una formación en la técnica Graham, estas jóvenes estudiantes de danza están convencidas que solo en esta institución se imparte la técnica con la debida rigurosidad y ortodoxia. Esta conversación es el motivo que me animó a escribir unas cuantas reflexiones en torno a la técnica Graham.

Para comenzar, resulta poco clara la forma en que Guillermina Bravo, la más eficaz difusora de la técnica Graham en nuestro país, descubrió a esta técnica. Este tema se podría desarrollar en una interesantísima tesis académica digna de los egresados de la licenciatura en danza contemporánea del CENADAC, pero no resulta tan difícil comprender que, para la época en que la maestra Bravo comenzó a promover sus primeros talleres de la técnica Graham en la compañía que había formado (el celebérrimo Balet Nacional de México), en la década de los sesentas la misma técnica ya gozaba de gran prestigio como entrenamiento formativo para bailarines y como base expresiva de las grandes coreografías de la Graham.

De manera que seguramente en su afán de buscar los mejores medios formativos para que su compañía evolucionara, la maestra Guillermina encontró lo que en su momento se constituía como la mejor técnica dancística formativa para bailarines y no descansó hasta obtenerla a través de Rossana Filomarino, en aquel entonces joven italiana becada en la escuela de la propia Martha Graham, en Nueva York, lugar donde ambas se conocieron y de donde vino a México a impartir los primeros cursos de Gram., a decir de la propia Rossana en 1965.

Es digno de mención el hecho de que en la actualidad dentro del ambiente dancístico se considera a la Graham como una técnica ya rebasada, “vieja”, que está impedida para relacionarse con los lenguajes dancísticos actuales y hasta contemporáneos. Estas tendencias, decididamente basadas en la más descarada ignorancia y el prejuicio, solo muestran el enorme desconocimiento que algunos jóvenes bailarines y artistas escénicos en general, de generaciones actuales, tienen al respecto de la Graham. Por supuesto que no se trata de un asunto que nos deba sorprender o asustar, cuando en el contexto teatral hemos tenido la oportunidad de escuchar a insignes maestros de teatro declarar abiertamente y sin el menor recato que “Stanislavsky ya es obsoleto” o que “Brecht es simplemente un autor comunista panfletario”, comentarios que nos dicen más de quienes los profieren que de a quienes se refieren.

Y es que resulta impresionante observar que Martha Graham se refiere a esos mismos principios que Stanislavski, Meyerhold, Vajtangov, Brecht, Artaud, Copeau y una larga retahíla de creadores escénicos han pregonado desde sus propias trincheras. La razón es obvia: la elaborada técnica Graham, está estrecha­mente relacionada con las leyes que rigen el universo físico: las leyes del equilibrio, la ley de la gravedad. Por lo mismo, no resultan extraños los enormes beneficios que reporta a los actores en formación el adentrarse en la práctica y entrenamiento en esta técnica formativa del intérprete escénico, por decir lo menos. O como la propia maestra Rossana Filomarino expresa: “Hoy, la danza contemporánea es la forma dancística que más adecuadamente permite la expresión dramática (entendida ésta como acción escénica) de las ideas y sentimientos del hombre contemporáneo”.

El principio básico de la técnica de Graham está basado en la respiración. Vivir es respirar. Este principio consiste en el acto de respirar (inspirar-exhalar) desarrollado primero como experiencia real y llevado después a la ac­tividad muscular independientemente del acto real. Cuando esta actividad se realiza muscularmente, se denomina contraer-soltar (contractions/release), contraer los músculos, liberar la energía muscular; que es el principio básico de la técnica de Gra­ham fundamentado en el ritmo respiratorio. El contraer corresponde el proceso de exhalar el aire y el soltar corresponde la inhalación.

Todos los ejercicios son trabajados en forma de tema con variaciones, correspondiendo a cada nueva variación un estado de complejidad y desarrollo técnico que va de lo específico a lo general, utilizando el cuerpo en su to­talidad y sin dejar de mantener una relación con el punto de partida o ejer­cicio inicial.

Todo esto permitió a Graham crear un vocabulario dancístico completo y definitivamente alejado de la técnica clásico-académica del ballet. Que si bien tomó elementos del ballet y elementos orientales, estos fueron fundidos y elaborados con originalidad y en relación con nuevos intereses. Un len­guaje danzario que establecía y sistematizaba nuevos pasos, nuevos gestos y movimientos, en función de la fuerza de la emoción; nuevas combinacio­nes; nuevas dificultades y que además proporcionó, al igual que el ballet, una técnica de entrenamiento ordenado para vencer dificultades y lograr ob­jetivos definidos. Si se ha tenido la oportunidad de ver una clase de Graham podremos atestiguar lo parecido que es a una coreografía. Esto, desde luego, ha provocado un fenómeno muy llamativo en los estudiantes de Graham que se aventuran a coreografiar: no desarrollan un lenguaje de movimientos porque, en lugar de investigar, desarrollar y crear un lenguaje propio de su concepto coreográfico, utilizan los movimientos de la técnica como si fueran su lenguaje, cuando resulta más que obvio que la técnica no debe notarse o hacerse evidente en el producto que se ha creado.

Hasta hoy la técnica Graham es la base más completa y funcional de la danza moderna. Es el punto de partida obligatorio y necesario para todo aquel que tome el camino de lo moderno y lo contemporáneo en la danza.

Como parte del personal docente del Centro Nacional de Danza Contemporánea (CENADAC), hace unos días tuvimos la oportunidad de conversar de una manera abierta con algunas alumnas del mismo centro con motivo del fin de semestre y el cierre de su ciclo de estudios de bachillerato. Con una considerable experiencia en el trabajo como docente de estos jóvenes bailarines, esto no tendría nada de raro a no ser por la profundidad con que estas jóvenes bailarinas se sinceraron en sus opiniones sobre la danza y muy en particular, sobre la propia técnica Graham.

Si en algo coincidieron fue en la importancia de esta técnica dancística como un invaluable eje rector de su formación, aunado a la calidad con que se les impartió a lo largo de sus tres años de bachillerato en el CENADAC, y esto es importante remarcarlo porque a pesar de existir en Querétaro otras instituciones que igualmente ofrecen una formación en la técnica Graham, estas jóvenes estudiantes de danza están convencidas que solo en esta institución se imparte la técnica con la debida rigurosidad y ortodoxia. Esta conversación es el motivo que me animó a escribir unas cuantas reflexiones en torno a la técnica Graham.

Para comenzar, resulta poco clara la forma en que Guillermina Bravo, la más eficaz difusora de la técnica Graham en nuestro país, descubrió a esta técnica. Este tema se podría desarrollar en una interesantísima tesis académica digna de los egresados de la licenciatura en danza contemporánea del CENADAC, pero no resulta tan difícil comprender que, para la época en que la maestra Bravo comenzó a promover sus primeros talleres de la técnica Graham en la compañía que había formado (el celebérrimo Balet Nacional de México), en la década de los sesentas la misma técnica ya gozaba de gran prestigio como entrenamiento formativo para bailarines y como base expresiva de las grandes coreografías de la Graham.

De manera que seguramente en su afán de buscar los mejores medios formativos para que su compañía evolucionara, la maestra Guillermina encontró lo que en su momento se constituía como la mejor técnica dancística formativa para bailarines y no descansó hasta obtenerla a través de Rossana Filomarino, en aquel entonces joven italiana becada en la escuela de la propia Martha Graham, en Nueva York, lugar donde ambas se conocieron y de donde vino a México a impartir los primeros cursos de Gram., a decir de la propia Rossana en 1965.

Es digno de mención el hecho de que en la actualidad dentro del ambiente dancístico se considera a la Graham como una técnica ya rebasada, “vieja”, que está impedida para relacionarse con los lenguajes dancísticos actuales y hasta contemporáneos. Estas tendencias, decididamente basadas en la más descarada ignorancia y el prejuicio, solo muestran el enorme desconocimiento que algunos jóvenes bailarines y artistas escénicos en general, de generaciones actuales, tienen al respecto de la Graham. Por supuesto que no se trata de un asunto que nos deba sorprender o asustar, cuando en el contexto teatral hemos tenido la oportunidad de escuchar a insignes maestros de teatro declarar abiertamente y sin el menor recato que “Stanislavsky ya es obsoleto” o que “Brecht es simplemente un autor comunista panfletario”, comentarios que nos dicen más de quienes los profieren que de a quienes se refieren.

Y es que resulta impresionante observar que Martha Graham se refiere a esos mismos principios que Stanislavski, Meyerhold, Vajtangov, Brecht, Artaud, Copeau y una larga retahíla de creadores escénicos han pregonado desde sus propias trincheras. La razón es obvia: la elaborada técnica Graham, está estrecha­mente relacionada con las leyes que rigen el universo físico: las leyes del equilibrio, la ley de la gravedad. Por lo mismo, no resultan extraños los enormes beneficios que reporta a los actores en formación el adentrarse en la práctica y entrenamiento en esta técnica formativa del intérprete escénico, por decir lo menos. O como la propia maestra Rossana Filomarino expresa: “Hoy, la danza contemporánea es la forma dancística que más adecuadamente permite la expresión dramática (entendida ésta como acción escénica) de las ideas y sentimientos del hombre contemporáneo”.

El principio básico de la técnica de Graham está basado en la respiración. Vivir es respirar. Este principio consiste en el acto de respirar (inspirar-exhalar) desarrollado primero como experiencia real y llevado después a la ac­tividad muscular independientemente del acto real. Cuando esta actividad se realiza muscularmente, se denomina contraer-soltar (contractions/release), contraer los músculos, liberar la energía muscular; que es el principio básico de la técnica de Gra­ham fundamentado en el ritmo respiratorio. El contraer corresponde el proceso de exhalar el aire y el soltar corresponde la inhalación.

Todos los ejercicios son trabajados en forma de tema con variaciones, correspondiendo a cada nueva variación un estado de complejidad y desarrollo técnico que va de lo específico a lo general, utilizando el cuerpo en su to­talidad y sin dejar de mantener una relación con el punto de partida o ejer­cicio inicial.

Todo esto permitió a Graham crear un vocabulario dancístico completo y definitivamente alejado de la técnica clásico-académica del ballet. Que si bien tomó elementos del ballet y elementos orientales, estos fueron fundidos y elaborados con originalidad y en relación con nuevos intereses. Un len­guaje danzario que establecía y sistematizaba nuevos pasos, nuevos gestos y movimientos, en función de la fuerza de la emoción; nuevas combinacio­nes; nuevas dificultades y que además proporcionó, al igual que el ballet, una técnica de entrenamiento ordenado para vencer dificultades y lograr ob­jetivos definidos. Si se ha tenido la oportunidad de ver una clase de Graham podremos atestiguar lo parecido que es a una coreografía. Esto, desde luego, ha provocado un fenómeno muy llamativo en los estudiantes de Graham que se aventuran a coreografiar: no desarrollan un lenguaje de movimientos porque, en lugar de investigar, desarrollar y crear un lenguaje propio de su concepto coreográfico, utilizan los movimientos de la técnica como si fueran su lenguaje, cuando resulta más que obvio que la técnica no debe notarse o hacerse evidente en el producto que se ha creado.

Hasta hoy la técnica Graham es la base más completa y funcional de la danza moderna. Es el punto de partida obligatorio y necesario para todo aquel que tome el camino de lo moderno y lo contemporáneo en la danza.

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