/ jueves 23 de abril de 2020

Tiempo y espacio

Cartografía del tiempo

En el Cerro de las Cruces / empezaron a tirar / los de las blusas rayadas / que tiraban con afán, / los de adentro les decían: / -¡Tengan sus piezas de pan! / ¡Apárenlas, que halla van! / ... ¡Viva México por siempre! / Cantemos a una voz / y de Querétaro el Sitio / que tanto triunfo alcanzó.

Fragmento del Corrido del Sitio de Querétaro. Vicente Mendoza. Corridos Mexicanos, México, Fondo de Cultura Económica, Lecturas Mexicanas. 71. 1985.


Con los testimonio de los protagonistas nos ubicaremos en los sitios donde se efectuaron cruentos combates entre imperialistas y republicanos el sábado 27 de abril de 1867. Es en esta jornada donde se encuentra la efeméride del soldado potosino que da nombre a la Plaza Damián Carmona. En esa fecha el general Miguel Miramón rompía el cerco en el Cerro del Cimatario. Haciendo decenas de prisioneros, además de cañones y bastimentos.

El Sitio

La ciudad de Querétaro en 1867 tenía aproximadamente treinta y siete mil habitantes. El Sitio a la ciudad, según los partes de guerra inició el 6 de marzo y concluyó el 15 de mayo con la toma del cuartel general de los imperialistas que se encontraba en el convento de la Cruz y la posterior rendición de Maximiliano de Habsburgo en el Cerro de las Campanas. –Otros testimonios ubican el principio del cerco el 9 de marzo y el cierre total con la llegada de Vicente Riva el 23 de marzo–. Atendiendo a los informes de la época, las fuerzas republicanas contaban con cerca de 30 mil efectivos; mientras que el ejercito acantonado en la ciudad llegaban a nueve mil. (Ratz, 2005:142-147).

Combates en el Cimatario

Los imperialistas intentaron romper el cerco. Por lo cual se lleva a cabo una gran movilización desde las cuatro de la mañana. La artillería de la Cruz y la Alameda cubrirán la salida. Desde la Cruz y San Francisquito se ataca la garita de México. La infantería imperial se impulsó a paso veloz a las faldas y laderas del Cimatario apoderándose de casi dos docenas de cañones, carromatos de parque, provisiones, así como documentos de la comandancia general del ejército de Oriente. Los republicanos fueron arrasados por todas las líneas del sur. Riva Palacio decidió situar sus tropas en las cumbres del Cimatario sin entrar en combate. (Moreno, 2003:58). Los batallones republicanos se dispersaron; decenas de soldados ya no regresaran al frente “huyendo despavoridos hasta Apaseo”. (Villarreal, 2005: 107).

Maximiliano en el campo de batalla

Como era costumbre, desde el convento de la Cruz, Maximiliano observaba las evoluciones de las tropas. Una vez terminada la refriega, acompañado de su escolta llega a las laderas del Cimatario donde fue alcanzado por Miramón quien le solicitó hacer una concentración de tropas. Mientras tanto Mariano Escobedo decidía recuperar las líneas del sur. Ordenando a entrar al combate a los cazadores de Galana, al mando del general Sóstenes Rocha. Provistos de fusiles Spencer, con capacidad de fuego de catorce tiros al minuto, [16] éstos hacen retroceder al Regimiento de la Emperatriz. Maximiliano tiene que huir en desbandada con su escolta de húsares. Los republicanos restablecen la línea de circunvalación. Los republicanos persiguen a los soldados imperialistas hasta la Alameda y el camino a Casa Blanca. Arellano ordenó “fuego violento de metralla” […] "sobre los primeros grupos del enemigo y sobre los últimos de los nuestros sacrificados a la salvación común". (Hans, 1962: 129).

Fuego de metralla

Miramón había previsto que los republicanos tratarían de auxiliar a sus fuerzas del Cimatario; así que había encargado al General Castillo que tomase la Hacienda de Callejas con una pequeña brigada de infantería y una batería de artillería, y se estableciese después cerca de San Francisquito. Castillo fracasó en su ataque contra la Hacienda de Callejas, sin embargo, los resultados obtenidos en las líneas del Sur favorecieron a los imperialistas, que bien pudieron romper ese día el Sitio. Pero llevaron a tal extremo su júbilo triunfal, dieron oportunidad a que Escobedo movilizara sus tropas mejor entrenadas a las colinas del Cimatario, convirtiendo su derrota en triunfo. Miramón escribe en su Diario: “Por nuestra parte, hemos perdido en esta gloriosa jornada tres jefes y seis oficiales heridos, y 460 hombres entre muertos, heridos, dispersos y prisioneros. El enemigo perdió 20 piezas de artillería, 600 prisioneros de tropa y 24 oficiales. Los heridos y muertos que quedaron en el campo, se calculan en 400 hombres fuera de combate, con más dispersos que deben haber sido muchos, porque se vieron regados los cerros regados de la gente que huía, tirando fusiles.” (Altamirano, 1986, 215). Rocha apuntó: "El campo quedó sembrado de cadáveres de ambas fuerzas combatientes". (Rocha, 1946).

Combate en la Garita de México

27 de abril de 1867. Versión de Altamirano: ... “Yo entré en la garita y me puse a las órdenes del general Jiménez, que valiente y sereno, como lo ha sido siempre, estaba con la espada en la mano animando a sus tropas al pie de los parapetos, y rodeado de los oficiales de su estado mayor”. El ejercito del sur rechazó por varias ocasiones a las fuerzas del general Castillo y del cañoneo intenso que llovía sobre la garita proveniente de la Cruz. “En los demás puestos importantes de nuestra línea de la garita a la hacienda de Callejas se hallaban defendiendo nuestras fortificaciones y rechazado el ataque...” Altamirano junto con los generales Vélez, Jiménez y Chavarría: “salpicados de sesos de trozos de carne y de sangre”; junto con sus tropas soportaban los embates que provenían desde un llano cubierto de órganos. Toques de carga, dianas, imprecaciones; la metralla que barría como "serpiente rojiza" … “Fueron diez minutos de fuego a quemarropa y de carnicería, en el que no se escuchaba sino el ruido confuso de una granizada de tiros, el toque de las cornetas y tambores, el chasquido de las bayonetas, las blasfemias de los soldados y el grito ronco de los jefes”. (Altamirano, 1986, 266)).

En la próxima entrega relataremos los sucesos ocurridos en las líneas apostadas al norte de la ciudad. Documentar la relación del pasado con el presente nos da la posibilidad de resinificar los espacio que habitamos cotidianamente. Son escenarios simbólicos que nos transmiten las mentalidades y sistema de valores de otras generaciones. En el periodo de "Quédate en casa" ya ¡hace calor!


Desde Anbanica - Teocalhueyacan. Abril de MMXX.

En el Cerro de las Cruces / empezaron a tirar / los de las blusas rayadas / que tiraban con afán, / los de adentro les decían: / -¡Tengan sus piezas de pan! / ¡Apárenlas, que halla van! / ... ¡Viva México por siempre! / Cantemos a una voz / y de Querétaro el Sitio / que tanto triunfo alcanzó.

Fragmento del Corrido del Sitio de Querétaro. Vicente Mendoza. Corridos Mexicanos, México, Fondo de Cultura Económica, Lecturas Mexicanas. 71. 1985.


Con los testimonio de los protagonistas nos ubicaremos en los sitios donde se efectuaron cruentos combates entre imperialistas y republicanos el sábado 27 de abril de 1867. Es en esta jornada donde se encuentra la efeméride del soldado potosino que da nombre a la Plaza Damián Carmona. En esa fecha el general Miguel Miramón rompía el cerco en el Cerro del Cimatario. Haciendo decenas de prisioneros, además de cañones y bastimentos.

El Sitio

La ciudad de Querétaro en 1867 tenía aproximadamente treinta y siete mil habitantes. El Sitio a la ciudad, según los partes de guerra inició el 6 de marzo y concluyó el 15 de mayo con la toma del cuartel general de los imperialistas que se encontraba en el convento de la Cruz y la posterior rendición de Maximiliano de Habsburgo en el Cerro de las Campanas. –Otros testimonios ubican el principio del cerco el 9 de marzo y el cierre total con la llegada de Vicente Riva el 23 de marzo–. Atendiendo a los informes de la época, las fuerzas republicanas contaban con cerca de 30 mil efectivos; mientras que el ejercito acantonado en la ciudad llegaban a nueve mil. (Ratz, 2005:142-147).

Combates en el Cimatario

Los imperialistas intentaron romper el cerco. Por lo cual se lleva a cabo una gran movilización desde las cuatro de la mañana. La artillería de la Cruz y la Alameda cubrirán la salida. Desde la Cruz y San Francisquito se ataca la garita de México. La infantería imperial se impulsó a paso veloz a las faldas y laderas del Cimatario apoderándose de casi dos docenas de cañones, carromatos de parque, provisiones, así como documentos de la comandancia general del ejército de Oriente. Los republicanos fueron arrasados por todas las líneas del sur. Riva Palacio decidió situar sus tropas en las cumbres del Cimatario sin entrar en combate. (Moreno, 2003:58). Los batallones republicanos se dispersaron; decenas de soldados ya no regresaran al frente “huyendo despavoridos hasta Apaseo”. (Villarreal, 2005: 107).

Maximiliano en el campo de batalla

Como era costumbre, desde el convento de la Cruz, Maximiliano observaba las evoluciones de las tropas. Una vez terminada la refriega, acompañado de su escolta llega a las laderas del Cimatario donde fue alcanzado por Miramón quien le solicitó hacer una concentración de tropas. Mientras tanto Mariano Escobedo decidía recuperar las líneas del sur. Ordenando a entrar al combate a los cazadores de Galana, al mando del general Sóstenes Rocha. Provistos de fusiles Spencer, con capacidad de fuego de catorce tiros al minuto, [16] éstos hacen retroceder al Regimiento de la Emperatriz. Maximiliano tiene que huir en desbandada con su escolta de húsares. Los republicanos restablecen la línea de circunvalación. Los republicanos persiguen a los soldados imperialistas hasta la Alameda y el camino a Casa Blanca. Arellano ordenó “fuego violento de metralla” […] "sobre los primeros grupos del enemigo y sobre los últimos de los nuestros sacrificados a la salvación común". (Hans, 1962: 129).

Fuego de metralla

Miramón había previsto que los republicanos tratarían de auxiliar a sus fuerzas del Cimatario; así que había encargado al General Castillo que tomase la Hacienda de Callejas con una pequeña brigada de infantería y una batería de artillería, y se estableciese después cerca de San Francisquito. Castillo fracasó en su ataque contra la Hacienda de Callejas, sin embargo, los resultados obtenidos en las líneas del Sur favorecieron a los imperialistas, que bien pudieron romper ese día el Sitio. Pero llevaron a tal extremo su júbilo triunfal, dieron oportunidad a que Escobedo movilizara sus tropas mejor entrenadas a las colinas del Cimatario, convirtiendo su derrota en triunfo. Miramón escribe en su Diario: “Por nuestra parte, hemos perdido en esta gloriosa jornada tres jefes y seis oficiales heridos, y 460 hombres entre muertos, heridos, dispersos y prisioneros. El enemigo perdió 20 piezas de artillería, 600 prisioneros de tropa y 24 oficiales. Los heridos y muertos que quedaron en el campo, se calculan en 400 hombres fuera de combate, con más dispersos que deben haber sido muchos, porque se vieron regados los cerros regados de la gente que huía, tirando fusiles.” (Altamirano, 1986, 215). Rocha apuntó: "El campo quedó sembrado de cadáveres de ambas fuerzas combatientes". (Rocha, 1946).

Combate en la Garita de México

27 de abril de 1867. Versión de Altamirano: ... “Yo entré en la garita y me puse a las órdenes del general Jiménez, que valiente y sereno, como lo ha sido siempre, estaba con la espada en la mano animando a sus tropas al pie de los parapetos, y rodeado de los oficiales de su estado mayor”. El ejercito del sur rechazó por varias ocasiones a las fuerzas del general Castillo y del cañoneo intenso que llovía sobre la garita proveniente de la Cruz. “En los demás puestos importantes de nuestra línea de la garita a la hacienda de Callejas se hallaban defendiendo nuestras fortificaciones y rechazado el ataque...” Altamirano junto con los generales Vélez, Jiménez y Chavarría: “salpicados de sesos de trozos de carne y de sangre”; junto con sus tropas soportaban los embates que provenían desde un llano cubierto de órganos. Toques de carga, dianas, imprecaciones; la metralla que barría como "serpiente rojiza" … “Fueron diez minutos de fuego a quemarropa y de carnicería, en el que no se escuchaba sino el ruido confuso de una granizada de tiros, el toque de las cornetas y tambores, el chasquido de las bayonetas, las blasfemias de los soldados y el grito ronco de los jefes”. (Altamirano, 1986, 266)).

En la próxima entrega relataremos los sucesos ocurridos en las líneas apostadas al norte de la ciudad. Documentar la relación del pasado con el presente nos da la posibilidad de resinificar los espacio que habitamos cotidianamente. Son escenarios simbólicos que nos transmiten las mentalidades y sistema de valores de otras generaciones. En el periodo de "Quédate en casa" ya ¡hace calor!


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