/ miércoles 15 de enero de 2020

Asimov, Yo robot, y la ética robótica

Vitral

La temática acerca de robots es muy atrayente. En su diseño y creación se proyectan desde los sueños haraganes de hacer de ellos nuestros esclavos, hasta la idea de convertirlos en nuestras compañías amorosas, pasando además por un sinfín de posibilidades de utilización. Por ejemplo, en la antigua caricatura creada para la televisión por William Hanna y Joseph Barbera, Los supersónicos (1962), aparece una sirvienta (así se les llamaba en esa época) llamada Robotina, una robot encargada de los deberes que nadie quería realizar. Los robots concebidos como sustitutos para realizar las tareas más deleznables o peligrosas que nadie quiere o debe realizar. Entes sin vida y sin voluntad que puedan sustituirnos con eficacia y sin riesgos. Pero ¿qué sucedería si esos robots, como producto de un mejor acabado, tomaran conciencia y se rebelaran? Al desarrollar mejores robots éstos tendrían más desarrollada la inteligencia artificial para que así pudieran cumplir mejor con sus tareas, pero ¿también ese desarrollo implicaría que pudieran desarrollar una conciencia propia, pensamientos, sentimientos? Esos son los dilemas que plantea Isaac Asimov en su libro Yo, robot, y que son retomados en la película del mismo nombre dirigida por Alex Proyas (2004).

Este 2 de enero del 2020 se cumplió el primer centenario del nacimiento del escritor de ciencia ficción Isaac Asimov, y es justo rememorarlo e invitar a la gente a redescubrirlo, conocerlo, releerlo. Sus aportes a la divulgación histórica y científica, y a la literatura, lo hacen digno de homenajes. Nació en Rusia cuando en este país apenas comenzaba la revolución comunista. Su familia, de origen judeo-ruso, se trasladó a los Estados Unidos cuando Isaac tenía tres años de edad. Comenzó a publicar relatos de ciencia ficción a los 19 años en revistas conocidas en aquel tiempo como pulps. En verdad es muy amplia la variedad de temas sobre los que Asimov escribió. En buenas librerías pueden encontrarse sus libros más populares, entre ellos Yo, robot. Debajo de la anécdota central de este libro –la de un policía que busca aclarar el aparente suicidio de un científico relevante en la creación de robots y de la que él sospecha asesinato–, se encuentran las grandes interrogantes del desarrollo de robots y la inteligencia artificial. Esos son los temas centrales de muchos de los libros de Isaac Asimov, como puede verse por ejemplo en la saga que escribió acerca de los robots. Tema al que si rascamos más a fondo nos lleva a la profunda reflexión a propósito de qué estamos haciendo con los conocimientos científicos, cómo influyen la realidad cotidiana y hacia a dónde nos están conduciendo. Y estos asuntos no competen sólo a los científicos, sino a la sociedad toda, a cada uno de nosotros. Es deber de la sociedad civil hacerse responsable y estar atenta de hacia dónde nos dirigen los descubrimientos científicos, en este caso, la robótica.

Son muchos los temas que están implicados: ¿qué nos depara el futuro, sustituirán totalmente los robots a los trabajadores en las fábricas, en los servicios? ¿Qué pasará con el desempleo generado por esto? ¿Qué soluciones puede haber que sean justas para todos? ¿Cómo repercutirá, por ejemplo, en las guerras el desarrollo de armas robotizadas y con altos desarrollos de inteligencia artificial? ¿Está en peligro la vida en el planeta, la vida humana? Como puede verse son muchos los temas implicados respecto a la robótica. Cuestiones laborales, jurídicas, económicas, políticas, sociológicas, educativas, filosóficas, ideológicas, pero quizá, sobre todo, éticas. El libro de Asimov, Yo, robot, se asoma a todas ellas y nos deja tarea respecto a reflexionar acerca de sus implicaciones.

Hasta este momento toda la ciencia ficción ha especulado acerca de la posibilidad de replicar el cerebro humano, y algunos se han proyectado hasta la posibilidad de que los robots tengan algo parecido al alma humana. Para el cofundador de Apple, Steve Wozniak, esto no es posible, dado que las máquinas aún no saben “cómo se almacenan las memorias o las emociones, de dónde proviene la intuición.” Pero los intentos por desarrollar robots sensibles, que pudieran replicar el cerebro humano no se detendrán, al contrario. Cada vez más científicos intentar alcanzar esa meta, y a veces pareciera que se acercan poco a poco. Por tanto, el debate a propósito de la relación entre ética y robótica es inaplazable, y cada día los países toman posiciones más definidas al respecto. Es un campo teórico y práctico que necesita regulación. No puede darse así como así. Es un campo minado dado que hay muchos intereses de por medio, y muchos de sus desarrollos se mantienen en la más absoluta secrecía. Los desarrollos tecnológicos no son neutros, están relacionados íntimamente con el poder económico, político y militar. De ahí, la necesidad urgente de establecer códigos éticos que establezcan reglas claras para estos desarrollos. El respeto a la dignidad humana, la no utilización militar, la libertad, los asuntos de privacidad, están entre los temas a tratar. Isaac Asimov entrevió todos estos problemas y los plasmó, a la manera de ficciones en sus múltiples libros, entre ellos el de Yo, robot, en donde podemos encontrar todas esas inquietudes que la novela aborda. Robots que desarrollan la conciencia y se rebelan contra sus creadores, que se niegan a morir, que quieren adquirir poder, que desarrollan guerras. Proyecciones de la propia historia de la vida humana. Una humanidad que, a pesar de todos sus desarrollos de alta tecnología e inteligencia artificial, no ha sido capaz de establecer un mundo más justo y más solidario en donde no domine el crimen, la rapiña y el poder dictatorial. Un mundo contradictorio con grandes contrastes, que a veces pareciera que sólo fuera en blanco y negro, luces y sombras que opacan todos los matices existentes.

Esos son los ambientes a donde nos conduce Isaac Asimov en su literatura, y en donde podemos encontrar diversión y divulgación científica, reflexión ética y filosófica, y ciencia ficción de alta factura. El mejor homenaje que podemos hacer a este escritor en el centenario de su nacimiento es leerlo, disfrutarlo, interrogarlo y llevar más allá las pautas que nos dio para imaginar los mundos posibles que vendrán.

https://escritosdeaft.blogspot.com

La temática acerca de robots es muy atrayente. En su diseño y creación se proyectan desde los sueños haraganes de hacer de ellos nuestros esclavos, hasta la idea de convertirlos en nuestras compañías amorosas, pasando además por un sinfín de posibilidades de utilización. Por ejemplo, en la antigua caricatura creada para la televisión por William Hanna y Joseph Barbera, Los supersónicos (1962), aparece una sirvienta (así se les llamaba en esa época) llamada Robotina, una robot encargada de los deberes que nadie quería realizar. Los robots concebidos como sustitutos para realizar las tareas más deleznables o peligrosas que nadie quiere o debe realizar. Entes sin vida y sin voluntad que puedan sustituirnos con eficacia y sin riesgos. Pero ¿qué sucedería si esos robots, como producto de un mejor acabado, tomaran conciencia y se rebelaran? Al desarrollar mejores robots éstos tendrían más desarrollada la inteligencia artificial para que así pudieran cumplir mejor con sus tareas, pero ¿también ese desarrollo implicaría que pudieran desarrollar una conciencia propia, pensamientos, sentimientos? Esos son los dilemas que plantea Isaac Asimov en su libro Yo, robot, y que son retomados en la película del mismo nombre dirigida por Alex Proyas (2004).

Este 2 de enero del 2020 se cumplió el primer centenario del nacimiento del escritor de ciencia ficción Isaac Asimov, y es justo rememorarlo e invitar a la gente a redescubrirlo, conocerlo, releerlo. Sus aportes a la divulgación histórica y científica, y a la literatura, lo hacen digno de homenajes. Nació en Rusia cuando en este país apenas comenzaba la revolución comunista. Su familia, de origen judeo-ruso, se trasladó a los Estados Unidos cuando Isaac tenía tres años de edad. Comenzó a publicar relatos de ciencia ficción a los 19 años en revistas conocidas en aquel tiempo como pulps. En verdad es muy amplia la variedad de temas sobre los que Asimov escribió. En buenas librerías pueden encontrarse sus libros más populares, entre ellos Yo, robot. Debajo de la anécdota central de este libro –la de un policía que busca aclarar el aparente suicidio de un científico relevante en la creación de robots y de la que él sospecha asesinato–, se encuentran las grandes interrogantes del desarrollo de robots y la inteligencia artificial. Esos son los temas centrales de muchos de los libros de Isaac Asimov, como puede verse por ejemplo en la saga que escribió acerca de los robots. Tema al que si rascamos más a fondo nos lleva a la profunda reflexión a propósito de qué estamos haciendo con los conocimientos científicos, cómo influyen la realidad cotidiana y hacia a dónde nos están conduciendo. Y estos asuntos no competen sólo a los científicos, sino a la sociedad toda, a cada uno de nosotros. Es deber de la sociedad civil hacerse responsable y estar atenta de hacia dónde nos dirigen los descubrimientos científicos, en este caso, la robótica.

Son muchos los temas que están implicados: ¿qué nos depara el futuro, sustituirán totalmente los robots a los trabajadores en las fábricas, en los servicios? ¿Qué pasará con el desempleo generado por esto? ¿Qué soluciones puede haber que sean justas para todos? ¿Cómo repercutirá, por ejemplo, en las guerras el desarrollo de armas robotizadas y con altos desarrollos de inteligencia artificial? ¿Está en peligro la vida en el planeta, la vida humana? Como puede verse son muchos los temas implicados respecto a la robótica. Cuestiones laborales, jurídicas, económicas, políticas, sociológicas, educativas, filosóficas, ideológicas, pero quizá, sobre todo, éticas. El libro de Asimov, Yo, robot, se asoma a todas ellas y nos deja tarea respecto a reflexionar acerca de sus implicaciones.

Hasta este momento toda la ciencia ficción ha especulado acerca de la posibilidad de replicar el cerebro humano, y algunos se han proyectado hasta la posibilidad de que los robots tengan algo parecido al alma humana. Para el cofundador de Apple, Steve Wozniak, esto no es posible, dado que las máquinas aún no saben “cómo se almacenan las memorias o las emociones, de dónde proviene la intuición.” Pero los intentos por desarrollar robots sensibles, que pudieran replicar el cerebro humano no se detendrán, al contrario. Cada vez más científicos intentar alcanzar esa meta, y a veces pareciera que se acercan poco a poco. Por tanto, el debate a propósito de la relación entre ética y robótica es inaplazable, y cada día los países toman posiciones más definidas al respecto. Es un campo teórico y práctico que necesita regulación. No puede darse así como así. Es un campo minado dado que hay muchos intereses de por medio, y muchos de sus desarrollos se mantienen en la más absoluta secrecía. Los desarrollos tecnológicos no son neutros, están relacionados íntimamente con el poder económico, político y militar. De ahí, la necesidad urgente de establecer códigos éticos que establezcan reglas claras para estos desarrollos. El respeto a la dignidad humana, la no utilización militar, la libertad, los asuntos de privacidad, están entre los temas a tratar. Isaac Asimov entrevió todos estos problemas y los plasmó, a la manera de ficciones en sus múltiples libros, entre ellos el de Yo, robot, en donde podemos encontrar todas esas inquietudes que la novela aborda. Robots que desarrollan la conciencia y se rebelan contra sus creadores, que se niegan a morir, que quieren adquirir poder, que desarrollan guerras. Proyecciones de la propia historia de la vida humana. Una humanidad que, a pesar de todos sus desarrollos de alta tecnología e inteligencia artificial, no ha sido capaz de establecer un mundo más justo y más solidario en donde no domine el crimen, la rapiña y el poder dictatorial. Un mundo contradictorio con grandes contrastes, que a veces pareciera que sólo fuera en blanco y negro, luces y sombras que opacan todos los matices existentes.

Esos son los ambientes a donde nos conduce Isaac Asimov en su literatura, y en donde podemos encontrar diversión y divulgación científica, reflexión ética y filosófica, y ciencia ficción de alta factura. El mejor homenaje que podemos hacer a este escritor en el centenario de su nacimiento es leerlo, disfrutarlo, interrogarlo y llevar más allá las pautas que nos dio para imaginar los mundos posibles que vendrán.

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