/ miércoles 4 de marzo de 2020

Contraluz: Cardenal

Sacerdote, poeta y revolucionario nicaragüense quien fue alma y rostro de largo tiempo convulso

El pasado 1 de marzo falleció Ernesto Cardenal, sacerdote, poeta y revolucionario nicaragüense quien fue alma y rostro de largo tiempo convulso –que aún no termina, aunque nos hayamos acostumbrado- en el que los pueblos de América cuestionan su situación de desigualdad, de divisiones, de violencia y de falta de armonía social.

Lo recuerdo tímido allá en el lejano 4 de marzo de 1979 cuando en nuestra vieja Plaza Constitución, con sótano reforzado con cientos de polines, el PRI celebraba su 50 aniversario en medio de euforias, visiones halagüeñas, música de banda y ruido de matracas.

José López Portillo, entonces presidente, estaba en la cúspide de su mandato, había dicho entonces que necesitábamos prepararnos para administrar la abundancia –petrolera, claro-. Antonio Calzada Rovirosa era el gobernador y cuidadoso anfitrión, Gustavo Carvajal Moreno era el presidente nacional del PRI.

México había apoyado la causa sandinista de Nicaragua que aún estaba en revolución, y una delegación del FSLN estaba presente.

En ella venía el sacerdote y poeta Ernesto Cardenal quien anticipó que “el triunfo sandinista está cerca; en este mismo año, quizá en julio” -tal como ocurrió-.

En Querétaro, invitado al 50 aniversario del PRI. / Foto: Cortesía | Carlos Jiménez

En ese entonces escribí:

“Destaca con personalidad propia Ernesto Cardenal, sacerdote, poeta y revolucionario cuya vestimenta contrasta con los finos trajes de la generalidad: pantalón de mezclilla, camisa blanca sin cuello, chaquetilla verde olivo y boina negra. De pie, en el pasillo central llama la atención su largo cabello gris y sus ojos entreabiertos, como de alguien fatigado. Alguien lo llama y le ofrece su lugar, y él lo rechaza. Se le insiste y acepta al fin. Las manos entrelazadas, la mirada baja, escucha los discursos. Aplaude cuando los demás aplauden, se pone de pie cuando otros lo hacen, sonríe con timidez cuando alguien lo reconoce.

“Parece que no se siente a gusto. En un bolsillo se advierte el último número de “Time” que con sus letras grandes destaca “Communists At War”. En una o dos ocasiones hurga en sus bolsillos y extrae una cajetilla de cigarros, ofrece a quienes lo flanquean, y fuma…”

Ernesto Cardenal ya era un hombre muy reconocido como sacerdote de los pobres, pensador, poeta y tenaz aliado de la Teología de la Liberación, cribada por el clérigo peruano Gustavo Gutiérrez después del Concilio Vaticano II y hecha presente en toda América Latina ante la pregunta de “¿Cómo decirles a los pobres que Dios los ama?”, y respaldada por muchos, como el sacerdote colombiano Camilo Torres, miembro del ELN quien falleció en combate en 1966; los brasileños Leonardo y Clodovis Boff , el español Jon Sobrino y muchos más a lo largo y ancho de América Latina.

Ernesto Cardenal nació el 20 de febrero de 1925 en Granada, Nicaragua.

Estudió en Managua primaria y secundaria y en 1942 vino a México donde ingresó a la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

En 1947 prosiguió sus estudios en Nueva York y después viajó a Europa.

El regaño público de Juan Pablo II a Ernesto Cardenal, en Managua. / Foto: Cortesía | Carlos Jiménez

De nuevo en Nicaragua participó en la frustrada Revolución de Abril de 1954 contra Anastasio Somoza García.

En 1957, Ernesto Cardenal entró en la abadía trapense de Nuestra Señora de Getsemaní, en Kentucky, EU, donde tuvo como maestro de novicios al egregio místico Thomas Merton. “Él era para mi un padre”, diría muy triste cuando Merton falleció en un accidente en Bangkok.

En 1959, retornó a México para estudiar teología en Cuernavaca y en 1965 se ordenó sacerdote en Managua.

Ahí en una de las islas del archipiélago de Solentiname en el lago Cocibolca fundó una pequeña comunidad cristiana de pescadores y artistas, casi monástica.

Posteriormente se declaró partidario de una "revolución desprovista de venganza" y colaboró con el Frente Sandinista de Liberación Nacional en la lucha contra el régimen de Anastasio Somoza Debayle. Tras el triunfo de la Revolución el 19 de julio de 1979, fue nombrado ministro de Cultura, cargo que ostentó hasta 1987.

El 4 de marzo de 1983, el papa Juan Pablo II visitó Nicaragua y en la recepción ofrecida, Ernesto Cardenal lo recibió arrodillado. Wojtyla, con gesto duro y el dedo índice señalándole, lo reprendió públicamente por formar parte del Gobierno Sandinista.

El 4 de febrero de 1984 Juan Pablo II lo suspendió a divinis del ejercicio del sacerdocio.

Ernesto Cardenal abandonó el FSLN en 1994, en protesta contra la dirección de Daniel Ortega.

En 2005, fue nominado al Premio Nobel de Literatura, que no recibió.

Cardenal viajó a México en el 2007, donde se entrevistó con el subcomandante Marcos y participó en el XII Encuentro Hispanoamericano de Escritores Horas de Junio, de la Universidad de Sonora, que ese año estuvo dedicado al poeta nicaragüense.

El levantamiento de la suspensión “ad divinis” otorgado por el Papa Francisco./Foto: Cortesía | Carlos Jiménez

En 2007 en su viaje a Brasil, el papa Benedicto XVI, sin desdeñar la importancia de la lucha contra las desigualdades y la promoción humana a través del Evangelio, se refirió a la Teología de la Liberación como un “fácil Milenarismo, que creyó mejorar las condiciones de vida con la revolución”. El Milenarismo es la herejía que creía en la inminencia del fin del mundo y el advenimiento de un reino terreno de paz y justicia perfectas que duraría mil años.

Hace poco más de un año, el 17 de febrero del 2019, se dio a conocer una carta del papa Francisco a Ernesto Cardenal informándole del levantamiento de la suspensión a divinis, impuesta por Juan Pablo. Horas antes el obispo auxiliar de Managua Silvio José Báez hizo pública una fotografía arrodillado ante la cama de Ernesto Cardenal en el hospital donde estuvo ingresado por insuficiencia renal, explicando que el obispo había pedido a Ernesto Cardenal su bendición como sacerdote de la Iglesia Católica a lo cual él accedió.

El pasado 4 de febrero Ernesto Cardenal fue ingresado de nuevo en el hospital managüense debido a nuevos fallos renales y cardíacos, donde recibió el alta. Falleció en Managua un mes después, el 1 de marzo del 2020, a los noventa y cinco años.

El pasado 1 de marzo falleció Ernesto Cardenal, sacerdote, poeta y revolucionario nicaragüense quien fue alma y rostro de largo tiempo convulso –que aún no termina, aunque nos hayamos acostumbrado- en el que los pueblos de América cuestionan su situación de desigualdad, de divisiones, de violencia y de falta de armonía social.

Lo recuerdo tímido allá en el lejano 4 de marzo de 1979 cuando en nuestra vieja Plaza Constitución, con sótano reforzado con cientos de polines, el PRI celebraba su 50 aniversario en medio de euforias, visiones halagüeñas, música de banda y ruido de matracas.

José López Portillo, entonces presidente, estaba en la cúspide de su mandato, había dicho entonces que necesitábamos prepararnos para administrar la abundancia –petrolera, claro-. Antonio Calzada Rovirosa era el gobernador y cuidadoso anfitrión, Gustavo Carvajal Moreno era el presidente nacional del PRI.

México había apoyado la causa sandinista de Nicaragua que aún estaba en revolución, y una delegación del FSLN estaba presente.

En ella venía el sacerdote y poeta Ernesto Cardenal quien anticipó que “el triunfo sandinista está cerca; en este mismo año, quizá en julio” -tal como ocurrió-.

En Querétaro, invitado al 50 aniversario del PRI. / Foto: Cortesía | Carlos Jiménez

En ese entonces escribí:

“Destaca con personalidad propia Ernesto Cardenal, sacerdote, poeta y revolucionario cuya vestimenta contrasta con los finos trajes de la generalidad: pantalón de mezclilla, camisa blanca sin cuello, chaquetilla verde olivo y boina negra. De pie, en el pasillo central llama la atención su largo cabello gris y sus ojos entreabiertos, como de alguien fatigado. Alguien lo llama y le ofrece su lugar, y él lo rechaza. Se le insiste y acepta al fin. Las manos entrelazadas, la mirada baja, escucha los discursos. Aplaude cuando los demás aplauden, se pone de pie cuando otros lo hacen, sonríe con timidez cuando alguien lo reconoce.

“Parece que no se siente a gusto. En un bolsillo se advierte el último número de “Time” que con sus letras grandes destaca “Communists At War”. En una o dos ocasiones hurga en sus bolsillos y extrae una cajetilla de cigarros, ofrece a quienes lo flanquean, y fuma…”

Ernesto Cardenal ya era un hombre muy reconocido como sacerdote de los pobres, pensador, poeta y tenaz aliado de la Teología de la Liberación, cribada por el clérigo peruano Gustavo Gutiérrez después del Concilio Vaticano II y hecha presente en toda América Latina ante la pregunta de “¿Cómo decirles a los pobres que Dios los ama?”, y respaldada por muchos, como el sacerdote colombiano Camilo Torres, miembro del ELN quien falleció en combate en 1966; los brasileños Leonardo y Clodovis Boff , el español Jon Sobrino y muchos más a lo largo y ancho de América Latina.

Ernesto Cardenal nació el 20 de febrero de 1925 en Granada, Nicaragua.

Estudió en Managua primaria y secundaria y en 1942 vino a México donde ingresó a la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

En 1947 prosiguió sus estudios en Nueva York y después viajó a Europa.

El regaño público de Juan Pablo II a Ernesto Cardenal, en Managua. / Foto: Cortesía | Carlos Jiménez

De nuevo en Nicaragua participó en la frustrada Revolución de Abril de 1954 contra Anastasio Somoza García.

En 1957, Ernesto Cardenal entró en la abadía trapense de Nuestra Señora de Getsemaní, en Kentucky, EU, donde tuvo como maestro de novicios al egregio místico Thomas Merton. “Él era para mi un padre”, diría muy triste cuando Merton falleció en un accidente en Bangkok.

En 1959, retornó a México para estudiar teología en Cuernavaca y en 1965 se ordenó sacerdote en Managua.

Ahí en una de las islas del archipiélago de Solentiname en el lago Cocibolca fundó una pequeña comunidad cristiana de pescadores y artistas, casi monástica.

Posteriormente se declaró partidario de una "revolución desprovista de venganza" y colaboró con el Frente Sandinista de Liberación Nacional en la lucha contra el régimen de Anastasio Somoza Debayle. Tras el triunfo de la Revolución el 19 de julio de 1979, fue nombrado ministro de Cultura, cargo que ostentó hasta 1987.

El 4 de marzo de 1983, el papa Juan Pablo II visitó Nicaragua y en la recepción ofrecida, Ernesto Cardenal lo recibió arrodillado. Wojtyla, con gesto duro y el dedo índice señalándole, lo reprendió públicamente por formar parte del Gobierno Sandinista.

El 4 de febrero de 1984 Juan Pablo II lo suspendió a divinis del ejercicio del sacerdocio.

Ernesto Cardenal abandonó el FSLN en 1994, en protesta contra la dirección de Daniel Ortega.

En 2005, fue nominado al Premio Nobel de Literatura, que no recibió.

Cardenal viajó a México en el 2007, donde se entrevistó con el subcomandante Marcos y participó en el XII Encuentro Hispanoamericano de Escritores Horas de Junio, de la Universidad de Sonora, que ese año estuvo dedicado al poeta nicaragüense.

El levantamiento de la suspensión “ad divinis” otorgado por el Papa Francisco./Foto: Cortesía | Carlos Jiménez

En 2007 en su viaje a Brasil, el papa Benedicto XVI, sin desdeñar la importancia de la lucha contra las desigualdades y la promoción humana a través del Evangelio, se refirió a la Teología de la Liberación como un “fácil Milenarismo, que creyó mejorar las condiciones de vida con la revolución”. El Milenarismo es la herejía que creía en la inminencia del fin del mundo y el advenimiento de un reino terreno de paz y justicia perfectas que duraría mil años.

Hace poco más de un año, el 17 de febrero del 2019, se dio a conocer una carta del papa Francisco a Ernesto Cardenal informándole del levantamiento de la suspensión a divinis, impuesta por Juan Pablo. Horas antes el obispo auxiliar de Managua Silvio José Báez hizo pública una fotografía arrodillado ante la cama de Ernesto Cardenal en el hospital donde estuvo ingresado por insuficiencia renal, explicando que el obispo había pedido a Ernesto Cardenal su bendición como sacerdote de la Iglesia Católica a lo cual él accedió.

El pasado 4 de febrero Ernesto Cardenal fue ingresado de nuevo en el hospital managüense debido a nuevos fallos renales y cardíacos, donde recibió el alta. Falleció en Managua un mes después, el 1 de marzo del 2020, a los noventa y cinco años.

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