/ lunes 25 de marzo de 2024

Ecología y planeación urbana son el desafío: Pablo Corona

La ciudad crece con orden, pero se puede mejorar, dice el director de CR, uno de los creadores del nuevo Querétaro


“Este ha sido el desarrollo que ha marcado la pauta, desde aquí definimos la tendencia”, sostiene Pablo Corona Artigas, el director general de CR sobre el actual desarrollo habitacional de su empresa: el distrito urbano Gran Reserva Preserve, ubicado en la zona norte de Juriquilla, muy cerca de Santa Rosa Jáuregui y vecino del Libramiento Norponiente.

“Nos apasiona el tema de la naturaleza y siempre se pensó en alterar lo menos posible el campo como lo encontramos. La forma de pensar del grupo es tratar de alterar lo menos posible, conservar mayormente el estatus que tenía, respetando la naturaleza y sembrando muchos más árboles de los que anteriormente tenía”.

Corona, que llegó a Querétaro con apenas seis años, transpira entusiasmo mientras recorre, antes de sentarse bajo un árbol y frente a una alberca del club de su fraccionamiento para platicar con Diario de Querétaro, las amplias avenidas de Gran Reserva Preserve. Nos muestra los espacios comunes, donde lo mismo se descubre una tradicional tiendita hasta un restaurante, una plaza cívica y el terreno donde será construida una capilla. Espacios para bicicletas, una escuela primaria, un pequeño lugar para que los niños convivan con animales, varios centros de consumo, albercas, áreas deportivas y hasta un vehículo para atender emergencias, complementan el rápido pero interesante recorrido.

“Al hacer desarrollo urbano claramente cambias lo que era un campo para hacer calles y poner vivienda”, reconoce también. “Los que hacemos desarrollo horizontal somos un mal necesario para la sociedad, porque la ciudad tiene que crecer”, y pone también el acento en recuperar aquellos espacios que “nos tocaron de niños”, donde salías, con tranquilidad, a pasear en bicicleta y eras libre para andar por todos lados. “Eso es lo que persigue este proyecto, y aunque no hemos acabado de cuajar el sueño, creo que ahí va”.

La familia de Pablo, compuesta por seis hermanos, llegó a Querétaro (“una tierra bendita”, la define él) en 1982, y su papá compró una reserva de tierra donde empezó a desarrollar vivienda; aquella primera experiencia se llamó Real de Juriquilla. “Como proyecto primerizo estuvo lleno de fallas, de errores”, reconoce quien se haría cargo de la empresa en el 2010; “fue un proyecto que costó mucho trabajo y mucho tiempo, pero el aprendizaje fue excelente; todo lo que se pudo hacer mal se hizo, y luego se fue corrigiendo con el tiempo”.

De aquella primera aventura, Corona dice haber abrevado la suficiente experiencia para emprender nuevas, no solo en el distrito urbano de Gran Reserva Preserve, sino adicionalmente en los desarrollos que también tiene CR: Preserve Sur y Preserve El Marqués, que “buscan lo mismo: ese entorno de armonía, esos espacios de diversión, de esparcimiento, dentro de un eje rector que es el respeto y convivir con la naturaleza”.

“La idea, como distrito urbano es tener áreas privativas, pero también otras de uso común, a la que puedan entrar vecinos de otras colonias; no cerrarse y limitar a los demás de lo que pudieran gozar aquí”, asegura. “Esto le ayuda a la zona, le ayuda a los vecinos y naturalmente, le ayuda a los negocios que aquí se establezcan”.

Un caso muy concreto de esta forma de desarrollo es la instalación, dentro del fraccionamiento, de la escuela Víktor Frankl, que desde hace un año ofrece educación primaria y que próximamente lo hará también con secundaria.

Desde septiembre pasado, contando con la participación del Ejército, destaca la inauguración de una plaza cívica, idea que se replicará en otros desarrollos de la empresa. Corona sostiene el por qué: “Creo que el espíritu cívico se ha perdido un poco; la gente tiene cierto desencanto y es necesario rescatar los valores patrios, y por eso decidimos hacer la plaza”.

De destacar es también que el 80 por ciento del personal operativo de Gran Reserva Preserve, unas 120 personas, son habitantes de algunas de las comunidades cercanas: San Miguelito, San Isidro y Casa Blanca. “Nos enorgullece dar empleo a estas comunidades, donde había altos niveles delictivos y de enorme deserción escolar”, dice Pablo. “Aparte de dar empleo, es acompañarlos con capacitación, y esta parte de dar empleo y acompañarlos con el tema de capacitación. La Fundación que lleva Claudia, mi esposa, trabaja con las escuelas de las comunidades y está colaborando a disminuir la deserción escolar, además de que a nuestros jóvenes operativos se les dan charlas y cursos para la prevención de adicciones. No quiero decir que vamos a hacer un milagro, ni que vamos a cambiar el mundo, pero estamos poniendo nuestro granito de arena para que eso empiece a mejorar”.

Y efectivamente, la Fundación que encabeza Claudia Wiesenberger organiza amenidades para los habitantes de las comunidades vecinas, jornadas de siembra de árboles, campañas de donación de libros, jornadas de salud visual, charlas y asesorías de sensibilización contra el cáncer de mama, asistencia nutricional, visitas a plantas de tratamiento de agua y apoyos para la adquisición de útiles escolares.

“Ha habido, dentro de lo posible, una buena planeación urbana, claro que hay que mejorar, pero sólo hay que compararnos con otras ciudades del país para darnos cuenta que Querétaro ha crecido razonablemente bien”, responde ante la solicitud de su opinión sobre el sostenido e impresionante crecimiento de nuestra ciudad. “Hemos tenido la fortuna de tener buenos gobiernos, que han hecho lo posible por cuidar el orden urbano, la atención al medio ambiente, el que se respete todo lo que ya se ha decretado como zona verde y, aunque ha habido fallas y los desarrolladores también las hemos tenido, creo que el balance es saludable”.

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Reconoce la labor previa realizada, en esta zona de Querétaro, por la familia Torres Landa. “Gran parte del éxito que ha tenido este desarrollo, por el enorme posicionamiento que hicieron de Juriquilla, sin duda, se le debe a la familia Torres Landa, y muy puntualmente al ‘Pollo’, el gran promotor de Querétaro, que dio pie a que lo que se hiciera, en términos habitacionales, fuera a tener éxito”.

“Creo que la zona va a seguir creciendo con un impulso natural, pues tiene todavía mucho por crecer hacia el norte”, prevé también. “Creo que crecerá ordenadamente, con un buen equilibrio entre servicios, y poco a poco, con ofertas laborales. Tal vez no tenga el impulso que tuvo en décadas anteriores, porque Querétaro está creciendo en varios escenarios, pero yo veo el futuro con ilusión y mucho entusiasmo”.

Desde lo alto de la construcción del club del fraccionamiento, colindante con una zona natural protegida, puede verse el desarrollo habitacional, y a la distancia, una parte de Santa Rosa Jáuregui. Pablo Corona invita a unos novios, seguramente residentes, que viven una sesión fotográfica, a que suban a tomarse algunas gráficas con esa vista de un nuevo Querétaro. Mientras lo hace, mientras vuelve a mirar a la distancia los confines de Gran Reserva Preserve, reconoce para sí lo que podría ser una ambivalencia para cualquier otro: la de desarrollador y ecologista. “Mis dos cachuchas”, como él lo dice.



“Este ha sido el desarrollo que ha marcado la pauta, desde aquí definimos la tendencia”, sostiene Pablo Corona Artigas, el director general de CR sobre el actual desarrollo habitacional de su empresa: el distrito urbano Gran Reserva Preserve, ubicado en la zona norte de Juriquilla, muy cerca de Santa Rosa Jáuregui y vecino del Libramiento Norponiente.

“Nos apasiona el tema de la naturaleza y siempre se pensó en alterar lo menos posible el campo como lo encontramos. La forma de pensar del grupo es tratar de alterar lo menos posible, conservar mayormente el estatus que tenía, respetando la naturaleza y sembrando muchos más árboles de los que anteriormente tenía”.

Corona, que llegó a Querétaro con apenas seis años, transpira entusiasmo mientras recorre, antes de sentarse bajo un árbol y frente a una alberca del club de su fraccionamiento para platicar con Diario de Querétaro, las amplias avenidas de Gran Reserva Preserve. Nos muestra los espacios comunes, donde lo mismo se descubre una tradicional tiendita hasta un restaurante, una plaza cívica y el terreno donde será construida una capilla. Espacios para bicicletas, una escuela primaria, un pequeño lugar para que los niños convivan con animales, varios centros de consumo, albercas, áreas deportivas y hasta un vehículo para atender emergencias, complementan el rápido pero interesante recorrido.

“Al hacer desarrollo urbano claramente cambias lo que era un campo para hacer calles y poner vivienda”, reconoce también. “Los que hacemos desarrollo horizontal somos un mal necesario para la sociedad, porque la ciudad tiene que crecer”, y pone también el acento en recuperar aquellos espacios que “nos tocaron de niños”, donde salías, con tranquilidad, a pasear en bicicleta y eras libre para andar por todos lados. “Eso es lo que persigue este proyecto, y aunque no hemos acabado de cuajar el sueño, creo que ahí va”.

La familia de Pablo, compuesta por seis hermanos, llegó a Querétaro (“una tierra bendita”, la define él) en 1982, y su papá compró una reserva de tierra donde empezó a desarrollar vivienda; aquella primera experiencia se llamó Real de Juriquilla. “Como proyecto primerizo estuvo lleno de fallas, de errores”, reconoce quien se haría cargo de la empresa en el 2010; “fue un proyecto que costó mucho trabajo y mucho tiempo, pero el aprendizaje fue excelente; todo lo que se pudo hacer mal se hizo, y luego se fue corrigiendo con el tiempo”.

De aquella primera aventura, Corona dice haber abrevado la suficiente experiencia para emprender nuevas, no solo en el distrito urbano de Gran Reserva Preserve, sino adicionalmente en los desarrollos que también tiene CR: Preserve Sur y Preserve El Marqués, que “buscan lo mismo: ese entorno de armonía, esos espacios de diversión, de esparcimiento, dentro de un eje rector que es el respeto y convivir con la naturaleza”.

“La idea, como distrito urbano es tener áreas privativas, pero también otras de uso común, a la que puedan entrar vecinos de otras colonias; no cerrarse y limitar a los demás de lo que pudieran gozar aquí”, asegura. “Esto le ayuda a la zona, le ayuda a los vecinos y naturalmente, le ayuda a los negocios que aquí se establezcan”.

Un caso muy concreto de esta forma de desarrollo es la instalación, dentro del fraccionamiento, de la escuela Víktor Frankl, que desde hace un año ofrece educación primaria y que próximamente lo hará también con secundaria.

Desde septiembre pasado, contando con la participación del Ejército, destaca la inauguración de una plaza cívica, idea que se replicará en otros desarrollos de la empresa. Corona sostiene el por qué: “Creo que el espíritu cívico se ha perdido un poco; la gente tiene cierto desencanto y es necesario rescatar los valores patrios, y por eso decidimos hacer la plaza”.

De destacar es también que el 80 por ciento del personal operativo de Gran Reserva Preserve, unas 120 personas, son habitantes de algunas de las comunidades cercanas: San Miguelito, San Isidro y Casa Blanca. “Nos enorgullece dar empleo a estas comunidades, donde había altos niveles delictivos y de enorme deserción escolar”, dice Pablo. “Aparte de dar empleo, es acompañarlos con capacitación, y esta parte de dar empleo y acompañarlos con el tema de capacitación. La Fundación que lleva Claudia, mi esposa, trabaja con las escuelas de las comunidades y está colaborando a disminuir la deserción escolar, además de que a nuestros jóvenes operativos se les dan charlas y cursos para la prevención de adicciones. No quiero decir que vamos a hacer un milagro, ni que vamos a cambiar el mundo, pero estamos poniendo nuestro granito de arena para que eso empiece a mejorar”.

Y efectivamente, la Fundación que encabeza Claudia Wiesenberger organiza amenidades para los habitantes de las comunidades vecinas, jornadas de siembra de árboles, campañas de donación de libros, jornadas de salud visual, charlas y asesorías de sensibilización contra el cáncer de mama, asistencia nutricional, visitas a plantas de tratamiento de agua y apoyos para la adquisición de útiles escolares.

“Ha habido, dentro de lo posible, una buena planeación urbana, claro que hay que mejorar, pero sólo hay que compararnos con otras ciudades del país para darnos cuenta que Querétaro ha crecido razonablemente bien”, responde ante la solicitud de su opinión sobre el sostenido e impresionante crecimiento de nuestra ciudad. “Hemos tenido la fortuna de tener buenos gobiernos, que han hecho lo posible por cuidar el orden urbano, la atención al medio ambiente, el que se respete todo lo que ya se ha decretado como zona verde y, aunque ha habido fallas y los desarrolladores también las hemos tenido, creo que el balance es saludable”.

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Reconoce la labor previa realizada, en esta zona de Querétaro, por la familia Torres Landa. “Gran parte del éxito que ha tenido este desarrollo, por el enorme posicionamiento que hicieron de Juriquilla, sin duda, se le debe a la familia Torres Landa, y muy puntualmente al ‘Pollo’, el gran promotor de Querétaro, que dio pie a que lo que se hiciera, en términos habitacionales, fuera a tener éxito”.

“Creo que la zona va a seguir creciendo con un impulso natural, pues tiene todavía mucho por crecer hacia el norte”, prevé también. “Creo que crecerá ordenadamente, con un buen equilibrio entre servicios, y poco a poco, con ofertas laborales. Tal vez no tenga el impulso que tuvo en décadas anteriores, porque Querétaro está creciendo en varios escenarios, pero yo veo el futuro con ilusión y mucho entusiasmo”.

Desde lo alto de la construcción del club del fraccionamiento, colindante con una zona natural protegida, puede verse el desarrollo habitacional, y a la distancia, una parte de Santa Rosa Jáuregui. Pablo Corona invita a unos novios, seguramente residentes, que viven una sesión fotográfica, a que suban a tomarse algunas gráficas con esa vista de un nuevo Querétaro. Mientras lo hace, mientras vuelve a mirar a la distancia los confines de Gran Reserva Preserve, reconoce para sí lo que podría ser una ambivalencia para cualquier otro: la de desarrollador y ecologista. “Mis dos cachuchas”, como él lo dice.


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